Lista de Poemas

El Viejo Y La Pólvora

EL VIEJO Y LA PÓLVORA


A Jesús Arellano


Viejo sangre de toro

viejo marino anciano de las nieves

viejo de guerras de enfermerías

de heridas


Viejo con piel de flor

viejo santo de tanto amor

viejo de juventud niño de canas

viejo amadasantamente loco de amor siempre

viejo perro soldado


anciano de los trópicos

viejo hasta lo eterno

joven hasta el espacio azul de muerte

Viejo viejo cazador

matador amador

amante amante amante amante

Puntual exactamente amante

lento y certero

marino viejo tempestad y bochorno

sudor de manos


Viejo dios todos los días

de Dios escribir amar beber maldecir

beber tu propia sangre

viejo sangre de res

bendita seas maldita sangre tuya

cuando el disparo

seco bestial rotundo como un templo mancillado

degolló la marea la selva la cumbre las heridas

el amor total el infortunio la dicha la embriaguez

y un rostro dio fulgores amarillos a la muerte

y un ataúd de pólvora un ataúd un ataúd

y dos palabras


Ernest Hemingway

5 de julio de 1966

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Agua Del Dios (2)

AGUA DEL DIOS [2]


Agua espesa, divinamente pantanosa,

agua de olvido, espejo de tinieblas,

agua donde penetra el alma y nada se oye.

Fresca agua para el rostro, para toda la carne

mancillada y expuesta

sanguinolenta en todos los mercados.

Agua —como la patria— abierta en canal.

Patria bárbara y militar

dejada de la mano de los dioses,

fugitiva del agua que todo lo purifica.

Patria nuestra muerta de rocío

y yerbas pisoteadas por asesinos y ladrones

y después más ladrones y más

y más y nunca terminan asesinos

y carceleros, oh dios,


ah amada, desventurada


patria-cárcel


Tal es mi furia y mi testimonio dijo el dios

en el instante del sagrado crepúsculo, cuando las colinas

se alejaron hacia un infinito de miseria.

No otra es mi palabra, mi árido paisaje de sangre,

la soledad amorosa que me es negada, los ojos

que me hieren, los poros con que hiero y salvo.


Oh dios, ay dios de heridas y puñales,

dios de piedra punzante, hubo una hora en que

todo pareció como el estallido del alba

y las sonrisas esplendieron como pétalos

y el amor era magnífico hasta la belleza total.


Después nos acribillaron y nos arrebataron

la desnuda libertad.


Parece no importar, oh tú, horripilante

y solitario lleno de asco dios de la infamia,

gran sacerdote del exterminio.

A tus pies, hombre y duelo,

junto a tus heridas cristalinas y tu agua,

me arrodillo otra vez a contemplar el paso de mi patria,

y digo que todo podría ser tan hermoso y sagrado

como el amor, como el Amor,

como el AMOR, oh dios,

recíbeme en tu piedra,


¡hazme vivir!

Septiembre-octubre de 1964

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Agua Del Dios (1)

AGUA DEL DIOS [1]


Agua dulce, agua amarga,

agua de soledad, agua de nada,

agua quebrada para el verde amor

y la amarilla piedad;

agua sin sombra para el aire

de esta región llamada

la más transparente de la sangre.



Dios mío dije ayer en la frontera fuego-sueño

y un elemento lleno de voz y cielos —agua y tierra—

me respondió desde el fondo del corazón de la tragedia:

Acércate, abre las piernas del viento

y húndele tu puñal de purísima obsidiana.



Pero nadie vive de aire sino de hambre

y el canto que anhela lo heroico pierde la alegría

y todo se quebranta como una conversación entre vasallos.

Oh dios mío vuelvo a decir y desde una región

de corales terrestres y desamparo, la misma voz

de siempre: Llora un instante, mírate en el espejo de mi tiempo

y aprende a vivir como un hombre adormilado.



¿Entonces soy el perro-poeta de rodillas

o el jaguar vencido, hincada la mandíbula en la tierra que nada engendra?

Con el hocico enfermo de plumas y cuarzos

subo y bajo bajo y subo la pirámide del miedo,

oh dios endemoniado y brujo, tragador de hongos,

dios de soles envilecidos y príncipes y sacerdotes homosexuales,

yo estoy en adoración todos los días en nombre de mis muertos

y de mis vivos, de todos los que amo y de todos los que no he aprendido a odiar,

así, de rodillas, salvajemente mexicano,

adherido a las hoyos inmundos de tu ancha cara sin horizontes.


Porque se debe decir, partiendo

en dos la podrida manzana de la epopeya:

la patria es

impecable como un asesinato al pie de las ruinas

y una mujer que no pudo parir ni una oración,

la patria es diamantina como la hora del alba en que un hombre es
crucificado

y los panes y semillas del hombre parecen crecer entre telarañas

—y rayos e incendios, oh dios de dioses,

ciegan y matan la inmensidad del sueño.

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Despliegue De Asombros Ante Un Dios

DESPLIEGUE DE ASOMBROS ANTE UN DIOS

A Margarita Peña


A Salvador Amelio


Lo primero es el cielo. Después viene

el espléndido dios que todo lo atruena

con su nariz agujereada y sus miembros

comidos por el hambre de siglos.


El dios vivo y marcado, ungido

con cenizas y lágrimas en cada poro.

El dios traído a un templo a través de otros

templos y otras catedrales y otros misterios.


El dios puesto de pie, venerado,

herido de dolor y de miseria.


Oh dios de cielos y caminos, dios

de agua y furor, dios maldito de misericordia,

devóranos con tu boca sin labios

y tu dura palabra de serpientes heladas.


Oh sordo, ciego y luminoso dios,

enciende alguna vez el rostro del pueblo,

de este bosque sin dueño, propiedad

de todos y de nadie. Patria de espejos

y mediodías, patria embriagada de muerte.


Húndela, inúndala, oh dios sacado

del secreto, dios que miró abrirse

vientres mestizos y padeció la primera herradura.

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Estuario

ESTUARIO


Opresora. Todo lo aprisionas

con tu lengua y pasos de giganta,

oh desconocida oh luminosa

hija de ríos hecha de jade y miel.

Cárcel doy a tu pálida

presencia, gacela ojos de tigre,

cárcel me doy de amor,

mordedura, paciente fuego, ala

y marea, faro en la mar abierta.

Desciendes y derribas

la muralla del ansia. Das tregua

a la cosecha secreta del alba,

cuando los ojos cierra el puerto

al verano y la espuma.

Todo aprisionas con fría garra

deleitosa y madura,

opresora, dientes y lengua de giganta,

dormido espectro, oleaje

de apasionada mansedumbre

muerto de miedo y libertad.

Mayo de 1963

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Sandra Sólo Habla En Líneas Generales

SANDRA SÓLO HABLA EN LÍNEAS GENERALES


Donde habita, donde come, donde

parece un arenoso acantilado,

allí es un cordero de ámbar con ojos de anís

y algo acerca de la dicha sexual tiene escrito en la frente.

Luego viene lo intolerable y maligno

(tal vez su madre, su padre o su hermana),

porque como he dicho dicha digo

que la veo y no la reconozco bajo arcos de triunfo

cocinados a cuchillo,

hablando palabras de fuego sobre el Mediterráneo

(que para ella fue Tequesquitengo o no fue nada),

deshaciéndose en fulgores sobre la soberana idiotez de la
Gioconda

(que a ella, lo sé a ciencia cierta, le pareció

una simple putita de Polanco),

bebiendo vinos rojos, besos rojos —canalla, perra—,

paseándose verdosamente, sandramente

por ciudades que no conozco y que no me importan

como no me importa ella sino porque existe

y es posible verla de lejos, de cerca,

comiendo bajo los húmedos azules de Nápoles,

viendo sin ver y hablando en líneas generales

como en un remanso de siniestra paz gastronómica.


Hace dos días con sus noches pude verla

(ella vive en las calles de Racine

y yo en Lope de Vega, lo cual es todo un drama en seis actos)

y en sus ojos había una tormenta edénica y turbadora

como antes y después del primer pecado

—lo virginal no quita lo caliente—,

Eva maldita Eva milenaria Eva evasiva Eva exúbera

Eva general Eva particularmente deseada y detestada

Eva que sabe a postre de manzana postre de mieles

Eva que huele a café con Leche-de-la-Mujer-Amada

Eva liberada Eva que viajó por Europa

y en verdad que nunca salió de estas amargas calles

¿para qué, si sus alas son dos liras rotas

y en el Foro romano sólo discurren los homosexuales

y alguna pelirroja horizontal originaria de Brooklyn?


Esos hace dos días supe que Sandra había visto piedras
talladas

y visto pinturas en sórdidos museos

y visto a Sofía Loren de lejos, de tan lejos

como de aquí a ella, Sandra de los ojos

que brillan y rebrillan como santelmos a la mitad del naufragio,

Sandra anónima Sandra espigada Sandra para morirse de una buena
vez

Sandra ¿por qué te llamas estúpidamente Sandra?

Sandra ojos de cordero degollado Sandra catedralicia

Sandra Santa Capilla Sandra Nuestra Señora

Sandra diabla y demonia sandrísima

que nunca me miró de frente que nunca me dijo buenas tardes

—lo que yo hubiera querido era un buenas noches—,

Sandra fugaz heroína de un poema fugaz

como el paso de una azucena por el palacio de algo así como un
poeta.

21 de diciembre de 1966

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Canción De La Doncella Del Alba

CANCIÓN DE LA DONCELLA DEL ALBA


Para Thelma

Se mete piel adentro

como paloma ciega,

como ciega paloma

cielo adentro.


Mar adentro en la sangre,

adentro de la piel.

Perfumada marea,

veneno y sangre.


Aguja de cristal

en la boca salada.

Marea de piel y sangre,

marea de sal.


Vaso de amarga miel:

sueño dorado,

sueño adentro

de la cegada piel.


Entra a paso despacio,

dormida danza;

entra debajo un ala,

danza despacio.


Domina mi silencio

la voz del alba.

Domíname, doncella,

con tu silencio.


Tómame de la mano,

llévame adentro

de tu callada espuma,

ola en la mano.


Silencio adentro sueño

con lentas pieles,

con labios tan heridos

como mi sueño.


Voy vengo en la ola,

coral y ola,

canto canción de arena

sobre la ola.


Oh doncella de paz,

estatua de mi piel,

llévame de la mano

hacia tu paz.


Búscame piel adentro

anidado en tu axila,

búscame allí,

amor adentro.


Pues entras, fiel paloma,

pisando plumas

como desnuda nube,

nube o paloma.


Debo estar vivo, amor,

para saberte toda,

para beberte toda

en un vaso de amor.


Alerta estoy, doncella

del alba; alerta

al sonoro cristal

de tu origen, doncella.

2 de octubre de 1963

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El Tajín

EL TAJÍN


a David Huerta
a Pepe Gelada


...el nombre de El Tajín le fue dado por los indígenas
totonacas

de la región por la frecuencia con que caían rayos sobre
la pirámide...
1


Andar así es andar a ciegas,

andar inmóvil en el aire inmóvil,

andar pasos de arena, ardiente césped.

Dar pasos sobre agua, sobre nada

—el agua que no existe, la nada de una astilla—,

dar pasos sobre muertes,

sobre un suelo de cráneos calcinados.


Andar así no es andar sino quedarse

sordo, ser ala fatigada o fruto sin aroma;

porque el andar es lento y apagado,

porque nada está vivo

en esta soledad de tibios ataúdes.

Muertos estamos, muertos

en el instante, en la hora canicular,

cuando el ave es vencida

y una dulce serpiente se desploma.


Ni un aura fugitiva habita este recinto

despiadado. Nadie aquí, nadie en ninguna sombra.

Nada en la seca estela, nada en lo alto.

Todo se ha detenido, ciegamente,

como un fiero puñal de sacrificio.

Parece un mar de sangre

petrificada

a la mitad de su ascensión.

Sangre de mil heridas, sangre turbia,

sangre y cenizas en el aire inmóvil.
2


Todo es andar a ciegas, en la

fatiga del silencio, cuando ya nada nace

y nada vive y ya los muertos

dieron vida a sus muertos

y los vivos sepultura a los vivos.

Entonces cae una espada de este cielo metálico

y el paisaje se dora y endurece

o bien se ablanda como la miel

bajo un espeso sol de mariposas.


No hay origen. Sólo los anchos y labrados ojos

y las columnas rotas y las plumas agónicas.

Todo aquí tiene rumores de aire prisionero,

algo de asesinato en el ámbito de todo silencio.

Todo aquí tiene la piel

de los silencios, la húmeda soledad

del tiempo disecado; todo es dolor.

No hay un imperio, no hay un reino.

Tan sólo el caminar sobre su propia sombra,

sobre el cadáver de uno mismo,

al tiempo que el tiempo se suspende

y una orquesta de fuego y aire herido

irrumpe en esta casa de los muertos

—y un ave solitaria y un puñal resucitan.
3


Entonces ellos —son mi hijo y mi amigo—

ascienden la colina

como en busca del trueno y el relámpago.

Yo descanso a la orilla del abismo,

al pie de un mar de vértigos, ahogado

en un inmenso río de helechos doloridos.

Puedo cortar el pensamiento con una espiga,

la voz con un sollozo, o una lágrima,

dormir un infinito dolor, pensar

un amor infinito, una tristeza divina;

mientras ellos, en la suave colina,

sólo encuentran

la dormida raíz de una columna rota

y el eco de un relámpago.


Oh Tajín, oh naufragio,

tormenta demolida,

piedra bajo la piedra;

cuando nadie sea nada y todo quede

mutilado, cuando ya nada sea

y sólo quedes tú, impuro templo desolado,

cuando el país-serpiente sea la ruina y el polvo,

la pequeña pirámide podrá cerrar los ojos

para siempre, asfixiada,

muerta en todas las muertes,

ciega en todas las vidas,

bajo todo el silencio universal

y en todos los abismos.


Tajín, el trueno, el mito, el sacrificio.

Y después, nada.

Junio de 1963

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Santa Juana De Asbaje

SANTA JUANA DE ASBAJE


... en plumas de oro vuela ...
GÓNGORA


Celestemente dueña de la forma y del vuelo

—la forma de la orquídea, el vuelo en la paloma—,

maravillosamente gentil y maliciosa

doncella de las nubes.


Transparente de nieve,

ángel de pensamientos que perduran

como la roca viva o el mármol sosegado.

Ágiles aires dieron a tus ojos el brillo

de pétalos que abrasan al ojo que los mira,

y en un millón de versos tu inspiración fluía

como clara corriente de penetrante acento.


Hiciste el verso santo junto al verso de amor

—la forma de la lágrima, el vuelo de la fe—,

y en un siglo de luces que se caían de secas

asombró tu magnífica condición estelar.

Estrella en el bautismo y estrella en la madura

soledad de la celda.


¿Cómo no amar tus voces

y no beber tu aliento donde rosas anidan?

Celestemente extraña, inusitado y tierno

prodigio de fervor: milagro entre milagros.


Como un ángel de bella sonoridad, como un

mensaje sin destino, mas destinado a todos,

vino a la tierra el sueño de tu grata presencia

y la soberbia lira resonó como un coro.

¿Cómo no amar tus voces de purísima estirpe

y no admirar la espada del soneto perfecto?

De tu sabia palabra y de tu esbelta rima

en valles y volcanes se inmortaliza el eco.


Brilladora entre nieblas, estremecido cisne,

candor que no se nombra, magia, pluma y aroma:

tuya es la bugambilia del altiplano y tuyo

el cálido perfume de jerónimas rosas.


No hay espejo a la altura de tu impecable sombra,

piedra que no te viva, verso que no te sueñe.

¿Qué música decirte sin perturbar la música

que en tus alas reposa y en tus pupilas duerme?


Duerme y vive, señora, tu gracia y tu belleza.

Y que duerman tus manos o azucenas de oro.

Matices virginales de retóricas albas

divinizan tu suave contacto con el polvo.


Pero tu corazón, como ave bendecida,

es luz insobornable, estilo de tu huella.

Guárdanos en tu reino de serena pureza,

oh clavel, fresca dalia, bugambilia y estrella.

13-14 de noviembre de 1961

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Las Voces Prohibidas

LAS VOCES PROHIBIDAS

Más despacio que nunca, casi agónicas,

marchan y duelen estas voces o estrellas.

Húmedos pies descalzos, breves pieles,

dulce origen, impío desorden. Voces

que purifican lo que tocan. Voces

todo milagro. Suaves voces de amor.

Voces para decir amor toda la vida

y todo el santo día y a la lenta distancia

de una noche de sueño, amor y voces.

Cálidas o despiertas, dormidas o ya frías,

estas voces se pegan a los labios

y dicen y se dicen altos, duros misterios,

prohibidos latidos, esbeltos calosfríos.


Despaciosas y firmes, llegan como

las bestias, crecen como el encino,

y no hay en ellas nada que no sea verdadero.

Pero duelen. Son dardos de amorosa ponzoña

y dan la seca muerte del olvido.

No perdonan, no aman,

no son ríos serenos sino fuego,

ardiente maldición, dolorosa quietud.

Vienen así, calladas, caminando caminos

de helado polvo. Son las voces

que ya nunca se dicen.


Por eso duelen y por eso ardo

junto a ellas, como al pie de una hoguera.

Ardo y adoro al mismo tiempo

porque nada me callan o no me dicen nada.

Asciendo rudas catedrales de miedo

y el vacío es un lago de hambre y sal.

Me maldigo con ellas

pero duermo con ellas.

Cuando la sed se haya quemado

en mi garganta,

cuando no tenga paz ni amor,

cuando todo sea voces y no llantos,

una pequeña sombra habrá a mi lado.

No la rosa del ansia ni el clavel de miseria,

sino la joven luz del alba,

la joven voz del alba mía.

20 de julio de 1960

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