Lista de Poemas

Benedettiana

BENEDETTIANA

Apoyada

En este hombro

Eres mi alba derecha

Apoyada

En el otro

Sos mi

Puntero

Izquierdo

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Meditación De La Rosa

MEDITACIÓN DE LA ROSA

Supón, mi amor, que trazamos la hora con una rosa

y que el agua es la medida de todas las rosas.

Piensa, azucena, en un becqueriano batir de alas

presente a nuestro paso, inmerso en nuestro tiempo.

Siempre hay alguien desnudo en lo que va del cielo

a esta tierra de duros y salobres pensamientos.

Yo te miro decir y escucho tu silencio

cuando lloro los días que fueron pavorosos.

Una balada es un poco de tibia espuma

es un sereno atardecer salido de la nada.

Supón entonces, amor mío, que hay un espejo

al que sonríes por las verdades ya dichas.

La luna acaba de ser amada, dijo un poeta

que simplemente se llamaba Juan punto y aparte.

Sabes bien que habrá una invasión de misterios

bien soñados tal vez o dulcemente pensados.

Andamos y desandamos mil y un caminos

como sombritas de fieras sin salida posible.

El hombre es la más bella conquista del aire

insistió aquel poeta que se llamaba nada más Juan.

Un miedo de singulares perfiles nos abruma

mientras morimos gritando ¡amor! amor.

Hemos vivido más o menos como ángeles en pena

navegando en lo que llamamos un desierto ardiente.

Amando hasta nunca decir basta de amar

y oído y visto guerras de infinito terror.

La bondad nos quedaba estrictamente prohibida

porque ya no había espacio ni necesaria era.

Apostamos la vida a un albur de silencio

cuando el amor no era sino una niña espina.

Alguien nunca esperado se acerca paso a paso

y pretende quebrar este amor de la rosa de hielo.

Hoy debemos cerrar las puertas, las ventanas

y no dejar entrar la niebla y su veneno.

Pues te repito que tendremos los agrios pensamientos

que suelen suceder al sudor amoroso.

Ahora supón, oh descarnada rosa bienamada

que nos fatiga el encierro y salimos a una calle.

¿Por qué no hay aquí una calle nombrada
Góngora

con los campos de plumas tan urgentes?

Ignoro si ganamos o perdimos la batalla

contra los días que fueron y los días que vendrán.

No estoy ni estuve para decir cuáles penas

nos afligieron ni para descubrir lo que somos.

Sólo sé que no sé nada sino amarte

como se ama a la rosa paridamente fresca.

Te contaré mis ciclos de histeria y de neurosis

como si fueran sólo el alma de mi siglo.

Todo parece primitivo todo insomne

todo parece mar parece dientes parece lejos.

Ámame por desdicha por descanso porque sí

o porque no o porque nada o por mero desvelo

Después de todo soy una constante rebelión

sofocada como adivinarás a pura sangre.

Vamos tú y yo y aquella rosa recién llegada

por una oscuridad parecida a un reino quietísimo.

Hemos vivido y viviremos en la memoria de aquel hombre

que pasa como un árbol que no tiene descanso.

No pienses ya nada ni nada supongas

porque las fronteras son irremediables

y yo sobrevivo tú sobrevives todos sobrevivimos

para que el amor sea el gemido de siempre

y la piel no parezca un campo incendiado

y la dicha recorra tu cuerpo como una caricia mía.

17 de diciembre de 1979

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Eres, Amor

ERES, AMOR...

Eres, amor, el brazo con heridas

y la pisada en falso sobre un cielo.

Eres el que se duerme, solitario,

en el pequeño bosque de mi pecho.

Eres, amor, la flor del falso nombre.


Eres el viejo llanto y la tristeza,

la soledad y el río de la virtud,

el brutal aletazo del insomnio

y el sacrificio de una noche ciega.

Eres, amor, la flor del falso nombre.


Eres un frágil nido, recinto de veneno,

despiadada piedad, ángel caído,

enlutado candor de adolescencia

que hubiese transcurrido como un sueño.

Eres, amor, la flor del falso nombre.


Eres lo que me mata, lo que ahoga

el pequeño ideal de ir viviendo.

Eres desesperanza, triste estatua

de polvo nada más, de envidia sorda.

Eres, amor, la flor del falso nombre.

12 de julio de 1948

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Manifiesto Nalgaísta Aleluya Cocodrilos Sexuales Aleluya

MANIFIESTO NALGAÍSTA

ALELUYA COCODRILOS SEXUALES ALELUYA

Para ella que me mira morir

El gran río penetró la roca viva

y se adelgazó hasta el miedo y el estruendo

se hizo rayo se hizo ruina se hizo tonto esqueleto

y hoy padece a lo largo de pieles de tigre

a la orilla del cocodrilo que me sueña

y me hunde en el naufragio

de su carne tan blanca

oh carne nacarada en medio

de la arena


como tú

y estas dos medallas de oro que muerdo

dalias de vida y de martirio

y en ellas me retrato y consigo el descenso

al dulce infierno de tu vientre

y de nuevo los dientes


ah malditos

ah maldita tú también

larga bestia ululante despierta lengua

en aquel círculo de asesinos

(Pierde toda esperanza


amor mío)

de almas danzantes albas

cool cool cool cool jazz


¡Bríndamelo por fin!

Aleluya Aleluya magnífico Grijalva

muerto de frío de rocas y pañuelos rojos

Piérdete

adelgázate hasta la soledad

de los cocodrilos que agonizan

al pie de mi medio siglo


y de mi alcohol

cohol cohol cohol cohol jazz

cool cool cool cool jazz

marinera manía

de pintar escribir declamar pagar impuestos

luz renta etcétera


y luego abrazarte

bajo el diluvio de sones antillanos y misas lubas

y volver a abrazarte hasta el arte y el hartazgo

y aleluyarte hasta no sé cuando

dormida y abrumada purificada


putificada

¡Aleluya! ¡Aleluya!

poetas elotes tiernos calaveritas apaleadas

poetas inmensos reyes del eliotazgo

baratarios y pancistas

grandísimos quijotes de su tiznadísima chingamusa

perdónenme grandes y pequeños pequeñísimos
poetas

(Soy acaso el Hijo de Sánchez de la poesía

¿Peralvillo Tepito Incorporated?

Alors los invito a discurrir

pespunte limpio

por el nuevo Paseo la Anti-Reforma)

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Milonga Libre En Gris Menor Dos

MILONGA LIBRE EN GRIS MENOR


DOS


Me ha herido recatándose en las sombras...G. A. BÉCQUER

Puede ser la voz de amor no dicha,

la propia dicha convertida en agua

(agua en un lecho durísimo como su necrofilia)

y un hombre caminando como loco

en delirante busca del sexo perdido.


La otra noche pensé en un poemahler

escrito en las tibias arenas de Lido:

el segundo movimiento de la 4ª, el scherzo,

justo cuando la Muerte, ay Dios mío, entra en el juego.

Malheureusement, seguí más vivo

que nunca; pero eso sí: muerto de risa,

porque jamás una lengua loca

me tocó tanto ni tan cerca, ni

unos labios tuvieron jamás

tanta perfección.

(Mientras ella, oh los que cabalgáis en asnas blancas,

bajuna y asnalmente

le daba de coces a un poeta que,

como bien sabe usted, sólo sabe ser poeta

por distracción divina).

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Rubeniana

RUBENIANA


Creo que

Suena

Y huele

Más bonito

Así

Ya se oyen

Los claros jazmines

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Manriqueana

MANRIQUEANA


Nuestras

Vidas

Son los

Ríos

Que van

A dar

Al

Amar

Que
es

El
vivir

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Becqueriana

BECQUERIANA


La llamaron

Así

Y con razón


Se pasaba la vida

De cama en rima

De rima en cama


Terminaron

Diciéndole

la

Becquerendona

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La Susodicha

LA SUSODICHA


No hago nada esta tarde

sino pensar —y es mucho— en la dicha.

Nada sino pensar en una hija llamada Dicha,

en una amante Dicha nombrada.

Ésta sería alta y soberbia como dicen

los poetas que es o debe ser la dicha,

la dicha en general y en especial

la dicha en que hoy, abrileñamente,

pienso y pienso y pienso —y no exagero

si repito creer en que la dicha existe.

Es palpable como esta manzana roja,

este pan dorado, este salero,

aquella joven en sus dichosos quince años,

un poema de Emily Dickinson,

los enormes ojos y la terrible boca

de mi enfermita Susan Sontag

—y una carta muy breve de Alma.


La dicha (la susodicha), digo dichosamente,

es toda o casi toda la vida

y todo el amor ganado y perdido

(«...si como dicen es cierto

que vives dichosa sin mí...»)

y todo lo que se quiera y se pueda.


Pero ¿qué demonios quiere decir la suso?


¿Y por qué no mejor la sexodicha?

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¿quién Que Es No Ama A Virginia Woolf?

¿QUIÉN QUE ES NO AMA A VIRGINIA WOOLF?


Señora mía: sus labios son perfectos

y su mirada tan grande me tiembla la piel;

su falda de terciopelo naranja me parece infinita

—y su andar, como su bañar y hablar a solas, es

un cisne afilado corrigiendo vocablos, diciendo cómo

amasar correctamente la pasta para

cocer los panes nuestros de cada mañana.


Fue usted, Virginia, la que dijo

un lleno de neblina domingo de marzo:

Me hundiré con mis banderas flameando.


Ahora bien, ¿por qué siempre supe

que había sido en el mar y con su perro en brazos?


Esta mañana de octubre, muy clara y muy domingo,

Louie su sirvienta, sollozando cual herida gaviota,

me cuenta que fue en un río de lirios

y palomas y olas, olitas que devoraron

su falda, su lisa cabellera y esos ojos

que no dejan de mirarme

jamás, Señora nuestra,

porque leo y releo Orlando y To the Lighthouse

y Three Guineas y me hundo en el agua tan dulce

de su Diario —y ahora soy yo

quien cae, Virginia-luz, rayísimo,

y se pierde y ahoga de dicha

porque el suicidio —diga que sí—

es una corriente de palabras bien dichas

y las olitas nos comen otra vez

los huesos y yo muero feliz

porque la amé hasta

no cansarme nunca de amarla

tanto.

21 de octubre de 1974

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