Lista de Poemas

Los Ruidos Del Alba

Te repito que descubrí el silencio
aquella lenta tarde de tu nombre mordido,
carbonizado y vivo
en la gran llama de oro de tus diecinueve años.
Mi amor se desligó de las auroras
para entregarse todo a tu murmullo,
a tu cristal murmullo de madera blanca incendiada.

Es una herida de alfiler sobre los labios tu recuerdo,
y hoy escribí leyendas de tu vida
sobre la superficie tierna de una manzana.

Y mientras todo eso,
mis impulsos permanecen inquietos,
esperando que se abra una ventana para seguirte
o estrellarse en el cemento doloroso de las banquetas.
Pero de las montañas viene un ruido tan frío
que recordar es muerte y es agonía el sueño.

Y el silencio se aparta, temeroso
del cielo sin estrellas,
de la prisa de nuestras bocas
y de las camelias y claveles desfallecidos.
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Esa Sonrisa

ESA SONRISA

Si de un vuelo la esencia iluminase

esta celda que a tientas desconozco,

si de un frágil destello, de una brisa

juvenil o poema, en breves pétalos,

descendiese tu vida; si a mi vida


una virtud le diera buena suerte,

expresaría el poema, la bondad

de tu sereno gesto al apoyarse

tus alas, tu sonrisa y tu belleza

en el clavel de fiebre de mi alma.


Pues tu sonrisa leve manifiesta

una resuelta forma de animar,

de dar ágiles signos, no al sollozo

en que todo se pierde, sino al beso

de impecable factura, de dominio.


Si la sonrisa es nido, el beso es sueño

de virginal angustia y melodía.

Si un día tus pies besé desesperado,

fue tan solo por darme la delicia

de alzar los ojos y mirar al cielo.


Al cielo de tus ojos y tu frente,

al inquietante cielo donde vuelos

de pensamientos gimen, donde una

y otra vez me dedico a descubrir

la desolada nube de mi amor.


Es mejor hablar claro y no decir

que se siente la angustia por sistema.

Es mejor que te diga: No me olvides,

y si me olvidas dame, de tu boca

la fría miseria del final, la muerte.



Pero nada dirás, lo estoy sabiendo,

cuando en dulces instantes como flores,

vienes de nuevo a mí, y en tu sonrisa

aprendo la lección definitiva:

el alba temblorosa de tu boca.

15 de junio de 1943

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Línea Del Alba

LÍNEA DEL ALBA
III


Tienes la frente al alba:

ella cuenta los poros de tu cuerpo,

en laderas del sueño,

con los hombros quemados.


En el alba se vierte la costumbre del alma,

se agita el pulso del deseo

como si fuera un ciervo

duramente alanceado

con agujas de bronce

o pestañas de vírgenes.


Tienes la frente al alba

y pedazos de niebla

volando de tus senos

a mis manos.

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Continuidad

CONTINUIDAD

Continuidad niebla prohibida

gota
violeta declive de mi sueño

rúbrica fiel de una misma palabra

aurora torbellino desnudo

reflejo en ruinas de tu aniversario

preguntas adheridas

a la evasión solemne de tus muslos.


Insistes en compacta sucesión de movimientos

como metales en abismo sin tregua

en la piadosa geometría de tus labios

y tanto de ternura destilada en mis venas

el grito de mis dientes

en la hiedra morena

que resucita tu cabello delgado.


Dominio y sombra en el escorzo

debujo de tu beso

continuidad dorada de tu cuerpo.

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Absoluto Amor

ABSOLUTO AMOR

Como una limpia mañana de besos morenos

cuando las plumas de la aurora comenzaron

a marcar iniciales en el cielo. Como recta

caída y amanecer perfecto.


Amada inmensa

como una violeta de cobalto puro

y la palabra clara del deseo.


Gota de anís en el crepúsculo

te amo con aquella esperanza del suicida poeta

que se meció en el mar

con la más grande de las perezas románticas.


Te miro así

como mirarían las violetas una mañana

ahogada en un rocío de recuerdos.


Es la primera vez que un absoluto amor de oro

hace rumbo en mis venas.


Así lo creo te amo

y un orgullo de plata me corre por el cuerpo.

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Pausa Recuerdo De Anne Sten

PAUSA

Recuerdo de Anne Sten


Entre lirios azules y aristas de recuerdos

envueltos en pañuelo de seda,

todo lo que es mi vida. Deshecha

en una raya de la noche,

en ese vidrio que sangra en la ventana,

sobre tus hombros.

Entre la luz y el cadáver de una hora,

mi vida. Sin cantos, sin esquinas.


Lenta y precisa, acostada en los días,

en el nivel de la lluvia y el frío,

vestida de reflejos, esbelta,

distraída, te presentas junto a la novedad

de verme solo. Te sonríes

y el dibujo de tu boca ya lanza

en fuga los silencios y los lirios.

El pañuelo que vuela, abandonado,

sin haber memorizado un camino,

un descanso, una futura ausencia.


—Mi soledad te huye.

Este humo pretende perforar las paredes,

el agua se desbanda por el suelo,

tu retrato se desconoce tuyo.

Mi soledad me pertenece.

Nunca se cansó tanto el vidrio de reloj

como ahora, anotando tus senos,

tus cabellos, tu asombro

enfrente de mi angustia.


Entre ruidos de lirios parece tu recuerdo,

se ahoga tu perfil. Y mi vida camina

inmersa en lo absoluto de las noches,

sin gritarte, sin verte.

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Elegía

ELEGÍA


Ahora te soñé, así como eras: sin deslices en la voz,

con inmóviles sombras en los brazos

y tus genitales segundos de estatua.

Así como eres todavía: copiándote a ti misma,

cuando no eres ya sino la espuma de tu propia vida.


Bien te sentí en mi sueño como verso divinizado.

Mi tristeza no cabía en el fondo de mi dolor

y fue a manchar la noche de violeta.


El propio ruido de tus piernas habría despertado

los estanques, los recuerdos que a veces olvidamos en los huecos de los
jardines,

las horas que nunca fueron más allá

de donde hoy se desangran segundo por segundo,

el silencio de muchas ventanas,

antiguos y pulidos razonamientos, montañas de destinos.


De un seno tuyo al otro sollozaba un poco de ternura.


Anoche te soñé y no puedo decirte mañana mi secreto

-porque el amor es un magnífico manzano

con frutos de metal envueltos en piel de inteligencia,

con hojas que recuerdan gravemente el futuro

y raíces como brazos sumidos en una nieve de santidad-

la misma ruta de mis dedos no podría encontrarte

ahí donde te guardas tan perfecta.

Yo no sabría elegir sino violentamente mi presencia:

te llenaría de asombro; acaso tu memoria no me crea.

Mi fatiga te gritaría un absoluto amor.

Por el cristal de aumento de la luna

la sonrisa de Dios estallaría.


Y mi cuerpo se deshace en gotas de mañana.

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La Estrella Poema De Niebla

LA ESTRELLA

poema de niebla


Para Anne Sten


Labios como el sabor del viento en el invierno,

dientes jóvenes de luna consentida en la llama del abrazo.

Se endurecía la noche en tu garganta.

Espacio duro de tus senos. Amarilla y quemada,

la inesperada sombra de tus piernas en la alas de los
pájaros

cuando tus dedos en un juego de látigos

hendían prisas de frío.

Que nos perdonen las sábanas lunares de los árboles

y el sueño arrebatado a las estatuas,

y el agua estremecida con la caída

del deseo. Tenías los ojos limpios, Andrea.

La estrella de tu frente como herida de vino,

enferma, detenida en mi boca.

Había un mundo de silencio en tu cuerpo,

como si la muerte se hubiese mirado en un espejo

o varias rosas en agonía hubieran imaginado

un paraíso de nieve o de cristales.


(Ahí perdura solamente lo desconocido

que nuestros labios apagaron.

El recuerdo es materia de belleza poseída y escrita

en páginas en las que un poco de amor pasó rozando.

Como el recuerdo gritarían las cabelleras

mojadas en acuarelas de angustia.

Así serían las voces de os aires helados
fundiéndose

en las aristas de una montaña de bronce).


Te corría por la espalda una gota de sangre

de mis venas. La noche, con la niebla

y el silencio en medio de los senos, nos veía y procuraba

cambiar su propia ruta.

Que nos perdonen las mismas pinceladas de la aurora.


Exprimidas las horas como cerezas en nuestros labios,

apenas un instante de tus hombros

se deslizó en mi sueño.

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Ser De Ti (fragmento)

SER DE TI (fragmento)


Para Adela María Salinas
I


Ser de ti y en tu rostro

asir nuestros espacios;

limitar lo invisible

muy cerca de tus labios.


Prenderme con mi noche

y olvidarme en tus aguas;

deshojar nuestros campos

en el cristal del aire.


En medio de mis años

intimar tus corolas

y en el claro de tu alma

deslizar mis delirios.


Ser de ti con la música

que inventamos al mundo

y en el contorno nuestro

cristalizar paisajes.
II


Nubes cerca de ti

flotando en medio

de la voz que del agua

se acerca a tus oídos.


¿Hacia dónde la luz

y las manos del viento?

Rojo algodón de nube

lejos y entre los árboles

una voz que fue tuya

o del agua o del aire.


¿En qué sitio la luz

y tus manos al viento?
III


Luz de luna de bahía

luz que bebía tu boca

con las ansias de los aires

y la inquietud de las olas


luz que bebía tu boca

con la figura ligera

y la suavidad de cielo

en que mis peces nadaban


con las ansias de los aires

y el miedo verde a la muerte

con sus doradas aletas

y sus gracias marineras


y la inquietud de las olas

resbalando en tu figura

como luz de luna abierta

deshecha en tus ojos frescos.

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Eunice

Día y noche, pero
Más noche que día,
Eunice dialoga y riñe
Con los altos mastines.
Palabras y ladridos,
De arriba abajo,
De abajo arriba.

A una hora cierta
Triunfa green eyes Eunice.
Palabras y ladridos.
Los hocicos se cierran.
Eunice duerme.
La noche se eterniza.

Salimos de su casa
Con un alba rabiosa
Mordiéndonos las nalgas.
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