Lista de Poemas

Qué Señor De Las Noches, Qué Guerreros, Qué Ausentes

Qué señor de las noches, qué guerreros, qué
ausentes,
qué silencio crecido en un secreto como las ramas y
las catedrales
cuando la música de marzo tiene la verdad a sus pies.
Qué estaciones donde nada hay y ningún mensajero recuerda
aquella música lejana, aquellos ojos que brillan en la
oscuridad
como dos animales vivos.
Sobre la niebla, entonces, propagaba su pensamiento
y relaciones y analogías relucían semejantes a peces,
recuerdos refulgiendo sobre el lomo del mar, huraños
pasillos de la memoria, entonces —los últimos
sentimientos, negros como la sombra en la bodega,
se saben todavía mal interpretados —qué astrolabio
y qué brújula, qué viento del noroeste
para el sombrío capitán Elphistone, para su mirada
cuando saluda a las constelaciones, el Boyero y las
Cabrillas
contra el incendio de las tempestades
o bien qué mueca definitivamente fría como un hueso.
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Elphistone

Es la hiedra negra, en las raíces, entre las hojas
del invierno, caídas hojas bajo la nieve, en las estrellas
del invierno, estrellas gastadas.
Yo lo recuerdo de la misma manera que el invierno
cuando con sus grandes botas pisotea la tierra,
como la sombra que divide así yo lo recuerdo
entre arbotantes y grandes maderos, en tanto el viento
escapa hacia el altar.
Yo recuerdo la luz de su fría república,
—sin duda la luna u otra materia maléfica.
Yo recuerdo su luz mientras el viento escapa
y una sombra torcida cruza hacia el altar.
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Y Corría La Sangre Como Una Estatua Rota Por Las Habitaciones

I


…Pues la encina, ¿qué sabría

de la muerte sin mí?
CLAUDIO RODRÍGUEZ



Y corría la sangre como una estatua rota por las habitaciones

mientras aullaban los príncipes sapos y los armiños se escondían entre el trigo

y corría la sangre como una estatua rota en el oro del musgo y de la nieve

y potros como pajes delgadísimos se quemaban sobre la tierra espesa

y el unicornio joven hablaba de arte y prefería a Tiépolo y todo era pálido y cortés

y corría la sangre más niña sobre cabalgaduras encendidas

y los dulces lebreles inventaban el fuego pulsando caza calcinada, ardor y soledad.

Se tiñeron los muros de cárdeno cruel, las murallas del mundo de un rojo que no existe,

y caían mis manos como presas y víctimas,

sollozaban por ellas los topos en mística ceguera y los lagartos.

Y fue la sangre pureza potencial,

dolor, ciencia y heráldica violenta

mientras las águilas dormían la primavera lejana.

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Niña De Greyes Delicadamente Doradas

Niña de greyes delicadamente doradas,
niña obsesión de la cigüeña virgen
con mechones de pluma de damasco
que salpicaban muerte,
de la cigüeña loca con alones
de estricnina dorada
que viajaba dejándote un corpóreo perfume,
un pulcro olor a lilas, y a dorados y rudos sueños.
Niña que obedeció al autillo apóstol
y a la mirada turbia de los ojos reales,
con pueriles dibujos de Selene y demás.
Niña de inexistente concierto,
niña de crueles sonatinas y malévolos libros de Tom Wolfe,
o de encajes de brujas para vendar las llagas de los corzos heridos,
de ciervos vulnerados asomados en los oteros místicos,
en los sitios así.
Niña pluscuamperfecto, niña que nunca fuimos,
dilo ahora,
dilo ahora tú, ahora que es tan tarde,
pronuncia el torvo adagio,
pronúnciame la lágrima,
la silueta morada de la yegua,
la del potro que se tendió a tus pies despertando la espuma.
Declama abandonada las palabras de antaño,
sombra de Juan Ramón: Soledad,
te soy fiel
.
Declama desdeñosa las palabras de antaño,
pero no aquella estrofa cortesana,
no hables de reinas blancas como un lirio,
nieves, y Juana ardiendo,
y la melancolía entretejida
del querido Villon,
sino los verbos claros donde poder beber el líquido más triste,
jarros de mar y alivio, ahora que ya es tarde,
alza párvula voz y eco albacea y canta:
Dile a la vida que la recuerdo,
que la recuerdo.


Definitivamente se extravía en un bosque naciente esta muerte pequeña,
el brote del cometa detenido,
esto que nadie salva,
joven volcán de huesos y ráfaga novicia
hecha de pájaro y de párpado y de ola pensante
que ningún libro estofado de oro solar de Italia,
ningún libro de lava
viene a sellar por mí.

Y así la muerte tantas veces escrita
se me vuelve radiante,
y puedo hablar
del deseo y del lacre rubio y ciego en los faros,
del cadáver quimera de la tripulación.

Y así la muerte
se convierte en historia
de aquella niña muda que se ahorcó
con las cuerdas boreales del arpa
porque tenía en la lengua un veneno nupcial.

Definitivamente me extravío acunando camadas de raros epitafios,
niña de grey dorada,
diré a la vida que la recuerdas,
que recuerdas sus líneas conjurando tu sombra,
que recuerdas sus hábitos y su carácter solo,
su laurel ácido, su profunda zarza, su descarado error y sus hordas dolidas,
mientras gatos efesios van llorando a mis pies,
mientras gatas perdidas plateadas
van cuajando su alcurnia en ciprés genealógico y en
álamo,
diré a la vida que te recuerde,
que me recuerde,
ahora,
cuando me alzo con cuerdas capilares y bucles
hasta el desastre de mi cabeza,
hasta el desastre de mis veinte años,
hasta el desastre, luz quebrantahuesos.
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En Las Cuadras Del Mar Duermen Términos Blancos

En las cuadras del mar duermen términos blancos,
la espuma que crepita, la droga hecha de liquen que mueve a olvidar:
en los establos del mar reina la urraca, la intriga y la discordia,
nueva versión del agua y del bajo oleaje,
nueva versión del agua derramada desde todas las tierras y las tapias del mundo.

Entre los muros del mar callan los abedules que poseen los símbolos del mirlo,
la última voz del bosque,
calla la yedra bárbara que envenenaba ciervos leves como navajas,
el roble boreal,
arrendajos dormidos como libros celestes, incendios y lechuzas de la grava marina.

En las caballerizas del mar, el mar se ahoga con su métrica ardiente,
la flora, las ojivas y las bocas del mar,
concilio de castaños en vilo verdeherido,
y alguien desde muy lejos abdicando, andando desde lejos a morir entre
lejanas ramas empapadas:
alguien desde muy lejos esperando la flora, las ojivas y las bocas del mar.

Entre noviembre y cascos y corolas
el ángel de los remos camina ensangrentado con olor a madera,
con pupila de pájaro el otoño gravita,
acecha el ángel de los cables y las oscuras verjas, los reductos malignos,
y el ángel de la arcilla, matriz de zarza,
polen y estela de placenta que en otoño florece en muerte.

En las caballerizas del mar el mar se ahoga con su métrica ardiente.
Entre los muros del mar callan los abedules que poseen los símbolos del mirlo avisador.
En las cuadras del mar, como en la muerte,
duermen términos blancos.
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Me Queda La Mar Media En El Triunfo Del Agua

Me queda la mar media en el triunfo del agua,
en el advenimiento de los espejos y de las aleaciones,
me queda la mar media y sus ahogados, cantiga y quemadura,
ebrios de agua profunda y profundo dolor.

Pero había un mar de la sangre más blanca
y del dolor apagado,
mar de la caza y muerte en montería, vino metal dormido
baja luna.
Mar de los ventanales empapados para el amor más duro
con quien la soledad se atreve y canta, con crines antorchadas
y dibujada hoguera,
mar del amor más duro que decae como decae tu nombre:
el nombre que en mí tiembla y tu nombre primero.
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Hundiré Mis Manos Aquí, En Este Mar Que No Existe

Ansí tu mudo pueblo esté seguro

(…) honrando largos mares.FRANCISCO DE QUEVEDO



Hundiré mis manos aquí, en este mar que no existe,

hundiré las hojas ávidas y el verso vertical que
nació espada,

la tinta de helecho virgen, las sílabas furtivas que iban diciendo: sálvame,

y el amor como un vino escrito.


Hundiré mis dedos, las lianas vivas y los pólipos que enmudecen en mis dedos,

las flores graves que coronan a los reptiles que amo,

el liquen del sueño que maduran las serpientes más favorables,

el corazón pintado de blanco, hasta morir,

la garganta del día y sus branquias de oro.


Hundiré mis manos en noche que no existe sobre un mar que no existe,

mi garganta entre anzuelos de la flora marítima,

en agua ebria y en buques como pájaros,

en aquello que no será posible,

en todo lo que se alza cuando la noche se alza,

cuando encalla su cornamenta de ciervo temible y solloza,

estrofa antílope o estrella en metro antiguo,

y andará la locura como un óleo escarlata,

ala o aceites rojos sobre la superficie de cierta oscuridad,

de océano ninguno.


Hundiré mis manos en este lugar leve donde duermen secretas las marinas flamígeras,


y hablemos de las direcciones y de las cosas de la muerte,

y de sus rutas, y de sus atrios abrasados.

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Muerte Pájaro Príncipe, Un Pájaro Es Un ángel Inmaduro

Muerte pájaro príncipe, un pájaro es un
ángel inmaduro.
Y así, hablaré de tus manos que se alejan y de las manos de lo hermosísimo ardiendo,
pequeño dios con nariz de ciervo, hermano mío, héroes de alma entrecortada,
niñas de oro hipodérmico que nunca creen morir,
qué aguda la pupila y el filo de los dedos encendiendo la muerte mientras un ángel sobrevuela y pasa de largo
con el pico de plata y de ginebra,
labios del mediodía resuelto en ave sobre tus manos que se alejan y mis manos
y las manos del pequeño ciervo de aire griego salvaje, hermano mío,
y las manos sin venas de los héroes, de las madonas amnésicas.
Mis alas de dolor robadas por tus manos, amor mío, corazón mío pintado de blanco,
mis alas de dolor con botellas agónicas y líquidos que disuelven la vida,
y los labios que te aman en mí y en la convulso,
y la música en trompas delgadísimas, trompetas peraltadas, peraltadas, columnas niñas, qué
sobreagudo el do,
la mirada más alta y la más alta queja,
muerte pájaro príncipe volando,
un pájaro es un ángel inmaduro.
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Pájaro Degollado Por Las Astronomías Ay Pájaro Sajado Gótico

Entonces resuenan las ramas inaccesibles.
VIRGILIO


Pájaro degollado por las astronomías ay pájaro sajado gótico agonizante.


Alta ventana de tu nombre en la ojiva del ala y de la lágrima.

En lo agudo del mundo.

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Dame La Noche Que No Intercede, La Noche Migratoria Con

Dame la noche que no intercede, la noche migratoria con cifras de cigüeña,
con la grulla celeste y su alamar guerrero,
palafrén de la ola oscuridad.
Dame tu parentesco con una sombra de oro, dame el mármol y su perfil leve y ciervo,
como de estrofa antigua.

Dame mis manos degolladas por la noche que no intercede,
palafrén de las más altas mareas,
mis manos degolladas entre los altos cepos y las llamas lunares,
mis manos migratorias por el cielo de agosto.

Dame mis manos degolladas por el antiguo oficio de la infancia,
mis manos que sajaron el cuello de la noche,
el destello del sueño con metáforas verdes,
el vino blasonado que se quedó dormido.
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