Cultura
Poemas neste tema
Jorge Luis Borges
El pasado
Todo era fácil, nos parece ahora,
En el plástico ayer irrevocable:
Sócrates que apurada la cicuta,
Discurre sobre el alma y su camino
Mientras la muerte azul le va subiendo
Desde los pies helados; la implacable
Espada que retumba en la balanza;
Roma, que impone el numeroso hexámetro
Al obstinado mármol de esa lengua
Que manejamos hoy despedazada;
Los piratas de Hengist que atraviesan
A remo el temerario Mar del Norte
Y con las fuertes manos y el coraje
Fundan un reino que será el Imperio;
El rey sajón que ofrece al rey noruego
Los siete pies de tierra y que ejecuta,
Antes que el sol decline, la promesa
En la batalla de hombres; los jinetes
Del desierto, que cubren el Oriente
Y amenazan las cúpulas de Rusia;
Un persa que refiere la primera
De las Mil y Una Noches y no sabe
Que inicia un libro que los largos siglos
De las generaciones ulteriores
No entregarán al silencioso olvido;
Snorri que salva en su perdida Thule,
A la luz de crepúsculos morosos
O en la noche propicia a la memoria,
Las letras y los dioses de Germania;
El joven Schopenhauer, que descubre
El plano general del universo;
Whitman, que en una redacción de Brooklin,
Entre el olor a tinta y a tabaco,
Toma y no dice a nadie la infinita
Resolución de ser todos los hombres
Y de escribir un libro que sea todos;
Arredondo, que mata a Idiarte Borda
En la mañana de Montevideo
Y se da a la justicia declarando
Que ha obrado solo y que no tiene cómplices;
El soldado que muere en Normandía,
El soldado que muere en Galilea.
Esas cosas pudieron no haber sido.
Casi no fueron. Las imaginamos
En un fatal ayer inevitable.
No hay otro tiempo que el ahora, este ápice
Del ya será y del fue, de aquel instante
En que la gota cae en la clepsidra.
El ilusorio ayer es un recinto
De figuras inmóviles de cera
O de reminiscencias literarias
Que el tiempo irá perdiendo en sus espejos.
Erico el Rojo, Carlos Doce, Breno
Y esa tarde inasible que fue tuya
Son en su eternidad, no en la memoria.
"El oro de los tigres", 1972.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 341 e 342 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
En el plástico ayer irrevocable:
Sócrates que apurada la cicuta,
Discurre sobre el alma y su camino
Mientras la muerte azul le va subiendo
Desde los pies helados; la implacable
Espada que retumba en la balanza;
Roma, que impone el numeroso hexámetro
Al obstinado mármol de esa lengua
Que manejamos hoy despedazada;
Los piratas de Hengist que atraviesan
A remo el temerario Mar del Norte
Y con las fuertes manos y el coraje
Fundan un reino que será el Imperio;
El rey sajón que ofrece al rey noruego
Los siete pies de tierra y que ejecuta,
Antes que el sol decline, la promesa
En la batalla de hombres; los jinetes
Del desierto, que cubren el Oriente
Y amenazan las cúpulas de Rusia;
Un persa que refiere la primera
De las Mil y Una Noches y no sabe
Que inicia un libro que los largos siglos
De las generaciones ulteriores
No entregarán al silencioso olvido;
Snorri que salva en su perdida Thule,
A la luz de crepúsculos morosos
O en la noche propicia a la memoria,
Las letras y los dioses de Germania;
El joven Schopenhauer, que descubre
El plano general del universo;
Whitman, que en una redacción de Brooklin,
Entre el olor a tinta y a tabaco,
Toma y no dice a nadie la infinita
Resolución de ser todos los hombres
Y de escribir un libro que sea todos;
Arredondo, que mata a Idiarte Borda
En la mañana de Montevideo
Y se da a la justicia declarando
Que ha obrado solo y que no tiene cómplices;
El soldado que muere en Normandía,
El soldado que muere en Galilea.
Esas cosas pudieron no haber sido.
Casi no fueron. Las imaginamos
En un fatal ayer inevitable.
No hay otro tiempo que el ahora, este ápice
Del ya será y del fue, de aquel instante
En que la gota cae en la clepsidra.
El ilusorio ayer es un recinto
De figuras inmóviles de cera
O de reminiscencias literarias
Que el tiempo irá perdiendo en sus espejos.
Erico el Rojo, Carlos Doce, Breno
Y esa tarde inasible que fue tuya
Son en su eternidad, no en la memoria.
"El oro de los tigres", 1972.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 341 e 342 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
5 142
1
Jorge Luis Borges
Things that might have been
Pienso en las cosas que pudieron ser y no fueron.El tratado de mitología sajona que Beda no escribió.
La obra inconcebible que a Dante le fue dado acaso entrever,
ya corregido el último verso de la Comedia.
La historia sin la tarde de la Cruz y la tarde de la cicuta.
La historia sin el rostro de Helena.
El hombre sin los ojos, que nos han deparado la luna.
En las tres jornadas de Gettysburg la victoria del Sur.
El amor que no compartimos.
El dilatado imperio que los Vikings no quisieron fundar.
El orbe sin la rueda o sin la rosa.
El juicio de John Donne sobre Shakespeare.
El otro cuerno del Unicornio.
El ave fabulosa de Irlanda, que está en dos lugares a un tiempo.
El hijo que no tuve.
"Historia de la noche" (1977)
Jorge Luis Borges | "Poesía Completa", pág. 500 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
La obra inconcebible que a Dante le fue dado acaso entrever,
ya corregido el último verso de la Comedia.
La historia sin la tarde de la Cruz y la tarde de la cicuta.
La historia sin el rostro de Helena.
El hombre sin los ojos, que nos han deparado la luna.
En las tres jornadas de Gettysburg la victoria del Sur.
El amor que no compartimos.
El dilatado imperio que los Vikings no quisieron fundar.
El orbe sin la rueda o sin la rosa.
El juicio de John Donne sobre Shakespeare.
El otro cuerno del Unicornio.
El ave fabulosa de Irlanda, que está en dos lugares a un tiempo.
El hijo que no tuve.
"Historia de la noche" (1977)
Jorge Luis Borges | "Poesía Completa", pág. 500 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 370
1
Sophia de Mello Breyner Andresen
Arte Poética V
Na minha infância, antes de saber ler, ouvi recitar e aprendi de cor um antigo poema tradicional português, chamado Nau Catrineta. Tive assim a sorte de começar pela tradição oral, a sorte de conhecer o poema antes de conhecer a literatura.
Eu era de facto tão nova que nem sabia que os poemas eram escritos por pessoas, mas julgava que eram consubstanciais ao universo, que eram a respiração das coisas, o nome deste mundo dito por ele próprio.
Pensava também que, se conseguisse ficar completamente imóvel e muda em certos lugares mágicos do jardim, eu conseguiria ouvir um desses poemas que o próprio ar continha em si.
No fundo, toda a minha vida tentei escrever esse poema imanente. E aqueles momentos de silêncio no fundo do jardim ensinaram-me, muito tempo mais tarde, que não há poesia sem silêncio, sem que se tenha criado o vazio e a despersonalização.
Um dia em Epidauro — aproveitando o sossego deixado pelo horário do almoço dos turistas — coloquei-me no centro do teatro e disse em voz alta o princípio de um poema. E ouvi, no instante seguinte, lá no alto, a minha própria voz, livre, desligada de mim.
Tempos depois, escrevi estes três versos:
A voz sobe os últimos degraus
Oiço a palavra alada impessoal
Que reconheço por não ser já minha.
(Lido na Sorbonne, em Paris, em Dezembro de 1988, por ocasião do encontro intitulado Les Belles Étrangères.)
Sophia de Mello Breyner Andresen | "Ilhas", pág 70 | Texto Editora, 1989
Eu era de facto tão nova que nem sabia que os poemas eram escritos por pessoas, mas julgava que eram consubstanciais ao universo, que eram a respiração das coisas, o nome deste mundo dito por ele próprio.
Pensava também que, se conseguisse ficar completamente imóvel e muda em certos lugares mágicos do jardim, eu conseguiria ouvir um desses poemas que o próprio ar continha em si.
No fundo, toda a minha vida tentei escrever esse poema imanente. E aqueles momentos de silêncio no fundo do jardim ensinaram-me, muito tempo mais tarde, que não há poesia sem silêncio, sem que se tenha criado o vazio e a despersonalização.
Um dia em Epidauro — aproveitando o sossego deixado pelo horário do almoço dos turistas — coloquei-me no centro do teatro e disse em voz alta o princípio de um poema. E ouvi, no instante seguinte, lá no alto, a minha própria voz, livre, desligada de mim.
Tempos depois, escrevi estes três versos:
A voz sobe os últimos degraus
Oiço a palavra alada impessoal
Que reconheço por não ser já minha.
(Lido na Sorbonne, em Paris, em Dezembro de 1988, por ocasião do encontro intitulado Les Belles Étrangères.)
Sophia de Mello Breyner Andresen | "Ilhas", pág 70 | Texto Editora, 1989
2 130
1
Sophia de Mello Breyner Andresen
Dai-Me o Sol Das Águas Azuis E Das Esferas
Dai-me o sol das águas azuis e das esferas
Quando o mundo está cheio de novas esculturas
E as ondas inclinando o colo marram
Como unicórnios brancos.
Quando o mundo está cheio de novas esculturas
E as ondas inclinando o colo marram
Como unicórnios brancos.
2 133
1
Sophia de Mello Breyner Andresen
Kassandra
Homens, barcos, batalhas e poentes,
Não sei quem, não sei onde, delirava.
E o futuro vermelho transbordava
Através das pupilas transparentes.
Ó dia de oiro sobre as coisas quentes,
Os rostos tinham almas que mudavam,
E as aves estrangeiras trespassavam
As minhas mãos abertas e presentes.
Houve instantes de força e de verdade —
Era o cantar de um deus que me embalava
Enchendo o céu de sol e de saudade.
Mas não deteve a lei que me levava,
Perdida sem saber se caminhava
Entre os deuses ou entre a humanidade.
Não sei quem, não sei onde, delirava.
E o futuro vermelho transbordava
Através das pupilas transparentes.
Ó dia de oiro sobre as coisas quentes,
Os rostos tinham almas que mudavam,
E as aves estrangeiras trespassavam
As minhas mãos abertas e presentes.
Houve instantes de força e de verdade —
Era o cantar de um deus que me embalava
Enchendo o céu de sol e de saudade.
Mas não deteve a lei que me levava,
Perdida sem saber se caminhava
Entre os deuses ou entre a humanidade.
2 200
1
Bruno Kampel
Solitude
Após algemar os pés da realidade
às cicatrizes da esperança vitalícia
fui procurar a felicidade insubornável
e num gesto imprudente de ternura
desativei o sofrimento e a tristeza
e tendendo uma armadilha ao infortúnio
decapitei o dissabor do desengano
enquanto a melancolia como sempre
desfraldando suas dúvidas ao vento
deitava-se no leito ambíguo da memória
ao passo que a saudade penetrava
como faca nas ausências mais sentidas
e mar adentro feito sangue navegava
pelas veias das lembranças de outros dias.
às cicatrizes da esperança vitalícia
fui procurar a felicidade insubornável
e num gesto imprudente de ternura
desativei o sofrimento e a tristeza
e tendendo uma armadilha ao infortúnio
decapitei o dissabor do desengano
enquanto a melancolia como sempre
desfraldando suas dúvidas ao vento
deitava-se no leito ambíguo da memória
ao passo que a saudade penetrava
como faca nas ausências mais sentidas
e mar adentro feito sangue navegava
pelas veias das lembranças de outros dias.
759
1
Bruno Kampel
SIM!
Os tapetes choram a ausência
de seus passos
e as paredes suam clamores
que inundam a lembrança
do seu riso.
A janela embaça seus cristais
ao descobrir que das paredes
não penduram quadros senão penas
e que sobre os tapetes
flutua o eco insone
de seus passos de outros dias.
Nos vasos florescem
teias de aranha coalhadas
de lembranças
onde cada pétala é um beijo
e cada flor uma carícia
e cada dia um abraço
e cada sombra um espelho
e cada noite o reflexo
de sua pele sobre a minha
e cada instante uma angústia
que visita sem convite
minhas noites e meus dias.
E sentadas no jardim
as promessas quebradas
contemplam a janela
que mostra as paredes
que hospedam as dores
que declamam os queixumes
que caminham o caminho
que conduz até os tapetes
que calados sofrem
a ausência de seus passos.
E se arrastam as lembranças
nos tapetes de outros rastros
e passeia nas paredes
a fragrância de sua ausência
e desenho nas janelas
cicatrizes decoradas
com lamúrias desbotadas
com desejos exauridos
com perguntas sem resposta
e discursos sem sentido.
Sim.
Solidão.
Nem mais
nem menos.
de seus passos
e as paredes suam clamores
que inundam a lembrança
do seu riso.
A janela embaça seus cristais
ao descobrir que das paredes
não penduram quadros senão penas
e que sobre os tapetes
flutua o eco insone
de seus passos de outros dias.
Nos vasos florescem
teias de aranha coalhadas
de lembranças
onde cada pétala é um beijo
e cada flor uma carícia
e cada dia um abraço
e cada sombra um espelho
e cada noite o reflexo
de sua pele sobre a minha
e cada instante uma angústia
que visita sem convite
minhas noites e meus dias.
E sentadas no jardim
as promessas quebradas
contemplam a janela
que mostra as paredes
que hospedam as dores
que declamam os queixumes
que caminham o caminho
que conduz até os tapetes
que calados sofrem
a ausência de seus passos.
E se arrastam as lembranças
nos tapetes de outros rastros
e passeia nas paredes
a fragrância de sua ausência
e desenho nas janelas
cicatrizes decoradas
com lamúrias desbotadas
com desejos exauridos
com perguntas sem resposta
e discursos sem sentido.
Sim.
Solidão.
Nem mais
nem menos.
729
1
Fernando Pessoa
Santo António de Lisboa
Santo António de Lisboa
Era um grande pregador,
Mas é por ser Santo António
Que as moças lhe têm amor.
Era um grande pregador,
Mas é por ser Santo António
Que as moças lhe têm amor.
5 462
1
Florbela Espanca
As Quadras D’Ele Ii
[1]
Digo para mim quando oiço
O teu lindo riso franco,
“São seus lábios espalhando,
As folhas dum lírio branco”.
[2]
Perguntei às violetas
Se não tinham coração,
Se o tinham, por que escondidas
Na folhagem sempre estão?!
Responderam-me a chorar,
Com voz de quem muito amou:
Sabeis que dor os desfez,
Ou que traição os gelou?
[3]
Meu coração, inundado
Pela luz do teu olhar,
Dorme quieto como um lírio,
Banhado pelo luar.
[4]
Quando o olvido vier
Teu amor amortalhar,
Quero a minha triste vida,
Na mesma cova, enterrar.
[5]
Eu sei que me tens amor,
Bem o leio no teu olhar,
O amor quando é sentido
Não se pode disfarçar.
Os olhos são indiscretos,
Revelam tudo que sentem,
Podem mentir os teus lábios,
Os olhos, esses, não mentem.
[6]
Bendita seja a desgraça,
Bendita a fatalidade,
Benditos sejam teus olhos
Onde anda a minha saudade.
Não há amor neste mundo
Como o que eu sinto por ti,
Que me ofertou a desgraça
No momento em que te vi.
[7]
O teu grande amor por mim,
Durou, no teu coração,
O espaço duma manhã,
Como a rosa da canção.
[8]
Quando falas, dizem todos:
Tem uma voz que é um encanto.
Só falando, faz perder
Todo o juízo a um santo.
[9]
Enquanto eu longe de ti
Ando perdida de zelos,
Afogam-se outros olhares
Nas ondas dos teus cabelos.
[10]
Dizem-me que te não queira
Que tens, nos olhos, traição.
Ai, ensinem-me a maneira
De dar leis ao coração!
[11]
Tanto ódio e tanto amor
Na minha alma contenho;
Mas o ódio inda é maior
Que o doido amor que te tenho.
Odeio teu doce sorriso,
Odeio o teu lindo olhar,
E ainda mais a minh’alma
Por tanto e tanto te amar!
[12]
Quando o teu olhar infindo
Poisa no meu, quase a medo,
Temo que alguém adivinhe
O nosso casto segredo.
Logo minh’alma descansa;
Por saber que nunca alguém
Pode imaginar o fogo
Que o teu frio olhar contém.
[13]
Quem na vida tem amores
Não pode viver contente,
É sempre triste o olhar
Daquele que muito sente.
[14]
Adivinhar o mistério
Da tua alma quem me dera!
Tens nos olhos o Outono,
Nos lábios a Primavera...
Enquanto teus lábios cantam
Canções feitas de luar,
Soluça cheio de mágoa
O teu misterioso olhar...
Com tanta contradição,
O que é que a tua alma sente?
És alegre como a aurora,
E triste como um poente...
Desabafa no meu peito
Essa amargura tão louca,
Que é tortura nos teus olhos
E riso na tua boca!
[15]
Os teus dentes pequeninos
Na tua boca mimosa,
São pedacitos de neve
Dentro dum cálix de rosa.
[16]
O lindo azul do céu
E a amargura infinita
Casaram. Deles nasceu
A tua boca bendita!
Digo para mim quando oiço
O teu lindo riso franco,
“São seus lábios espalhando,
As folhas dum lírio branco”.
[2]
Perguntei às violetas
Se não tinham coração,
Se o tinham, por que escondidas
Na folhagem sempre estão?!
Responderam-me a chorar,
Com voz de quem muito amou:
Sabeis que dor os desfez,
Ou que traição os gelou?
[3]
Meu coração, inundado
Pela luz do teu olhar,
Dorme quieto como um lírio,
Banhado pelo luar.
[4]
Quando o olvido vier
Teu amor amortalhar,
Quero a minha triste vida,
Na mesma cova, enterrar.
[5]
Eu sei que me tens amor,
Bem o leio no teu olhar,
O amor quando é sentido
Não se pode disfarçar.
Os olhos são indiscretos,
Revelam tudo que sentem,
Podem mentir os teus lábios,
Os olhos, esses, não mentem.
[6]
Bendita seja a desgraça,
Bendita a fatalidade,
Benditos sejam teus olhos
Onde anda a minha saudade.
Não há amor neste mundo
Como o que eu sinto por ti,
Que me ofertou a desgraça
No momento em que te vi.
[7]
O teu grande amor por mim,
Durou, no teu coração,
O espaço duma manhã,
Como a rosa da canção.
[8]
Quando falas, dizem todos:
Tem uma voz que é um encanto.
Só falando, faz perder
Todo o juízo a um santo.
[9]
Enquanto eu longe de ti
Ando perdida de zelos,
Afogam-se outros olhares
Nas ondas dos teus cabelos.
[10]
Dizem-me que te não queira
Que tens, nos olhos, traição.
Ai, ensinem-me a maneira
De dar leis ao coração!
[11]
Tanto ódio e tanto amor
Na minha alma contenho;
Mas o ódio inda é maior
Que o doido amor que te tenho.
Odeio teu doce sorriso,
Odeio o teu lindo olhar,
E ainda mais a minh’alma
Por tanto e tanto te amar!
[12]
Quando o teu olhar infindo
Poisa no meu, quase a medo,
Temo que alguém adivinhe
O nosso casto segredo.
Logo minh’alma descansa;
Por saber que nunca alguém
Pode imaginar o fogo
Que o teu frio olhar contém.
[13]
Quem na vida tem amores
Não pode viver contente,
É sempre triste o olhar
Daquele que muito sente.
[14]
Adivinhar o mistério
Da tua alma quem me dera!
Tens nos olhos o Outono,
Nos lábios a Primavera...
Enquanto teus lábios cantam
Canções feitas de luar,
Soluça cheio de mágoa
O teu misterioso olhar...
Com tanta contradição,
O que é que a tua alma sente?
És alegre como a aurora,
E triste como um poente...
Desabafa no meu peito
Essa amargura tão louca,
Que é tortura nos teus olhos
E riso na tua boca!
[15]
Os teus dentes pequeninos
Na tua boca mimosa,
São pedacitos de neve
Dentro dum cálix de rosa.
[16]
O lindo azul do céu
E a amargura infinita
Casaram. Deles nasceu
A tua boca bendita!
2 328
1
Sebastião Alba
Como se o mar
Quero a morte sem um defeito.
Sem planos brancos.
Sem que pequeninas luzes se apaguem
dentro dos ruídos.
Também a não quero providencial,
com um anjo vingador e secretíssimo
enfim pousado.
Nenhuma mitologia. Nenhuma
fruição poética. Assim: Como se o mar
me aspirasse os ouvidos... etc.
Mas súbita e civil,
com repartições abertas,
comércio, a luz graduada
nas altas paredes
dum bom dia sonoro.
Sem planos brancos.
Sem que pequeninas luzes se apaguem
dentro dos ruídos.
Também a não quero providencial,
com um anjo vingador e secretíssimo
enfim pousado.
Nenhuma mitologia. Nenhuma
fruição poética. Assim: Como se o mar
me aspirasse os ouvidos... etc.
Mas súbita e civil,
com repartições abertas,
comércio, a luz graduada
nas altas paredes
dum bom dia sonoro.
1 133
1
Ada Ciocci
Lírico
A morte levou a poeta,
porém
os verbos e os ensinamentos de amor
por ela deixados
na História ficaram
porém
os verbos e os ensinamentos de amor
por ela deixados
na História ficaram
1 019
1
Aires de Almeida Santos
A mulemba secou
No barro da rua,
Pisadas, por toda a gente,
Ficaram as folhas
Secas, amareladas
A estalar sob os pés de quem passava.
Depois o vento as levou...
Como as folhas da mulemba
Foram-se os sonhos gaiatos
Dos miúdos do meu bairro.
(De dia,
Espalhavam visgo nos ramos
E apanhavam catituis,
Viúvas, siripipis
Que o Chiquito da Mulemba
Ia vender no Palácio
Numa gaiola de bimba.
De noite,
Faziam roda, sentados,
A ouvir, de olhos esbugalhados
A velha Jaja a contar
Histórias de arrepiar
Do feitiçeiro Catimba.)
Mas a mulemba secou
E com ela,
Secou tambem a alegria
Da miúdagem do bairro;
O Macuto da Ximinha
Que cantava todo o dia
Já não canta.
O Zé Camilo, coitado,
Passa o dia deitado
A pensar em muitas coisas.
E o velhote Camalundo,
Quando passa por ali,
Já ninguém o arrelia,
Já mais ninguém lhe assobia,
Já faz a vida em sossego.
Como o meu bairro mudou,
Como o meu bairro está triste
Porque a mulemba secou...
Só o velho Camalundo
A mulemba secou.
Sorri ao passar por lá!...
Pisadas, por toda a gente,
Ficaram as folhas
Secas, amareladas
A estalar sob os pés de quem passava.
Depois o vento as levou...
Como as folhas da mulemba
Foram-se os sonhos gaiatos
Dos miúdos do meu bairro.
(De dia,
Espalhavam visgo nos ramos
E apanhavam catituis,
Viúvas, siripipis
Que o Chiquito da Mulemba
Ia vender no Palácio
Numa gaiola de bimba.
De noite,
Faziam roda, sentados,
A ouvir, de olhos esbugalhados
A velha Jaja a contar
Histórias de arrepiar
Do feitiçeiro Catimba.)
Mas a mulemba secou
E com ela,
Secou tambem a alegria
Da miúdagem do bairro;
O Macuto da Ximinha
Que cantava todo o dia
Já não canta.
O Zé Camilo, coitado,
Passa o dia deitado
A pensar em muitas coisas.
E o velhote Camalundo,
Quando passa por ali,
Já ninguém o arrelia,
Já mais ninguém lhe assobia,
Já faz a vida em sossego.
Como o meu bairro mudou,
Como o meu bairro está triste
Porque a mulemba secou...
Só o velho Camalundo
A mulemba secou.
Sorri ao passar por lá!...
1 852
1
Tomaz Vieira da Cruz
N'gola - Flor de Bronze
Filha de branco que morreu na guerra
e de uma preta linda do Libolo,
o teu olhar até de noite encerra
todo o luar das lendas do Catolo!
Ó flor estranha! já não tem consolo
a tua magoa, a tua dor na terra!
Ó flor estranha do febril Capolo
neta dum soba que perdeu a guerra!
Estátua ardente em bronzeadas chamas
que tentação e perdição derramas
por sobre a história negra, quase finda!
Neta dum soba que acabou chorando,
filha de branco que morreu lutando
e duma preta tristemente linda!
e de uma preta linda do Libolo,
o teu olhar até de noite encerra
todo o luar das lendas do Catolo!
Ó flor estranha! já não tem consolo
a tua magoa, a tua dor na terra!
Ó flor estranha do febril Capolo
neta dum soba que perdeu a guerra!
Estátua ardente em bronzeadas chamas
que tentação e perdição derramas
por sobre a história negra, quase finda!
Neta dum soba que acabou chorando,
filha de branco que morreu lutando
e duma preta tristemente linda!
2 102
1
Francisco José Tenreiro
Romance de Sam Marinha
Sam Marinha
a que menina foi no norte
chegou naquele navio à ilha.
Risadas brancas
e goles de champagne!
Á hora do espalmadoiro
os moços do comércio
passaram de gravatas garridas.
O monhé chegou na porta
e limpou o suor
ao lenço de seda que importou do Japão!
Ai!
Aquela que chegou na ilha
como uma risada branca
está fechando a carinha a terra.
Braços pendentemente tristes
só os olhinhos
estão pulando para lá da fortaleza
querendo ver a Europa!...
Á hora do espalmadoiro
os moços do comércio
passaram de gravatas garridas.
O monhé chegou na porta
e limpou o suor
ao lenço de seda que importou do Japa~o!
Ai!
Aquela que chegou na ilha
como uma risada branca
está fechando a carinha a terra.
Braços pendentemente tristes
st os olhinhos
estão pulando para lá da fortaleza
querendo ver a Europa!...
a que menina foi no norte
chegou naquele navio à ilha.
Risadas brancas
e goles de champagne!
Á hora do espalmadoiro
os moços do comércio
passaram de gravatas garridas.
O monhé chegou na porta
e limpou o suor
ao lenço de seda que importou do Japão!
Ai!
Aquela que chegou na ilha
como uma risada branca
está fechando a carinha a terra.
Braços pendentemente tristes
só os olhinhos
estão pulando para lá da fortaleza
querendo ver a Europa!...
Á hora do espalmadoiro
os moços do comércio
passaram de gravatas garridas.
O monhé chegou na porta
e limpou o suor
ao lenço de seda que importou do Japa~o!
Ai!
Aquela que chegou na ilha
como uma risada branca
está fechando a carinha a terra.
Braços pendentemente tristes
st os olhinhos
estão pulando para lá da fortaleza
querendo ver a Europa!...
1 703
1
Geraldo Bessa-Victor
Dia de Chuva no Mato
Chove,
E a trovoada
é um batuque incessante,
uma estranha batucada.
Os raios são setas de fogo
que mesteriosamente, em tom de guerra,
espíritos do mal lançam da Altura
para incendiar a Terra.
O vento
Ora violento, ora brando,
o vento é o cazumbi dos cazumbis
-o deus do mar, do rio e da floresta-
que vai cantando e dançando,
em tragicómica festa,
o seu coro de mil vozes,
os seus bailados febris.
As nuvens negras são virgens tontas,
quais almas do outro mundo,
errando como sonambulas
pelo céu negro e profundo...
E a chuva, constante e forte,
é o pranto (parece eterno)
dos deuses negros que a Morte
sacrificou no Inferno.
E a trovoada
é um batuque incessante,
uma estranha batucada.
Os raios são setas de fogo
que mesteriosamente, em tom de guerra,
espíritos do mal lançam da Altura
para incendiar a Terra.
O vento
Ora violento, ora brando,
o vento é o cazumbi dos cazumbis
-o deus do mar, do rio e da floresta-
que vai cantando e dançando,
em tragicómica festa,
o seu coro de mil vozes,
os seus bailados febris.
As nuvens negras são virgens tontas,
quais almas do outro mundo,
errando como sonambulas
pelo céu negro e profundo...
E a chuva, constante e forte,
é o pranto (parece eterno)
dos deuses negros que a Morte
sacrificou no Inferno.
1 069
1
Alexandre Dáskalos
A sombra das galeras
Ah! Angola, Angola, os teus filhos escravos
nas galeras correram as rotas do Mundo.
Sangrentos os pés, por pedregosos trilhos
vinham do sertão, lá do sertão, lá bem do fundo
vergados ao peso das cargas enormes...
Chegavam às praias de areias argênteas
que se dão ao Sol ao abraço do mar...
... Que longa noite se perde na distância!
As cargas enormes
os corpos disformes.
Na praia, a febre, a sede, a morte, a ânsia
de ali descansar
Ah! As galeras! As galeras!
Espreitam o teu sono tão pesado
prostrado do torpor em que mal te arqueias.
Depois, apenas pestanejam as estrelas,
o suplício de arrastar dessas correias.
Escravo! Escravo!
O mar irado, a morte, a fome,
A vida... a terra... o lar... tudo distante.
De tão distante, tudo tão presente, presente
como na floresta à noite, ao longe, o brilho
duma fogueira acesa, ardendo no teu corpo
que de tão sentido, já não sente.
A América é bem teu filho
arrancado à força do teu ventre.
Depois outros destinos dos homens, outros rumos...
Angola vais na sede da conquista.
Hoje no entrechoque das civilizações antigas
essa figura primitiva se levanta
simples e altiva.
O seu cãntico vem de longe e canta
ausências tristes de gerações passadas e cativas.
E onde vão seus rumos? Onde vão seus passos?
Ah! Vem, vem numa força hercúlea
gritar para os espaços
como os dardos do Sol ao Sol da vida
no vigor que em ti próprio reverberas:
- Não sou cativo!
A minha alma é livre, é livre
enfim!
Liberto, liberto, vivo...
Mais... porque esperas?
Ah! Mata, mata no teu sangue
o pressâgio da sombra das galeras!
nas galeras correram as rotas do Mundo.
Sangrentos os pés, por pedregosos trilhos
vinham do sertão, lá do sertão, lá bem do fundo
vergados ao peso das cargas enormes...
Chegavam às praias de areias argênteas
que se dão ao Sol ao abraço do mar...
... Que longa noite se perde na distância!
As cargas enormes
os corpos disformes.
Na praia, a febre, a sede, a morte, a ânsia
de ali descansar
Ah! As galeras! As galeras!
Espreitam o teu sono tão pesado
prostrado do torpor em que mal te arqueias.
Depois, apenas pestanejam as estrelas,
o suplício de arrastar dessas correias.
Escravo! Escravo!
O mar irado, a morte, a fome,
A vida... a terra... o lar... tudo distante.
De tão distante, tudo tão presente, presente
como na floresta à noite, ao longe, o brilho
duma fogueira acesa, ardendo no teu corpo
que de tão sentido, já não sente.
A América é bem teu filho
arrancado à força do teu ventre.
Depois outros destinos dos homens, outros rumos...
Angola vais na sede da conquista.
Hoje no entrechoque das civilizações antigas
essa figura primitiva se levanta
simples e altiva.
O seu cãntico vem de longe e canta
ausências tristes de gerações passadas e cativas.
E onde vão seus rumos? Onde vão seus passos?
Ah! Vem, vem numa força hercúlea
gritar para os espaços
como os dardos do Sol ao Sol da vida
no vigor que em ti próprio reverberas:
- Não sou cativo!
A minha alma é livre, é livre
enfim!
Liberto, liberto, vivo...
Mais... porque esperas?
Ah! Mata, mata no teu sangue
o pressâgio da sombra das galeras!
1 345
1
Gonçalves Crespo
N H
Tu não és de Romeu a doce amante,
A triste Julieta, que suspira,
Solto o cabelo aos ventos ondeante,
Inquietas cordas de suspensa lira.
Não és Ofélia, a virgem lacrimante,
Que ao luar nos jardins vaga e delira,
E é levada nas águas flutuante,
Como em sonho de amor que cedo expira.
És a estátua de mármore de rosa;
Galatéia acordando voluptuosa
Do grego artista ao fogo de mil beijos...
És a lânguida Júlia que desmaia,
És Haidéia nos côncavos da praia;
Fosse eu o Dom João dos teus desejos!...
Publicado no livro Miniaturas (1871).
In: CRESPO, Gonçalves. Obras completas. Pref. Afrânio Peixoto. Rio de Janeiro: Livros de Portugal, 194
A triste Julieta, que suspira,
Solto o cabelo aos ventos ondeante,
Inquietas cordas de suspensa lira.
Não és Ofélia, a virgem lacrimante,
Que ao luar nos jardins vaga e delira,
E é levada nas águas flutuante,
Como em sonho de amor que cedo expira.
És a estátua de mármore de rosa;
Galatéia acordando voluptuosa
Do grego artista ao fogo de mil beijos...
És a lânguida Júlia que desmaia,
És Haidéia nos côncavos da praia;
Fosse eu o Dom João dos teus desejos!...
Publicado no livro Miniaturas (1871).
In: CRESPO, Gonçalves. Obras completas. Pref. Afrânio Peixoto. Rio de Janeiro: Livros de Portugal, 194
1 901
1
Gonçalves Crespo
As Ondinas
Na praia tranqüila murmuram sonoras
As ondas do mar.
E, ao doce das águas murmúrio palreiro.
Na areia dormita gentil cavaleiro
À luz do luar.
As belas ondinas emergem das grutas
De vivo coral,
Acorrem ligeiras, e apontam, sorrindo,
O moço que julgam deveras dormindo
No argênteo areal.
Vem esta, e perpassa do gorro nas plumas
As mãos de cetim.
E aquela, com gesto divino, gracioso,
Nos ares levanta do jovem formoso
O áureo telim.
Essoutra, que lavas, que fogo não vibram
Seus olhos de anil!
Debruça-se e arranca-lhe a rútila espada,
Nos copos brilhantes se apóia azougada.
Travessa e gentil.
A quarta, saltando, retouça, lasciva,
Do moço em redor;
Suspira mansinho, de manso murmura:
"Pudesse eu em vida gozar a ventura
Do teu fino amor!"
A quinta rebeija-lhe as mãos, enlevada
Num sonho feliz,
E a sexta, com trêmula e doce esquivança,
Perfuma-lhe a boca, formosa criança!
Com beijos sutis...
E o moço, fingindo que dorme tranqüilo,
Não quer acordar.
E deixa que o abracem as belas Ondinas,
E lânguido goza carícias divinas
À luz do luar...
Publicado no livro Noturnos (1882).
In: CRESPO, Gonçalves. Obras completas. Pref. Afrânio Peixoto. Rio de Janeiro: Livros de Portugal, 1942
NOTA: Tradução de poema de Hein
As ondas do mar.
E, ao doce das águas murmúrio palreiro.
Na areia dormita gentil cavaleiro
À luz do luar.
As belas ondinas emergem das grutas
De vivo coral,
Acorrem ligeiras, e apontam, sorrindo,
O moço que julgam deveras dormindo
No argênteo areal.
Vem esta, e perpassa do gorro nas plumas
As mãos de cetim.
E aquela, com gesto divino, gracioso,
Nos ares levanta do jovem formoso
O áureo telim.
Essoutra, que lavas, que fogo não vibram
Seus olhos de anil!
Debruça-se e arranca-lhe a rútila espada,
Nos copos brilhantes se apóia azougada.
Travessa e gentil.
A quarta, saltando, retouça, lasciva,
Do moço em redor;
Suspira mansinho, de manso murmura:
"Pudesse eu em vida gozar a ventura
Do teu fino amor!"
A quinta rebeija-lhe as mãos, enlevada
Num sonho feliz,
E a sexta, com trêmula e doce esquivança,
Perfuma-lhe a boca, formosa criança!
Com beijos sutis...
E o moço, fingindo que dorme tranqüilo,
Não quer acordar.
E deixa que o abracem as belas Ondinas,
E lânguido goza carícias divinas
À luz do luar...
Publicado no livro Noturnos (1882).
In: CRESPO, Gonçalves. Obras completas. Pref. Afrânio Peixoto. Rio de Janeiro: Livros de Portugal, 1942
NOTA: Tradução de poema de Hein
1 915
1
Cláudio Manuel da Costa
I (Sonetos) [Para cantar de amor tenros cuidados
Para cantar de amor tenros cuidados,
Tomo entre vós, ó montes, o instrumento;
Ouvi pois o meu fúnebre lamento;
Se é, que de compaixão sois animados:
Já vós vistes, que aos ecos magoados
Do trácio Orfeu parava o mesmo vento;
Da lira de Anfião ao doce acento
Se viram os rochedos abalados.
Bem sei, que de outros gênios o Destino,
Para cingir de Apolo a verde rama,
Lhes influiu na lira estro divino;
O canto, pois, que a minha voz derrama,
Porque ao menos o entoa um peregrino,
Se faz digno entre vós também de fama.
Publicado no livro Obras (1768).
In: COSTA, Cláudio Manuel da. Obras. Introd. cronol. e bibliogr. Antônio Soares Amora. Lisboa: Bertrand, 1959. (Obras primas da língua portuguesa
Tomo entre vós, ó montes, o instrumento;
Ouvi pois o meu fúnebre lamento;
Se é, que de compaixão sois animados:
Já vós vistes, que aos ecos magoados
Do trácio Orfeu parava o mesmo vento;
Da lira de Anfião ao doce acento
Se viram os rochedos abalados.
Bem sei, que de outros gênios o Destino,
Para cingir de Apolo a verde rama,
Lhes influiu na lira estro divino;
O canto, pois, que a minha voz derrama,
Porque ao menos o entoa um peregrino,
Se faz digno entre vós também de fama.
Publicado no livro Obras (1768).
In: COSTA, Cláudio Manuel da. Obras. Introd. cronol. e bibliogr. Antônio Soares Amora. Lisboa: Bertrand, 1959. (Obras primas da língua portuguesa
4 844
1
Emílio de Menezes
Quadras Encomendadas pela Cerveja Brahma
Escrito no dia 15 de dezembro:
O José Bonifácio se insulava
Nessa ilha pitoresca, Paquetá!
Lugar que a água de coco dominava
E a Brahma-Porter dominando está.
Escrito no dia 21 de fevereiro:
O pintor Victor Meireles,
Que faleceu nesta data,
Dizia que ao próprio Zoeller
Já era a cerveja grata.
Escrito no dia 11 de abril:
Nesta data morreu nosso Macedo,
Autor do Moço loiro e Moreninha.
Quando o releio penso assim em segredo:
Um chope loiro e um copo da Negrinha.
In: MENEZES, Emílio de. Obra reunida: Poemas da Morte, Poesias, Últimas Rimas, Mortalhas, Esparsos e Inéditos. Org. Cassiana Lacerda Carollo. Rio de Janeiro: J. Olympio; Curitiba: Secretaria da Cultura e do Esporte do Estado, 1980. Poema integrante da série Esparsos e Inéditos
O José Bonifácio se insulava
Nessa ilha pitoresca, Paquetá!
Lugar que a água de coco dominava
E a Brahma-Porter dominando está.
Escrito no dia 21 de fevereiro:
O pintor Victor Meireles,
Que faleceu nesta data,
Dizia que ao próprio Zoeller
Já era a cerveja grata.
Escrito no dia 11 de abril:
Nesta data morreu nosso Macedo,
Autor do Moço loiro e Moreninha.
Quando o releio penso assim em segredo:
Um chope loiro e um copo da Negrinha.
In: MENEZES, Emílio de. Obra reunida: Poemas da Morte, Poesias, Últimas Rimas, Mortalhas, Esparsos e Inéditos. Org. Cassiana Lacerda Carollo. Rio de Janeiro: J. Olympio; Curitiba: Secretaria da Cultura e do Esporte do Estado, 1980. Poema integrante da série Esparsos e Inéditos
1 604
1
Domingos Caldas Barbosa
Lundum em Louvor de uma Brasileira Adotiva
Eu vi correndo hoje o Tejo
Vinha soberbo e vaidoso;
Só por ter nas suas margens
O meigo Lundum gostoso.
Que lindas voltas que fez
Estendido pela praia
Queria beijar-lhe os pés.
Se o Lundum bem conhecera
Quem o havia cá dançar;
De gosto mesmo morrera
Sem poder nunca chegar.
Ai rum rum
Vence fandangos e gigas
A chulice do Lundum.
Quem me havia de dizer
Mas a coisa é verdadeira;
Que Lisboa produziu
Uma linda Brasileira.
Ai beleza
As outras são pela pátria
Esta pela Natureza.
Tomara que visse a gente
Como nhanhá dança aqui;
Talvez que o seu coração
Tivesse mestre d'ali.
Ai companheiro
Não será ou sim será
O jeitinho é Brasileiro.
Uns olhos assim voltados
Cabeça inclinada assim,
Os passinhos assim dados
Que vêm entender com mim.
Ai afeto
Lundum entendeu com eu
A gente está bem quieto.
Um lavar em seco a roupa
Um saltinho cai não cai;
O coração Brasileiro
A seus pés caindo vai.
Ai esperanças
É nas chulices de lá
Mas é de cá nas mudanças.
Este Lundum me dá vida
Quando o vejo assim dançar;
Mas temo se continua.
Que Lundum me há de matar.
Ai lembrança
Amor me trouxe o Lundum
Para meter-me na dança.
Nhanhá faz um pé de banco
Com seus quindins, seus popôs,
Tinha lançado os seus laços
Aperta assim mais os nós.
Oh! doçura
As lobedas de nhanhá
Apertam minha ternura.
Logo que nhanhá saiu
Logo que nhanhá dançou,
O cravo que tinha ao peito
Envergonhado murchou.
Ai que peito
Se quiser flores bem novas
Aqui tem Amor perfeito.
Pois segue as danças de lá
Os de lá deve querer;
E se tem de lá melindres
Nunca tenha malmequer.
Ai delírio
Ela semeia saudades
De enxerto no meu martírio.
Imagem - 00190005
Publicado no livro Viola de Lereno: coleção das suas cantigas, oferecidas aos seus amigos (1826).
In: BARBOSA, Caldas. Viola de Lereno. Pref. Francisco de Assis Barbosa. Rio de Janeiro: INL, 1944. 2v. (Biblioteca popular brasileira, 14, 15)
NOTA: Chulice: de chulo; no texto, graças, malícias. Nhanhá: tratamento dado às meninas e às moças pelos escravos. Quindins: dengues, meiguices, encantos. Popôs: possivelmente "dengues". Lobedas: possivelmente "fitas". Melindre: planta também conhecida como beijo-de-frad
Vinha soberbo e vaidoso;
Só por ter nas suas margens
O meigo Lundum gostoso.
Que lindas voltas que fez
Estendido pela praia
Queria beijar-lhe os pés.
Se o Lundum bem conhecera
Quem o havia cá dançar;
De gosto mesmo morrera
Sem poder nunca chegar.
Ai rum rum
Vence fandangos e gigas
A chulice do Lundum.
Quem me havia de dizer
Mas a coisa é verdadeira;
Que Lisboa produziu
Uma linda Brasileira.
Ai beleza
As outras são pela pátria
Esta pela Natureza.
Tomara que visse a gente
Como nhanhá dança aqui;
Talvez que o seu coração
Tivesse mestre d'ali.
Ai companheiro
Não será ou sim será
O jeitinho é Brasileiro.
Uns olhos assim voltados
Cabeça inclinada assim,
Os passinhos assim dados
Que vêm entender com mim.
Ai afeto
Lundum entendeu com eu
A gente está bem quieto.
Um lavar em seco a roupa
Um saltinho cai não cai;
O coração Brasileiro
A seus pés caindo vai.
Ai esperanças
É nas chulices de lá
Mas é de cá nas mudanças.
Este Lundum me dá vida
Quando o vejo assim dançar;
Mas temo se continua.
Que Lundum me há de matar.
Ai lembrança
Amor me trouxe o Lundum
Para meter-me na dança.
Nhanhá faz um pé de banco
Com seus quindins, seus popôs,
Tinha lançado os seus laços
Aperta assim mais os nós.
Oh! doçura
As lobedas de nhanhá
Apertam minha ternura.
Logo que nhanhá saiu
Logo que nhanhá dançou,
O cravo que tinha ao peito
Envergonhado murchou.
Ai que peito
Se quiser flores bem novas
Aqui tem Amor perfeito.
Pois segue as danças de lá
Os de lá deve querer;
E se tem de lá melindres
Nunca tenha malmequer.
Ai delírio
Ela semeia saudades
De enxerto no meu martírio.
Imagem - 00190005
Publicado no livro Viola de Lereno: coleção das suas cantigas, oferecidas aos seus amigos (1826).
In: BARBOSA, Caldas. Viola de Lereno. Pref. Francisco de Assis Barbosa. Rio de Janeiro: INL, 1944. 2v. (Biblioteca popular brasileira, 14, 15)
NOTA: Chulice: de chulo; no texto, graças, malícias. Nhanhá: tratamento dado às meninas e às moças pelos escravos. Quindins: dengues, meiguices, encantos. Popôs: possivelmente "dengues". Lobedas: possivelmente "fitas". Melindre: planta também conhecida como beijo-de-frad
1 754
1
José de Anchieta
Na Festa de São Lourenço
2o. ATO
No 2o. ato entram três diabos, que querem destruir a aldeia com
pecados, aos quais resistem São Lourenço e São Sebastião e o Anjo
da Guarda, livrando a aldeia e prendendo os diabos, cujos nomes
são: Guaixará, que é o rei; Aimbirê e Saravaia, seus criados.
Guaixará — (...)
Abá, serã, xe jabé? Quem, como eu?
Ixé serobiaripyra, Eu sou conceituado,
xe anangusú mixyra, sou o diabão assado,
Guaixará serímbae, Guaixará chamado,
Kuépe imoerapoanimbyra. por aí afamado.
(...)
Moraséia e ikatú, É bom dançar,
jeguáka, jemopiránga, adornar-se, tingir-se de
vermelho,
samongy, jetymanguánga, empenar o corpo, pintar as
pernas,
jemoúna, petymbú, fazer-se negro, fumar,
karaí moñamomoñánga... curandeirar...
Jemoyrõ, morapití, De enfurecer-se, andar
matando,
joú, tapúia rára, comer um ao outro, prender
tapuias,
aguasá, moropotára; amancebar-se, ser desonesto,
mañána, syguarajy espião, adúltero
— naipotári abá sejára. — não quero que o gentio
deixe.
Angarí Para isso
ajosúb abá koty, convivo com os índios,
texerorobiár, ujábo. induzindo-os a acreditarem em
mim.
Oú teñé xe peábo Vêm inutilmente afastar-me
"abaré" jába, kori, os tais "padres", agora,
Tupã rekó mombeguábo. apregoando a lei de Deus.
(...)
Saravaia — (...)
Chama quatro companheiros, que ajudem:
Tataurána, Tataurana,
erú ke nde mosurána! traze a tua muçurana!
Urubú, Jaguarusú, Urubu, Jaguaruçu,
ingapéma be perú! trazei também a ingapema!
Kaburé, jorí eñána Caborê, vem correndo
tobajára tiaú! comer os inimigos!
Acodem todos quatro, com suas armas, e dizem:
Tataurana — Ko xe musuranusú. Aqui está a minha muçurana
grossa.
Taú korí ijybapuéra, Eu lhe comerei os braços,
Jaguarusú juguéra, Jaguaruçu o pescoço,
iakanguéra Urubú, Urubu sua caveira,
Kaburé setymambuéra. Caborê as suas pernas.
Urubu — Ko aikó, Aqui estou,
syguepuéra tarasó vou levar as suas tripas e
bofes
iñyambebúia abé, para minha velha sogra.
xe raixó guaibi supé. Veio também a panela,
Oubé senaempepó, cozerão à minha vista.
tomoji xe renondé.
Jaguaruçu — Kobé ingape koatiára, Aqui está também a ingapema
listrada,
tajakáng mombúk murú. para quebrar-lhes as cabeças.
Iaputuúma taú. Comerei os seus miolos.
Xe aguaraguasú, jaguára. Sou o guará, a onça.
Xe jaguareté iporú! Sou jaguaretê antropófago!
Caborê — Kueisé ko aporapití, Andei por aqui derrotando,
ajurujúba jukábo, matando franceses,
uiñemoerapoangatuábo. para tornar-me famoso.
Tasó nde pyri, korí, Irei a teu lado, agora,
aipó tubixába guábo. devorar estes chefes.
(...)
Imagem - 00570010
In: ANCHIETA. Poesias: manuscrito do século XVI, em português, castelhano, latim e tupi. Transcrições, trad. e notas M. de L. de Paula Martins. São Paulo: Comissão do IV Centenário da Cidade, 1954.
NOTA: Tradução da parte em tupi, por M. de L. de Paula Martin
No 2o. ato entram três diabos, que querem destruir a aldeia com
pecados, aos quais resistem São Lourenço e São Sebastião e o Anjo
da Guarda, livrando a aldeia e prendendo os diabos, cujos nomes
são: Guaixará, que é o rei; Aimbirê e Saravaia, seus criados.
Guaixará — (...)
Abá, serã, xe jabé? Quem, como eu?
Ixé serobiaripyra, Eu sou conceituado,
xe anangusú mixyra, sou o diabão assado,
Guaixará serímbae, Guaixará chamado,
Kuépe imoerapoanimbyra. por aí afamado.
(...)
Moraséia e ikatú, É bom dançar,
jeguáka, jemopiránga, adornar-se, tingir-se de
vermelho,
samongy, jetymanguánga, empenar o corpo, pintar as
pernas,
jemoúna, petymbú, fazer-se negro, fumar,
karaí moñamomoñánga... curandeirar...
Jemoyrõ, morapití, De enfurecer-se, andar
matando,
joú, tapúia rára, comer um ao outro, prender
tapuias,
aguasá, moropotára; amancebar-se, ser desonesto,
mañána, syguarajy espião, adúltero
— naipotári abá sejára. — não quero que o gentio
deixe.
Angarí Para isso
ajosúb abá koty, convivo com os índios,
texerorobiár, ujábo. induzindo-os a acreditarem em
mim.
Oú teñé xe peábo Vêm inutilmente afastar-me
"abaré" jába, kori, os tais "padres", agora,
Tupã rekó mombeguábo. apregoando a lei de Deus.
(...)
Saravaia — (...)
Chama quatro companheiros, que ajudem:
Tataurána, Tataurana,
erú ke nde mosurána! traze a tua muçurana!
Urubú, Jaguarusú, Urubu, Jaguaruçu,
ingapéma be perú! trazei também a ingapema!
Kaburé, jorí eñána Caborê, vem correndo
tobajára tiaú! comer os inimigos!
Acodem todos quatro, com suas armas, e dizem:
Tataurana — Ko xe musuranusú. Aqui está a minha muçurana
grossa.
Taú korí ijybapuéra, Eu lhe comerei os braços,
Jaguarusú juguéra, Jaguaruçu o pescoço,
iakanguéra Urubú, Urubu sua caveira,
Kaburé setymambuéra. Caborê as suas pernas.
Urubu — Ko aikó, Aqui estou,
syguepuéra tarasó vou levar as suas tripas e
bofes
iñyambebúia abé, para minha velha sogra.
xe raixó guaibi supé. Veio também a panela,
Oubé senaempepó, cozerão à minha vista.
tomoji xe renondé.
Jaguaruçu — Kobé ingape koatiára, Aqui está também a ingapema
listrada,
tajakáng mombúk murú. para quebrar-lhes as cabeças.
Iaputuúma taú. Comerei os seus miolos.
Xe aguaraguasú, jaguára. Sou o guará, a onça.
Xe jaguareté iporú! Sou jaguaretê antropófago!
Caborê — Kueisé ko aporapití, Andei por aqui derrotando,
ajurujúba jukábo, matando franceses,
uiñemoerapoangatuábo. para tornar-me famoso.
Tasó nde pyri, korí, Irei a teu lado, agora,
aipó tubixába guábo. devorar estes chefes.
(...)
Imagem - 00570010
In: ANCHIETA. Poesias: manuscrito do século XVI, em português, castelhano, latim e tupi. Transcrições, trad. e notas M. de L. de Paula Martins. São Paulo: Comissão do IV Centenário da Cidade, 1954.
NOTA: Tradução da parte em tupi, por M. de L. de Paula Martin
3 150
1
Cassiano Ricardo
Café-Expresso
1
Café-expresso — está escrito na porta.
Entro com muita pressa. Meio tonto,
por haver acordado tão cedo...
E pronto! parece um brinquedo...
cai o café na xícara pra gente
maquinalmente.
E eu sinto o gosto, o aroma, o sangue quente de São Paulo
nesta pequena noite líquida e cheirosa
que é a minha xícara de café.
A minha xícara de café
é o resumo de todas as coisas que vi na fazenda e me vêm à memória
[apagada...
Na minha memória anda um carro de bois a bater as porteiras da
[estrada...
Na minha memória pousou um pinhé a gritar: crapinhé!
E passam uns homens
que levam às costas
jacás multicores
com grãos de café.
E piscam lá dentro, no fundo do meu coração,
uns olhos negros de cabocla a olhar pra mim
com seu vestido de alecrim e pés no chão.
E uma casinha cor de luar na tarde roxo-rosa...
Um cuitelinho verde sussurrando enfiando o bico na catléia cor de
[sol que floriu no portão...
E o fazendeiro, calculando a safra do espigão...
Mas acima de tudo
aqueles olhos de veludo da cabocla maliciosa a olhar pra mim
como dois grandes pingos de café
que me caíram dentro da alma
e me deixaram pensativo assim...
2
Mas eu não tenho tempo pra pensar nessas coisas!
Estou com pressa. Muita pressa.
A manhã já desceu do trigésimo andar
daquele arranha-céu colorido onde mora.
Ouço a vida gritando lá fora!
Duzentos réis, e saio. A rua é um vozerio.
Sobe-e-desce de gente que vai pras fábricas.
Pralapracá de automóveis. Buzinas. Letreiros.
Compro um jornal. O Estado! O Diário Nacional!
Levanto a gola do sobretudo, por causa do frio.
E lá me vou pro trabalho, pensando...
Ó meu São Paulo!
Ó minha uiara de cabelo vermelho!
Ó cidade dos homens que acordam mais cedo no mundo!
Imagem - 00700005
In: RICARDO, Cassiano. Martim Cererê: o Brasil dos meninos, dos poetas e dos heróis. Ed. crít. Marlene Gomes Mendes, Deila Conceição Perez e Jayro José Xavier. Pref. Telê Ancona Lopez. Rio de Janeiro: Antares; Brasília: INL: Fundação Pró-Memória, 198
Café-expresso — está escrito na porta.
Entro com muita pressa. Meio tonto,
por haver acordado tão cedo...
E pronto! parece um brinquedo...
cai o café na xícara pra gente
maquinalmente.
E eu sinto o gosto, o aroma, o sangue quente de São Paulo
nesta pequena noite líquida e cheirosa
que é a minha xícara de café.
A minha xícara de café
é o resumo de todas as coisas que vi na fazenda e me vêm à memória
[apagada...
Na minha memória anda um carro de bois a bater as porteiras da
[estrada...
Na minha memória pousou um pinhé a gritar: crapinhé!
E passam uns homens
que levam às costas
jacás multicores
com grãos de café.
E piscam lá dentro, no fundo do meu coração,
uns olhos negros de cabocla a olhar pra mim
com seu vestido de alecrim e pés no chão.
E uma casinha cor de luar na tarde roxo-rosa...
Um cuitelinho verde sussurrando enfiando o bico na catléia cor de
[sol que floriu no portão...
E o fazendeiro, calculando a safra do espigão...
Mas acima de tudo
aqueles olhos de veludo da cabocla maliciosa a olhar pra mim
como dois grandes pingos de café
que me caíram dentro da alma
e me deixaram pensativo assim...
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Mas eu não tenho tempo pra pensar nessas coisas!
Estou com pressa. Muita pressa.
A manhã já desceu do trigésimo andar
daquele arranha-céu colorido onde mora.
Ouço a vida gritando lá fora!
Duzentos réis, e saio. A rua é um vozerio.
Sobe-e-desce de gente que vai pras fábricas.
Pralapracá de automóveis. Buzinas. Letreiros.
Compro um jornal. O Estado! O Diário Nacional!
Levanto a gola do sobretudo, por causa do frio.
E lá me vou pro trabalho, pensando...
Ó meu São Paulo!
Ó minha uiara de cabelo vermelho!
Ó cidade dos homens que acordam mais cedo no mundo!
Imagem - 00700005
In: RICARDO, Cassiano. Martim Cererê: o Brasil dos meninos, dos poetas e dos heróis. Ed. crít. Marlene Gomes Mendes, Deila Conceição Perez e Jayro José Xavier. Pref. Telê Ancona Lopez. Rio de Janeiro: Antares; Brasília: INL: Fundação Pró-Memória, 198
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Sérgio Milliet
São Paulo
Canto a cidade das neblinas
e dos viadutos
minha cidade
amante de futebol e vendedora de café
Os aventureiros bigodudos
como nas fitas da Paramount
o Friedenreich pé de anjo
e a bolsa de mercadorias
as chaminés parturientes do Brás
os quinze mil automóveis orgulhosos
no barulho ensurdecedor dos klaxons
e a cultura envernizada dos burgueses
os engraxates da Praça Antônio Prado
e o serviço telegráfico do "Estado"
a febre do dinheiro
as falências sírio-nacionais
a especulação sobre os terrenos
a politicagem e os politiqueiros
e a negra de pó de arroz
e até os bondes da Light
para o Tietê das regatas e dos bandeirantes
os homens dizem que tu és ingrata
e que devoras os teus próprios filhos...
Mas que linda madrasta tu és
toda vestida de jardins!
Minha cidade
Amo também teus plátanos nostálgicos
imigrantes infelizes
teus crepúsculos de seda japonesa
tuas ruas longas de casas baixas
e teu triângulo provinciano...
Publicado no livro Poemas Análogos (1927). Poema integrante da série Poemas Brasileiros.
In: MILLIET, Sérgio. Poesias. Porto Alegre: Livr. do Globo, 1946. p.70-71. (Autores brasileiros, 19
e dos viadutos
minha cidade
amante de futebol e vendedora de café
Os aventureiros bigodudos
como nas fitas da Paramount
o Friedenreich pé de anjo
e a bolsa de mercadorias
as chaminés parturientes do Brás
os quinze mil automóveis orgulhosos
no barulho ensurdecedor dos klaxons
e a cultura envernizada dos burgueses
os engraxates da Praça Antônio Prado
e o serviço telegráfico do "Estado"
a febre do dinheiro
as falências sírio-nacionais
a especulação sobre os terrenos
a politicagem e os politiqueiros
e a negra de pó de arroz
e até os bondes da Light
para o Tietê das regatas e dos bandeirantes
os homens dizem que tu és ingrata
e que devoras os teus próprios filhos...
Mas que linda madrasta tu és
toda vestida de jardins!
Minha cidade
Amo também teus plátanos nostálgicos
imigrantes infelizes
teus crepúsculos de seda japonesa
tuas ruas longas de casas baixas
e teu triângulo provinciano...
Publicado no livro Poemas Análogos (1927). Poema integrante da série Poemas Brasileiros.
In: MILLIET, Sérgio. Poesias. Porto Alegre: Livr. do Globo, 1946. p.70-71. (Autores brasileiros, 19
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