Escritas

Natureza

Poemas neste tema

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Edgar Allan Poe

Pompas del mármol, negra anatomía
que ultrajan los gusanos sepulcrales,
del triunfo de la muerte los glaciales
símbolos congregó. No los temía.

Temía la otra sombra, la amorosa,
las comunes venturas de la gente;
no lo cegó el metal resplandeciente
ni el mármol sepulcral sino la rosa.

Como del otro lado del espejo
se entregó solitario a su complejo
destino de inventor de pesadillas.

Quizá, del otro lado de la muerte,
siga erigiendo solitario y fuerte
espléndidas y atroces maravillas.

(1964)


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 223 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 637 1
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

El pasado

Todo era fácil, nos parece ahora,
En el plástico ayer irrevocable:
Sócrates que apurada la cicuta,
Discurre sobre el alma y su camino
Mientras la muerte azul le va subiendo
Desde los pies helados; la implacable
Espada que retumba en la balanza;
Roma, que impone el numeroso hexámetro
Al obstinado mármol de esa lengua
Que manejamos hoy despedazada;
Los piratas de Hengist que atraviesan
A remo el temerario Mar del Norte
Y con las fuertes manos y el coraje
Fundan un reino que será el Imperio;
El rey sajón que ofrece al rey noruego
Los siete pies de tierra y que ejecuta,
Antes que el sol decline, la promesa
En la batalla de hombres; los jinetes
Del desierto, que cubren el Oriente
Y amenazan las cúpulas de Rusia;
Un persa que refiere la primera
De las Mil y Una Noches y no sabe
Que inicia un libro que los largos siglos
De las generaciones ulteriores
No entregarán al silencioso olvido;
Snorri que salva en su perdida Thule,
A la luz de crepúsculos morosos
O en la noche propicia a la memoria,
Las letras y los dioses de Germania;
El joven Schopenhauer, que descubre
El plano general del universo;
Whitman, que en una redacción de Brooklin,
Entre el olor a tinta y a tabaco,
Toma y no dice a nadie la infinita
Resolución de ser todos los hombres
Y de escribir un libro que sea todos;
Arredondo, que mata a Idiarte Borda
En la mañana de Montevideo
Y se da a la justicia declarando
Que ha obrado solo y que no tiene cómplices;
El soldado que muere en Normandía,
El soldado que muere en Galilea.

Esas cosas pudieron no haber sido.
Casi no fueron. Las imaginamos
En un fatal ayer inevitable.
No hay otro tiempo que el ahora, este ápice
Del ya será y del fue, de aquel instante
En que la gota cae en la clepsidra.
El ilusorio ayer es un recinto
De figuras inmóviles de cera
O de reminiscencias literarias
Que el tiempo irá perdiendo en sus espejos.
Erico el Rojo, Carlos Doce, Breno
Y esa tarde inasible que fue tuya
Son en su eternidad, no en la memoria.


"El oro de los tigres", 1972.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 341 e 342 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
5 160 1
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Buenos Aires [3]

O que será Buenos Aires?
É a praça de Maio à qual voltaram, depois de guerrear
no continente, homens cansados e felizes.
É o dédalo crescente de luzes que divisamos do avião e
sob o qual estão a sotéia, a calçada, o último pátio, as
coisas quietas.
É o paredão da Recoleta contra o qual morreu,
executado, um de meus antepassados.
É uma grande árvore da rua Junín que, sem saber,
depara-nos sombra e frescor.
É uma rua longa de casas baixas, que perde e
transfigura o poente.
É a Doca Sul da qual zarpavam o Saturno e o Cosmos.
É a calçada de Quintana na qual meu pai, que estivera
cego, chorou, por enxergar as antigas estrelas.
É uma porta numerada, atrás da qual, na escuridão,
passei dez dias e dez noites, imóvel, dias e noites que
são na memória um instante.
É o ginete de pesado metal que projeta do alto sua série
cíclica de sombras.
É o mesmo ginete sob a chuva.
É uma esquina da rua Perú, na qual Julio César Dabove
nos disse que o pior pecado que um homem pode
cometer é gerar um filho e sentenciá-lo a esta vida
espantosa.
É Elvira de Alvear, escrevendo em cuidadosos
cadernos um longo romance, que no início
era feito de palavras e no fim de vagos traços
indecifráveis.
É a mão de Norah, traçando o rosto de uma amiga
que é também o de um anjo.
É uma espada que serviu nas guerras e que é menos
uma arma do que uma memória.
É uma divisa descolorida ou um daguerreótipo gasto,
coisas que são do tempo.
É o dia em que deixamos uma mulher e o dia em que
uma mulher nos deixou.
É aquele arco da rua Bolívar do qual se divisa a
Biblioteca.
É o cômodo da Biblioteca, no qual descobrimos, por
volta de 1957, a língua dos ásperos saxões, a língua
da coragem e da tristeza.
É a sala contígua, na qual morreu Paul Groussac.
É o último espelho que repetiu o rosto de meu pai.
É o rosto de Cristo que vi no pó, desfeito a
marteladas, numa das naves de La Piedad.
É uma alta casa do Sul na qual minha mulher e
eu traduzimos Whitman, cujo grande eco oxalá
reverbere nesta página.
É Lugones, olhando da janela do trem as formas que
se perdem e pensando que já não o aflige o dever
de traduzi-las para sempre em palavras, porque
esta viagem será a última.
É, na desabitada noite, certa esquina do Once na qual
Macedonio Fernández, que morreu, continua me
explicando que a morte é uma falácia.
Não quero prosseguir, estas coisas são excessivamente
individuais, são excessivamente o que são, para serem
também Buenos Aires.
Buenos Aires é a outra rua, a que nunca pisei, é o centro
secreto das quadras, os pátios últimos, é o que as
fachadas ocultam, é meu inimigo, se ele existir, é a
pessoa a quem meus versos desagradam (também
me desagradam), é a modesta livraria em que talvez
tenhamos entrado e que esquecemos, é essa rajada
de milonga assoviada que não reconhecemos e que
nos toca, é o que se perdeu e o que será, é o ulterior,
o alheio, o lateral, o bairro que não é teu nem
é meu, o que ignoramos e amamos.


(Tradução: Josely Vianna Baptista)


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 326 e 327 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
3 643 1
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Lo perdido

¿Dónde estará mi vida, la que pudo
haber sido y no fue, la venturosa
o la de triste horror, esa otra cosa
que pudo ser la espada o el escudo

y que no fue? ¿Dónde estará el perdido
antepasado persa o el noruego,
dónde el azar de no quedarme ciego,
dónde el ancla y el mar, dónde el olvido

de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura
noche que al rudo labrador confía
el iletrado y laborioso día,

según lo quiere la literatura?
Pienso también en esa compañera
que me esperaba, y que tal vez me espera.



Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 349 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016

2 089 1
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Despedida

Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 55 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
2 697 1
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

España

Más allá de los símbolos,
más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios,
más allá de la aberración del gramático
que ve en la historia del hidalgo
que soñaba ser don Quijote y al fin lo fue,
no una amistad y una alegría
sino un herbario de arcaísmos y un refranero,
estás, España silenciosa, en nosotros.
España del bisonte, que moriría
por el hierro o el rifle,
en las praderas del ocaso, en Montana,
España donde Ulises descendió a la Casa de Hades,
España del íbero, del celta, del cartaginés, y de Roma,
España de los duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas,
pastor de pueblos,
España del Islam, de la cábala
y de la Noche Oscura del Alma,
España de los inquisidores,
que padecieron el destino de ser verdugos
y hubieran podido ser mártires,
España de la larga aventura
que descifró los mares y redujo crueles imperios
y que prosigue aquí, en Buenos Aires,
en este atardecer del mes de julio de 1964,
España de la otra guitarra, la desgarrada,
no la humilde, la nuestra,
España de los patios,
España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios,
España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad,
España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros,
en los íntimos hábitos de la sangre,
en los Acevedo y los Suárez de mi linaje,
España,
madre de ríos y de espadas y de multiplicadas generaciones,
incesante y fatal.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 244 e 245 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 110 1
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Fundación mítica de Buenos Aires

¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en la Boca.
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.

Una manzana entera pero en mitá del campo
presenciada de auroras y lluvias y sudestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.

Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen,
algún piano mandaba tangos de Saborido.

Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
los hombres compartieron un pasado ilusorio.
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y el aire.



Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 87 e 88 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
2 844 1
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Odisea, libro vigésimo tercero

Ya la espada de hierro ha ejecutado
la debida labor de la venganza;
ya los ásperos dardos y la lanza
la sangre del perverso han prodigado.

A despecho de un dios y de sus mares
a su reino y su reina ha vuelto Ulises,
a despecho de un dios y de los grises
vientos y del estrépito de Ares.

Ya en el amor del compartido lecho
duerme la clara reina sobre el pecho
de su rey pero ¿dónde está aquel hombre

que en los días y noches del destierro
erraba por el mundo como un perro
y decía que Nadie era su nombre?



Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 206 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
3 227 1
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

1964

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.


II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.



Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 231 e 232 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
2 997 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

A Fonte

Com voz nascente a fonte nos convida
A renascermos incessantemente
Na luz do antigo sol nu e recente
E no sussurro da noite primitiva
2 116 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Coral

Ia e vinha
E a cada coisa perguntava
Que nome tinha.
4 642 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Biografia

Tive amigos que morriam, amigos que partiam
Outros quebravam o seu rosto contra o tempo.
Odiei o que era fácil
Procurei-me na luz, no mar, no vento.
3 700 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Endymion

Por ti lutavam deuses desumanos.
E eu vi-te numa praia abandonado
À luz, e pelos ventos destroçado,
E os teus membros rolaram nos oceanos.
1 927 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

A Conquista de Cacela

As praças fortes foram conquistadas
Por seu poder e foram sitiadas
As cidades do mar pela riqueza

Porém Cacela
Foi desejada só pela beleza
2 813 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Intervalo Ii

Dai-me um dia branco, um mar de beladona
Um movimento
Inteiro, unido, adormecido
Como um só momento.

Eu quero caminhar como quem dorme
Entre países sem nome que flutuam.

Imagens tão mudas
Que ao olhá-las me pareça
Que fechei os olhos.

Um dia em que se possa não saber.
2 647 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Carta a Ruben A.

Que tenhas morrido é ainda uma notícia
Desencontrada e longínqua e não a entendo bem
Quando — pela última vez — bateste à porta da casa e te sentaste à mesa
Trazias contigo como sempre alvoroço e início
Tudo se passou em planos e projectos
E ninguém poderia pensar em despedida
Mas sempre trouxeste contigo o desconexo
De um viver que nos funda e nos renega
— Poderei procurar o reencontro verso a verso
E buscar — como oferta — a infância antiga
A casa enorme vermelha e desmedida
Com seus átrios de pasmo e ressonância
O mundo dos adultos nos cercava
E dos jardins subia a transbordância
De rododendros dálias e camélias
De frutos roseirais musgos e tílias
As tílias eram como catedrais
Percorridas por brisas vagabundas
As rosas eram vermelhas e profundas
E o mar quebrava ao longe entre os pinhais
Morangos e muguet e cerejeiras
Enormes ramos batendo nas janelas
Havia o vaguear tardes inteiras
E a mão roçando pelas folhas de heras
Havia o ar brilhante e perfumado
Saturado de apelos e de esperas
Desgarrada era a voz das primaveras
Buscarei como oferta a infância antiga
Que mesmo tão distante e tão perdida
Guarda em si a semente que renasce
Junho de 1976
2 772 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Nocturno

Acordo quando os muros são o medo,
Acordo quando o tempo cai contado,
E no meu quarto entra o arvoredo,
E se desfolha ao longo dos meus membros.

Acordo quando a aurora nas paredes
Desenha nardos brancos e macios,
Acordo quando o sono vos convence
De que sois rios.
1 995 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Quem És Tu Que Assim Vens Pela Noite Adiante

Quem és tu que assim vens pela noite adiante,
Pisando o luar branco dos caminhos,
Sob o rumor das folhas inspiradas?

A perfeição nasce do eco dos teus passos,
E a tua presença acorda a plenitude
A que as coisas tinham sido destinadas.

A história da noite é o gesto dos teus braços,
O ardor do vento a tua juventude,
E o teu andar é a beleza das estradas.
6 081 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Ali, Então

Ali então em pleno mundo antigo
À sombra do cipreste e da videira
Olhando o longo tremular do mar
Num silêncio de luas e de trigo

(Como se a morte a dor o tempo e a sorte
Não nos tivessem nunca acontecido)

Em nossas mãos a pausa há-de poisar
Como o luar que poisa nas videiras
E em frente ao longo tremular do mar
Num perfume de vinho e de roseiras
A sombra da videira há-de poisar
Em nossas mãos e havemos de habitar
O silêncio das luas e do trigo
No instante ameaçado e prometido

E os poemas serão o próprio ar
— Canto do ser inteiro e reunido —
Tudo será tão próximo do mar
Como o primeiro dia conhecido
2 500 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Dai-Me o Sol Das Águas Azuis E Das Esferas

Dai-me o sol das águas azuis e das esferas
Quando o mundo está cheio de novas esculturas
E as ondas inclinando o colo marram
Como unicórnios brancos.
2 148 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Signo

Meu signo é o da morte porém trago
Uma balança interior uma aliança
Da solidão com as coisas exteriores
2 637 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Tolon

Um mar horizontal corta os espelhos
E um sol de sal cintila sobre a mesa
Habitamos o ar livre rente ao dia
Rente ao fruto rente ao vinho rente às águas
E sob o peso leve da folhagem
2 692 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Dança

O quarto verde, os peixes da penumbra
Peso duplo do corpo no vazio
Gesto dilacerando os nós do frio.
2 091 1
Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Iremos Juntos Sozinhos Pela Areia

Iremos juntos sozinhos pela areia
Embalados no dia
Colhendo as algas roxas e os corais
Que na praia deixou a maré cheia.

As palavras que disseres e que eu disser
Serão somente as palavras que há nas coisas
Virás comigo desumanamente
Como vêm as ondas com o vento.

O belo dia liso como um linho
Interminável será sem um defeito
Cheio de imagens e conhecimento.
2 669 1