Beleza
Poemas neste tema
Jorge Luis Borges
Susana Soca
Com lento amor fitava os dispersos
Coloridos da tarde. E se perdia
Com gosto na complexa melodia
Ou na curiosa existência dos versos.
Não o elementar vermelho mas
Os grises Fiaram seu destino delicado,
Apto a discernir e exercitado
Tanto na oscilação como em matizes.
Sem atrever-se a pisar este perplexo
Labirinto, observava, sorrateira,
As formas, o tumulto e a carreira,
Como aquela outra dama do espelho.
Deuses que moram para além do rogo
A abandonaram a esse tigre, o Fogo.
"El hacedor", 1960
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 120 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Coloridos da tarde. E se perdia
Com gosto na complexa melodia
Ou na curiosa existência dos versos.
Não o elementar vermelho mas
Os grises Fiaram seu destino delicado,
Apto a discernir e exercitado
Tanto na oscilação como em matizes.
Sem atrever-se a pisar este perplexo
Labirinto, observava, sorrateira,
As formas, o tumulto e a carreira,
Como aquela outra dama do espelho.
Deuses que moram para além do rogo
A abandonaram a esse tigre, o Fogo.
"El hacedor", 1960
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 120 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
947
Jorge Luis Borges
Una rosa y Milton
De las generaciones de las rosas
que en el fondo del tiempo se han perdido
quiero que una se salve del olvido,
una sin marca o signo entre las cosas
que fueron. El destino me depara
este don de nombrar por vez primera
esa flor silenciosa, la postrera
rosa que Milton acercó a su cara,
sin verla. Oh tú bermeja o amarilla
o blanca rosa de un jardín borrado,
deja mágicamente tu pasado
inmemorial y en este verso brilla,
oro, sangre o marfil o tenebrosa
como en sus manos, invisible rosa.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 200 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
que en el fondo del tiempo se han perdido
quiero que una se salve del olvido,
una sin marca o signo entre las cosas
que fueron. El destino me depara
este don de nombrar por vez primera
esa flor silenciosa, la postrera
rosa que Milton acercó a su cara,
sin verla. Oh tú bermeja o amarilla
o blanca rosa de un jardín borrado,
deja mágicamente tu pasado
inmemorial y en este verso brilla,
oro, sangre o marfil o tenebrosa
como en sus manos, invisible rosa.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 200 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 300
Jorge Luis Borges
Elvira de Alvear
Todas las cosas tuvo y lentamante
Todas la abandonaron, La hemos visto
Armada de belleza. La mañana
Y el arduo mediodía le mostraron,
Desde su cumbre, los hermosos reinos
De la tierra. La tarde fue borrándolos.
El favor de los astros (la infinita
Y ubicua red de causas) le había dado
La fortuna, que anula las distancias
Como el tapiz del árabe, y confunde
Deseo y posesión, y el don del verso,
Que transforma las penas verdaderas
En una música, un rumor y un símbolo,
Y el fervor, y en la sangre la batalla
De Ituzaingó y el peso de laureles,
Y el goce de perderse en el errante
Río del tiempo (río y laberinto)
Y en los lentos colores de las tardes.
Todas las cosas la dejaron, menos
Una. La generosa cortesía
La acompañó hasta el fin de su jornada,
Más allá del delirio y del eclipse,
De un modo casi angélico. De Elvira
Lo primero que vi, hace tantos años,
Fue la sonrisa y es también lo último.
"El hacedor" (1960)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 119 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Todas la abandonaron, La hemos visto
Armada de belleza. La mañana
Y el arduo mediodía le mostraron,
Desde su cumbre, los hermosos reinos
De la tierra. La tarde fue borrándolos.
El favor de los astros (la infinita
Y ubicua red de causas) le había dado
La fortuna, que anula las distancias
Como el tapiz del árabe, y confunde
Deseo y posesión, y el don del verso,
Que transforma las penas verdaderas
En una música, un rumor y un símbolo,
Y el fervor, y en la sangre la batalla
De Ituzaingó y el peso de laureles,
Y el goce de perderse en el errante
Río del tiempo (río y laberinto)
Y en los lentos colores de las tardes.
Todas las cosas la dejaron, menos
Una. La generosa cortesía
La acompañó hasta el fin de su jornada,
Más allá del delirio y del eclipse,
De un modo casi angélico. De Elvira
Lo primero que vi, hace tantos años,
Fue la sonrisa y es también lo último.
"El hacedor" (1960)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 119 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 564
Jorge Luis Borges
Trofeo
Como quien recorre una costa
maravillado de la muchedumbre del mar,
albriciado de luz y pródigo espacio,
yo fui el espectador de tu hermosura
durante un largo día.
Nos despedimos al anochecer
y en gradual soledad
al volver por la calle cuyos rostros aún te conocen,
se oscureció mi dicha, pensando
que de tan noble acopio de memorias
perdurarían escasamente una o dos
para ser decoro del alma
en la inmortalidad de su andanza.
"Fervor de Buenos Aires"(1923)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 52 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
maravillado de la muchedumbre del mar,
albriciado de luz y pródigo espacio,
yo fui el espectador de tu hermosura
durante un largo día.
Nos despedimos al anochecer
y en gradual soledad
al volver por la calle cuyos rostros aún te conocen,
se oscureció mi dicha, pensando
que de tan noble acopio de memorias
perdurarían escasamente una o dos
para ser decoro del alma
en la inmortalidad de su andanza.
"Fervor de Buenos Aires"(1923)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 52 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
2 842
Jorge Luis Borges
Jardín
Zanjones,
sierras ásperas,
médanos,
sitiados por jadeantes singladuras
y por las leguas de temporal y de arena
que desde el fondo del desierto se agolpan.
En un declive está el jardín.
Cada arbolito es una selva de hojas.
Lo asedian vanamente
los estériles cerros silenciosos
que apresuran la noche con su sombra
y el triste mar de inútiles verdores.
Todo el jardín es una luz apacible
que ilumina la tarde.
El jardincito es como un día de fiesta
en la pobreza de la tierra.
Yacimientos del Chubut, 1922
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 36 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
sierras ásperas,
médanos,
sitiados por jadeantes singladuras
y por las leguas de temporal y de arena
que desde el fondo del desierto se agolpan.
En un declive está el jardín.
Cada arbolito es una selva de hojas.
Lo asedian vanamente
los estériles cerros silenciosos
que apresuran la noche con su sombra
y el triste mar de inútiles verdores.
Todo el jardín es una luz apacible
que ilumina la tarde.
El jardincito es como un día de fiesta
en la pobreza de la tierra.
Yacimientos del Chubut, 1922
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 36 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 805
Sophia de Mello Breyner Andresen
I. (Friso Arcaico)
«Eu vos saúdo, ó filhas dos corcéis de pés de tempestade.»
Simónides de Keos
Patas dos corcéis da tempestade
Tão concisas tão duras e tão finas
Puro rigor de espigas — arquitrave
Medida amor e fúria se combinam
Delphos, Maio de 1970
Simónides de Keos
Patas dos corcéis da tempestade
Tão concisas tão duras e tão finas
Puro rigor de espigas — arquitrave
Medida amor e fúria se combinam
Delphos, Maio de 1970
1 907
Jorge Luis Borges
Barrio recuperado
Nadie vio la hermosura de las calles
hasta que pavoroso en clamor
se derrumbó el cielo verdoso
en abatimiento de agua y de sombra.
El temporal fue unánime
y aborrecible a las miradas fue el mundo,
pero cuando un arco bendijo
con los colores del perdón la tarde,
y un olor a tierra mojada
alentó los jardines,
nos echamos a caminar por las calles
como por una recuperada heredad,
y en los cristales hubo generosidades de sol
y en las hojas lucientes
dijo su trémula inmortalidad el estío.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 28 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
hasta que pavoroso en clamor
se derrumbó el cielo verdoso
en abatimiento de agua y de sombra.
El temporal fue unánime
y aborrecible a las miradas fue el mundo,
pero cuando un arco bendijo
con los colores del perdón la tarde,
y un olor a tierra mojada
alentó los jardines,
nos echamos a caminar por las calles
como por una recuperada heredad,
y en los cristales hubo generosidades de sol
y en las hojas lucientes
dijo su trémula inmortalidad el estío.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 28 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 532
Sophia de Mello Breyner Andresen
Em Hydra, Evocando Fernando Pessoa
Quando na manhã de Junho o navio ancorou em Hydra
(E foi pelo som do cabo a descer que eu soube que ancorava)
Saí da cabine e debrucei-me ávida
Sobre o rosto do real — mais preciso e mais novo do que o imaginado
Ante a meticulosa limpidez dessa manhã num porto
Ante a meticulosa limpidez dessa manhã num porto de uma ilha grega
Murmurei o teu nome
O teu ambíguo nome
Invoquei a tua sombra transparente e solene
Como esguia mastreação de veleiro
E acreditei firmemente que tu vias a manhã
Porque a tua alma foi visual até aos ossos
Impessoal até aos ossos
Segundo a lei de máscara do teu nome
Odysseus — Persona
Pois de ilha em ilha todo te percorreste
Desde a praia onde se erguia uma palmeira chamada Nausikaa
Até às rochas negras onde reina o cantar estridente das sereias
O casario de Hydra vê-se nas águas
A tua ausência emerge de repente a meu lado no deck deste barco
E vem comigo pelas ruas onde procuro alguém
Imagino que viajasses neste barco
Alheio ao rumor secundário dos turistas
Atento à rápida alegria dos golfinhos
Por entre o desdobrado azul dos arquipélagos
Estendido à popa sob o voo incrível
Das gaivotas de que o sol espalha impetuosas pétalas
Nas ruínas de Epheso na avenida que desce até onde esteve o mar
Ele estava à esquerda entre colunas imperiais quebradas
Disse-me que tinha conhecido todos os deuses
E que tinha corrido as sete partidas
O seu rosto era belo e gasto como o rosto de uma estátua roída pelo mar
Odysseus
Mesmo que me prometas a imortalidade voltarei para casa
Onde estão as coisas que plantei e fiz crescer
Onde estão as paredes que pintei de branco
Há na manhã de Hydra uma claridade que é tua
Há nas coisas de Hydra uma concisão visual que é tua
Há nas coisas de Hydra a nitidez que penetra aquilo que é olhado por um deus
Aquilo que o olhar de um deus tornou impetuosamente presente —
Na manhã de Hydra
No café da praça em frente ao cais vi sobre as mesas
Uma disponibilidade transparente e nua
Que te pertence
O teu destino deveria ter passado neste porto
Onde tudo se torna impessoal e livre
Onde tudo é divino como convém ao real
Hydra, Junho de 1970
(E foi pelo som do cabo a descer que eu soube que ancorava)
Saí da cabine e debrucei-me ávida
Sobre o rosto do real — mais preciso e mais novo do que o imaginado
Ante a meticulosa limpidez dessa manhã num porto
Ante a meticulosa limpidez dessa manhã num porto de uma ilha grega
Murmurei o teu nome
O teu ambíguo nome
Invoquei a tua sombra transparente e solene
Como esguia mastreação de veleiro
E acreditei firmemente que tu vias a manhã
Porque a tua alma foi visual até aos ossos
Impessoal até aos ossos
Segundo a lei de máscara do teu nome
Odysseus — Persona
Pois de ilha em ilha todo te percorreste
Desde a praia onde se erguia uma palmeira chamada Nausikaa
Até às rochas negras onde reina o cantar estridente das sereias
O casario de Hydra vê-se nas águas
A tua ausência emerge de repente a meu lado no deck deste barco
E vem comigo pelas ruas onde procuro alguém
Imagino que viajasses neste barco
Alheio ao rumor secundário dos turistas
Atento à rápida alegria dos golfinhos
Por entre o desdobrado azul dos arquipélagos
Estendido à popa sob o voo incrível
Das gaivotas de que o sol espalha impetuosas pétalas
Nas ruínas de Epheso na avenida que desce até onde esteve o mar
Ele estava à esquerda entre colunas imperiais quebradas
Disse-me que tinha conhecido todos os deuses
E que tinha corrido as sete partidas
O seu rosto era belo e gasto como o rosto de uma estátua roída pelo mar
Odysseus
Mesmo que me prometas a imortalidade voltarei para casa
Onde estão as coisas que plantei e fiz crescer
Onde estão as paredes que pintei de branco
Há na manhã de Hydra uma claridade que é tua
Há nas coisas de Hydra uma concisão visual que é tua
Há nas coisas de Hydra a nitidez que penetra aquilo que é olhado por um deus
Aquilo que o olhar de um deus tornou impetuosamente presente —
Na manhã de Hydra
No café da praça em frente ao cais vi sobre as mesas
Uma disponibilidade transparente e nua
Que te pertence
O teu destino deveria ter passado neste porto
Onde tudo se torna impessoal e livre
Onde tudo é divino como convém ao real
Hydra, Junho de 1970
3 757
Sophia de Mello Breyner Andresen
Apolo Musageta
Eras o primeiro dia inteiro e puro
Banhando os horizontes de louvor.
Eras o espírito a falar em cada linha
Eras a madrugada em flor
Entre a brisa marinha.
Eras uma vela bebendo o vento dos espaços
Eras o gesto luminoso de dois braços
Abertos sem limite.
Eras a pureza e a força do mar
Eras o conhecimento pelo amor.
Sonho e presença
De uma vida florindo
Possuída e suspensa.
Eras a medida suprema, o cânon eterno
Erguido puro, perfeito e harmonioso
No coração da vida e para além da vida
No coração dos ritmos secretos.
Banhando os horizontes de louvor.
Eras o espírito a falar em cada linha
Eras a madrugada em flor
Entre a brisa marinha.
Eras uma vela bebendo o vento dos espaços
Eras o gesto luminoso de dois braços
Abertos sem limite.
Eras a pureza e a força do mar
Eras o conhecimento pelo amor.
Sonho e presença
De uma vida florindo
Possuída e suspensa.
Eras a medida suprema, o cânon eterno
Erguido puro, perfeito e harmonioso
No coração da vida e para além da vida
No coração dos ritmos secretos.
3 643
Sophia de Mello Breyner Andresen
Jardim Verde E Em Flor, Jardim de Buxo
Jardim verde e em flor, jardim de buxo
Onde o poente interminável arde
Enquanto bailam lentas as horas da tarde.
Os narcisos ondulam e o repuxo,
Voz onde o silêncio se embala,
Canta, murmura e fala
Dos paraísos desejados,
Cuja lembrança enche de bailados
A clara solidão das tuas ruas.
Onde o poente interminável arde
Enquanto bailam lentas as horas da tarde.
Os narcisos ondulam e o repuxo,
Voz onde o silêncio se embala,
Canta, murmura e fala
Dos paraísos desejados,
Cuja lembrança enche de bailados
A clara solidão das tuas ruas.
2 074
Sophia de Mello Breyner Andresen
Estátua de Buda
Os belos traços o inchado beiço a narina fina
O torneado corpo e sua
Beleza tão carnal de magnólia e fruto
Em tão longínqua latitude representam
O príncipe da perfeição e da renúncia
Antes do museu
Em sua frente
Oscilavam sombras e luzes enquanto deslizava
O rio das preces
1987
O torneado corpo e sua
Beleza tão carnal de magnólia e fruto
Em tão longínqua latitude representam
O príncipe da perfeição e da renúncia
Antes do museu
Em sua frente
Oscilavam sombras e luzes enquanto deslizava
O rio das preces
1987
1 810
Sophia de Mello Breyner Andresen
Kouros do Egeu
Sorriso sem costura
Inocência de caule
Retrato nu do liso
A Niké de alegria poisava seus pés em cada ilha
Inocência de caule
Retrato nu do liso
A Niké de alegria poisava seus pés em cada ilha
1 874
Sophia de Mello Breyner Andresen
Landgrave Ou Maria Helena Vieira da Silva
Lugar de convocação como um poema muito antigo.
Lugar de aparição. Diálogo do visual e da visão. Onde do visível emerge a aparição. Assim no verso de Pascoaes vemos «O que há de aparição no seio da aparência».
Um rebrilhar de teatro. Multiplicando a luz imaginária da noite.
A luz inventada da noite.
As paredes, o chão, o tecto avançam para o fundo. Mas no fundo outro espaço desponta. E em cada espelho um novo espaço nasce.
É um lugar onde tudo está atento, denso de memória e de veemência. Lugar de revelação, de espanto e cismar e descobrimento.
As cores estão acesas como as luzes de um teatro à hora da representação. O mundo é «re-presentado», tornado mais uma vez presente. O ar está queimado pelas luzes como o ar de um palco. Todas as cores se reflectem umas nas outras. Há um difuso tremular luminoso como o das escamas de um peixe. Os múltiplos espelhos formam uma rede de escamas: amarelas, cor de barro, cinzentas, rosadas, negras, cor de nácar, cor de pedra. Um pouco atrás as musas da penumbra tocam suas finas flautas. É o rigor da música que estrutura a ordem das formas, as variações, o retomar dos temas, o contraponto da repetição.
Reconhecemos o tão atento olhar. Os olhos muito abertos como os olhos que estão pintados à proa dos barcos. O olhar que busca o aparecer do mundo, o surgir do mundo, o emergir do visível e da visão. Reconhecemos a viagem, a longa navegação, a memória acumulada. A atenção da Sibila, da bússola, do sismógrafo, da antena.
Fevereiro de 1988
Lugar de aparição. Diálogo do visual e da visão. Onde do visível emerge a aparição. Assim no verso de Pascoaes vemos «O que há de aparição no seio da aparência».
Um rebrilhar de teatro. Multiplicando a luz imaginária da noite.
A luz inventada da noite.
As paredes, o chão, o tecto avançam para o fundo. Mas no fundo outro espaço desponta. E em cada espelho um novo espaço nasce.
É um lugar onde tudo está atento, denso de memória e de veemência. Lugar de revelação, de espanto e cismar e descobrimento.
As cores estão acesas como as luzes de um teatro à hora da representação. O mundo é «re-presentado», tornado mais uma vez presente. O ar está queimado pelas luzes como o ar de um palco. Todas as cores se reflectem umas nas outras. Há um difuso tremular luminoso como o das escamas de um peixe. Os múltiplos espelhos formam uma rede de escamas: amarelas, cor de barro, cinzentas, rosadas, negras, cor de nácar, cor de pedra. Um pouco atrás as musas da penumbra tocam suas finas flautas. É o rigor da música que estrutura a ordem das formas, as variações, o retomar dos temas, o contraponto da repetição.
Reconhecemos o tão atento olhar. Os olhos muito abertos como os olhos que estão pintados à proa dos barcos. O olhar que busca o aparecer do mundo, o surgir do mundo, o emergir do visível e da visão. Reconhecemos a viagem, a longa navegação, a memória acumulada. A atenção da Sibila, da bússola, do sismógrafo, da antena.
Fevereiro de 1988
1 939
Sophia de Mello Breyner Andresen
Nardo
Nardo
Pesado e denso,
Opaco e branco,
Feito
De obscura respiração
E de nocturno embalo.
Pesado e denso,
Opaco e branco,
Feito
De obscura respiração
E de nocturno embalo.
1 886
Sophia de Mello Breyner Andresen
Ii. Esse Que Humano Foi Como Um Deus Grego
Esse que humano foi como um deus grego
Que harmonia do cosmos manifesta
Não só em sua mão e sua testa
Mas em seu pensamento e seu apego
Àquele amor inteiro e nunca cego
Que emergia da praia e da floresta
Na secreta nostalgia de uma festa
Trespassada de espanto e de segredo
Agora jaz sem fonte e sem projecto
Quebrou-se o templo actual antigo e puro
De que ele foi medida e arquitecto
Python venceu Apolo num frontão obscuro
Quebrada foi desde seu eixo recto
A construção possível do futuro
Que harmonia do cosmos manifesta
Não só em sua mão e sua testa
Mas em seu pensamento e seu apego
Àquele amor inteiro e nunca cego
Que emergia da praia e da floresta
Na secreta nostalgia de uma festa
Trespassada de espanto e de segredo
Agora jaz sem fonte e sem projecto
Quebrou-se o templo actual antigo e puro
De que ele foi medida e arquitecto
Python venceu Apolo num frontão obscuro
Quebrada foi desde seu eixo recto
A construção possível do futuro
1 667
Sophia de Mello Breyner Andresen
Para Arpad Szenes
Assim a luz ao madrugar liberta
E una se multiplica
Para inventar o espanto o alvoroço a festa
Do reino revelado
Oásis e palmar — distância justa
Atenta invenção do que foi dado
O pintor pinta no tempo respirado
Reconhece o mundo como um rosto amado
Pinta as longas extensões as longas lisas linhas
O caminhar comprido da terra e suas crinas
Pinta o quadro dentro do qual o quadro
Se tece malha a malha como em tear a teia
O outro quadro do quadro convocador convocado
Pinta o bicho egípcio os dedos da palmeira
Assim a luz ao madrugar liberta
A ternura funda nossa aliança com as coisas
Eis o mito solar a fina mão do trigo o bicho grego
O amor que move o sol e os outros astros
— Como o Dante Alighieri disse
Move e situa o quarto o dia o quadro
E una se multiplica
Para inventar o espanto o alvoroço a festa
Do reino revelado
Oásis e palmar — distância justa
Atenta invenção do que foi dado
O pintor pinta no tempo respirado
Reconhece o mundo como um rosto amado
Pinta as longas extensões as longas lisas linhas
O caminhar comprido da terra e suas crinas
Pinta o quadro dentro do qual o quadro
Se tece malha a malha como em tear a teia
O outro quadro do quadro convocador convocado
Pinta o bicho egípcio os dedos da palmeira
Assim a luz ao madrugar liberta
A ternura funda nossa aliança com as coisas
Eis o mito solar a fina mão do trigo o bicho grego
O amor que move o sol e os outros astros
— Como o Dante Alighieri disse
Move e situa o quarto o dia o quadro
1 247
Sophia de Mello Breyner Andresen
As Grutas
O esplendor poisava solene sobre o mar. E — entre as duas pedras erguidas numa relação tão justa que é talvez ali o lugar da Balança onde o equilíbrio do homem com as coisas é medido — quase me cega a perfeição como um sol olhado de frente. Mas logo as águas verdes em sua transparência me diluem e eu mergulho tocando o silêncio azul e rápido dos peixes. Porém a beleza não é só solene mas também inumerável. De forma em forma vejo o mundo nascer e ser criado. Um grande rascasso vermelho passa em frente de mim que nunca antes o imaginara. Limpa, a luz recorta promontórios e rochedos. É tudo igual a um sonho extremamente lúcido e acordado. Sem dúvida um novo mundo nos pede novas palavras, porém é tão grande o silêncio e tão clara a transparência que eu muda encosto a minha cara na superfície das águas lisas como um chão.
As imagens atravessam os meus olhos e caminham para além de mim. Talvez eu vá ficando igual à almadilha da qual os pescadores dizem ser apenas água.
Estarão as coisas deslumbradas de ser elas? Quem me trouxe finalmente a este lugar? Ressoa a vaga no interior da gruta rouca e a maré retirando deixou redondo e doirado o quarto de areia e pedra. No centro da manhã, no centro do círculo do ar e do mar, no alto do penedo, no alto da coluna está poisada a rola branca do mar. Desertas surgem as pequenas praias.
Um fio invisível de deslumbrado espanto me guia de gruta em gruta. Eis o mar e a luz vistos por dentro. Terror de penetrar na habitação secreta da beleza, terror de ver o que nem em sonhos eu ousara ver, terror de olhar de frente as imagens mais interiores a mim do que o meu próprio pensamento. Deslizam os meus ombros cercados de água e plantas roxas. Atravesso gargantas de pedra e a arquitectura do labirinto paira roída sobre o verde. Colunas de sombra e luz suportam céu e terra. As anémonas rodeiam a grande sala de água onde os meus dedos tocam a areia rosada do fundo. E abro bem os olhos no silêncio líquido e verde onde rápidos, rápidos fogem de mim os peixes. Arcos e rosáceas suportam e desenham a claridade dos espaços matutinos. Os palácios do rei do mar escorrem luz e água. Esta manhã é igual ao princípio do mundo e aqui eu venho ver o que jamais se viu.
O meu olhar tornou-se liso como um vidro. Sirvo para que as coisas se vejam.
E eis que entro na gruta mais interior e mais cavada. Sombrias e azuis são águas e paredes. Eu quereria poisar como uma rosa sobre o mar o meu amor neste silêncio. Quereria que o contivesse para sempre o círculo de espanto e de medusas. Aqui um líquido sol fosforescente e verde irrompe dos abismos e surge em suas portas.
Mas já no mar exterior a luz rodeia a Balança. A linha das águas é lisa e limpa como um vidro. O azul recorta os promontórios aureolados de glória matinal. Tudo está vestido de solenidade e de nudez. Ali eu quereria chorar de gratidão com a cara encostada contra as pedras.
As imagens atravessam os meus olhos e caminham para além de mim. Talvez eu vá ficando igual à almadilha da qual os pescadores dizem ser apenas água.
Estarão as coisas deslumbradas de ser elas? Quem me trouxe finalmente a este lugar? Ressoa a vaga no interior da gruta rouca e a maré retirando deixou redondo e doirado o quarto de areia e pedra. No centro da manhã, no centro do círculo do ar e do mar, no alto do penedo, no alto da coluna está poisada a rola branca do mar. Desertas surgem as pequenas praias.
Um fio invisível de deslumbrado espanto me guia de gruta em gruta. Eis o mar e a luz vistos por dentro. Terror de penetrar na habitação secreta da beleza, terror de ver o que nem em sonhos eu ousara ver, terror de olhar de frente as imagens mais interiores a mim do que o meu próprio pensamento. Deslizam os meus ombros cercados de água e plantas roxas. Atravesso gargantas de pedra e a arquitectura do labirinto paira roída sobre o verde. Colunas de sombra e luz suportam céu e terra. As anémonas rodeiam a grande sala de água onde os meus dedos tocam a areia rosada do fundo. E abro bem os olhos no silêncio líquido e verde onde rápidos, rápidos fogem de mim os peixes. Arcos e rosáceas suportam e desenham a claridade dos espaços matutinos. Os palácios do rei do mar escorrem luz e água. Esta manhã é igual ao princípio do mundo e aqui eu venho ver o que jamais se viu.
O meu olhar tornou-se liso como um vidro. Sirvo para que as coisas se vejam.
E eis que entro na gruta mais interior e mais cavada. Sombrias e azuis são águas e paredes. Eu quereria poisar como uma rosa sobre o mar o meu amor neste silêncio. Quereria que o contivesse para sempre o círculo de espanto e de medusas. Aqui um líquido sol fosforescente e verde irrompe dos abismos e surge em suas portas.
Mas já no mar exterior a luz rodeia a Balança. A linha das águas é lisa e limpa como um vidro. O azul recorta os promontórios aureolados de glória matinal. Tudo está vestido de solenidade e de nudez. Ali eu quereria chorar de gratidão com a cara encostada contra as pedras.
3 828
Sophia de Mello Breyner Andresen
Sunion
Na nudez da luz (cujo exterior é o interior)
Na nudez do vento (que a si próprio se rodeia)
Na nudez marinha (duplicada pelo sal)
Uma a uma são ditas as colunas de Sunion
Na nudez do vento (que a si próprio se rodeia)
Na nudez marinha (duplicada pelo sal)
Uma a uma são ditas as colunas de Sunion
2 334
Sophia de Mello Breyner Andresen
Olímpia
Ele emergiu do poente como se fosse um deus
A luz brilhava de mais no obscuro loiro do seu cabelo
Era o hóspede do acaso
Reunia mal as palavras
Foram juntos a Olímpia lugar de atletas
Terra à qual pertenciam
Os seus largos ombros as ancas estreitas
A sua força esguia espessa e baloiçada
E a sua testa baixa de novilho
Jantaram ao ar livre num rumor de verão e de turistas
Uma leve brisa passava entre diversos rostos
Ela viu-o depois ficar sozinho em plena rua
Subitamente jovem de mais e como expulso e perdido
Porém na manhã seguinte
Entre as espalhadas ruínas da palestra
Ela viu como o corpo dele rimava bem com as colunas
Dóricas
De qualquer forma em Patras poeirenta
No abafado subir da noite
Tomaram barcos diferentes
De muito longe ainda se via
No cais o vulto espesso baloiçado esguio
Que entre luzes com as sombras se fundia
Sob a desprezível indiferença
Não dela mas dos deuses
A luz brilhava de mais no obscuro loiro do seu cabelo
Era o hóspede do acaso
Reunia mal as palavras
Foram juntos a Olímpia lugar de atletas
Terra à qual pertenciam
Os seus largos ombros as ancas estreitas
A sua força esguia espessa e baloiçada
E a sua testa baixa de novilho
Jantaram ao ar livre num rumor de verão e de turistas
Uma leve brisa passava entre diversos rostos
Ela viu-o depois ficar sozinho em plena rua
Subitamente jovem de mais e como expulso e perdido
Porém na manhã seguinte
Entre as espalhadas ruínas da palestra
Ela viu como o corpo dele rimava bem com as colunas
Dóricas
De qualquer forma em Patras poeirenta
No abafado subir da noite
Tomaram barcos diferentes
De muito longe ainda se via
No cais o vulto espesso baloiçado esguio
Que entre luzes com as sombras se fundia
Sob a desprezível indiferença
Não dela mas dos deuses
1 962
Sophia de Mello Breyner Andresen
Dionysos
Entre as árvores escuras e caladas
O céu vermelho arde,
E nascido da secreta cor da tarde
Dionysos passa na poeira das estradas.
A abundância dos frutos de Setembro
Habita a sua face e cada membro
Tem essa perfeição vermelha e plena,
Essa glória ardente e serena
Que distinguia os deuses dos mortais.
O céu vermelho arde,
E nascido da secreta cor da tarde
Dionysos passa na poeira das estradas.
A abundância dos frutos de Setembro
Habita a sua face e cada membro
Tem essa perfeição vermelha e plena,
Essa glória ardente e serena
Que distinguia os deuses dos mortais.
2 371
Sophia de Mello Breyner Andresen
Na Cidade da Realidade Encontrada E Amada
Na cidade da realidade encontrada e amada
Caminhei com a brisa pelas ruas
Havia muros brancos e janelas pintadas
As madressilvas floriam e brilhavam
Os limoeiros de folhas polidas
Caiu uma folha de nespereira sobre o tanque
E o tempo veio ao meu encontro confundindo
Os meus gestos e os teus nos seus
Eram mil e mil noites uma após outra surgindo
E o meu rosto flutuava entre a manhã e a tarde
E as esquinas ergueram as suas sombras azuis
Ao longo de um silêncio de árabe
E do Abril dos campos veio um perfume inteiro de searas
E quando abri a porta as estrelas surgiram
*
Na cidade da realidade encontrada e amada
O sol dá lentamente a volta às praças e aos quartos
Para varrer o chão e preparar a noite
Que é redonda azul e atenta
E a porta da cidade é feita de dois barcos
Oh quem dirá o verde o azul e o fresco
O hálito da água e o perfume do vento
Vê-se a manhã criar uma por uma cada coisa
Vê-se quebrar a onda da noite transparente.
Caminhei com a brisa pelas ruas
Havia muros brancos e janelas pintadas
As madressilvas floriam e brilhavam
Os limoeiros de folhas polidas
Caiu uma folha de nespereira sobre o tanque
E o tempo veio ao meu encontro confundindo
Os meus gestos e os teus nos seus
Eram mil e mil noites uma após outra surgindo
E o meu rosto flutuava entre a manhã e a tarde
E as esquinas ergueram as suas sombras azuis
Ao longo de um silêncio de árabe
E do Abril dos campos veio um perfume inteiro de searas
E quando abri a porta as estrelas surgiram
*
Na cidade da realidade encontrada e amada
O sol dá lentamente a volta às praças e aos quartos
Para varrer o chão e preparar a noite
Que é redonda azul e atenta
E a porta da cidade é feita de dois barcos
Oh quem dirá o verde o azul e o fresco
O hálito da água e o perfume do vento
Vê-se a manhã criar uma por uma cada coisa
Vê-se quebrar a onda da noite transparente.
2 060
Sophia de Mello Breyner Andresen
Morta
Morta,
Como és clara,
Que frescura ficou entre os teus dedos…
És uma fonte,
Com pedras brancas no fundo,
És uma fonte que de noite canta
E silenciosamente
Vêm peixes de prata à tona de água.
Morta como és clara,
E florida…
És a brisa
Que num gesto de adeus passa nas folhas,
És a brisa que leva os perfumes e os entorna,
És os passos leves da brisa
Quando nas ruas não passa mais ninguém!
És um ramo de tília onde o silêncio floresce,
És um lago onde as imagens se inquietam,
És a secreta nostalgia duma festa
Que nos jardins murmura.
Cantando
Com as mãos deslizando pelos muros
Passas colhendo
O sangue vermelho e maduro das amoras
Vais e vens
Solitária e transparente
E a memória das coisas te acompanha.
Morta como és clara,
E perdida!
És a meia-noite da noite,
És a varanda voltada para o vento,
És uma pena solitária e lisa.
As sombras recomeçam a dançar,
O perfume das algas enche o ar
E as ramagens encostam-se às janelas:
Suaves cabelos de pena tem a brisa.
Sozinha passas no fim das avenidas.
Não mostras o teu rosto,
Passas de costas com um vestido branco.
Como tu és leve e doce como um sono!
O sopro da noite enche-se de angústia
E de mim sobem palavras solitárias:
És o perfume de infância que há nas rochas,
És o vestido de infância que há nos campos,
És a pena de infância que há na noite.
Subitamente
Agarro perco a forma do teu rosto:
Como tu és fresca!
Passas e dos teus dedos correm fontes.
Como tu és leve,
Mais leve que uma dança!
Mal chegaste, mal voltaste, mal te vi
Já no fundo dos caminhos te extinguiste:
Areia lisa e branca que nenhum passo pisa
Pena lisa
Angústia fonte fresca e brisa.
Como és clara,
Que frescura ficou entre os teus dedos…
És uma fonte,
Com pedras brancas no fundo,
És uma fonte que de noite canta
E silenciosamente
Vêm peixes de prata à tona de água.
Morta como és clara,
E florida…
És a brisa
Que num gesto de adeus passa nas folhas,
És a brisa que leva os perfumes e os entorna,
És os passos leves da brisa
Quando nas ruas não passa mais ninguém!
És um ramo de tília onde o silêncio floresce,
És um lago onde as imagens se inquietam,
És a secreta nostalgia duma festa
Que nos jardins murmura.
Cantando
Com as mãos deslizando pelos muros
Passas colhendo
O sangue vermelho e maduro das amoras
Vais e vens
Solitária e transparente
E a memória das coisas te acompanha.
Morta como és clara,
E perdida!
És a meia-noite da noite,
És a varanda voltada para o vento,
És uma pena solitária e lisa.
As sombras recomeçam a dançar,
O perfume das algas enche o ar
E as ramagens encostam-se às janelas:
Suaves cabelos de pena tem a brisa.
Sozinha passas no fim das avenidas.
Não mostras o teu rosto,
Passas de costas com um vestido branco.
Como tu és leve e doce como um sono!
O sopro da noite enche-se de angústia
E de mim sobem palavras solitárias:
És o perfume de infância que há nas rochas,
És o vestido de infância que há nos campos,
És a pena de infância que há na noite.
Subitamente
Agarro perco a forma do teu rosto:
Como tu és fresca!
Passas e dos teus dedos correm fontes.
Como tu és leve,
Mais leve que uma dança!
Mal chegaste, mal voltaste, mal te vi
Já no fundo dos caminhos te extinguiste:
Areia lisa e branca que nenhum passo pisa
Pena lisa
Angústia fonte fresca e brisa.
3 323
Sophia de Mello Breyner Andresen
Partida
I
Como uma flor incerta entre os teus dedos
Há harmonia de um bailar sem fim,
E tens o silêncio indizível dum jardim
Invadido de luar e de segredos.
II
Nas tuas mãos trazias o meu mundo.
Para mim dos teus gestos escorriam
Estrelas infinitas, mar sem fundo
E nos teus olhos os mitos principiam.
Em ti eu conheci jardins distantes
E disseste-me a vida dos rochedos
E juntos penetrámos nos segredos
Das vozes dos silêncios dos instantes.
III
Os teus olhos são lagos e são fontes,
E em todo o teu ser existe
O sonho grave, nítido e triste
De uma paisagem de pinhais e montes.
Na tua voz as palavras são nocturnas
E todas as coisas graves, grandes, taciturnas
A ti são semelhantes.
Como uma flor incerta entre os teus dedos
Há harmonia de um bailar sem fim,
E tens o silêncio indizível dum jardim
Invadido de luar e de segredos.
II
Nas tuas mãos trazias o meu mundo.
Para mim dos teus gestos escorriam
Estrelas infinitas, mar sem fundo
E nos teus olhos os mitos principiam.
Em ti eu conheci jardins distantes
E disseste-me a vida dos rochedos
E juntos penetrámos nos segredos
Das vozes dos silêncios dos instantes.
III
Os teus olhos são lagos e são fontes,
E em todo o teu ser existe
O sonho grave, nítido e triste
De uma paisagem de pinhais e montes.
Na tua voz as palavras são nocturnas
E todas as coisas graves, grandes, taciturnas
A ti são semelhantes.
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Sophia de Mello Breyner Andresen
De Pedra E Cal
De pedra e cal é a cidade
Com campanários brancos
De pedra e cal é a cidade
Com algumas figueiras
De pedra e cal são
Os labirintos brancos
E a brancura do sal
Sobe pelas escadas
De pedra e cal a cidade
Toda quadriculada
Como um xadrez jogado
Só com pedras brancas
Um xadrez só de torres
E cavalos-marinhos
Que sacodem as crinas
Sob os olhos das moiras
Caminha devagar
Porque o chão é caiado
Com campanários brancos
De pedra e cal é a cidade
Com algumas figueiras
De pedra e cal são
Os labirintos brancos
E a brancura do sal
Sobe pelas escadas
De pedra e cal a cidade
Toda quadriculada
Como um xadrez jogado
Só com pedras brancas
Um xadrez só de torres
E cavalos-marinhos
Que sacodem as crinas
Sob os olhos das moiras
Caminha devagar
Porque o chão é caiado
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