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Poemas neste tema

António Ramos Rosa

António Ramos Rosa

Numa Fronte Ausente

Terra e noite,
as mãos escavam.
Insistem e desfazem-se
numa fronte ausente.

Na cabeça subsistem
algumas palavras inúteis.

A mão devagar traça
— vai traçar —
uma rede de sinais de que dependo.
A luz descobre o corpo.

Algumas palavras a mais desaparecem.
Neste instante
a pedra é nua.
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Nuno Júdice

Nuno Júdice

Até ao fim

Mas é assim o poema: construído devagar,
palavra a palavra, e mesmo verso a verso,
até ao fim. O que não sei é
como acabá-lo; ou, até, se
o poema quer acabar. Então, peço-te ajuda:
puxo o teu corpo
para o meio dele, deito-o na cama
da estrofe, dispo-o de frases
e de adjectivos até te ver,
tu,
o mais nu dos pronomes. Ficamos
assim. Para trás, palavras e versos,
e tudo o que
não é preciso dizer:
eu e tu, chamando o amor
para que p poema acabe.


Nuno Júdice | "A pura inscrição do amor", pág. 29 | Publicações Dom Quixote, 1ª. edição. Jan. 2018
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Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Al vino

En el bronce de Homero resplandece tu nombre,
negro vino que alegras el corazón del hombre.

Siglos de siglos hace que vas de mano en mano
desde el ritón del griego al cuerno del germano.

En la aurora ya estabas. A las generaciones
les diste en el camino tu fuego y tus leones.

Junto a aquel otro río de noches y de días
corre el tuyo que aclaman amigos y alegrías.

Vino que como un Eufrates patriarcal y profundo
vas fluyendo a lo largo de la historia del mundo.

En tu cristal que vive nuestros ojos han visto
una roja metáfora de la sangre de Cristo.

En las arrebatadas estrofas del sufí
eres la cimitarra, la rosa y el rubí.

Que otros en tu Leteo beban un triste olvido;
yo busco en ti las fiestas del fervor compartido.

Sésamo con el cual antiguas noches abro
y en la dura tiniebla, dádiva y candelabro.

Vino del mutuo amor o la roja pelea,
alguna vez te llamaré. Que así sea.



Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 229 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
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Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Sábados

Afuera hay un ocaso, alhaja oscura
engastada en el tiempo,
y una honda ciudad ciega
de hombres que no te vieron.
La tarde calla o canta.
Alguien descrucifica los anhelos
clavados en el piano.
Siempre, la multitud de tu hermosura.

A despecho de tu desamor
tu hermosura
prodiga su milagro por el tiempo.
Esta en ti la ventura
como la primavera en la hoja nueva.
Ya casi no soy nadie,
soy tan solo ese anhelo
que se pierde en la tarde.
En ti esta la delicia
como esta la crueldad en las espadas.

Agravando la reja esta la noche.
En la sala severa
se buscan como ciegos nuestras dos soledades.
Sobrevive a la tarde
la blancura gloriosa de tu carne.
En nuestro amor hay una pena
que se parece al alma.


que ayer solo eras toda hermosura
eres tambien todo amor, ahora.



Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 50 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
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Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

El puñal

En un cajón hay un puñal. Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que lo trajo del Uruguay; Evaristo Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.

Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban; la mano se apresura a apretar la empuñadura que la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina.

Otra cosa quiere el puñal. Es más que una estructura hecha de metales; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso; es, de algún modo eterno, el puñal que anoche mató un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César. Quiere matar, quiere derramar brusca sangre.

En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal con su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres.

A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan apacible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 263 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
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Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Alhambra

Grata la voz del agua
a quien abrumaron negras arenas,
grato a la mano cóncava
el mármol circular de la columna,
gratos los finos laberintos del agua
entre los limoneros,
grata la música del zéjel,
grato el amor y grata la plegaria
dirigida a un Dios que está solo,
grato el jazmín.

Vano el alfanje
ante las largas lanzas de los muchos,
vano ser el mejor.
Grato sentir o presentir, rey doliente,
que tus dulzuras son adioses,
que te será negada la llave,
que la cruz del infiel borrará la luna,
que la tarde que miras es la última.



Jorge Luis Borges | "Poesía Completa", pág. 477 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
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Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

El amenazado

Es el amor. Tendré que cultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.



Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 355 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016

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Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

La espera

Antes que suene el presuroso timbre
y abran la puerta y entres, oh esperada
por la ansiedad, el universo tiene
que haber ejecutado una infinita
serie de actos concretos. Nadie puede
computar ese vértigo, la cifra
de lo que multiplican los espejos,
de sombras que se alargan y regresan,
de pasos que divergen y convergen.
La arena no sabría numerarlos.
(En mi pecho, el reloj de sangre mide
el temeroso tiempo de la espera.)

Antes que llegues,
un monje tiene que soñar con un ancla,
un tigre tiene que morir en Sumatra,
nueve hombres tienen que morir en Borneo.



Jorge Luis Borges | "Poesía Completa", pág. 503 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
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Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

España

Más allá de los símbolos,
más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios,
más allá de la aberración del gramático
que ve en la historia del hidalgo
que soñaba ser don Quijote y al fin lo fue,
no una amistad y una alegría
sino un herbario de arcaísmos y un refranero,
estás, España silenciosa, en nosotros.
España del bisonte, que moriría
por el hierro o el rifle,
en las praderas del ocaso, en Montana,
España donde Ulises descendió a la Casa de Hades,
España del íbero, del celta, del cartaginés, y de Roma,
España de los duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas,
pastor de pueblos,
España del Islam, de la cábala
y de la Noche Oscura del Alma,
España de los inquisidores,
que padecieron el destino de ser verdugos
y hubieran podido ser mártires,
España de la larga aventura
que descifró los mares y redujo crueles imperios
y que prosigue aquí, en Buenos Aires,
en este atardecer del mes de julio de 1964,
España de la otra guitarra, la desgarrada,
no la humilde, la nuestra,
España de los patios,
España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios,
España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad,
España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros,
en los íntimos hábitos de la sangre,
en los Acevedo y los Suárez de mi linaje,
España,
madre de ríos y de espadas y de multiplicadas generaciones,
incesante y fatal.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 244 e 245 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
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Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Dança

O quarto verde, os peixes da penumbra
Peso duplo do corpo no vazio
Gesto dilacerando os nós do frio.
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Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Aqui

Aqui, deposta enfim a minha imagem,
Tudo o que é jogo e tudo o que é passagem,
No interior das coisas canto nua.

Aqui livre sou eu — eco da lua
E dos jardins, os gestos recebidos
E o tumulto dos gestos pressentidos,
Aqui sou eu em tudo quanto amei.

Não por aquilo que só atravessei,
Não p’lo meu rumor que só perdi,
Não p’los incertos actos que vivi,

Mas por tudo de quanto ressoei
E em cujo amor de amor me eternizei.
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Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Há Jardins Invadidos de Luar

Há jardins invadidos de luar
Que vibram no silêncio como liras.
Segura o teu amor entre os teus dedos
Neste jardim de Abril em que respiras.

A vida não virá — as tuas mãos
Não podem colher noutras a doçura
Das flores baloiçando ao vento leve.

Fosse o teu corpo feito de luar,
Fosses tu o jardim cheio de lagos,
As árvores em flor, a profusão
Da sua sombra negra nos caminhos.
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Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Corpo

Corpo serenamente construído
Para uma vida que depois se perde
Em fúria e em desencontro vivido
Contra a pureza inteira dos teus ombros.

Pudesse eu reter-te no espelho
Ausente e mudo a todo outro convívio
Reter o claro nó dos teus joelhos
Que vão rasgando o vidro dos espelhos.

Pudesse eu reter-te nessas tardes
Que desenhavam a linha dos teus flancos
Rodeados pelo ar agradecido.

Corpo brilhante de nudez intensa
Por sucessivas ondas construído
Em colunas assente como um templo.
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Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen

Sua Beleza

Sua beleza é total
Tem a nítida esquadria de um Mantegna
Porém como um Picasso de repente
Desloca o visual

Seu torso lembra o respirar da vela
Seu corpo é solar e frontal
Sua beleza à força de ser bela
Promete mais do que prazer
Promete um mundo mais inteiro e mais real
Como pátria do ser
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Manuel António Pina

Manuel António Pina

Ruínas

Por onde quer que tenha começado,
pelo corpo ou pelo sentido,
ficou tudo por fazer, o feito e o não feito,
como num sono agitado interrompido.

O teu nome tinha alturas inacessíveis
e lugares mal iluminados onde
se escondiam animais tímidos que só à noite se mostravam
e deveria talvez ter começado por aí.

Agora é tarde, do que podia
ter sido restam ruínas;
sobre elas construirei a minha igreja
como quem, ao fim do dia, volta a uma casa.


Manuel António Pina | "Todas as palavras - poesia reunida 1974-2011", pág. 365 | Assírio & Alvim, 2012

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Manuel António Pina

Manuel António Pina

Escrito de memória

1. Um pequeno depósito de incredulidade
no fundo dos teus olhos.

2. Um breve estremecimento no movimento
do coração (do meu coração).

3. A impressão de alguém olhando-
te atrás de ti.

4. Uma voz familiar
num sítio cheio de gente.
(que só tu ouves dentro de ti).

5. Um súbito silêncio entre as
sílabas de certas palavras
que fica depois a pairar perto dos lábios.

6. A ignorância de alguma coisa
que ainda não sabes que não sabes.

7. Uma palavra só, aguardando,
uma palavra que basta dizer ou não dizer,
abrindo caminho entre ser e possibilidade.

8. O que não sou capaz de dizer dizendo-me.

9. Eu (um lugar vazio) para sempre; tu para sempre.

10. Outras duas pessoas
de que outras duas pessoas se lembram.

11. Esse país estrangeiro, o tempo.
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Susana Thénon

Susana Thénon

Caminhos

Cegueira do gesto
quando em vão se agarra
ao muro espesso dos feitos consumados.
Densa guitarra de sangue
acompanhando a canção
noturna e subterrânea.
Vagueia entre gritos
anônimos,
entre multidões de fome,
sob céus estrangeiros.
Entre humildes,
Ecos desesperançados.
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Manuel António Pina

Manuel António Pina

Voyager

Um instante, um só instante,
do azul ao vermelho, da música ao fogo!
Por que não encontra o sangue o seu lugar
entre os dispersos mundos?

Perde o viajante
o caminho do regresso.
No cristal do coração,
que nenhum sono embacia,
fulgem imagens de imagens
de frios sonhos desfeitos.
Algum país voltado para fora
lhe abrirá as vastas portas
e ele repousará enfim
sem noite e sem memória.


Manuel António Pina | "Todas as palavras - poesia reunida 1974-2011", pág. 131 (escrito a 9 Novembro 1983)| Assirio & Alvim, 2012
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Manuel António Pina

Manuel António Pina

As escadas

Toma, este é o meu corpo, o que sobe as escadas
em direcção à tua escuridão, deixando-me,
ou a alguma coisa menos tangível,
no seu lugar.

Também elas envelheceram, as escadas,
também, como eu, desabitadas.
Anoiteceu, ao longe afastam-se passos, provavelmente os meus,
e, à nossa volta, os nossos corpos desvanescem-se como terras estrangeiras.


Manuel António Pina | "Todas as palavras - poesia reunida 1974-2011", pág. 359 | Assirio & Alvim, 2012
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Nuno Júdice

Nuno Júdice

Branco (a Eugénio de Andrade)

Não queiras saber o que é o branco para
além do branco, a ilusão de que o mar
se prolonga nesse mar que o branco
devora, com os lábios do vento; nem
interrogues o rosto que se esconde
no horizonte do branco, onde só o
silêncio te dá a resposta que ignoras.

No entanto, se o olhar que esse
horizonte te devolve tem a luz do
rosto que só no branco entrevês,
quando o vento empurra as cortinas
do mar, talvez reconheças no seu
fundo o corpo que habita o céu
em que o branco coincide com o mar.

E nos olhos fechados de um rosto
preso à cama da madrugada, o branco
do horizonte submerge o mar que
avança por dentro do branco, como se
a luz do dia que o vento te abre
não fosse branca, como esse branco
lençol que esconde o corpo sob o mar.

E em cada nuvem que passa no branco
do céu, um rosto revela o branco
para além do horizonte que o branco descobre.



Nuno Júdice | "As Coisas Mais Simples" | Publicações Dom Quixote, 2007
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Nuno Júdice

Nuno Júdice

Variação celeste

Colhi a flor de um relâmpago
de entre os teus seios juntos, e quando
estremeceste foi como se uma estrela
tivesse vacilado nos ombros
da manhã.

Pus essa flor no negro
lago dos teus olhos, e as suas
raízes estenderam-se pelo fundo
da tua memória até esse dia em que
a lava do início te inundou.

E percorri com o tempo
de uma vela de moinho o arco
das tuas sobrancelhas, procurando
na sua margem o pórtico
dos teus lábios.


Nuno Júdice | "A Convergência dos Ventos", pág. 40 | Publicações Dom Quixote, 2015
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Nuno Júdice

Nuno Júdice

Projecto

Desta vez vou escrever-te um poema que vai ser
um poema de amor, mas que não é apenas um poema de amor. O
amor, com efeito, é algo que não cabe num poema; pelo contrário,
o poema é que pode caber no amor, sobretudo quando te abraço, e
sinto os teus cabelos na boca, agora que a tua voz me corre pelos
ouvidos como, num dia de verão, a água fresca corre pela
garganta. A isto, em retórica, chama-se uma comparação; e pergunto
o que é que o amor tem a ver com a retórica, ou por que é
que o teu corpo se teme de transformar numa metáfora - rosa,
lírio, taça, qualquer objecto que tenha, na sua essência, um
elemento que me possa levar até ele, como se fosse preciso, para te tocar,
substituir-te por uma outra imagem, ver em ti o que não és,
nem tens de ser, ou ainda transformar-te num lugar-comum, que
é aquilo em que, quase sempre, acabam os poemas de amor. Assim,
este poema de amor é, mais do que um poema de amor, um
exercício para escrever um poema de amor - mas um poema de amor
a sério, sem comparações nem metáforas, só contigo, com o
teu corpo, com a tua voz, com os teus cabelos, com aquilo que é
real, e não precisa de sair da realidade para se tornar objecto de
um poema de amor em que o amor, finalmente, deixa de ser
o objecto único do poema, que se preocupa acima de tudo com
a retórica, as imagens, o equilíbrio das formas. Mas, pergunto, não
é o teu corpo uma flor? Não é a tua boca uma rosa? Não são lírios os teus
seios? Tudo, então, se transforma: e o que tenho nas mãos é uma imagem,
a pura metáfora da vida, a abstracta metamorfose das emoções. O
resto, meu amor, és tu - e é por isso que o poema de amor que te
escrevo não é, finalmente, um poema de amor.
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José Miguel Silva

José Miguel Silva

Ladrões de Bicicletas — Vittorio de Sica (1948)

Mil quilómetros por dia pedalava meu pai, desde
a cama junto ao Douro até à próspera Cerâmica
de Valadares. Se qualquer homem recebe,
à nascença, uns sessenta inimigos por hora,
imaginem a jornada de um operário ciclista.
Tudo são despesas para ele: o rosário de geada
nas giestas, o jornal atropelado pelo vento, o verdor
da Primavera, a poalha do suor em cada mão.

Meu pai, é claro, não se queixa, ganha um conto
de réis, tem uma casa portuguesa e grandes sonhos
de amanhãs a gasolina. Pelo menos não trabalho
em nenhum matadouro, pensa ele, e com razão,
erguido nos pedais do seu veículo de sombra,
solitário trepador pela encosta de Avintes. Não
trabalha em nenhum matadouro. E nesse reconforto
passa à Quinta dos Frades, alcança o Freixieiro,
sente já o rumor de fumacentos camiões na nacional,
onde tudo, depois, será muito mais plano.
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Nuno Júdice

Nuno Júdice

Canto de ausência

O amor é esse gato abstracto que emerge
de um rumor de lençóis para se converter na esfinge
do teu corpo, quando te voltas e me entregas
a península do teu dorso.Escondes-me o horizonte
com os cabelos para que sejas tu o único
horizonte, e eu o possa tocar com as mãos, moldá-lo
à medida de uma navegação de corpos, como barcos
num sulco de lençóis. Nesta viagem, sigo a linha
curva das tuas ancas, deixando-me guiar pelos
teus olhos que abres, quando a tua boca se liberta
de uma espuma de murmúrios e colho dos teus
seios os bagos do desejo. Às vezes, é no teu rosto
que um gesto abstracto substitui o movimento
exacto de um escultor de emoções; de outras vezes
demoro-me a olhá-lo e perco-me na expectativa
de uma voz que encha de luz o coração
das sombras. Quero ver-te assim, nua neste
véu de palavras com que te envolvo, e
dar-te, à transparência de mármore da ausência,
a pulsação que me conduz a ti, como o vento
que empurra a ave, ou o silêncio que
se converte em canto.


Nuno Júdice | "A convergência dos ventos", pág. 41 | Publicações Dom Quixote, 2015
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