Cultura
Poemas neste tema
Jorge Luis Borges
Mil novecientos veintitantos
La rueda de los astros no es infinita
y el tigre es una de las formas que vuelven,
pero nosotros, lejos del azar y de la aventura,
nos creíamos desterrados a un tiempo exhausto,
el tiempo en el que nada puede ocurrir.
El universo, el trágico universo, no estaba aquí
y fuerza era buscarlo en otros lugares;
yo tramaba una humilde mitología de tapias y cuchillos
y Ricardo pensaba en sus reseros.
No sabíamos que el porvenir encerraba el rayo,
no presentimos el oprobio, el incendio y la tremenda noche de la Alianza;
nada nos dijo que la historia argentina echaría a andar por las calles,
la historia, la indignación, el amor,
las muchedumbres como el mar, el nombre de Córdoba,
el sabor de lo real y de lo increíble, el horror y la gloria.
"El hacedor" (1960)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 138 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
y el tigre es una de las formas que vuelven,
pero nosotros, lejos del azar y de la aventura,
nos creíamos desterrados a un tiempo exhausto,
el tiempo en el que nada puede ocurrir.
El universo, el trágico universo, no estaba aquí
y fuerza era buscarlo en otros lugares;
yo tramaba una humilde mitología de tapias y cuchillos
y Ricardo pensaba en sus reseros.
No sabíamos que el porvenir encerraba el rayo,
no presentimos el oprobio, el incendio y la tremenda noche de la Alianza;
nada nos dijo que la historia argentina echaría a andar por las calles,
la historia, la indignación, el amor,
las muchedumbres como el mar, el nombre de Córdoba,
el sabor de lo real y de lo increíble, el horror y la gloria.
"El hacedor" (1960)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 138 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 198
Jorge Luis Borges
Le regret d'Héraclite
Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca
aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 159 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 159 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
2 497
Jorge Luis Borges
Alusión a la muerte
Lo dejo en el caballo, en esa hora;
crepuscular en que buscó la muerte;
que de todas las horas de su suerte
ésta perdure, amarga y vencedora.
Avanza por el campo la blancura
del caballo y del poncho. La paciente
muerte acecha en los rifles. Tristemente
Francisco Borges va por la llanura.
Esto que lo cercaba, la metralla,
esto que ve, la pampa desmedida,
es lo que vio y oyó toda la vida.
Está en lo cotidiano, en la batalla.
Alto lo dejo en su épico universo
y casi no tocado por el verso.
"El hacedor" (1960)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 132| Debolsillo, 3ª. edição, 2016
crepuscular en que buscó la muerte;
que de todas las horas de su suerte
ésta perdure, amarga y vencedora.
Avanza por el campo la blancura
del caballo y del poncho. La paciente
muerte acecha en los rifles. Tristemente
Francisco Borges va por la llanura.
Esto que lo cercaba, la metralla,
esto que ve, la pampa desmedida,
es lo que vio y oyó toda la vida.
Está en lo cotidiano, en la batalla.
Alto lo dejo en su épico universo
y casi no tocado por el verso.
"El hacedor" (1960)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 132| Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 090
Jorge Luis Borges
Rosas
En la sala tranquila
cuyo reloj austero derrama
un tiempo ya sin aventuras ni asombro
sobre la decente blancura
que amortaja la pasión roja de la caoba,
alguien, como reproche cariñoso,
pronunció el nombre familiar y temido.
La imagen del tirano
abarrotó el instante,
no clara como un mármol en la tarde,
sino grande y umbría
como la sombra de una montaña remota
y conjeturas y memorias
sucedieron a la mención eventual
como un eco insondable.
Famosamente infame
su nombre fue desolación en las casas,
idolátrico amor en el gauchaje
y horror del tajo en la garganta.
Hoy el olvido borra su censo de muertes,
porque son venales las muertes
si las pensamos como parte del Tiempo,
esa inmortalidad infatigable
que anonada con silenciosa culpa las razas
y en cuya herida siempre abierta
que el último dios habrá de restañar el último día,
cabe toda la sangre derramada.
No sé si Rosas
fue sólo un ávido puñal como los abuelos decían;
creo que fue como tú y yo
un hecho entre los hechos
que vivió en la zozobra cotidiana
y dirigió para exaltaciones y penas
la incertidumbre de otros.
Ahora el mar es una larga separación
entre la ceniza y la patria.
Ya toda vida, por humilde que sea,
puede pisar su nada y su noche.
Ya Dios lo habrá olvidado
y es menos una injuria que una piedad
demorar su infinita disolución
con limosnas de odio.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 30 e 31 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
cuyo reloj austero derrama
un tiempo ya sin aventuras ni asombro
sobre la decente blancura
que amortaja la pasión roja de la caoba,
alguien, como reproche cariñoso,
pronunció el nombre familiar y temido.
La imagen del tirano
abarrotó el instante,
no clara como un mármol en la tarde,
sino grande y umbría
como la sombra de una montaña remota
y conjeturas y memorias
sucedieron a la mención eventual
como un eco insondable.
Famosamente infame
su nombre fue desolación en las casas,
idolátrico amor en el gauchaje
y horror del tajo en la garganta.
Hoy el olvido borra su censo de muertes,
porque son venales las muertes
si las pensamos como parte del Tiempo,
esa inmortalidad infatigable
que anonada con silenciosa culpa las razas
y en cuya herida siempre abierta
que el último dios habrá de restañar el último día,
cabe toda la sangre derramada.
No sé si Rosas
fue sólo un ávido puñal como los abuelos decían;
creo que fue como tú y yo
un hecho entre los hechos
que vivió en la zozobra cotidiana
y dirigió para exaltaciones y penas
la incertidumbre de otros.
Ahora el mar es una larga separación
entre la ceniza y la patria.
Ya toda vida, por humilde que sea,
puede pisar su nada y su noche.
Ya Dios lo habrá olvidado
y es menos una injuria que una piedad
demorar su infinita disolución
con limosnas de odio.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 30 e 31 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
2 209
Sophia de Mello Breyner Andresen
L’Âge D’Airain
(Rodin)
Devagar, devagar, em frente à luz,
Carregado de sombras e de peso,
Arrancando o seu corpo da raiz.
No extremo dos seus dedos nasce um voo
No vértice do vento e da manhã
Uma asa vai — perdida dos seus dedos.
Devagar, devagar, em frente à luz,
Carregado de sombras e de peso,
Arrancando o seu corpo da raiz.
No extremo dos seus dedos nasce um voo
No vértice do vento e da manhã
Uma asa vai — perdida dos seus dedos.
1 765
Jorge Luis Borges
El truco
Cuarenta naipes han desplazado a la vida.
Pintados talismanes de cartón
nos hacen olvidar nuestros destinos
y una creación risueña
va poblando el tiempo robado
con floridas travesuras
de una mitología casera.
En los lindes de la mesa
la vida de los otros se detiene.
Adentro hay un extraño país:
las aventuras del envido y quiero,
la autoridad del as de espadas,
como don Juan Manuel, omnipotente,
y el siete de oros tintineando esperanza.
Una lentitud cimarrona
va demorando las palabras
y como las alternativas del juego
se repiten y se repiten,
los jugadores de esta noche
copian antiguas bazas:
hecho que resucita un poco, muy poco,
a las generaciones de los mayores
que legaron al tiempo de Buenos Aires
los mismo versos y las mismas diabluras.
"Fervor de Buenos Aires" (1923)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 24 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Pintados talismanes de cartón
nos hacen olvidar nuestros destinos
y una creación risueña
va poblando el tiempo robado
con floridas travesuras
de una mitología casera.
En los lindes de la mesa
la vida de los otros se detiene.
Adentro hay un extraño país:
las aventuras del envido y quiero,
la autoridad del as de espadas,
como don Juan Manuel, omnipotente,
y el siete de oros tintineando esperanza.
Una lentitud cimarrona
va demorando las palabras
y como las alternativas del juego
se repiten y se repiten,
los jugadores de esta noche
copian antiguas bazas:
hecho que resucita un poco, muy poco,
a las generaciones de los mayores
que legaron al tiempo de Buenos Aires
los mismo versos y las mismas diabluras.
"Fervor de Buenos Aires" (1923)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 24 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
4 273
Sophia de Mello Breyner Andresen
Babilónia
Com pátios interiores e com palmeiras
Com muros de tijolo com pequenos tanques
Com fontes com estátuas com colunas
Com deuses desenhados nas paredes de barro
Com corredores e silêncios e penumbras
Com vestidos de linho tocando a pedra pura
Com cinamomo e nardo
Com jarras donde corria azeite e vinho
Com multidões com gritos com mercados
Com esteiras claras sob os pés pintados
Com escribas com magos e adivinhos
Com prisioneiros com servos com escravos
Com lucidez feroz com amargura
Com ciência e arte
Com desprezo
Babilónia nasceu de lodo e limo
Com muros de tijolo com pequenos tanques
Com fontes com estátuas com colunas
Com deuses desenhados nas paredes de barro
Com corredores e silêncios e penumbras
Com vestidos de linho tocando a pedra pura
Com cinamomo e nardo
Com jarras donde corria azeite e vinho
Com multidões com gritos com mercados
Com esteiras claras sob os pés pintados
Com escribas com magos e adivinhos
Com prisioneiros com servos com escravos
Com lucidez feroz com amargura
Com ciência e arte
Com desprezo
Babilónia nasceu de lodo e limo
2 220
Sophia de Mello Breyner Andresen
A Palavra Faca
A palavra faca
De uso universal
A tornou tão aguda
O poeta João Cabral
Que agora ela aparece
Azul e afiada
No gume do poema
Atravessando a história
Por João Cabral contada.
De uso universal
A tornou tão aguda
O poeta João Cabral
Que agora ela aparece
Azul e afiada
No gume do poema
Atravessando a história
Por João Cabral contada.
3 526
Sophia de Mello Breyner Andresen
Persona
Mitológica personagem — parece
Um falcão do Egipto
Sob seu lógico discurso permanece
Intacto o não dito
Mas algo de falcão nele se inscreve
Hieróglifo indecifrável
E o deus que ele foi ou nele esteve
Desarticula seu olhar instável
Um falcão do Egipto
Sob seu lógico discurso permanece
Intacto o não dito
Mas algo de falcão nele se inscreve
Hieróglifo indecifrável
E o deus que ele foi ou nele esteve
Desarticula seu olhar instável
1 630
Sophia de Mello Breyner Andresen
Os Biombos Nambam
Os biombos Nambam contam
A história alegre das navegações
Pasmo de povos de repente
Frente a frente
Alvoroço de quem vê
O tão longe tão ao pé
Laca e leque
Kimono camélia
Perfeição esmero
E o sabor do tempero
Cerimónias mesuras
Nipónicas finuras
Malícia perante
Narigudas figuras
Inchados calções
Enquanto no alto
Das mastreações
Fazem pinos dão saltos
Os ágeis acrobatas
Das navegações
Dançam de alegria
Porque o mundo encontrado
É muito mais belo
Do que o imaginado
1987
A história alegre das navegações
Pasmo de povos de repente
Frente a frente
Alvoroço de quem vê
O tão longe tão ao pé
Laca e leque
Kimono camélia
Perfeição esmero
E o sabor do tempero
Cerimónias mesuras
Nipónicas finuras
Malícia perante
Narigudas figuras
Inchados calções
Enquanto no alto
Das mastreações
Fazem pinos dão saltos
Os ágeis acrobatas
Das navegações
Dançam de alegria
Porque o mundo encontrado
É muito mais belo
Do que o imaginado
1987
2 996
Sophia de Mello Breyner Andresen
Partida
I
Como uma flor incerta entre os teus dedos
Há harmonia de um bailar sem fim,
E tens o silêncio indizível dum jardim
Invadido de luar e de segredos.
II
Nas tuas mãos trazias o meu mundo.
Para mim dos teus gestos escorriam
Estrelas infinitas, mar sem fundo
E nos teus olhos os mitos principiam.
Em ti eu conheci jardins distantes
E disseste-me a vida dos rochedos
E juntos penetrámos nos segredos
Das vozes dos silêncios dos instantes.
III
Os teus olhos são lagos e são fontes,
E em todo o teu ser existe
O sonho grave, nítido e triste
De uma paisagem de pinhais e montes.
Na tua voz as palavras são nocturnas
E todas as coisas graves, grandes, taciturnas
A ti são semelhantes.
Como uma flor incerta entre os teus dedos
Há harmonia de um bailar sem fim,
E tens o silêncio indizível dum jardim
Invadido de luar e de segredos.
II
Nas tuas mãos trazias o meu mundo.
Para mim dos teus gestos escorriam
Estrelas infinitas, mar sem fundo
E nos teus olhos os mitos principiam.
Em ti eu conheci jardins distantes
E disseste-me a vida dos rochedos
E juntos penetrámos nos segredos
Das vozes dos silêncios dos instantes.
III
Os teus olhos são lagos e são fontes,
E em todo o teu ser existe
O sonho grave, nítido e triste
De uma paisagem de pinhais e montes.
Na tua voz as palavras são nocturnas
E todas as coisas graves, grandes, taciturnas
A ti são semelhantes.
3 696
Nuno Júdice
A prova do humano
Quem terá notado o gesto subtil do velho quando,
ao enrolar o tabaco, limpou o indicador cheio de cuspo
no tampo da mesa? Ali, há exactamente dois dias,
sentara-me eu a escrever reflexões religiosas e um canto
filosófico; depois, cansado do trabalho mental,
desenhei a lápis duas ou três figuras na madeira gasta.
Agora, os restos de café e a saliva dos velhos transformam
esses desenhos banais em peças
de uma autêntica mitologia.
O fumo do tabaco envolve-os como se fosse uma névoa antiga,
e as palavras trocadas, a meia voz,
pelos ocasionais frequentadores daquele canto
lembram-me esconjuros, maldições, ou apenas
a invocação de algum espírito transitório.
Assim, não posso passar sem ir, uma ou duas vezes por dia,
àquele sítio: observar um vulto que, inconscientemente,
iniciei; e também ouvi o velho Baco
cujas histórias me dão sede e sono.
Mas que fazer nesta cidade de província,
no inverno, à parte ouvir os velhos
ou inventar histórias, enquanto se bebe café
e aguardente?
Nuno Júdice | "Obra Poética 1972 - 1985", pág. 77 | Quetzal Editores, 1991
ao enrolar o tabaco, limpou o indicador cheio de cuspo
no tampo da mesa? Ali, há exactamente dois dias,
sentara-me eu a escrever reflexões religiosas e um canto
filosófico; depois, cansado do trabalho mental,
desenhei a lápis duas ou três figuras na madeira gasta.
Agora, os restos de café e a saliva dos velhos transformam
esses desenhos banais em peças
de uma autêntica mitologia.
O fumo do tabaco envolve-os como se fosse uma névoa antiga,
e as palavras trocadas, a meia voz,
pelos ocasionais frequentadores daquele canto
lembram-me esconjuros, maldições, ou apenas
a invocação de algum espírito transitório.
Assim, não posso passar sem ir, uma ou duas vezes por dia,
àquele sítio: observar um vulto que, inconscientemente,
iniciei; e também ouvi o velho Baco
cujas histórias me dão sede e sono.
Mas que fazer nesta cidade de província,
no inverno, à parte ouvir os velhos
ou inventar histórias, enquanto se bebe café
e aguardente?
Nuno Júdice | "Obra Poética 1972 - 1985", pág. 77 | Quetzal Editores, 1991
476
Nuno Júdice
Soneto 1
Nos horizontes azulados onde gemem os pássaros
há um murmúrio de mastros, longo como o pescoço
de uma estátua de virgem. Trá-lo até mim o vento
e bebo-o de um trago, numa secura ardente de poço.
No cais onde tu, sombra ausente sob os painéis
litorais, bocejas um tédio de suis, estendo os braços,
ergo-me num só pé, e todo o corpo se levanta
no êxtase dos guindastes, numa fuga de batéis.
A ilha está próxima. Desembarco. O promontório
vago acolhe o barco numa vibração de lago. Corro
entre alas de gaivotas, perdido do meu próprio
corpo; e caio em mim. Esqueci-me das malas;
deixei-me no molhe. Quem sou? Dos céus o eco inglório
me persegue. Nas valas gritam deuses por socorro.
Nuno Júdice | "A partilha dos mitos", pág. 50 | Na regra do jogo, 1982
há um murmúrio de mastros, longo como o pescoço
de uma estátua de virgem. Trá-lo até mim o vento
e bebo-o de um trago, numa secura ardente de poço.
No cais onde tu, sombra ausente sob os painéis
litorais, bocejas um tédio de suis, estendo os braços,
ergo-me num só pé, e todo o corpo se levanta
no êxtase dos guindastes, numa fuga de batéis.
A ilha está próxima. Desembarco. O promontório
vago acolhe o barco numa vibração de lago. Corro
entre alas de gaivotas, perdido do meu próprio
corpo; e caio em mim. Esqueci-me das malas;
deixei-me no molhe. Quem sou? Dos céus o eco inglório
me persegue. Nas valas gritam deuses por socorro.
Nuno Júdice | "A partilha dos mitos", pág. 50 | Na regra do jogo, 1982
1 012
Raquel Nobre Guerra
Vir às mãos / Aforismos terceiros
subindo rei no horizonte sou rei de luzes apagadas
sou rei na divina loucura do trono
o trono vazio sou eu
sou rei na divina loucura do trono
o trono vazio sou eu
1 217
José Tolentino Mendonça
Dentro de casa
Todas as casas se parecem
com um naufrágio ou um saque
testam sucessivamente a elasticidade das gerações
compõem-se de heranças, jogos descasados,
cinco ou seis cores que vão ficando
sinais de um poder apenas atenuado
Quando estamos fora
à mercê dos elementos
o mundo celebra em nós
aquilo que se extingue
com um naufrágio ou um saque
testam sucessivamente a elasticidade das gerações
compõem-se de heranças, jogos descasados,
cinco ou seis cores que vão ficando
sinais de um poder apenas atenuado
Quando estamos fora
à mercê dos elementos
o mundo celebra em nós
aquilo que se extingue
1 098
Nuno Júdice
Écloga
Encontrei o segredo, a chave de vidro
das palavras que escrevo, e tenho medo.
Talvez nos campos imensos onde o lírio floresce,
na margem de rio que abriga, de manhã cedo,
os teus pés de ninfa, num engano de idade,
me tenhas visto à sombra de um rochedo,
e se os teus lábios, entreabertos num torpor
de romã, me tocaram num sonho bêbedo,
deles só lembro, imprecisos, fluxos
de incêndio numa hipótese de amor.
Nuno Júdice | "A partilha dos mitos", pág. 46 | Na Regra do Jogo, 1982
das palavras que escrevo, e tenho medo.
Talvez nos campos imensos onde o lírio floresce,
na margem de rio que abriga, de manhã cedo,
os teus pés de ninfa, num engano de idade,
me tenhas visto à sombra de um rochedo,
e se os teus lábios, entreabertos num torpor
de romã, me tocaram num sonho bêbedo,
deles só lembro, imprecisos, fluxos
de incêndio numa hipótese de amor.
Nuno Júdice | "A partilha dos mitos", pág. 46 | Na Regra do Jogo, 1982
2 401
Manuel António Pina
Aos filhos
Já nada nos pertence,
nem a nossa miséria.
O que vos deixaremos
a vós o roubaremos.
Toda a vida estivemos
sentados sobre a morte,
sobre a nossa própria morte!
Agora como morreremos?
Estes são tempos de
que não ficará memória,
alguma glória teríamos
fôssemos ao menos infames.
Comprámos e não pagámos,
faltámos a encontros:
nem sequer quando errámos
fizemos grande coisa!
nem a nossa miséria.
O que vos deixaremos
a vós o roubaremos.
Toda a vida estivemos
sentados sobre a morte,
sobre a nossa própria morte!
Agora como morreremos?
Estes são tempos de
que não ficará memória,
alguma glória teríamos
fôssemos ao menos infames.
Comprámos e não pagámos,
faltámos a encontros:
nem sequer quando errámos
fizemos grande coisa!
1 336
Fernando Pessoa
EPIGRAMS - VIII
He asked me, half in his fine compassion,
To sketch in two strokes his portrait high;
'Tis done: a coat strikingly in fashion
And a red tie.
To sketch in two strokes his portrait high;
'Tis done: a coat strikingly in fashion
And a red tie.
1 173
Fernando Pessoa
THINGS THAT HAPPEN IN SOCIETY
Apollo married and Hercules married, and this was in real life.
The wife of Hercules loved beautiful rather than strong men,
And strong and not beautiful men was the taste of Apollo's wife.
The wife of Hercules loved beautiful rather than strong men,
And strong and not beautiful men was the taste of Apollo's wife.
1 209
Fernando Pessoa
Ininterrupto e unido guia o teu curso
Ininterrupto e unido guia o teu curso
Lídia, e sereno para o mar distante.
Teus manes não to param.
Interrompem-to apenas.
Mas conta tu as tuas próprias horas,
À tua espera dá-te incerta Naiade
Que a porta te não está
Tua segunda vida...
Condescendente p'ra contigo própria,
Deixa aos certos Letes de fugir
Vive com a verdade
No instante dos demónios
Que alhures a saber preso com deles
O céu do Fado, gozam a delícia
Altiva de viverem
Onde guardam suas vidas.
Lídia, e sereno para o mar distante.
Teus manes não to param.
Interrompem-to apenas.
Mas conta tu as tuas próprias horas,
À tua espera dá-te incerta Naiade
Que a porta te não está
Tua segunda vida...
Condescendente p'ra contigo própria,
Deixa aos certos Letes de fugir
Vive com a verdade
No instante dos demónios
Que alhures a saber preso com deles
O céu do Fado, gozam a delícia
Altiva de viverem
Onde guardam suas vidas.
1 127
Fernando Pessoa
«Das flores que há pelo campo
«Das flores que há pelo campo
O rosmaninho é rei...»
É uma velha cantiga...
Bem sei, meu Deus, bem o sei.
O rosmaninho é rei...»
É uma velha cantiga...
Bem sei, meu Deus, bem o sei.
1 494
Fernando Pessoa
Quero, Neera, que os teus lábios laves
Quero, Neera, que os teus lábios laves
Na nascente tranquila
Para que contra a tua febre e a triste
Dor que pões em viver,
Sintas a fresca e calma natureza
Da água, e reconheças
Que não têm penas nem desassossegos
As ninfas das nascentes
Nem mais soluços do que o som da água
Alegre e natural.
As nossas dores, não, Neera, vêm
Das causas naturais
Datam da alma e do infeliz fruir
Da vida com os homens.
Aprende pois, ó aprendiza jovem
Das clássicas delícias,
A não pôr mais tristeza que um suspiro
No modo como vives.
Nasceste pálida, deitando a regra
Da tua vã beleza
Sob a estólida fé das nossas mãos
Medrosas de ter gozo
Demasiado preso à desconfiança
Que vem de teu saber,
Não para essa vã mnemónica
Do futuro fatal.
Façamos vívidas grinaldas várias
De sol, flores e risos
Para ocultar o fundo fiel à Noite
Do nosso pensamento
Curvado já em vida sob a ideia
Do plutónico jugo
Cônscia já da lívida aguardança
Do caos redivivo.
Na nascente tranquila
Para que contra a tua febre e a triste
Dor que pões em viver,
Sintas a fresca e calma natureza
Da água, e reconheças
Que não têm penas nem desassossegos
As ninfas das nascentes
Nem mais soluços do que o som da água
Alegre e natural.
As nossas dores, não, Neera, vêm
Das causas naturais
Datam da alma e do infeliz fruir
Da vida com os homens.
Aprende pois, ó aprendiza jovem
Das clássicas delícias,
A não pôr mais tristeza que um suspiro
No modo como vives.
Nasceste pálida, deitando a regra
Da tua vã beleza
Sob a estólida fé das nossas mãos
Medrosas de ter gozo
Demasiado preso à desconfiança
Que vem de teu saber,
Não para essa vã mnemónica
Do futuro fatal.
Façamos vívidas grinaldas várias
De sol, flores e risos
Para ocultar o fundo fiel à Noite
Do nosso pensamento
Curvado já em vida sob a ideia
Do plutónico jugo
Cônscia já da lívida aguardança
Do caos redivivo.
795
Fernando Pessoa
Ruído longínquo e próximo não sei porquê
Ruído longínquo e próximo não sei porquê
Da guerra europeia... Ruído de universo de catástrofe...
Que vai morrer para além de onde ouvimos e vemos?
Em que fronteiras deu a morte rendez-vous
Ao destino das nações?
Ó Águia Imperial, cairás?
Rojar-te-ás, negra amorfa coisa em sangue,
Pela terra, onde sob o teu cair
Ainda tens marcado o sinal das tuas garras para antes formar o voo
Que deste sobre a Europa confusa?
Cairás, ó matutino galo francês,
Sempre saudando a aurora? Que amos saúdas agora
Que sol de sangue no azul pálido do horizonte matutino?
Porque atalhos de sombra que caminho buscas,
Que caminho para onde?
Ó civilizações chegando à encruzilhada nocturna
D'onde tiraram o ponto-de-apoio
E donde partem caminhos curvos não sei para onde,
E não ha luar sobre as indecisões...
Deus seja connosco...
Chora na noite a Senhora de [...],
Torcendo as mãos, de modo a ouvir-se que elas se torcem
No silêncio profundo.
Deus seja connosco no céu e na terra,
Ó Deusa Tutelar do Futuro, ó Ponte
Sobre os abismos do que não sabemos que seja...
Deus seja connosco, e não esqueçamos nunca
Que o mar é eterno e afinal de tudo tranquilo
E a terra grande e mãe e tem a sua bondade
Porque sempre podemos nela recostar a cabeça cansada
E dormir encostados a qualquer coisa.
Clarins na noite, desmaiando... Ó Mistério
Que se está formando lá fora, na Europa, no Império...
Tropel vário de raças inimigas que se chocam
Mais profundamente do que seus exércitos e suas esquadras,
Mais realmente do que homem contra homem e nação contra nação...
Clarins de horror trémulo e frio na noite profunda...
E o quê?... Tambores para além do mistério do mundo?
Tambores de quê... dormis deitados, dobres minúsculos sobre quê?
Passa na noite um só passo soturno do uno exército enorme...
Clarins sobrepostos mais perto na Noite...
Ó Homem de mãos atadas e levado entre sentinelas
Para onde, porque caminho, para ao pé de quem?
Para ao pé [de] quem, clarins anunciadores de quê?
(Tityro, a tua flauta e os campos de Itália sob César Augusto
Ah, porque se armam de lágrimas absurdas os olhos
E que dor é esta, do antigo e do actual e do futuro,
Que dói na alma como uma sensação de exílio?
Tityro a tua flauta em Éclogas longínquas...
Virgílio a adular o César que venceu
Per populum dat juri... Um pobre em guerra,
Ó minha alma intranquila... Ó silêncios que as pontes
Sob as fortalezas antiquissimamente teriam,
Sabeis e vedes que a terra treme sob os passos dos exércitos,
Fluxo eterno e divino das ondas sob os cruzadores e os torpedeiros...
Da guerra europeia... Ruído de universo de catástrofe...
Que vai morrer para além de onde ouvimos e vemos?
Em que fronteiras deu a morte rendez-vous
Ao destino das nações?
Ó Águia Imperial, cairás?
Rojar-te-ás, negra amorfa coisa em sangue,
Pela terra, onde sob o teu cair
Ainda tens marcado o sinal das tuas garras para antes formar o voo
Que deste sobre a Europa confusa?
Cairás, ó matutino galo francês,
Sempre saudando a aurora? Que amos saúdas agora
Que sol de sangue no azul pálido do horizonte matutino?
Porque atalhos de sombra que caminho buscas,
Que caminho para onde?
Ó civilizações chegando à encruzilhada nocturna
D'onde tiraram o ponto-de-apoio
E donde partem caminhos curvos não sei para onde,
E não ha luar sobre as indecisões...
Deus seja connosco...
Chora na noite a Senhora de [...],
Torcendo as mãos, de modo a ouvir-se que elas se torcem
No silêncio profundo.
Deus seja connosco no céu e na terra,
Ó Deusa Tutelar do Futuro, ó Ponte
Sobre os abismos do que não sabemos que seja...
Deus seja connosco, e não esqueçamos nunca
Que o mar é eterno e afinal de tudo tranquilo
E a terra grande e mãe e tem a sua bondade
Porque sempre podemos nela recostar a cabeça cansada
E dormir encostados a qualquer coisa.
Clarins na noite, desmaiando... Ó Mistério
Que se está formando lá fora, na Europa, no Império...
Tropel vário de raças inimigas que se chocam
Mais profundamente do que seus exércitos e suas esquadras,
Mais realmente do que homem contra homem e nação contra nação...
Clarins de horror trémulo e frio na noite profunda...
E o quê?... Tambores para além do mistério do mundo?
Tambores de quê... dormis deitados, dobres minúsculos sobre quê?
Passa na noite um só passo soturno do uno exército enorme...
Clarins sobrepostos mais perto na Noite...
Ó Homem de mãos atadas e levado entre sentinelas
Para onde, porque caminho, para ao pé de quem?
Para ao pé [de] quem, clarins anunciadores de quê?
(Tityro, a tua flauta e os campos de Itália sob César Augusto
Ah, porque se armam de lágrimas absurdas os olhos
E que dor é esta, do antigo e do actual e do futuro,
Que dói na alma como uma sensação de exílio?
Tityro a tua flauta em Éclogas longínquas...
Virgílio a adular o César que venceu
Per populum dat juri... Um pobre em guerra,
Ó minha alma intranquila... Ó silêncios que as pontes
Sob as fortalezas antiquissimamente teriam,
Sabeis e vedes que a terra treme sob os passos dos exércitos,
Fluxo eterno e divino das ondas sob os cruzadores e os torpedeiros...
999
Fernando Pessoa
Depois de não ter dormido,
Depois de não ter dormido,
Depois de já não ter sono,
Interminável madrugada em que se pensa sempre sem se pensar,
Vi o dia vir
Como a pior das maldições —
A condenação ao mesmo
Contudo, que riqueza de azul verde e amarelo dourado de vermelho
No céu eternamente longínquo —
Nesse oriente que estragaram
Dizendo que vêm de lá as civilizações;
Nesse oriente que nos roubaram
Com o Conto do Vigário dos mitos solares,
Maravilhoso oriente sem civilizações nem mitos,
Simplesmente céu e luz,
Material sem materialidade...
Todo luz, mesmo assim
A sombra, que é a luz da noite dada ao dia,
Enche por vezes, irresistivelmente natural.
O grande silêncio do trigo sem vento,
O verdor esbatido dos campos afastados,
A vida e o sentimento da vida.
A manhã inunda toda a cidade.
Meus olhos pesados do sono que não tivestes,
Que amanhã inundará o que está por trás de vós.
Que é vós,
Que sou eu?
Depois de já não ter sono,
Interminável madrugada em que se pensa sempre sem se pensar,
Vi o dia vir
Como a pior das maldições —
A condenação ao mesmo
Contudo, que riqueza de azul verde e amarelo dourado de vermelho
No céu eternamente longínquo —
Nesse oriente que estragaram
Dizendo que vêm de lá as civilizações;
Nesse oriente que nos roubaram
Com o Conto do Vigário dos mitos solares,
Maravilhoso oriente sem civilizações nem mitos,
Simplesmente céu e luz,
Material sem materialidade...
Todo luz, mesmo assim
A sombra, que é a luz da noite dada ao dia,
Enche por vezes, irresistivelmente natural.
O grande silêncio do trigo sem vento,
O verdor esbatido dos campos afastados,
A vida e o sentimento da vida.
A manhã inunda toda a cidade.
Meus olhos pesados do sono que não tivestes,
Que amanhã inundará o que está por trás de vós.
Que é vós,
Que sou eu?
744
Português
English
Español