Poemas neste tema
Sonhos e Imaginação
Martha Medeiros
se provoquei uma avalanche na minha casa
se provoquei uma avalanche na minha casa
se remexi na tua carteira ontem à noite
se deixei de responder cartas sinceras
se menti pra minha prima a respeito da família
o que vivi, o que senti, o que inventei
está tudo misturado, já não sei em que acreditar
se escondi teu passaporte a fim de te reter
se manchei de sangue a camisola ao debutar
se rolei ladeira abaixo atrás de um brinco
presenteado
se chorei enfurecida por ter sido injustiçada
o que vivi, o que senti, o que inventei
está tudo confundido, já não sei do que
lembrar
se mastiguei a hóstia depois de comungar
se matei aula de física pra fumar no
lavatório
se desertei do paraíso para me instalar
na torre
se fiz coro em passeata e ganhei um
dom de deus
o que vivi, o que senti, o que inventei
está tudo alinhavado, já não sei como datar
o que temi, o que engoli, o que enfrentei
está tudo embaralhado, o que penei, o
que ardi
o que amei, está tudo assimilado, o que sofri
o que sonhei, o que perdi, está tudo
engalfinhado
o que escrevi, o que ouvi, o que calei
está tudo amortizado, já não sei o que pagar
se remexi na tua carteira ontem à noite
se deixei de responder cartas sinceras
se menti pra minha prima a respeito da família
o que vivi, o que senti, o que inventei
está tudo misturado, já não sei em que acreditar
se escondi teu passaporte a fim de te reter
se manchei de sangue a camisola ao debutar
se rolei ladeira abaixo atrás de um brinco
presenteado
se chorei enfurecida por ter sido injustiçada
o que vivi, o que senti, o que inventei
está tudo confundido, já não sei do que
lembrar
se mastiguei a hóstia depois de comungar
se matei aula de física pra fumar no
lavatório
se desertei do paraíso para me instalar
na torre
se fiz coro em passeata e ganhei um
dom de deus
o que vivi, o que senti, o que inventei
está tudo alinhavado, já não sei como datar
o que temi, o que engoli, o que enfrentei
está tudo embaralhado, o que penei, o
que ardi
o que amei, está tudo assimilado, o que sofri
o que sonhei, o que perdi, está tudo
engalfinhado
o que escrevi, o que ouvi, o que calei
está tudo amortizado, já não sei o que pagar
1 155
Jorge Luis Borges
1982
Un cúmulo de polvo se ha formado en el fondo del anaquel, detrás de la fila de libros. Mis ojos no lo ven. Es una telaraña para mi tacto.
Es una parte ínfima de la trama que llamamos la historia universal o el proceso cósmico. Es parte de la trama que abarca estrellas, agonías, migraciones, navegaciones, lunas, luciérnagas, vigilias, naipes, yunques, Cartago y Shakespeare.
También son parte de la trama esta página, que no acaba de ser un poema, y el sueño que soñaste en el alba y que ya has olvidado.
¿Hay un fin en la trama? Schopenhauer la creía tan insensata como las caras o los leones que vemos en la configuración de una nube. ¿Hay un fin de la trama? Ese fin no puede ser ético, ya que la ética es una ilusión de los hombres, no de las inescrutables divinidades.
Tal vez el cúmulo de polvo no sea menos útil para la trama que las naves que cargan un imperio o que la fragancia del nardo.
"Los conjurados" (1985)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 630 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Es una parte ínfima de la trama que llamamos la historia universal o el proceso cósmico. Es parte de la trama que abarca estrellas, agonías, migraciones, navegaciones, lunas, luciérnagas, vigilias, naipes, yunques, Cartago y Shakespeare.
También son parte de la trama esta página, que no acaba de ser un poema, y el sueño que soñaste en el alba y que ya has olvidado.
¿Hay un fin en la trama? Schopenhauer la creía tan insensata como las caras o los leones que vemos en la configuración de una nube. ¿Hay un fin de la trama? Ese fin no puede ser ético, ya que la ética es una ilusión de los hombres, no de las inescrutables divinidades.
Tal vez el cúmulo de polvo no sea menos útil para la trama que las naves que cargan un imperio o que la fragancia del nardo.
"Los conjurados" (1985)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 630 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 218
Jorge Luis Borges
Sueño soñado en Edimburgo
Antes del alba soñé un sueño que me dejó abrumado y que trataré de ordenar.
Tus mayores te engendran. En la otra frontera de los desiertos hay unas aulas polvorientas o, si se quiere, unos depósitos polvorientos, y en esas aulas o depósitos hay filas paralelas de pizarrones cuya longitud se mide por leguas o por leguas de leguas y en los que alguien ha trazado con tiza letras y números. Se ignora cuántos pizarrones hay en conjunto pero se entiende que son muchos y que algunos están abarrotados y otros casi vacíos. Las puertas de los muros son corredizas, a la manera del Japón, y están hechas de un metal oxidado. El edificio entero es circular, pero es tan enorme que desde afuera no se advierte la menor curvatura y lo que se ve es una recta. Los apretados pizarrones son más altos que un hombre y alcanzan hasta el cielo raso de yeso, que es blanquecino o gris. En el costado izquierdo del pizarrón hay primero palabras y después números. Las palabras se ordenan verticalmente, como en un diccionario. La primera es Aar, el río de Berna. La siguen los guarismos arábigos, cuya cifra es indefinida pero seguramente no infinita. Indican el número preciso de veces que verás aquel río, el número preciso de veces que lo descubrirás en el mapa, el número preciso de veces que soñarás con él. La última palabra es acaso Zwingli y queda muy lejos. En otro desmedido pizarrón está inscrita neverness y al lado de esa extraña palabra hay ahora una cifra. Todo el decurso de tu vida está en esos signos.
No hay un segundo que no esté royendo una serie.
Agotarás la cifra que corresponde al sabor del jengibre y seguirás viviendo. Agotarás la cifra que corresponde a la lisura del cristal y seguirás viviendo unos días. Agotarás la cifra de los latidos que te han sido fijados y entonces habrás muerto.
"Los conjurados" (1985)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 613 e 614 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Tus mayores te engendran. En la otra frontera de los desiertos hay unas aulas polvorientas o, si se quiere, unos depósitos polvorientos, y en esas aulas o depósitos hay filas paralelas de pizarrones cuya longitud se mide por leguas o por leguas de leguas y en los que alguien ha trazado con tiza letras y números. Se ignora cuántos pizarrones hay en conjunto pero se entiende que son muchos y que algunos están abarrotados y otros casi vacíos. Las puertas de los muros son corredizas, a la manera del Japón, y están hechas de un metal oxidado. El edificio entero es circular, pero es tan enorme que desde afuera no se advierte la menor curvatura y lo que se ve es una recta. Los apretados pizarrones son más altos que un hombre y alcanzan hasta el cielo raso de yeso, que es blanquecino o gris. En el costado izquierdo del pizarrón hay primero palabras y después números. Las palabras se ordenan verticalmente, como en un diccionario. La primera es Aar, el río de Berna. La siguen los guarismos arábigos, cuya cifra es indefinida pero seguramente no infinita. Indican el número preciso de veces que verás aquel río, el número preciso de veces que lo descubrirás en el mapa, el número preciso de veces que soñarás con él. La última palabra es acaso Zwingli y queda muy lejos. En otro desmedido pizarrón está inscrita neverness y al lado de esa extraña palabra hay ahora una cifra. Todo el decurso de tu vida está en esos signos.
No hay un segundo que no esté royendo una serie.
Agotarás la cifra que corresponde al sabor del jengibre y seguirás viviendo. Agotarás la cifra que corresponde a la lisura del cristal y seguirás viviendo unos días. Agotarás la cifra de los latidos que te han sido fijados y entonces habrás muerto.
"Los conjurados" (1985)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 613 e 614 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
2 356
Fernando Pessoa
O capilé é barato
O capilé é barato
E é fresco quando há calor.
Vou sonhar o teu retrato
Já que não tenho melhor.
E é fresco quando há calor.
Vou sonhar o teu retrato
Já que não tenho melhor.
1 364
Lucebert
eu desligo uma revolução
eu desligo uma revolução
eu desligo uma pequena revolução deleitável
eu não sou mais da terra
eu sou de novo da água
eu carrego capacetes espumantes na cabeça
eu carrego fantasmas fotógrafos na cabeça
em minhas costas descansa uma sereia
em minhas costas descansa o vento
o vento e a sereia cantarolam
os capacetes espumantes sussurram
os fantasmas fotógrafos despencam
eu desligo uma pequena deleitável revolução revoluteante
e despenco e sussuro e cantarolo
:
ik draai een kleine revolutie af
ik draai een kleine mooie revolutie af
ik ben niet langer van land
ik ben weer water
ik draag schuimende koppen op mijn hoofd
ik draag schietende schimmen in mijn hoofd
op mijn rug rust een zeemeermin
op mijn rug rust de wind
de wind en de zeemeermin zingen
de schuimende koppen ruisen
de schietende schimmen vallen
ik draai een kleine mooie ritselende revolutie af
en ik val en ik ruis en ik zing
Lucebert, "O domador de animais" (pintura a óleo, 1959).
.
.
.
639
Fernando Pessoa
III - Ah, mas aqui, onde irreais erramos,
III
Ah, mas aqui, onde irreais erramos,
Dormimos o que somos, e a verdade,
Inda que enfim em sonhos a vejamos,
Vemo-la, porque em sonho, em falsidade.
Sombras buscando corpos, se os achamos
Como sentir a sua realidade?
Com mãos de sombra, Sombras, que tocamos?
Nosso toque é ausência e vacuidade.
Quem desta Alma fechada nos liberta?
Sem ver, ouvimos para além da sala
De ser; mas como, aqui, a porta aberta?
......
Calmo na falsa morte a nós exposto,
O Livro ocluso contra o peito posto,
Nosso Pai Roseacruz conhece e cala.
Ah, mas aqui, onde irreais erramos,
Dormimos o que somos, e a verdade,
Inda que enfim em sonhos a vejamos,
Vemo-la, porque em sonho, em falsidade.
Sombras buscando corpos, se os achamos
Como sentir a sua realidade?
Com mãos de sombra, Sombras, que tocamos?
Nosso toque é ausência e vacuidade.
Quem desta Alma fechada nos liberta?
Sem ver, ouvimos para além da sala
De ser; mas como, aqui, a porta aberta?
......
Calmo na falsa morte a nós exposto,
O Livro ocluso contra o peito posto,
Nosso Pai Roseacruz conhece e cala.
1 067
Jorge Luis Borges
Los ecos
Ultrajada la carne por la espada
de Hamlet muere un rey en Dinamarca
y el olvido entretejen una fábula
de otro rey muerto y de su sombra. Saxo
Gramático recoge esa ceniza
en su Gesta Danorum. Unos siglos
y el rey vuelve a morir en Dinamarca
y al mismo tiempo, por curiosa magia,
en un tinglado de los arrabales
de Londres. Lo ha soñado William Shakespeare.
Eterna como el acto de la carne
o como los cristales de la aurora
o como las figuras de la luna
es la muerte del rey. La soñó Shakespeare
y seguirán soñándola los hombres
y es uno de los hábitos del tiempo
y un rito que ejecutan en la hora
predestinada unas eternas formas.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 459 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
de Hamlet muere un rey en Dinamarca
y el olvido entretejen una fábula
de otro rey muerto y de su sombra. Saxo
Gramático recoge esa ceniza
en su Gesta Danorum. Unos siglos
y el rey vuelve a morir en Dinamarca
y al mismo tiempo, por curiosa magia,
en un tinglado de los arrabales
de Londres. Lo ha soñado William Shakespeare.
Eterna como el acto de la carne
o como los cristales de la aurora
o como las figuras de la luna
es la muerte del rey. La soñó Shakespeare
y seguirán soñándola los hombres
y es uno de los hábitos del tiempo
y un rito que ejecutan en la hora
predestinada unas eternas formas.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 459 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 307
Jorge Luis Borges
Las hojas del ciprés
Tengo un solo enemigo. Nunca sabré de qué manera pudo entrar en mi casa, la noche del 14 de abril de 1977. Fueron dos las puertas que abrió: la pesada puerta de calle y la de mi breve departamento. Prendió la luz y me despertó de una pesadilla que no recuerdo, pero en la que había un jardín. Sin alzar la voz me ordenó que me levantara y vistiera inmediatamente. Se había decidido mi muerte y el sitio destinado a la ejecución quedaba un poco lejos. Mudo de asombro, obedecí. Era menos alto que yo pero más robusto y el odio le había dado su fuerza. Al cabo de los años no había cambiado; sólo unas pocas hebras de plata en el pelo oscuro. Lo animaba una suerte de negra felicidad. Siempre me había detestado y ahora iba a matarme. El gato Beppo nos mirabas desde su eternidad, pero nada hizo para salvarme. Tampoco el tigre de cerámica azul que hay en mi dormitorio, ni los hechiceros y genios de los volúmenes de Las mil y una noches. Quise que algo me acompañara. Le pedí que me dejara llevar un libro. Elegir una Biblia hubiera sido demasiado evidente. De los doce tomos de Emerson mi mano sacó uno, al azar. Para no hacer ruido bajamos por la escalera. Conté cada peldaño. Noté que se cuidaba de tocarme, como si el contacto pudiera contaminarlo.
En la esquina de Charcas y Maipú, frente al conventillo, aguardaba un cupé. Con un ceremonioso ademán que significaba una orden hizo que yo subiera primero. El cochero ya sabía nuestro destino y fustigó al caballo. El viaje fue muy lento y, como es de suponer, silencioso. Temí (o esperé) que fuera interminable también. La noche era de luna serena y sin un soplo de aire. No había un alma en las calles. A cada lado del carruaje las casas bajas, que eran todas iguales, trazaban una guarda. Pensé: Ya estamos en el Sur. Alto en la sombra vi el reloj de una torre; en el gran disco luminoso no había guarismos ni agujas. No atravesamos, que yo sepa, una sola avenida. Yo no tenía miedo, ni siquiera miedo de tener miedo, ni siquiera miedo de tener miedo de tener miedo, a la infinita manera de los eleatas, pero cuando la portezuela se abrió y tuve que bajar, casi me caí. Subimos por unas gradas de piedra. Había canteros singularmente lisos y eran muchos los árboles. Me condujo al pie de un de ellos y me ordenó que me tendiera en el pasto, de espaldas, con los brazos en cruz. Desde esa posición divisé una loba romana y supe dónde estábamos. El árbol de mi muerte era un ciprés. Sin proponérmelo repetí la línea famosa: Quantum lenta solent inter viburna cupressi.
Recordé que lenta, en ese contexto, quiere decir flexible, pero nada tenían flexibles las hojas de mi árbol. Eran iguales, rígidas y lustrosas y de materia muerta. En cada una había un monograma. Sentí asco y alivio. Supe que un gran esfuerzo podía salvarme. Salvarme y acaso perderlo, ya que, habitado por el odio, no se había fijado en el reloj ni en las monstruosas ramas. Solté mi talismán y apreté el pasto con las dos manos. Vi por primera y última vez el fulgor del acero. Me desperté; mi mano izquierda tocaba la pared de mi cuarto.
Qué pesadilla rara, pensé, y no tardé en hundirme en el sueño.
Al día siguiente descubrí que en el anaquel había un hueco; faltaba el libro de Emerson, que se había quedado en el sueño. A los diez días me dijeron que mi enemigo había salido de su casa una noche y que no había regresado. Nunca regresará. Encerrado en mi pesadilla, seguirá descubriendo con horror, bajo la luna que no vi, la ciudad de relojes en blanco, de árboles falsos que no pueden crecer y nadie sabe qué otras cosas.
"Los conjurados" (1985)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 615 e 616 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
En la esquina de Charcas y Maipú, frente al conventillo, aguardaba un cupé. Con un ceremonioso ademán que significaba una orden hizo que yo subiera primero. El cochero ya sabía nuestro destino y fustigó al caballo. El viaje fue muy lento y, como es de suponer, silencioso. Temí (o esperé) que fuera interminable también. La noche era de luna serena y sin un soplo de aire. No había un alma en las calles. A cada lado del carruaje las casas bajas, que eran todas iguales, trazaban una guarda. Pensé: Ya estamos en el Sur. Alto en la sombra vi el reloj de una torre; en el gran disco luminoso no había guarismos ni agujas. No atravesamos, que yo sepa, una sola avenida. Yo no tenía miedo, ni siquiera miedo de tener miedo, ni siquiera miedo de tener miedo de tener miedo, a la infinita manera de los eleatas, pero cuando la portezuela se abrió y tuve que bajar, casi me caí. Subimos por unas gradas de piedra. Había canteros singularmente lisos y eran muchos los árboles. Me condujo al pie de un de ellos y me ordenó que me tendiera en el pasto, de espaldas, con los brazos en cruz. Desde esa posición divisé una loba romana y supe dónde estábamos. El árbol de mi muerte era un ciprés. Sin proponérmelo repetí la línea famosa: Quantum lenta solent inter viburna cupressi.
Recordé que lenta, en ese contexto, quiere decir flexible, pero nada tenían flexibles las hojas de mi árbol. Eran iguales, rígidas y lustrosas y de materia muerta. En cada una había un monograma. Sentí asco y alivio. Supe que un gran esfuerzo podía salvarme. Salvarme y acaso perderlo, ya que, habitado por el odio, no se había fijado en el reloj ni en las monstruosas ramas. Solté mi talismán y apreté el pasto con las dos manos. Vi por primera y última vez el fulgor del acero. Me desperté; mi mano izquierda tocaba la pared de mi cuarto.
Qué pesadilla rara, pensé, y no tardé en hundirme en el sueño.
Al día siguiente descubrí que en el anaquel había un hueco; faltaba el libro de Emerson, que se había quedado en el sueño. A los diez días me dijeron que mi enemigo había salido de su casa una noche y que no había regresado. Nunca regresará. Encerrado en mi pesadilla, seguirá descubriendo con horror, bajo la luna que no vi, la ciudad de relojes en blanco, de árboles falsos que no pueden crecer y nadie sabe qué otras cosas.
"Los conjurados" (1985)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 615 e 616 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 953
Carlos Felipe Moisés
As Formas do Branco
Caminho pela neve
e o mundo principia neste branco.
Tenho a verdade, sonho breve,
branco retido no branco.
Girassol amanhecido longe,
a verdade apareceu-me nesse branco.
Tempo devorado como carne, corpo ferido,
vermelho sobre o branco.
Os pássaros nascem nas nuvens,
azul distante.
Tinha a verdade, perdi-a:
branco escondido no branco.
(Urna diurna, in Poemas Reunidos, São Paulo, Cultrix, 1974)
e o mundo principia neste branco.
Tenho a verdade, sonho breve,
branco retido no branco.
Girassol amanhecido longe,
a verdade apareceu-me nesse branco.
Tempo devorado como carne, corpo ferido,
vermelho sobre o branco.
Os pássaros nascem nas nuvens,
azul distante.
Tinha a verdade, perdi-a:
branco escondido no branco.
(Urna diurna, in Poemas Reunidos, São Paulo, Cultrix, 1974)
979
Fernando Pessoa
2 - THE ISLAND
Weep, violin and viol,
Low flute and fine bassoon.
Lo, an enchanted isle
Moon‑bound beneath the moon!
My dream‑feet rustle through it
Chequered by shade and beam.
Oh, could my soul but woo it
From being but a dream!
Violin, viol and flute.
Lo, the isle hangs in air!
Through it I wander, mute
With too much loss of care.
And the air where't doth float
No air's, but light of moon.
Its paths are known to each note
Of viol and bassoon.
Yet is it real, that isle,
As our clear islands mortal?
Do flute, bassoon and viol
But ope with sound a portal,
And show, somehow, somewhere,
To what looks out from me
That pendulous island rare
In a moon‑woven sea?
Maybe 'tis truer than ours.
How true are these? But lo!
That isle that knows no hours
Nor needeth hours to know,
And that hath truth and root
Somewhere known of the moon,
Fades in the fading of flute,
Violin and bassoon.
Low flute and fine bassoon.
Lo, an enchanted isle
Moon‑bound beneath the moon!
My dream‑feet rustle through it
Chequered by shade and beam.
Oh, could my soul but woo it
From being but a dream!
Violin, viol and flute.
Lo, the isle hangs in air!
Through it I wander, mute
With too much loss of care.
And the air where't doth float
No air's, but light of moon.
Its paths are known to each note
Of viol and bassoon.
Yet is it real, that isle,
As our clear islands mortal?
Do flute, bassoon and viol
But ope with sound a portal,
And show, somehow, somewhere,
To what looks out from me
That pendulous island rare
In a moon‑woven sea?
Maybe 'tis truer than ours.
How true are these? But lo!
That isle that knows no hours
Nor needeth hours to know,
And that hath truth and root
Somewhere known of the moon,
Fades in the fading of flute,
Violin and bassoon.
1 473
Fernando Pessoa
VIAGEM
VIAGEM
Sonhar um sonho é perder outro. Tristonho
Fito a ponte pesada e calma...
Cada sonho é um existir de outro sonho
Ó eterna desterrada em ti própria, ó minha alma!
Sinto em meu corpo mais conscientemente
O rodar estremecido do comboio. Pára?...
Com um como que intento intermitente
De (...) mal-roda, estaca. Numa estação, clara
De realidade e gente e movimento.
Olho p'ra fora... Cesso. Estagno em mim.
Resfolgar da máquina... Carícia de vento
Pela janela que se abre... Estou desatento...
Parar... seguir... parar... Isto é sem fim
Ó o horror da chegada! Ó horror. Ó nunca
chegares, ó ferro em trémulo seguir!
À margem da viagem prossegue... Trunca
A realidade, passa ao lado do ir
E pelo lado interior da Hora
Foge, usa a eternidade, vive...
Sobrevive ao momento (...) vai!
Suavemente... suavemente, mais suavemente e demora
(...) entra na gare... Range-se... estaca... É agora!
Tudo o que fui de sonho, o eu-outro que tive
Resvala-me pela alma... Negro declive
Resvala, some-se, para sempre se esvai
E da minha consciência um Eu que não obtive
Dentro em mim de mim cai.
Sonhar um sonho é perder outro. Tristonho
Fito a ponte pesada e calma...
Cada sonho é um existir de outro sonho
Ó eterna desterrada em ti própria, ó minha alma!
Sinto em meu corpo mais conscientemente
O rodar estremecido do comboio. Pára?...
Com um como que intento intermitente
De (...) mal-roda, estaca. Numa estação, clara
De realidade e gente e movimento.
Olho p'ra fora... Cesso. Estagno em mim.
Resfolgar da máquina... Carícia de vento
Pela janela que se abre... Estou desatento...
Parar... seguir... parar... Isto é sem fim
Ó o horror da chegada! Ó horror. Ó nunca
chegares, ó ferro em trémulo seguir!
À margem da viagem prossegue... Trunca
A realidade, passa ao lado do ir
E pelo lado interior da Hora
Foge, usa a eternidade, vive...
Sobrevive ao momento (...) vai!
Suavemente... suavemente, mais suavemente e demora
(...) entra na gare... Range-se... estaca... É agora!
Tudo o que fui de sonho, o eu-outro que tive
Resvala-me pela alma... Negro declive
Resvala, some-se, para sempre se esvai
E da minha consciência um Eu que não obtive
Dentro em mim de mim cai.
6 075
Jorge Luis Borges
Sherlock Holmes
No salió de una madre ni supo de mayores.
Idéntico es el caso de Adán y de Quijano.
Está hecho de azar. Inmediato o cercano
lo rigen los vaivenes de variables lectores.
No es un error pensar que nace en el momento
en que lo ve aquel otro que narrará su historia
y que muere en cada eclipse de la memoria
de quienes lo soñamos. Es más hueco que el viento.
Es casto. Nada sabe del amor. No ha querido.
Ese hombre tan viril ha renunciado al arte
de amar. En Baker Street vive solo y aparte.
Le es ajeno también ese otro arte, el olvido.
Lo soñó un irlandés, que no lo quiso nunca
y que trató, nos dicen, de matarlo. Fue en vano.
El hombre solitario prosigue, lupa en mano,
su rara suerte discontinua de cosa trunca.
No tiene relaciones, pero no lo abandona
la devoción del otro, que fue su evangelista
y que de sus milagros ha dejado la lista.
Vive de un modo cómodo: en tercera persona.
No baja más al baño. Tampoco visitaba
ese retiro Hamlet, que muere en Dinamarca
que no sabe casi nada de esa comarca
de la espada y del mar, del arco y de la aljaba.
(Omnia sunt plena Jovis.(*) De análoga manera
diremos de aquel justo que da nombre a los versos
que su inconstante sombra recorre los diversos
dominios en que ha sido parcelada la esfera.)
Atiza en el hogar las encendidas ramas
o da muerte en los páramos a un perro del infierno.
Ese alto caballero no sabe que es eterno.
Resuelve naderías y repite epigramas.
Nos llega desde un Londres de gas y de neblina
un Londres que se sabe capital de un imperio
que le interesa poco, de un Londres de misterio
tranquilo, que no quiere sentir que ya declina.
No nos maravillemos. Después de la agonía,
el hado o el azar (que son la misma cosa)
depara a cada cual esa suerte curiosa
de ser ecos o formas que mueren cada día.
Que mueren hasta un día final en que el olvido,
que es la meta común, nos olvide del todo.
Antes que nos alcance juguemos con el lodo
de ser durante un tiempo, de ser y de haber sido.
Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una
de las buenas costumbres que nos quedan. La muerte
y la siesta son otras. También es nuestra suerte
convalecer en un jardín o mirar la luna.
(1985)
* Todas las cosas están llenas de Júpiter
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 603 e 604 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Idéntico es el caso de Adán y de Quijano.
Está hecho de azar. Inmediato o cercano
lo rigen los vaivenes de variables lectores.
No es un error pensar que nace en el momento
en que lo ve aquel otro que narrará su historia
y que muere en cada eclipse de la memoria
de quienes lo soñamos. Es más hueco que el viento.
Es casto. Nada sabe del amor. No ha querido.
Ese hombre tan viril ha renunciado al arte
de amar. En Baker Street vive solo y aparte.
Le es ajeno también ese otro arte, el olvido.
Lo soñó un irlandés, que no lo quiso nunca
y que trató, nos dicen, de matarlo. Fue en vano.
El hombre solitario prosigue, lupa en mano,
su rara suerte discontinua de cosa trunca.
No tiene relaciones, pero no lo abandona
la devoción del otro, que fue su evangelista
y que de sus milagros ha dejado la lista.
Vive de un modo cómodo: en tercera persona.
No baja más al baño. Tampoco visitaba
ese retiro Hamlet, que muere en Dinamarca
que no sabe casi nada de esa comarca
de la espada y del mar, del arco y de la aljaba.
(Omnia sunt plena Jovis.(*) De análoga manera
diremos de aquel justo que da nombre a los versos
que su inconstante sombra recorre los diversos
dominios en que ha sido parcelada la esfera.)
Atiza en el hogar las encendidas ramas
o da muerte en los páramos a un perro del infierno.
Ese alto caballero no sabe que es eterno.
Resuelve naderías y repite epigramas.
Nos llega desde un Londres de gas y de neblina
un Londres que se sabe capital de un imperio
que le interesa poco, de un Londres de misterio
tranquilo, que no quiere sentir que ya declina.
No nos maravillemos. Después de la agonía,
el hado o el azar (que son la misma cosa)
depara a cada cual esa suerte curiosa
de ser ecos o formas que mueren cada día.
Que mueren hasta un día final en que el olvido,
que es la meta común, nos olvide del todo.
Antes que nos alcance juguemos con el lodo
de ser durante un tiempo, de ser y de haber sido.
Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una
de las buenas costumbres que nos quedan. La muerte
y la siesta son otras. También es nuestra suerte
convalecer en un jardín o mirar la luna.
(1985)
* Todas las cosas están llenas de Júpiter
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 603 e 604 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
2 939
Fernando Pessoa
Na quinta que nunca houve
Na quinta que nunca houve
Há um poço que não há
Onde há-de ir encontrar água
Alguém que te entenderá.
Há um poço que não há
Onde há-de ir encontrar água
Alguém que te entenderá.
1 007
Jorge Luis Borges
Un lobo
Furtivo y gris en la penumbra última,
va dejando sus rastros en la margen
de este río sin nombre que ha saciado
la sed de su garganta y cuyas aguas
no repiten estrellas. Esta noche,
el lobo es una sombra que está sola
y que busca a la hembra y siente frío.
Es el último lobo de Inglaterra.
Odín y Thor lo saben. En su alta
casa de piedra un rey ha decidido
acabar con los lobos. Ya forjado
ha sido el fuerte hierro de tu muerte.
Lobo sajón, has engendrado en vano.
No basta ser cruel. Eres el último.
Mil años pasarán y un hombre viejo
te soñará en América. De nada
puede servirte ese futuro sueño.
Hoy te cercan los hombres que siguieron
por la selva los rastros que dejaste,
furtivo y gris en la penumbra última.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 605 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
va dejando sus rastros en la margen
de este río sin nombre que ha saciado
la sed de su garganta y cuyas aguas
no repiten estrellas. Esta noche,
el lobo es una sombra que está sola
y que busca a la hembra y siente frío.
Es el último lobo de Inglaterra.
Odín y Thor lo saben. En su alta
casa de piedra un rey ha decidido
acabar con los lobos. Ya forjado
ha sido el fuerte hierro de tu muerte.
Lobo sajón, has engendrado en vano.
No basta ser cruel. Eres el último.
Mil años pasarán y un hombre viejo
te soñará en América. De nada
puede servirte ese futuro sueño.
Hoy te cercan los hombres que siguieron
por la selva los rastros que dejaste,
furtivo y gris en la penumbra última.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 605 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 467
Jorge Luis Borges
Midgarthormr
Sin fin el mar. Sin fin el pez, la verde
serpiente cosmogónica que encierra,
verde serpiente y verde mar, la tierra,
como ella circular. La boca muerde
la cola que le llega desde lejos,
desde el otro confín. El fuerte anillo
que nos abarca es tempestades, brillo,
sombra y rumor, reflejos de reflejos.
Es también la anfisbena. Eternamente
se miran sin horror los muchos ojos.
Cada cabeza husmea crasamente
los hierros de la guerra y los despojos.
Soñado fue en Islandia. Los abiertos
mares lo han divisado y lo han temido;
volverá con el barco maldecido
que se arma con las uñas de los muertos.
Alta será su inconcebible sombra
sobre la tierra pálida en el día
de altos lobos y espléndida agonía
del crepúsculo aquel que no se nombra.
Su imaginaria imagen nos mancilla.
Hacia el alba lo vi en la pesadilla.
"Atlas" (1984)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 606 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
serpiente cosmogónica que encierra,
verde serpiente y verde mar, la tierra,
como ella circular. La boca muerde
la cola que le llega desde lejos,
desde el otro confín. El fuerte anillo
que nos abarca es tempestades, brillo,
sombra y rumor, reflejos de reflejos.
Es también la anfisbena. Eternamente
se miran sin horror los muchos ojos.
Cada cabeza husmea crasamente
los hierros de la guerra y los despojos.
Soñado fue en Islandia. Los abiertos
mares lo han divisado y lo han temido;
volverá con el barco maldecido
que se arma con las uñas de los muertos.
Alta será su inconcebible sombra
sobre la tierra pálida en el día
de altos lobos y espléndida agonía
del crepúsculo aquel que no se nombra.
Su imaginaria imagen nos mancilla.
Hacia el alba lo vi en la pesadilla.
"Atlas" (1984)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 606 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 119
Fernando Pessoa
5 - GOBLIN DANCE
First there was but the moon
And the black‑tramelled trees
In the lunar lagoon
Of the forgotten breeze.
Then some unseen thing stirred
Where the moon‑silence snowed
And a vague whirl unheard
Vacantly tip‑toed.
Slowly, idly, alone,
Beyond the eyes of sight,
Somewhere invisibly shown,
They danced their delight.
Their far vagueness wound
Round the heart a pain,
A phantom fear found
Voluble and vain.
The heart remembered lives
Before loves and homes,
Whose rare memory revives
Only when this dance comes.
A wish for a vague thing soon,
A loosened sense of selves,
A thing in the soul like moon,
Aught in the hopes like elves -
Tip‑toe aerial gliding
Shadow‑lunar blent,
Bending, mingling, hiding,
To and fro they went.
Left and right, belonging
To no place, they swayed.
A low pipe, like longing,
To their dancing played.
There, in the silence dropped
Like a thing on the ground,
Whirled they awhile, then stopped,
Then renewed their round,
Till with their slowing turns
The cold air grows more bare.
Then the mere moonlight returns
And there had been nothing there.
And the black‑tramelled trees
In the lunar lagoon
Of the forgotten breeze.
Then some unseen thing stirred
Where the moon‑silence snowed
And a vague whirl unheard
Vacantly tip‑toed.
Slowly, idly, alone,
Beyond the eyes of sight,
Somewhere invisibly shown,
They danced their delight.
Their far vagueness wound
Round the heart a pain,
A phantom fear found
Voluble and vain.
The heart remembered lives
Before loves and homes,
Whose rare memory revives
Only when this dance comes.
A wish for a vague thing soon,
A loosened sense of selves,
A thing in the soul like moon,
Aught in the hopes like elves -
Tip‑toe aerial gliding
Shadow‑lunar blent,
Bending, mingling, hiding,
To and fro they went.
Left and right, belonging
To no place, they swayed.
A low pipe, like longing,
To their dancing played.
There, in the silence dropped
Like a thing on the ground,
Whirled they awhile, then stopped,
Then renewed their round,
Till with their slowing turns
The cold air grows more bare.
Then the mere moonlight returns
And there had been nothing there.
1 568
Fernando Pessoa
IV - Leva-me longe, meu suspiro fundo.
IV
Leva me longe, meu suspiro fundo,
Além do que deseja e que começa,
Lá muito longe, onde o viver se esqueça
Das formas metafísicas do mundo.
Aí que o meu sentir vago e profundo
O seu lugar exterior conheça,
Aí durma em fim, aí enfim faleça
O cintilar do espírito fecundo.
Aí... mas de que serve imaginar
Regiões onde o sonho é verdadeiro
Ou terras para o ser atormentar?
É elevar demais a aspiração,
E, falhado esse sonho derradeiro,
Encontrar mais vazio o coração.
Leva me longe, meu suspiro fundo,
Além do que deseja e que começa,
Lá muito longe, onde o viver se esqueça
Das formas metafísicas do mundo.
Aí que o meu sentir vago e profundo
O seu lugar exterior conheça,
Aí durma em fim, aí enfim faleça
O cintilar do espírito fecundo.
Aí... mas de que serve imaginar
Regiões onde o sonho é verdadeiro
Ou terras para o ser atormentar?
É elevar demais a aspiração,
E, falhado esse sonho derradeiro,
Encontrar mais vazio o coração.
1 250
Giselda Medeiros
Ventania
No mármore adormecido
finquei estacas do sonho
e poli na pedra bruta
a bruta insensatez do amor.
Refiz a escultura.
Escrevi com sangue
o nome que era efêmero
na efemeridade do momento.
Passou o vento ventando ventania
sobre as estacas fincadas
profundamente.
Pó - nova fuligem de sonhos...
E outros mármores
escandalosamente adormecidos.
finquei estacas do sonho
e poli na pedra bruta
a bruta insensatez do amor.
Refiz a escultura.
Escrevi com sangue
o nome que era efêmero
na efemeridade do momento.
Passou o vento ventando ventania
sobre as estacas fincadas
profundamente.
Pó - nova fuligem de sonhos...
E outros mármores
escandalosamente adormecidos.
889
Jorge Luis Borges
El hilo de la fábula
El hilo que la mano de Ariadne dejó en la mano de Teseo (en la otra estaba la espada) para que éste se ahondara en el laberinto y descubriera el centro, el hombre con cabeza de toro o, como quiere Dante, el toro con cabeza de hombre, y le diera muerte y pudiera, ya ejecutada la proeza, destejer las redes de piedra y volver a ella, a su amor.
Las cosas ocurrieron así. Teseo no podía saber que del otro lado del laberinto estaba el otro laberinto, el de tiempo, y que en algún lugar prefijado estaba Medea.
El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad.
Cnossos, 1984
"Los conjurados" (1985)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 610 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Las cosas ocurrieron así. Teseo no podía saber que del otro lado del laberinto estaba el otro laberinto, el de tiempo, y que en algún lugar prefijado estaba Medea.
El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad.
Cnossos, 1984
"Los conjurados" (1985)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 610 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
3 286
Fernando Pessoa
V - Braços cruzados, sem pensar nem crer.
V
Braços cruzados, sem pensar nem crer,
Fiquemos pois sem mágoas nem desejos.
Deixemos beijos, pois o que são beijos ?
A vida é só o esperar morrer.
Longe da dor e longe do prazer,
Conheçamos no sono os benfazejos
Poderes únicos; sem urzes, brejos,
A sua estrada sabe apetecer.
Coroado de papoilas e trazendo
Artes porque com sono tira sonhos,
Venha Morfeu, que as almas envolvendo,
Faça a felicidade ao mundo vir
Num nada onde sentimo-nos risonhos
Só de sentirmos nada já sentir.
Braços cruzados, sem pensar nem crer,
Fiquemos pois sem mágoas nem desejos.
Deixemos beijos, pois o que são beijos ?
A vida é só o esperar morrer.
Longe da dor e longe do prazer,
Conheçamos no sono os benfazejos
Poderes únicos; sem urzes, brejos,
A sua estrada sabe apetecer.
Coroado de papoilas e trazendo
Artes porque com sono tira sonhos,
Venha Morfeu, que as almas envolvendo,
Faça a felicidade ao mundo vir
Num nada onde sentimo-nos risonhos
Só de sentirmos nada já sentir.
1 337
Fernando Pessoa
POEMA PIAL
Casa Branca — Barreiro a Moita (Silêncio ou estação, à escolha do freguês)
Toda a gente que tem as mãos frias
Deve metê-las dentro das pias.
Pia número UM,
Para quem mexe as orelhas em jejum.
Pia número DOIS,
Para quem bebe bifes de bois.
Pia número TRÊS,
Para quem espirra só meia vez.
Pia número QUATRO,
Para quem manda as ventas ao teatro.
Pia número CINCO,
Para quem come a chave do trinco.
Pia número SEIS,
Para quem se penteia com bolos-reis.
Pia número SETE,
Para quem canta até que o telhado se derrete.
Pia número OITO,
Para quem parte nozes quando é afoito.
Pia número NOVE,
Para quem se parece com uma couve.
Pia número DEZ,
Para quem cola selos nas unhas dos pés.
E, como as mãos já não estão frias,
Tampa nas pias!
Toda a gente que tem as mãos frias
Deve metê-las dentro das pias.
Pia número UM,
Para quem mexe as orelhas em jejum.
Pia número DOIS,
Para quem bebe bifes de bois.
Pia número TRÊS,
Para quem espirra só meia vez.
Pia número QUATRO,
Para quem manda as ventas ao teatro.
Pia número CINCO,
Para quem come a chave do trinco.
Pia número SEIS,
Para quem se penteia com bolos-reis.
Pia número SETE,
Para quem canta até que o telhado se derrete.
Pia número OITO,
Para quem parte nozes quando é afoito.
Pia número NOVE,
Para quem se parece com uma couve.
Pia número DEZ,
Para quem cola selos nas unhas dos pés.
E, como as mãos já não estão frias,
Tampa nas pias!
2 111
Fernando Pessoa
EPIGRAM
«I love my dreams», I said, a winter morn,
To the practical man, and he, in scorn,
Replied: «I am no slave of the Ideal,
But, as all men of sense, I love the Real.»
Poor fool, mistaking all that is and seems!
I love the Real when I love my dreams.
To the practical man, and he, in scorn,
Replied: «I am no slave of the Ideal,
But, as all men of sense, I love the Real.»
Poor fool, mistaking all that is and seems!
I love the Real when I love my dreams.
1 470
Jean-Joseph Rabearivelo
Ler
Não faças ruído, não fales:
vão explorar uma floresta os olhos, o coração
o espírito, os sonhos...
Floresta secreta, porém palpável:
floresta.
Floresta de rumoroso silêncio,
floresta onde se refugiou o pássaro que se prende à laço,
o pássaro que se prende à laço, que faremos cantar
ou que faremos chorar.
Que faremos cantar, que faremos chorar
o lugar de seu nascimento.
Floresta. Pássaro.
Floresta secreta, pássaro oculto
em vossas mãos.
Lire
Ne faites pas de bruit, ne parlez pas:
vont explorer une forêt les yeux, le coeur,
l’espirit, les songes...
Forêt secrète bien que palpable:
forêt.
Forêt bruissant de silence,
forêt où s’est évadé l’oiseau à prendre au piège,
l’oiseau à prendre au piège qu’on fera chanter
ou qu’on fera pleurer.
A qui l’on fera chanter, à qui l’on fera pleurer
le lieu de son éclosion.
Forêt. Oiseau.
Forêt secrète, oiseau caché
dans vos mains.
tradução de Antônio Moura e originais em francês
(incluídos no volumeQuase Sonhos, publicado pela Lumme Editor)
1 248
Judas Isgorogota
Mercador de Escravas
Sonhei que eu era um mercador de escravas
Com tenda armada em Bombaim
E mil peças à vista: — umas eslavas,
Outras, filhas do Nilo e de Pekim;
Umas ebúrneas, de madeixas flavas,
Outras, de ébano vivo de Benin...
E eram de ver-se os cem tapetes raros
Vindos da Pérsia, e as peles de Astrakan,
Por sobre os quais os marajás preclaros
Vinham sentar-se no incontido afã
De, na nudez daqueles corpos claros,
Seus olhos embebedar de glória vã...
Vinham depois os néscios traficantes,
Uns do Mediterrâneo, outros do Sul,
A conduzir, de regiões distantes,
Tudo o que havia sob o céu azul:
Ricas peças de Espanha, delirantes,
E rapinas de Argel e de Estambul...
Enquanto, em meio àquele oceano ardente,
— Seios trementes, colos de cetim,
Ancas de róseos tons, inteiramente,
Cinzeladas espáduas de marfim,
O ouro, quando em mancheia reluzente,
Era mais do que tudo para mim...
Mas, um dia te vi: — eras morena,
Trêmula a voz, angustioso o olhar,
E no róseo da boca, mui pequena,
Feito de dentes lindos, um colar...
E os dois seios tão puros, que era pena
Que lábio humano fosse ali pousar...
E ao fim, voltando a mim, naquele sonho,
Eu, mercador, vi que era tarde já...
E tu te foste, como um sol risonho,
Para o estranho país de um marajá...
E desde então, onde os meus olhos ponho,
Luz que os faça felizes já não há...
E foi assim que, alucinado, um dia
Passei a ser escravo da ilusão
E a minha tenda e o mais que possuía
Abandonei, ao léu, lá no Industão...
É que ao vender-te, mercador, havia
Mercadejado o próprio coração!
Com tenda armada em Bombaim
E mil peças à vista: — umas eslavas,
Outras, filhas do Nilo e de Pekim;
Umas ebúrneas, de madeixas flavas,
Outras, de ébano vivo de Benin...
E eram de ver-se os cem tapetes raros
Vindos da Pérsia, e as peles de Astrakan,
Por sobre os quais os marajás preclaros
Vinham sentar-se no incontido afã
De, na nudez daqueles corpos claros,
Seus olhos embebedar de glória vã...
Vinham depois os néscios traficantes,
Uns do Mediterrâneo, outros do Sul,
A conduzir, de regiões distantes,
Tudo o que havia sob o céu azul:
Ricas peças de Espanha, delirantes,
E rapinas de Argel e de Estambul...
Enquanto, em meio àquele oceano ardente,
— Seios trementes, colos de cetim,
Ancas de róseos tons, inteiramente,
Cinzeladas espáduas de marfim,
O ouro, quando em mancheia reluzente,
Era mais do que tudo para mim...
Mas, um dia te vi: — eras morena,
Trêmula a voz, angustioso o olhar,
E no róseo da boca, mui pequena,
Feito de dentes lindos, um colar...
E os dois seios tão puros, que era pena
Que lábio humano fosse ali pousar...
E ao fim, voltando a mim, naquele sonho,
Eu, mercador, vi que era tarde já...
E tu te foste, como um sol risonho,
Para o estranho país de um marajá...
E desde então, onde os meus olhos ponho,
Luz que os faça felizes já não há...
E foi assim que, alucinado, um dia
Passei a ser escravo da ilusão
E a minha tenda e o mais que possuía
Abandonei, ao léu, lá no Industão...
É que ao vender-te, mercador, havia
Mercadejado o próprio coração!
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