Poemas neste tema
Serenidade e Paz Interior
Fernando Pessoa
Lá fora onde árvores são
Lá fora onde árvores são
O que se mexe a parar
Não vejo nada senão,
Depois das árvores, o mar.
É azul intensamente
Salpicado de luzir,
E tem na onda indolente
Um suspirar de dormir.
Mas nem durmo eu nem o mar,
Ambos nós, no dia brando,
E ele sossega a avançar
E eu não penso e estou pensando.
14/08/1932
O que se mexe a parar
Não vejo nada senão,
Depois das árvores, o mar.
É azul intensamente
Salpicado de luzir,
E tem na onda indolente
Um suspirar de dormir.
Mas nem durmo eu nem o mar,
Ambos nós, no dia brando,
E ele sossega a avançar
E eu não penso e estou pensando.
14/08/1932
5 411
Karl Adolph Gjellerup
El peregrino Kamanita (fragmento)
Mientras el Sublime pronunciaba estas palabras en casa del alfarero de Rajagaha, el peregrino Kamanita despertaba en el paraíso del Oeste.
Envuelto en una túnica roja que, suave y brillante como el pétalo de una flor, caía en pliegues abundantes, se encontró, sentado en sus piernas, sobre una enorme flor de loto del color de su túnica, que flotaba en un gran estanque. Por dondequiera, en la amplia superficie del agua se veían flores de loto rojas, azules y blancas; unas todavía en brote, aunque bastante desarrolladas, pero incontables, abiertas como la suya. Y casi de todas ellas salía una figura humana, cuya vestimenta parecía haber emergido de los pétalos de las flores.
En los márgenes del estanque, en la hierba verde, reían infinitas flores, como si hubieran renacido allí, en figura de flores, todas las piedras preciosas del mundo, conservando su brillo y sus juegos de color transparente, pero cambiando la dura coraza que habían llevado en su existencia terrenal por algo de planta, blanco, flexible y vivo. El aroma que despedían era más fuerte que el de todas las esencias fragantes que pueden encerrarse en un frasco de cristal; pero tenía la frescura del olor de las flores naturales.
De esta atractiva orla de los márgenes, la mirada encantada seguía deslizándose entre árboles altos y de amplias copas con follaje de esmeralda y refulgencias de piedras preciosas, unos aislados, en grupos otros, y otros formando espesos bosques, hasta las graciosas colinas de roca, que unas veces mostraban desnudas sus formas cristalinas, marmóreas y alabastrinas, y otras se cubrían de espesa maleza o aparecían salpicadas de olorosas flores. A lo lejos se veía una cañada en que rocas y bosques se apartaban para dejar paso a un río hermoso, que silenciosamente, como una corriente de luz de estrellas, se vertía en el estanque.
Por sobre todo este paisaje lucía la bóveda de un cielo de un azul intensísimo, y bajo esta cúpula flotaban blancas nubecillas de caprichosas formas, sobre las que se posaban graciosos geniecillos, cuyos instrumentos llenaban el espacio con los sones encantados de deliciosas armonías.
En este cielo no se veía sol alguno; mas tampoco era necesario, pues de las nubecillas y los genios, de rocas y flores, del agua y de las flores de loto, de las vestiduras de los bienaventurados, y más aún de sus rostros, irradiaba una luz maravillosa y dulcísima. Y así como esta luz era de una claridad resplandeciente, sin ser por eso deslumbradora, el tibio calor, saturado de fragancias, era refrescado por la constante brisa que salía del agua, y sólo respirar este aire era un placer al que no hay nada semejante en el mundo.
Envuelto en una túnica roja que, suave y brillante como el pétalo de una flor, caía en pliegues abundantes, se encontró, sentado en sus piernas, sobre una enorme flor de loto del color de su túnica, que flotaba en un gran estanque. Por dondequiera, en la amplia superficie del agua se veían flores de loto rojas, azules y blancas; unas todavía en brote, aunque bastante desarrolladas, pero incontables, abiertas como la suya. Y casi de todas ellas salía una figura humana, cuya vestimenta parecía haber emergido de los pétalos de las flores.
En los márgenes del estanque, en la hierba verde, reían infinitas flores, como si hubieran renacido allí, en figura de flores, todas las piedras preciosas del mundo, conservando su brillo y sus juegos de color transparente, pero cambiando la dura coraza que habían llevado en su existencia terrenal por algo de planta, blanco, flexible y vivo. El aroma que despedían era más fuerte que el de todas las esencias fragantes que pueden encerrarse en un frasco de cristal; pero tenía la frescura del olor de las flores naturales.
De esta atractiva orla de los márgenes, la mirada encantada seguía deslizándose entre árboles altos y de amplias copas con follaje de esmeralda y refulgencias de piedras preciosas, unos aislados, en grupos otros, y otros formando espesos bosques, hasta las graciosas colinas de roca, que unas veces mostraban desnudas sus formas cristalinas, marmóreas y alabastrinas, y otras se cubrían de espesa maleza o aparecían salpicadas de olorosas flores. A lo lejos se veía una cañada en que rocas y bosques se apartaban para dejar paso a un río hermoso, que silenciosamente, como una corriente de luz de estrellas, se vertía en el estanque.
Por sobre todo este paisaje lucía la bóveda de un cielo de un azul intensísimo, y bajo esta cúpula flotaban blancas nubecillas de caprichosas formas, sobre las que se posaban graciosos geniecillos, cuyos instrumentos llenaban el espacio con los sones encantados de deliciosas armonías.
En este cielo no se veía sol alguno; mas tampoco era necesario, pues de las nubecillas y los genios, de rocas y flores, del agua y de las flores de loto, de las vestiduras de los bienaventurados, y más aún de sus rostros, irradiaba una luz maravillosa y dulcísima. Y así como esta luz era de una claridad resplandeciente, sin ser por eso deslumbradora, el tibio calor, saturado de fragancias, era refrescado por la constante brisa que salía del agua, y sólo respirar este aire era un placer al que no hay nada semejante en el mundo.
829
Fernando Pessoa
Se há arte ou ciência para ler a sina
Se há arte ou ciência para ler a sina
A que em nós o Destino faz de nós,
Dá-me que eu a não saiba e que, indivina,
Me corra a vida vagamente e a sós.
Que quero eu do futuro que não tenho?
Que me pesa hoje, ou alegra, o que serei?
Sei, por lembrar, de que passado venho,
E, onde hoje estou, incertamente sei.
O mais, o que o futuro me dará,
Deixo a quem dê e à forma como o der.
Basta a sombra que esta árvore me dá
E a sensação de nada mais querer.
13/09/1934
A que em nós o Destino faz de nós,
Dá-me que eu a não saiba e que, indivina,
Me corra a vida vagamente e a sós.
Que quero eu do futuro que não tenho?
Que me pesa hoje, ou alegra, o que serei?
Sei, por lembrar, de que passado venho,
E, onde hoje estou, incertamente sei.
O mais, o que o futuro me dará,
Deixo a quem dê e à forma como o der.
Basta a sombra que esta árvore me dá
E a sensação de nada mais querer.
13/09/1934
4 102
Fernando Pessoa
Onde quer que o arado o seu traço consiga
Onde quer que o arado o seu traço consiga
E onde a fonte, correndo, com a sua água siga
O caminho que, justo, as calhas lhe darão,
Aí, porque há a paz, está meu coração.
Bem sei que o som do mar vem de além dos outeiros
E que do seu bom som os ímpetos primeiros
Turvam de ser diverso o natural da hora,
Quando o campo a não ouve e a solidão a ignora.
Mas qualquer coisa falsa desce e se insinua
Nos anos que são vestígios sob a Lua.
05/08/1934
E onde a fonte, correndo, com a sua água siga
O caminho que, justo, as calhas lhe darão,
Aí, porque há a paz, está meu coração.
Bem sei que o som do mar vem de além dos outeiros
E que do seu bom som os ímpetos primeiros
Turvam de ser diverso o natural da hora,
Quando o campo a não ouve e a solidão a ignora.
Mas qualquer coisa falsa desce e se insinua
Nos anos que são vestígios sob a Lua.
05/08/1934
4 080
Tomas Tranströmer
Allegro
Toco Haydn depois de um dia negro
e sinto um calor simples nas mãos.
O teclado está ansioso. Os martelos soam temperados.
O som é verde, vivíssimo, tranquilo.
O som diz que a liberdade existe,
que alguém não paga o imposto de César.
Meto as mãos nos meus bolsos de Haydn
e finjo deitar um olhar frio ao mundo.
Faço içar a bandeira de Haydn – ela indica:
“Não nos renderemos. Mas queremos paz.”
A música é uma casa de vidro na encosta
onde voam pedras, se quebram pedras.
E as pedras quebram-se pelos vidros adentro
mas a casa continua de pé, inteira.
e sinto um calor simples nas mãos.
O teclado está ansioso. Os martelos soam temperados.
O som é verde, vivíssimo, tranquilo.
O som diz que a liberdade existe,
que alguém não paga o imposto de César.
Meto as mãos nos meus bolsos de Haydn
e finjo deitar um olhar frio ao mundo.
Faço içar a bandeira de Haydn – ela indica:
“Não nos renderemos. Mas queremos paz.”
A música é uma casa de vidro na encosta
onde voam pedras, se quebram pedras.
E as pedras quebram-se pelos vidros adentro
mas a casa continua de pé, inteira.
691
Alonso Álvares Lopes
Haicai
Silêncio.
O passeio das nuvens
E mais nenhum pio
A noite sorri.
Lua crescente
Nos olhos do guri
O passeio das nuvens
E mais nenhum pio
A noite sorri.
Lua crescente
Nos olhos do guri
1 077
Fernando Echevarría
Qualquer Coisa de Paz
Qualquer coisa de paz. Talvez somente
a maneira de a luz a concentrar
no volume, que a deixa, inteira, assente
na gravidade interior de estar.
Qualquer coisa de paz. Ou, simplesmente,
uma ausência de si, quase lunar,
que iluminasse o peso. E a corrente
de estar por dentro do peso a gravitar.
Ou planalto de vento. Milenária
semeadura de meditação
expondo à intempérie a sua área
de esquecimento. Aonde a solidão,
a pesar sobre si, quase que arruína
a luz da fronte onde a atenção domina.
a maneira de a luz a concentrar
no volume, que a deixa, inteira, assente
na gravidade interior de estar.
Qualquer coisa de paz. Ou, simplesmente,
uma ausência de si, quase lunar,
que iluminasse o peso. E a corrente
de estar por dentro do peso a gravitar.
Ou planalto de vento. Milenária
semeadura de meditação
expondo à intempérie a sua área
de esquecimento. Aonde a solidão,
a pesar sobre si, quase que arruína
a luz da fronte onde a atenção domina.
639
Fernando Guimarães
Poema
Vem esconder dentro de mim,
onde o teu ser a medo principia,
a longa curva sem rosto ou fim
de uma harmonia
que não escutes mas
fique suspensa como uma fonte:
— desenho nu feito das
linhas da tarde e do horizonte…
onde o teu ser a medo principia,
a longa curva sem rosto ou fim
de uma harmonia
que não escutes mas
fique suspensa como uma fonte:
— desenho nu feito das
linhas da tarde e do horizonte…
893
Renier Dias Pereira
Muca
Muca
Monstro perdido na noite
da vida eterna sem caos
em sua tradução aprende-se
a viver como um sorriso
Um sonho na alma ingênua
reflete todo significado
que transcende a imaginação
e faz feliz uma multidão.
Uma vida-emoção que atiça
o coração-calor nas entre-
linhas de um sentimento-amor.
Num rebolar gracioso, transmite
paz, que envolve todos num
grandissíssimo soneto.
Monstro perdido na noite
da vida eterna sem caos
em sua tradução aprende-se
a viver como um sorriso
Um sonho na alma ingênua
reflete todo significado
que transcende a imaginação
e faz feliz uma multidão.
Uma vida-emoção que atiça
o coração-calor nas entre-
linhas de um sentimento-amor.
Num rebolar gracioso, transmite
paz, que envolve todos num
grandissíssimo soneto.
921
Murillo Mendes
Vermeer de Delft
É manhã no copo:
Tempo de decifrar o mapa
Com seus amarelos e azuis,
De abrir as cortinas – o sol frio nasce
Nos ladrilhos silenciosos –,
De ler uma carta perturbadora
Que veio pela galera da China:
Até que a lição do cravo
Através de seus cristais
Restitui a inocência.
Tempo de decifrar o mapa
Com seus amarelos e azuis,
De abrir as cortinas – o sol frio nasce
Nos ladrilhos silenciosos –,
De ler uma carta perturbadora
Que veio pela galera da China:
Até que a lição do cravo
Através de seus cristais
Restitui a inocência.
1 109
Neide Archanjo
Noite adentro
Noite adentro
olhos ancorados em Deus
dormem os animais
as crianças as plantas
Ninguém mais.
olhos ancorados em Deus
dormem os animais
as crianças as plantas
Ninguém mais.
1 182
Carla Bianca
Lembrança
Guardo a saudade no fundo da goela. Lá coloco sentimentos como se fossem drágeas a serem engolidas. Procuro um copo d’água para desentalar a saudade.
Molhada a goela, sinto a saudade transformar-se em lembrança. O peito descansa de esperar por alguém que não tem paradeiro.
As lembranças são preciosidades que não fazem sofrer. Lindas molduras, de momentos vividos.
Agora viajo no tempo repassando as venturas que tive com o amor. Os rostos parecem sorrir, transcendendo as dúvidas que antes marcavam suas testas e expressões. Eles são lembranças, deixaram de ser saudades.
Observo mais atentamente e avisto o teu rosto na galeria das emoções. Ele tem agora um sorriso plácido, tranqüilo, de pessoa em paz, com a vida, este pedaço de energia que não possui tempo certo e viaja na memória dos contemporâneos de sua passagem.
Tua lembrança pertence à nobre seção do afeto e apraz contemplar figura que tanto ensinou e agora diz que devo procurar outro mestre.
Molhada a goela, sinto a saudade transformar-se em lembrança. O peito descansa de esperar por alguém que não tem paradeiro.
As lembranças são preciosidades que não fazem sofrer. Lindas molduras, de momentos vividos.
Agora viajo no tempo repassando as venturas que tive com o amor. Os rostos parecem sorrir, transcendendo as dúvidas que antes marcavam suas testas e expressões. Eles são lembranças, deixaram de ser saudades.
Observo mais atentamente e avisto o teu rosto na galeria das emoções. Ele tem agora um sorriso plácido, tranqüilo, de pessoa em paz, com a vida, este pedaço de energia que não possui tempo certo e viaja na memória dos contemporâneos de sua passagem.
Tua lembrança pertence à nobre seção do afeto e apraz contemplar figura que tanto ensinou e agora diz que devo procurar outro mestre.
929
Pablo Neruda
Manhã - XXIII
Foi luz o fogo e pão a lua rancorosa,
o jasmim duplicou seu estrelado segredo,
e do terrível amor as suaves mãos puras
deram paz a meus olhos e sol a meus sentidos.
Oh amor, como de repente, dos rasgos
fizeste o edifício da doce firmeza,
derrotaste as unhas malignas e zelosas
e hoje diante do mundo somos como uma só vida.
Assim foi, assim é e assim será até quando,
selvagem e doce amor, bem-amada Matilde,
o tempo nos assinale a flor final do dia.
Sem ti, sem mim, sem luz já não seremos:
então mais além da terra e a sombra
o resplendor de nosso amor seguirá vivo.
o jasmim duplicou seu estrelado segredo,
e do terrível amor as suaves mãos puras
deram paz a meus olhos e sol a meus sentidos.
Oh amor, como de repente, dos rasgos
fizeste o edifício da doce firmeza,
derrotaste as unhas malignas e zelosas
e hoje diante do mundo somos como uma só vida.
Assim foi, assim é e assim será até quando,
selvagem e doce amor, bem-amada Matilde,
o tempo nos assinale a flor final do dia.
Sem ti, sem mim, sem luz já não seremos:
então mais além da terra e a sombra
o resplendor de nosso amor seguirá vivo.
1 149
Dílson Catarino
Poema Imortal
Minha vida nada possui de vazio
Conheço o silêncio da solidão
O indestrutível silêncio do exílio.
Meus olhos cruzam campinas silentes
O belo encrostando-se
nas imagens que criei
lúcidas
jamais mortas ou recortadas
límpidas
Sinto que fluem para a verdade.
As imagens contempladas dos gestos
constroem prazeres
Não espero nada
que ainda volte de um poço sem fundo.
Quero respirar a poesia sem outra dor
Sem visões de falsa paz.
Mesmo que o tédio amargure séculos
Viverei o reverso libertado da morte
sem nada deixar sofrer.
Conheço o silêncio da solidão
O indestrutível silêncio do exílio.
Meus olhos cruzam campinas silentes
O belo encrostando-se
nas imagens que criei
lúcidas
jamais mortas ou recortadas
límpidas
Sinto que fluem para a verdade.
As imagens contempladas dos gestos
constroem prazeres
Não espero nada
que ainda volte de um poço sem fundo.
Quero respirar a poesia sem outra dor
Sem visões de falsa paz.
Mesmo que o tédio amargure séculos
Viverei o reverso libertado da morte
sem nada deixar sofrer.
1 091
Paulo Leminski
Não Discuto
não discuto
com o destino
o que pintar
eu assino
com o destino
o que pintar
eu assino
5 073
Augusto Frederico Schmidt
Pequena Igreja
Eu queria louvar-te, pequena e humilde igreja
Desta cidadezinha que está morrendo.
Eu queria agradecer-te a compreensão que me deste
Das coisas humildes e eternas.
Eu queria saber cantar a tua tranqüilidade
E a tua pura beleza,
Ó igreja da roça, adormecida diante do jardim cheio de rosas!
Ó pequena casa de Jesus Cristo, irmã das outras casas solenes
[e graves.
Escondida e modesta, com as tuas torres e os teus sinos
Que sabem encher o ar matinal com um tão doce apelo,
E no instante vesperal lembram que é hora de dormir para a
[grande família dos passarinhos inquietos,
Dos passarinhos que tumultuam o pobre jardim cheio de flores!
Publicado no livro Estrela solitária (1940).
In: SCHMIDT, Augusto Frederico. Poesias completas, 1928/1955. Rio de Janeiro: J. Olympio, 195
Desta cidadezinha que está morrendo.
Eu queria agradecer-te a compreensão que me deste
Das coisas humildes e eternas.
Eu queria saber cantar a tua tranqüilidade
E a tua pura beleza,
Ó igreja da roça, adormecida diante do jardim cheio de rosas!
Ó pequena casa de Jesus Cristo, irmã das outras casas solenes
[e graves.
Escondida e modesta, com as tuas torres e os teus sinos
Que sabem encher o ar matinal com um tão doce apelo,
E no instante vesperal lembram que é hora de dormir para a
[grande família dos passarinhos inquietos,
Dos passarinhos que tumultuam o pobre jardim cheio de flores!
Publicado no livro Estrela solitária (1940).
In: SCHMIDT, Augusto Frederico. Poesias completas, 1928/1955. Rio de Janeiro: J. Olympio, 195
1 476
Sousa Caldas
Salmo XXII [O meu DEUS é minha guia
Dominus regit me...
1.
O meu DEUS é minha guia,
Tenho tudo de abundância;
A mais suave fragrância,
Verde e fresca amenidade,
É dos prados companhia,
Onde assentou minha herdade;
Com perene fonte a rega,
Me conforta, me sossega.
2.
Por mostrar seu braço forte,
A minha alma iluminando
Sempre fui meus pés firmando
Da justiça pela estrada;
Em vão me acomete a morte
De densas sombras cercada.
Sem temor, ó DEUS, a vejo;
Pois ao lado teu forcejo.
3.
O cajado, e a lisa vara
Com que sempre me regeste,
Ao voraz lobo que investe
Vigorosa fere, e mata:
E contra a coorte amara
Que me segue e me maltrata,
A meus olhos preparaste
Pingue mesa, e me esforçaste.
4.
Mil perfumes sobre a frente
Me espargiste, generoso;
E como é delicioso
O cáli com que me abrandas
Minha sede impaciente!
Ah! benignas sempre e brandas
Tuas mostras de piedade
Me sigam em toda a idade.
5.
Sim, meu DEUS, serás piedoso
Com teu servo, e longamente
Té que eu possa eternamente,
Roto o véu que me circunda,
Ver teu rosto glorioso;
Oxalá serena e munda
Já minha alma, leda entrasse
No teu paço, e te gozasse!
In: CALDAS, Sousa. Obras poéticas: salmos de Davi vertidos em ritmo português. Org. pref. e notas Francisco de Borja Garção-Stockler. Paris: Of. de P. N. Rougeron, 1820. v.
1.
O meu DEUS é minha guia,
Tenho tudo de abundância;
A mais suave fragrância,
Verde e fresca amenidade,
É dos prados companhia,
Onde assentou minha herdade;
Com perene fonte a rega,
Me conforta, me sossega.
2.
Por mostrar seu braço forte,
A minha alma iluminando
Sempre fui meus pés firmando
Da justiça pela estrada;
Em vão me acomete a morte
De densas sombras cercada.
Sem temor, ó DEUS, a vejo;
Pois ao lado teu forcejo.
3.
O cajado, e a lisa vara
Com que sempre me regeste,
Ao voraz lobo que investe
Vigorosa fere, e mata:
E contra a coorte amara
Que me segue e me maltrata,
A meus olhos preparaste
Pingue mesa, e me esforçaste.
4.
Mil perfumes sobre a frente
Me espargiste, generoso;
E como é delicioso
O cáli com que me abrandas
Minha sede impaciente!
Ah! benignas sempre e brandas
Tuas mostras de piedade
Me sigam em toda a idade.
5.
Sim, meu DEUS, serás piedoso
Com teu servo, e longamente
Té que eu possa eternamente,
Roto o véu que me circunda,
Ver teu rosto glorioso;
Oxalá serena e munda
Já minha alma, leda entrasse
No teu paço, e te gozasse!
In: CALDAS, Sousa. Obras poéticas: salmos de Davi vertidos em ritmo português. Org. pref. e notas Francisco de Borja Garção-Stockler. Paris: Of. de P. N. Rougeron, 1820. v.
1 061
Machado de Assis
Musa Consolatrix
Que a mão do tempo e o hálito dos homens
Murchem a flor das ilusões da vida,
Musa consoladora,
É no teu seio amigo e sossegado
Que o poeta respira o suave sono.
Não há, não há contigo,
Nem dor aguda, nem sombrios ermos;
Da tua voz os namorados cantos
Enchem, povoam tudo
De íntima paz, de vida e de conforto.
Ante esta voz que as dores adormece,
E muda o agudo espinho em flor cheirosa,
Que vales tu, desilusão dos homens?
Tu que podes, ó tempo?
A alma triste do poeta sobrenada
À enchente das angústias,
E, afrontando o rugido da tormenta,
Passa cantando, alcíone divina.
Musa consoladora,
Quando da minha fronte de mancebo
A última ilusão cair, bem como
Folha amarela e seca
Que ao chão atira a viração do outono,
Ah! no teu seio amigo
Acolhe-me, — e haverá minha alma aflita,
Em vez de algumas ilusões que teve,
A paz, o último bem, último e puro!
Publicado no livro Crisálida: poesias (1864).
In: ASSIS, Machado de. Obra completa. Org. Afrânio Coutinho. Rio de Janeiro: Nova Aguilar, 1994. v.3, p.19. (Biblioteca luso-brasileira. Série brasileira
Murchem a flor das ilusões da vida,
Musa consoladora,
É no teu seio amigo e sossegado
Que o poeta respira o suave sono.
Não há, não há contigo,
Nem dor aguda, nem sombrios ermos;
Da tua voz os namorados cantos
Enchem, povoam tudo
De íntima paz, de vida e de conforto.
Ante esta voz que as dores adormece,
E muda o agudo espinho em flor cheirosa,
Que vales tu, desilusão dos homens?
Tu que podes, ó tempo?
A alma triste do poeta sobrenada
À enchente das angústias,
E, afrontando o rugido da tormenta,
Passa cantando, alcíone divina.
Musa consoladora,
Quando da minha fronte de mancebo
A última ilusão cair, bem como
Folha amarela e seca
Que ao chão atira a viração do outono,
Ah! no teu seio amigo
Acolhe-me, — e haverá minha alma aflita,
Em vez de algumas ilusões que teve,
A paz, o último bem, último e puro!
Publicado no livro Crisálida: poesias (1864).
In: ASSIS, Machado de. Obra completa. Org. Afrânio Coutinho. Rio de Janeiro: Nova Aguilar, 1994. v.3, p.19. (Biblioteca luso-brasileira. Série brasileira
1 525
Sophia de Mello Breyner Andresen
Eis Aqui o País da Imanência Sem Mácula
Eis aqui o país da imanência sem mácula
O reino que te reúne
Sob o rumor de folhagem que há nos deuses
O reino que te reúne
Sob o rumor de folhagem que há nos deuses
2 015
Humberto Fialho Guedes
Contemplação da Aurora
Deixar-se estar. Quedar imóvel.
Por entre as mãos por entre os gestos
invisíveis no tecer as cores
formas e objetos compondo panoramas.
Deixar-se estar. Os olhos mansos
(derramado olhar banhando muros)
amanhecendo em concreção de pedra e limo;
o cais solene vai barrando águas
em postura de silêncio e longa espera.
Deixar-se estar. E as mãos
amaciando gestos revolvendo sonhos
na modulação do instante percebido
pelos rostos e corações em muda contemplação.
Deixar-se estar. Enquanto
(vivazes e esquivas) gaivotas brancas
sobrevoam ilhas; e o mar azul
(traçado em vagas e horizontes)
derrama nas praias restos de vento.
Deixar-se estar. Quedar imóvel.
Para que nem um pensamento (fímbria de luz)
perturbe o enovelar-se que há no vôo
marítimo das ondas convertido em salto.
Deixar-se estar.
Contemplando os objetos esquecidos
( limitadas formas de extensão exata)
com amor de quem os tem como encontrados
depois de longa busca após os ter perdido.
(Velhos remos lembram velhos braços
ancorados ao velho porto do esquecimento;
contariam velhas estórias se pudessem
ser ouvidos em silêncio e muita fé)
Contemplando os objetos esquecidos:
barcos lemes búzios quilhas
velas e mastros tombados ao som dos ventos.
E enquanto o instante se consome lento
na floração de formas colorindo espaços
derramados sons revelam idos
e anunciam no tempo o que se aguarda:
ao longe se divisa e vão surgindo
corcéis de espuma patinando águas
desfazendo brumas semeando cravos
(brancos e breves) que se vão abrindo
em jorros de luz: cristais da aurora.
Por entre as mãos por entre os gestos
invisíveis no tecer as cores
formas e objetos compondo panoramas.
Deixar-se estar. Os olhos mansos
(derramado olhar banhando muros)
amanhecendo em concreção de pedra e limo;
o cais solene vai barrando águas
em postura de silêncio e longa espera.
Deixar-se estar. E as mãos
amaciando gestos revolvendo sonhos
na modulação do instante percebido
pelos rostos e corações em muda contemplação.
Deixar-se estar. Enquanto
(vivazes e esquivas) gaivotas brancas
sobrevoam ilhas; e o mar azul
(traçado em vagas e horizontes)
derrama nas praias restos de vento.
Deixar-se estar. Quedar imóvel.
Para que nem um pensamento (fímbria de luz)
perturbe o enovelar-se que há no vôo
marítimo das ondas convertido em salto.
Deixar-se estar.
Contemplando os objetos esquecidos
( limitadas formas de extensão exata)
com amor de quem os tem como encontrados
depois de longa busca após os ter perdido.
(Velhos remos lembram velhos braços
ancorados ao velho porto do esquecimento;
contariam velhas estórias se pudessem
ser ouvidos em silêncio e muita fé)
Contemplando os objetos esquecidos:
barcos lemes búzios quilhas
velas e mastros tombados ao som dos ventos.
E enquanto o instante se consome lento
na floração de formas colorindo espaços
derramados sons revelam idos
e anunciam no tempo o que se aguarda:
ao longe se divisa e vão surgindo
corcéis de espuma patinando águas
desfazendo brumas semeando cravos
(brancos e breves) que se vão abrindo
em jorros de luz: cristais da aurora.
867
Iron Alves
Narciso
Vejo céus debaixo dos lençóis
outra esfera e uma esfera após a outra
depois do amor a voz é rouca
navegando ao largo dos faróis
Depois de saciada a fome
o tempo nos empresta novos olhos
torna belo nossos traços falhos
e finalmente a ansiedade dorme
Portanto tudo tem razão
lá fora neva de tanto sol
para que desabrigar-se então
A cor latina da ilusão sensual
frutifica em langor brutal
como as plantas protegidas no hall
outra esfera e uma esfera após a outra
depois do amor a voz é rouca
navegando ao largo dos faróis
Depois de saciada a fome
o tempo nos empresta novos olhos
torna belo nossos traços falhos
e finalmente a ansiedade dorme
Portanto tudo tem razão
lá fora neva de tanto sol
para que desabrigar-se então
A cor latina da ilusão sensual
frutifica em langor brutal
como as plantas protegidas no hall
780
Edgar Allan Poe
To
Sleep on, sleep on, another hour —
I would not break so calm a sleep,
To wake to sunshine and to show'r,
To smile and weep.
Sleep on, sleep on, like sculptured thing,
Majestic, beautiful art thou;
Sure seraph shields thee with his wing
And fans thy brow —
We would not deem thee child of earth,
For, O, angelic, is thy form!
But, that in heav'n thou had'st thy birth,
Where comes no storm
To mar the bright, the perfect flow'r,
But all is beautiful and still —
And golden sands proclaim the hour
Which brings no ill.
Sleep on, sleep on, some fairy dream
Perchance is woven in thy sleep —
But, O, thy spirit, calm, serene,
Must wake to weep.
Tamerlane
1833
I would not break so calm a sleep,
To wake to sunshine and to show'r,
To smile and weep.
Sleep on, sleep on, like sculptured thing,
Majestic, beautiful art thou;
Sure seraph shields thee with his wing
And fans thy brow —
We would not deem thee child of earth,
For, O, angelic, is thy form!
But, that in heav'n thou had'st thy birth,
Where comes no storm
To mar the bright, the perfect flow'r,
But all is beautiful and still —
And golden sands proclaim the hour
Which brings no ill.
Sleep on, sleep on, some fairy dream
Perchance is woven in thy sleep —
But, O, thy spirit, calm, serene,
Must wake to weep.
Tamerlane
1833
1 095
Murillo Mendes
Meditação de Agrigento
Quem nos domara a força vã,
quem nos sufocara o instinto
Para permanecermos
Em conformidade à linha do céu,
A estas colunas perenes,
Ao oculto mar lá embaixo.
Quem nos transformara em folha
Ou no súbito lagarto
Que se esgueira sob tuas pedras,
Templo F, sereno templo F,
Arquitetura de reserva e paz.
Transformar-se ou não, eis o problema.
Durar na zona limite da memória,
Nos limbos da vontade,
Ou submeter a pedra, cumprir o ofício rude,
Aprender do lavrador e do soldado.
Qual a forma do poeta? Qual seu rito?
Qual sua arquitetura?
Mudo, entre capitéis e cactos
Subsiste o oráculo.
A manhã doura a pedra e vagos nomes,
Agrigento me contempla, e vou-me.
quem nos sufocara o instinto
Para permanecermos
Em conformidade à linha do céu,
A estas colunas perenes,
Ao oculto mar lá embaixo.
Quem nos transformara em folha
Ou no súbito lagarto
Que se esgueira sob tuas pedras,
Templo F, sereno templo F,
Arquitetura de reserva e paz.
Transformar-se ou não, eis o problema.
Durar na zona limite da memória,
Nos limbos da vontade,
Ou submeter a pedra, cumprir o ofício rude,
Aprender do lavrador e do soldado.
Qual a forma do poeta? Qual seu rito?
Qual sua arquitetura?
Mudo, entre capitéis e cactos
Subsiste o oráculo.
A manhã doura a pedra e vagos nomes,
Agrigento me contempla, e vou-me.
679
Carvalho Aranha
Vigília
No meu retiro, agora, as lágrimas benditas
De minha santa mãe, pranto mudado em rosas,
Pelas manhãs de sol e nas manhãs brumosas
Hão de, lestas, cair. Alma, por que te agitas?
A paz, a grande paz das coisas silenciosas,
Nostalgias do Além e as curvas infinitas
Do Nirvana fatal em que, sábio, meditas,
Surgem, aos olhos meus, do véu das nebulosas.
Voa um mocho, a chilrar, e a maldição noturna
Do vento ao ciprestal a ramaria esgalha,
Vai rolando a gemer, crebra, de furna em furna;
Enquanto, a palpitar, núcleos de mundos, pelas
Estradas siderais, da luz náurea mortalha,
Giram os eternos sóis e as trêmulas estrelas!
De minha santa mãe, pranto mudado em rosas,
Pelas manhãs de sol e nas manhãs brumosas
Hão de, lestas, cair. Alma, por que te agitas?
A paz, a grande paz das coisas silenciosas,
Nostalgias do Além e as curvas infinitas
Do Nirvana fatal em que, sábio, meditas,
Surgem, aos olhos meus, do véu das nebulosas.
Voa um mocho, a chilrar, e a maldição noturna
Do vento ao ciprestal a ramaria esgalha,
Vai rolando a gemer, crebra, de furna em furna;
Enquanto, a palpitar, núcleos de mundos, pelas
Estradas siderais, da luz náurea mortalha,
Giram os eternos sóis e as trêmulas estrelas!
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