Sabedoria
António Maria Lisboa
Que Pensar destes Poemas
Que pensar destes poemas: mundo sem classificações, esquemas, meios diversos e opostos de ser e conhecer, de se comportar e fazer comportar, de amar e ser amado, pulverizando as escalas, aparências, arbitrariedades dialécticas do Bem e do Mal, da sua reversibilidade, da sua interconexão? - Porque funde num só corpo: porque contém a Lei e contém o que destrói a Lei, é o Paradoxo a forma do Saber Oculto.
Carlos Drummond de Andrade
Mestre
não foi, não foi perdido para mim.
Muito aprendi contigo: a vida é um verso
sem sentido talvez, mas com que música!
Maurício Batarce
Passos Temporais
Deve ser regada de mundo.
Os sonhos devem buscar
As grandes distâncias
E os olhos devem estar ligados
À verdade.
Na verdadeira vida vivida
Tudo funciona em harmonia.
A procura de nossas origens
Faz parte dela
E o passado serve como ponte
Para o que somos.
A verdadeira vida vivida
Nos transmite a voz da maturidade,
Demonstrando nosso presente a cada instante.
Nessa verdade, quando menos se espera,
O tempo já se foi.
O homem que é preso ao relógio
Leva rasteiras em sua verdadeira vida vivida.
Cada passo do ponteiro
É uma eternidade a menos
E o começo de uma nova eternidade.
Na verdadeira vida vivida
Escutamos o caminhar para o futuro
E aos poucos chegamos ao infinito.
As verdadeiras vidas vividas
Nada mais são do que
Verdadeiros passos temporais...
Sophia de Mello Breyner Andresen
Serenamente Sem Tocar Nos Ecos
Ergue a tua voz
E conduz cada palavra
Pelo estreito caminho.
Vive com a memória exacta
De todos os desastres
Aos deuses não perdoes os naufrágios
Nem a divisão cruel dos teus membros.
No dia puro procura um rosto puro
Um rosto voluntário que apesar
Do tempo dos suplícios e dos nojos
Enfrente a imagem límpida do mar.
Almandrade
V
sob meus pés
infinito como a língua
rebelde
uma cidade
na inmensidão da fala
sábios em silêncio
escutando a melodia
de um inseto
e o sopro do mar.
Ada Ciocci
Ode à palavra
a essência de tua fortaleza,
já que és do cosmo absoluto
e
da troca de idéias entre os homens,
o fundamento.
E, ainda que,
bastando-se,
e,
infinitamente sendo tu,
realidade,
verdade,
ciência,
alma,
corpo,
dogma,
mito,
e,
não tendo infinito,
ocupas lugar primeiro,
na VIDA
Jorge Luis Borges
A mi padre
la carne y la gran alma. Tú quisiste
entrar en la otra sombra sin la triste
plegaria del medroso y del doliente.
Te hemos visto morir con el tranquilo
ánimo de tu padre ante las balas.
La guerra no te dio su ímpetu de alas,
la torpe parca fue cortando el hilo.
Te hemos visto morir sonriente y ciego.
Nada esperabas ver del otro lado,
pero tu sombra acaso ha divisado
los arquetipos últimos que el griego
soñó y que me explicabas. Nadie sabe
de qué mañana el mármol es la llave.
"La moneda de hierro" (1975)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 453 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
The unending rose
Persia miró desde sus alminares
la invasión de las lanzas del desierto
y Attar de Nishapur miró una rosa
y le dijo con tácita palabra
como el que piensa, no como el que reza:
Tu vaga esfera está en mi mano. El tiempo
nos encorva a los dos y nos ignora
en esta tarde de un jardín perdido.
Tu leve peso es húmedo en el aire.
La incesante pleamar de tu fragancia
sube a mi vieja cara que declina
pero te sé más lejos que aquel niño
que te entrevió en las láminas de un sueño
o aquí en este jardín, una mañana.
La blancura del sol puede ser tuya
o el oro de la luna o la bermeja
firmeza de la espada en la victoria.
Soy ciego y nada sé, pero preveo
que son más los caminos. Cada cosa
es infinitas cosas. Eres música,
firmamentos, palacios, ríos, ángeles,
rosa profunda, ilimitada, íntima,
que el Señor mostrará a mis ojos muertos.
"La rosa profunda" (1975)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 428 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
El ingenuo
capaces de torcer la más terca fortuna;
hay pisadas humanas que han medido la luna
y el insomnio devasta los años y las millas.
En el azul acechan públicas pesadillas
que entenebran el día. No hay en el orbe una
cosa que no sea otra, o contraria, o ninguna.
A mí sólo me inquietan las sorpresas sencillas.
Me asombra que una llave pueda abrir una puerta,
me asombra que mi mano sea una cosa cierta,
me asombra que del griego la eleática saeta
instantánea no alcance la inalcanzable meta,
me asombra que la espada cruel pueda ser hermosa,
y que la rosa tenga el olor de la rosa.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 449 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Isabel Câmara
Ilógica
é a Bigorna que o modifica
Fernando Pessoa
Dois é o prazer: gozar e o gozá-lo.
Ao néscio elege o parvo, o sábio ao outro.
E o igual fado é diverso.
Na taça que ergo, ondeio, e vejo, as bolhas
Incluo no que sinto, e ao beber
Mais puro está no gosto.
Fernando Pessoa
Sê lanterna, sê luz com vidro em torno,
Porém o calor guarda.
Não poderão os ventos opressivos
Apagar tua luz;
Nem teu calor, disperso, irá ser frio
No inútil infinito.
Fernando Pessoa
O anel dado ao mendigo é injúria, e a sorte
Dada a quem pensa é infâmia, que quem pensa —
Quer verdade, e não sorte.
Como um mendigo a quem é dado o nome
De rei, não come dele, mas do prato
Do rei, minha esperança
Da razão que lia em tê-la se alimenta
E não do que deseja.
Fernando Pessoa
Concentra-te, e serás sereno e forte;
Mas concentra-te fora de ti mesmo.
Não sê mais para ti que o pedestal
No qual ergas a estátua do teu ser.
Tudo mais empobrece, porque é pobre.
Carlos Drummond de Andrade
Como Encarar a Morte
Quatro bem-te-vis levam nos bicos
o batel de ouro e lápis-lazúli,
e pousando-o sobre uma acácia
cantam o canto costumeiro.
O barco lá fica banhado
de brisa aveludada, açúcar,
e os bem-te-vis, já esquecidos
de perpassar, dormem no espaço.
A meia distância
Claridade infusa na sombra,
treva implícita na claridade?
Quem ousa dizer o que viu,
se não viu a não ser em sonho?
Mas insones tornamos a vê-lo
e um vago arrepio vara
a mais íntima pele do homem.
A superfície jaz tranquila.
De lado
Sente-se já, não a figura,
passos na areia, pés incertos,
avançando e deixando ver
um certo código de sandálias.
Salvo rosto ou contorno explícito,
como saber que nos procura
o viajante sem identidade?
Algum ponto em nós se recusa.
De dentro
Agora não se esconde mais.
Apresenta-se, corpo inteiro,
se merece nome de corpo
o gás de um estado indefinível.
Seu interior mostra-se aberto.
Promete riquezas, prêmios,
mas eis que falta curiosidade,
e todo ferrão de desejo.
Sem vista
Singular, sentir não sentindo
ou sentimento inexpresso
de si mesmo, em vaso coberto
de resina e lótus e sons.
Nem viajar nem estar quedo
em lugar algum do mundo, só
o não saber que afinal se sabe
e, mais sabido, mais se ignora.
Jorge Luis Borges
Junio, 1968
o en una serenidad cuyo símbolo
podría ser la tarde de oro,
el hombre dispone los libros
en los anaqueles que aguardan
y siente el pergamino, el cuero, la tela
y el agrado que dan
la previsión de un hábito
y el establecimiento de un orden.
Stevenson y el otro escocés, Andrew Lang,
reanudarán aquí, de manera mágica,
la lenta discusión que interrumpieron
los mares y la muerte
y a Reyes no le desagradará ciertamente
la cercanía de Virgilio.
(Ordenar bibliotecas es ejercer,
de un modo silencioso y modesto,
el arte de la crítica.)
El hombre, que está ciego.
sabe que ya no podrá descifrar
los hermosos volúmenes que maneja
y que no le ayudarán a escribir
el libro que lo justificará ante los otros,
pero en la tarde que es acaso de oro
sonríe ante el curioso destino
y siente esa felicidad peculiar
de las viejas cosas queridas.
"Elogio de la sombra" (1969)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 315| Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
El guardián de los libros
la recta música y las rectas palabras,
los sesenta y cuatro hexagramas,
los ritos que son la única sabiduría
que otorga el Firmamento a los hombres,
el decoro de aquel emperador
cuya serenidad fue reflejada por el mundo, su espejo,
de suerte que los campos daban sus frutos
y los torrentes respetaban sus márgenes,
el unicornio herido que regresa para marcar su fin,
las secretas leyes eternas,
el concierto de orbe;
esas cosas o su memoria están en los libros
que custodio en la torre.
Los tártaros vinieron del Norte
en crinados potros pequeños;
aniquilaron los ejércitos
que el Hijo del Cielo mandó para castigar su impiedad,
erigieron pirámides de fugo y cortaron gargantas,
mataron al perverso y al justo,
mataron al esclavo encadenado que vigila la puerta,
usaron y olvidaron a las mujeres
y siguieron al Sur,
inocentes como animales de presa,
crueles como cuchillos.
En el alba dudosa
el padre de mi padre salvó los libros.
Aquí están en la torre donde yazgo,
recordando los días que fueron de otros,
los ajenos y antiguos.
En mis ojos no hay días. Los anaqueles
están muy altos y no los alcanzan mis años.
Leguas de polvo y sueño cercan la torre.
¿A qué engañarme?
La verdad es que nunca he sabido leer,
pero me consuelo pensando
que lo imaginado y lo pasado ya son lo mismo
para un hombre que ha sido
y que contempla lo que fue la ciudad
y ahora vuelve a ser el desierto.
¿Qué me impide soñar que alguna vez
descifré la sabiduría
y dibujé con aplicada mano los símbolos?
Mi nombre es Hsiang. Soy el que custodia los libros,
que acaso son los últimos,
porque nada sabemos del Imperio
y del Hijo del Cielo.
Ahí están en los altos anaqueles,
cercanos y lejanos a un tiempo,
secretos y visibles como los astros.
Ahí están los jardines, los templos.
"Elogio de la sombra" (1969)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 316 e 317 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Adélia Prado
A Menina E a Fruta
ela abaixou o galho e disse pro ar
— inconsciente de que me ensinava —
‘goiaba é uma fruta abençoada’.
Seu movimento e rosto iluminados
agitaram no ar poeira e Espírito:
o Reino é dentro de nós,
Deus nos habita.
Não há como escapar à fome da alegria!
Pablo Neruda
XXXIII
do caminhante do deserto?
E por que o sol é tão simpático
no jardim do hospital?
São pássaros ou são peixes
nestas redes da lua?
Foi onde que a mim me perderam
que logrei enfim me encontrar?
Pablo Neruda
No Entanto Me Movo
opinei diante de um sábio
que me examinou sem paixão
e demonstrou que eu estava errado.
Talvez não havia salvação
para meus dentes avariados,
um por um se extraviaram
os fios de minha cabeleira,
melhor era não discutir
sobre minha traquéia cavernosa,
enquanto o sulcado coração
estava cheio de advertências
como o fígado tenebroso
que não me servia de escudo
ou este rim conspirativo.
E com minha próstata melancólica
e os caprichos de minha uretra
me conduziam sem apuro
a um analítico final.
Olhando cara a cara o sábio
sem decidir-me a sucumbir
mostrei-lhe que podia ver,
palpar, ouvir e padecer
em outra ocasião favorável.
E que me deixasse o prazer
de ser amado e querer:
procuraria algum amor
por um mês ou por uma semana
ou por um penúltimo dia.
O homem sábio e desdenhoso
olhou-me com a indiferença
dos camelos pela lua
e decidiu orgulhosamente
olvidar-se de meu organismo.
Desde então não estou seguro
se eu devo obedecer
a seu decreto de que eu morra
ou se devo sentir-me bem
como meu corpo me aconselha.
E nesta dúvida não sei
se dedicar-me a meditar
ou alimentar-me de cravos.
Jorge Luis Borges
G. A. Bürger
por qué me afectan de este modo las cosas
que le sucedieron a Bürger
(sus dos fechas están en la enciclopedia)
en una de las ciudades de la llanura,
junto al río que tiene una sola margen
en la que crece la palmera, no el pino.
Al igual de todos los hombres,
dijo y oyó mentiras,
fue traicionado y fue traidor,
agonizó de amor muchas veces
y, tras la noche del insomnio,
vio los cristales grises del alba,
pero mereció la gran voz de Shakespeare
(en la que están las otras)
y la de Angelus Silesius de Breslau
y con falso descuido limó algún verso,
en el estilo de su época.
Sabía que el presente no es otra cosa
que una partícula fugaz del pasado
que estamos hechos de olvido:
sabiduría tan inútil
como los corolarios de Spinoza
o las magias del miedo.
En la ciudad junto al río inmóvil,
unos dos mil años después de la muerte de un dios
(la historia que refiero es antigua),
Bürger está solo y ahora,
precisamente ahora, lima unos versos.
Jorge Luis Borges | "Poesía Completa", pág. 502 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Carlos Drummond de Andrade
Enigma
chegar talvez aos pés de Lídio, o sábio,
que todas as medalhas arrebata
e mais arrebatara se as houvera,
terei de decifrar no jornalzinho
enigmas como este:
Quel est le célèbre empereur romain
qui n’avait pas le nez pointu?
Como saber, Jesus, se eles são mil
e nunca reparei em seus narizes?
Se o compêndio não dá senão uns raros
rostos glabros, de nariz romano?
Qual será: Calígula, Tibério?
Vitélio, Petrônio Máximo, Elagábalo?
Desisto de encontrar
a linha de um nariz,
a marca de um perfil,
a sorte de um aplauso.
— Néron (nez rond) sorri, piscando o olho,
o Padre Rubillon,
ao avaliar a rasa superfície
de minha rasa ignorância.
Carlos Drummond de Andrade
Versos À Boca da Noite
sua mão pesada. Rugas, dentes, calva. . .
Uma aceitação maior de tudo,
e o medo de novas descobertas.
Escreverei sonetos de madureza?
Darei aos outros a ilusão de calma?
Serei sempre louco? sempre mentiroso?
Acreditarei em mitos? Zombarei do mundo?
Há muito suspeitei o velho em mim.
Ainda criança, já me atormentava.
Hoje estou só. Nenhum menino salta
de minha vida, para restaurá-la.
Mas se eu pudesse recomeçar o dia!
Usar de novo minha adoração,
meu grito, minha fome. . . Vejo tudo
impossível e nítido, no espaço.
Lá onde não chegou minha ironia,
entre ídolos de rosto carregado,
ficaste, explicação de minha vida,
como os objetos perdidos na rua.
As experiências se multiplicaram:
viagens, furtos, altas solidões,
o desespero, agora cristal frio,
a melancolia, amada e repelida,
como essa indecisão entre dois mares,
entre duas mulheres, duas roupas.
Toda essa mão para fazer um gesto
que de tão frágil nunca se modela.
e fica inerte, zona de desejo
selada por arbustos agressivos.
(Um homem se contempla sem amor,
se despe sem qualquer curiosidade.)
Mas vêm o tempo e a idéia de passado
visitar-te na curva de um jardim.
Vem a recordação, e te penetra
dentro de um cinema, subitamente.
E as memórias escorrem do pescoço,
do paletó, da guerra, do arco-íris;
enroscam-se no sono e te perseguem,
à busca de pupila que as reflita.
E depois das memórias vem o tempo
trazer novo sortimento de memórias,
até que, fatigado, te recuses
e já não saibas se a vida é ou foi.
Esta casa, que miras de passagem,
estará no Acre? na Argentina? em ti?
que palavra escutaste, aonde, quando?
seria indiferente ou solidária?
Um pedaço de ti rompe a neblina,
voa talvez para a Bahia e deixa
outros pedaços, dissolvidos no atlas,
em País-do-riso e em tua ama preta.
Que confusão de coisas ao crepúsculo!
Que riqueza! sem préstimo, é verdade.
Bom seria captá-las e compô-las
num todo sábio, posto que sensível:
Uma ordem, uma luz, uma alegria
baixando sobre o peito despojado.
E já não era o furor dos vinte anos
nem a renúncia às coisas que elegeu,
mas a penetração no lenho dócil,
um mergulho em piscina, sem esforço,
um achado sem dor, uma fusão,
tal uma inteligência do universo
comprada em sal, em rugas e cabelo.
Carlos Drummond de Andrade
A Luís Maurício, Infante
se é que não preferes vê-lo de teu reino profundo.
Despertando, Luís Maurício, não chores mais que um tiquinho.
Se as crianças da América choram em coro, que seria,digamos, de teu vizinho?
Que seria de ti, Luís Maurício, pranteando mais que o necessário?
Os olhos se inflamam depressa, e do mundo o espetáculo é vário
e pede ser visto e amado. É tão pouco, cinco sentidos.
Pois que sejam lépidos, Luís Maurício, que sejam novos e comovidos.
E como há tempo para viver, Luís Maurício, podes gastá-lo à janela
que dá para a Justicia del Trabajo, onde a imaginosa linha da hera
tenazmente compõe seu desenho, recobrindo o que é feio, formal e triste.
Sucede que chegou a primavera, menino, e o muro já não existe.
Admito que amo nos vegetais a carga de silêncio, Luís Maurício.
Mas há que tentar o diálogo, quando a solidão é vício.
E agora, começa a crescer. Em poucas semanas um homem
se manifesta na boca, nos rins, na medalhinha do nome.
Já te vejo na proporção da cidade, dessa caminha em que dormes.
Dir-se-ia que só o anão de Harrods, hoje velho, entre garotos enormes,
conserva o disfarce da infância, como, na sua imobilidade,
à esquina de Córdoba e Florida, só aquele velho pendido e sentado,
de luvas e sobretudo, vê passar (é cego) o tempo que não enxergamos,
o tempo irreversível, o tempo extático, espaço vazio entre ramos.
O tempo — que fazer dele? Como adivinhar, Luís Maurício,
o que cada hora traz em si de plenitude e sacrifício?
Hás de aprender o tempo, Luís Maurício. E há de ser tua ciência
uma tão íntima conexão de ti mesmo e tua existência,
que ninguém suspeitará nada. E teu primeiro segredo
seja antes de alegria subterrânea que de soturno medo.
Aprenderás muitas leis, Luís Maurício. Mas se as esqueceres depressa,
outras mais altas descobrirás, e é então que a vida começa,
e recomeça, e a todo instante é outra: tudo é distinto de tudo,
e anda o silêncio, e fala o nevoento horizonte; e sabe guiar-nos o mudo.
Pois a linguagem planta suas árvores no homem e quer vê-las cobertas
de folhas, de signos, de obscuros sentimentos, e avenidas desertas
são apenas as que vemos sem ver, há pelo menos formigas
atarefadas, e pedras felizes ao sol, e projetos de cantigas
que alguém um dia cantará, Luís Maurício. Procura deslindar o canto.
Ou antes, não procures. Êle se oferecerá sob forma de pranto
ou de riso. E te acompanhará, Luís Maurício. E as palavras serão servas
de estranha majestade. É tudo estranho. Medita, por exemplo, as ervas,
enquanto és pequeno e teu instinto, solerte, festivamente se aventura
até b âmago das coisas. A que veio, que pode, quanto dura
essa discreta forma verde, entre formas? E imagina ser pensado
pela erva que pensas. Imagina um elo, uma afeição surda, um passado
articulando os bichos e suas visões, o mundo e seus problemas;
imagina o rei com suas angústias, o pobre com seus diademas,
imagina uma ordem nova; ainda que uma nova desordem, não será bela?
Imagina tudo: o povo, com sua música; o passarinho, com sua donzela;
o namorado, com seu espelho mágico; a namorada, com seu mistério;
a casa, com seu calor próprio; a despedida, com seu rosto sério;
o físico, o viajante, o afiador de facas, o italiano das sortes e seu realejo;
o poeta, sempre meio complicado; o perfume nativo das coisas e seu arpejo;
o menino que é teu irmão, e sua estouvada ciência
de olhos líquidos e azuis, feita de maliciosa inocência,
que ora viaja enigmas extraordinários; por tua vez, a pesquisa
há de solicitar-te um dia, mensagem perturbadora na brisa.
É preciso criar de novo, Luís Maurício. Reinventar nagôs e latinos,
e as mais severas inscrições, e quantos ensinamentos, e os modelos mais finos,
de tal maneira a vida nos excede e temos de enfrentá-la com poderosos recursos.
Mas seja humilde tua valentia. Repara que há veludo nos ursos.
Informados e prisioneiros, em Palermo, eles procuram o outro lado,
e na sua faminta inquietação algo se liberta da jaula e seu quadrado.
Detém-te. A grande flor do hipopótamo brota da água — nenúfar!
E dos dejetos do rinoceronte se alimentam os pássaros. E o açúcar
que dás na palma da mão à língua terna do cão adoça todos os animais.
Repara que autênticos, que fiéis a um estatuto sereno, e como são naturais.
É meio-dia, Luís Maurício, hora belíssima entre todas,
pois, unindo e separando os crepúsculos, à sua luz se consumam as bodas
do vivo com o que já viveu ou vai viver, e a seu puríssimo raio
entre repuxos, os chicos e as palomas confraternizam na Plaza de Mayo.
Aqui me despeço e tenho por plenamente ensinado o teu ofício,
que' de ti mesmo e em púrpura o aprendeste ao nascer, meu netinho Luís Maurício.