Nação e Patriotismo
Jorge Luis Borges
A Manuel Mujica Lainez
tiene tantos sentidos como lectores. Cada
versión es verdadera y ha sido prefijada
por quien ideó el lector, el libro y la lectura.
Tu versión de la patria, con sus fastos y brillos,
entra en mi vaga sombra como si entrara el día
y la oda se burla de la oda. (La mía
no es más que una nostalgia de ignorantes
cuchillos y de viejo coraje.) Ya se estremece el canto,
ya, apenas contenidas por la prisión del verso,
surgen las muchedumbres del futuro y diverso
reino que será tuyo, su júbilo y su llanto.
Manuel Mujica Láinez algunas vez tuvimos
una patria- ¿Recuerdas?- y los dos la perdimos.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 445 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
El gaucho
Hijo de algún confín de la llanura
Abierta, elemental, casi secreta,
Tiraba el firme lazo que sujeta
Al firme toro de cerviz oscura.
Se batió con el indio y con el godo,
Murió en reyertas de baraja y taba;
Dio su vida a la patria, que ignoraba,
Y así perdiendo, fue perdiendo todo.
Hoy es polvo de tiempo y de planeta;
Nombres no quedan, pero el nombre dura.
Fue tantos otros y hoy es una quieta
Pieza que mueve la literatura.
Fue el matrero, el sargento y la partida.
Fue el que cruzó la heroica cordillera.
Fue soldado de Urquiza o de Rivera,
Lo mismo da. Fue el que mató a Laprida.
Dios le quedaba lejos. Profesaron
La antigua fe del hierro y del coraje,
Que no consiente súplicas ni gaje.
Por esa fe murieron y mataron.
En los azares de la montonera
Murió por el color de una divisa;
Fue el que no pidió nada, ni siquiera
La gloria, que es estrépito y ceniza.
Fue el hombre gris que, oscuro en la pausada
Penumbra del galpón, sueña y matea,
Mientras en el oriente ya clarea
La luz de la desierta madrugada.
Nunca dijo: soy gaucho. Fue su suerte
No imaginar la suerte de los otros.
No menos ignorante que nosotros,
No menos solitario, entró en la muerte.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 356 e 357 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
Hengist quiere hombres (449 A. D.)
Acudirán de los confines de arena que se pierden en largos mares,
de chozas llenas de humo, de tierras pobres, de hondos bosques
de lobos, en cuyo centro indefinido está el Mal.
Los labradores dejarán el arado y los pescadores las redes.
Dejarán sus mujeres y sus hijos, porque el hombre sabe que en
cualquier lugar de la noche puede hallarlas y hacerlos.
Hengist el mercenario quiere hombres.
Los quiere para debelar una isla que todavía no se llama Inglaterra.
Le seguirán sumisos y crueles.
Saben que siempre fue el primero en la batalla de hombres.
Saben que una vez olvidó su deber de venganza y que le dieron
una espada desnuda y que la espada hizo su obra.
Atravesarán a remo los mares, sin brújula y sin mástil.
Traerán espadas y broqueles, yelmos con la forma del jabalí,
conjuros para que se multipliquen las mieses, vagas cosmogonías,
fábulas de los hunos y de los godos.
Conquistarán la tierra, pero nunca entrarán en las ciudades que Roma
abandonó, porque son cosas demasiado complejas para su mente
bárbara.
Hengist los quiere para la victoria, para el squeo, para la corrupción
de la carne y para el olvido.
Hengist los quiere (pero no lo sabe) para la fundación del mayor imperio,
para que canten Shakespeare y Whitman, para que dominen el mar
las naves de Nelson, para que Adán y Eva se alejen, tomados de la
mano y silenciosos, del Paraíso que han perdido.
Hengist los quiere (pero no lo sabrá) para que yo trace estas letras
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 374 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
1972
sería un profundo corredor de espejos
indistintos, ociosos y menguantes,
una repetición de vanidades,
y en la penumbra que precede al sueño
rogué a mis dioses, cuyo nombre ignoro,
que enviaran algo o alguien a mis días.
Lo hicieron. Es la Patria. Mis mayores
la sirvieron con largas proscripciones,
con penurias, con hambre, con batallas,
aquí de nuevo está el hermoso riesgo.
No soy aquellas sombras tutelares
que honré con versos que no olvida el tiempo.
Estoy ciego. He cumplido los setenta;
no soy el oriental Francisco Borges
que murió con dos balas en el pecho,
entre las agonías de los hombres,
en el hedor de un hospital de sangre,
pero la Patria, hoy profanada quiere
que con mi oscura pluma de gramático,
docta en las nimiedades académicas
y ajena a los trabajos de la espada,
congregue el gran rumor de la epopeya
y exija mi lugar. Lo estoy haciendo.
"La rosa profunda" (1975)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 415 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Fernando Pessoa
Pobre Espanha, já sem ter
Alma onde ser!
Fragmento sobrevivente
De ti mesma, ente
De te perder!
Relembremos na hora
Em que em ti chora
O que não ouves em ti,
Aquele que foi
O herói em si
Do que em ti se perdeu de herói.
Fidalgo que toda a alma deu
Ao Rei e à Grei que o perdeu
No incêndio da hora estranha,
Saibamo-lo, alheios mas homens, chorar,
Com quem a alma da fidalguia da Espanha
Foi a enterrar.
Jorge Luis Borges
El espía
otros dan su vida a la patria
y los recuerda el mármol.
Yo he errado oscuro por ciudades que odio.
Le di otras cosas.
Abjuré de mi honor,
traicioné a quienes me creyeron su amigo,
compré conciencias,
abominé del nombre de la patria.
Me resigno a la infamia.
"La cifra" (1981)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 402 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
Un mañana
de Quien, ya cumplidos mis setenta años
y sellados mis ojos,
me salva de la venerada vejez
y de las galerías de precisos espejos
de los días iguales
y de los protocolos, marcos y cátedras
y de la firma de incansables planillas
para los archivos del polvo
y de los libros, que son simulacros de la memoria,
y me prodiga el animoso destierro,
que es acaso la forma fundamental del destino argentino,
y el azar y la joven aventura
y la dignidad del peligro,
según dictaminó Samuel Johnson.
Yo, que padecí la vergüenza
de no haber sido aquel Francisco Borges que murió en 1874
o mi padre, que enseñó a sus discípulos
el amor de la psicología y no creyó en ella,
olvidaré las letras que me dieron alguna fama,
seré hombre de Austin, de Edimburgo, de España,
y buscaré la aurora en mi Occidente.
En la ubicua memoria serás mía,
patria, no en la fracción de cada día.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 408 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
António Ramos Rosa
Aqui Ele Diz a Minha Única Pátria
era uma pedra era um lugar e uma sombra
não sei em qualquer parte agora não
havia a mão de alguém havia um corpo
e era a minha única pátria a minha sombra
era o que ele dizia a sua amiga
aquela pedra e sombra e árvore aquela amiga
era a sua única pátria agora não
Jorge Luis Borges
Milonga de los morenos
como si cantara flor,
hoy, caballeros, le canto
a la gente de color.
Marfil negro los llamaban
los ingleses y holandeses
que aquí los desembarcaron
al cabo de largos meses.
En el barrio de Retiro
hubo mercado de esclavos;
de buena disposición
y muchos salieron bravos.
De su tierra de leones
se olvidaron como niños
y aquí los aquerenciaron
la costumbre y los cariños.
Cuando la patria nació
una mañana de Mayo,
el gaucho sólo sabía
hacer la guerra a caballo.
Alguien pensó que los negros
no eran ni zurdos ni ajenos
y se formó el Regimiento
de Pardos y de Morenos.
El sufrido regimiento
que llevó el número seis
y del que dijo Ascasubi:
"Más bravo que gallo inglés".
Y así fue que en la otra banda
esa morenada, al grito
de Soler, atropelló
en la carga del Cerrito.
Martín Fierro mató a un negro
y es casi como si hubiera
matado a todos. Sé de uno
que murió por la bandera.
De tarde en tarde en el Sur
me mira un rostro moreno,
trabajado por los años
y a la vez triste y sereno.
¿A qué cielo de tambores
y siestas largas se han ido?
Se los ha llevado el tiempo,
el tiempo, que es el olvido.
"Para las seis cuerdas" (1965)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 281 e 282 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
Oda escrita en 1966
que, alto en el alba de una plaza desierta,
rige un corcel de bronce por el tiempo,
ni los otros que miran desde el mármol,
ni los que prodigaron su bélica ceniza
por los campos de América
o dejaron un verso o una hazaña
o la memoria de una vida cabal
en el justo ejercicio de los días.
Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos.
Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo
cargado de batallas, de espadas y de éxodos
y de la lenta población de regiones
que lindan con la aurora y el ocaso,
y de rostros que van envejeciendo
en los espejos que se empañan
y de sufridas agonías anónimas
que duran hasta el alba
y de la telaraña de la lluvia
sobre negros jardines.
La patria, amigos, es un acto perpetuo
como el perpetuo mundo. (Si el Eterno
Espectador dejara de soñarnos
un solo instante, nos fulminaría,
blanco y brusco relámpago, Su olvido.)
Nadie es la patria, pero todos debemos
ser dignos del antiguo juramento
que prestaron aquellos caballeros
de ser lo que ignoraban, argentinos,
de ser lo que serían por el hecho
de haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones,
la justificación de aquellos muertos;
nuestro deber es la gloriosa carga
que a nuestra sombra legan esas sombras
que debemos salvar.
Nadie es la patria, pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
ese límpido fuego misterioso.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 252 e 253 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
Milonga para los orientales
dedica a los orientales,
agradeciendo memorias
de tardes y de ceibales.
El sabor de lo oriental
con estas palabras pinto;
es el sabor de lo que es
igual y un poco distinto.
Milonga de tantas cosas
que se van quedando lejos;
la quinta con mirador
y el zócalo de azulejos.
En tu banda sale el sol
apagando la farola
del Cerro y dando alegría
a la arena y a la ola.
Milonga de los troperos
que hartos de tierra y camino
pitaban tabaco negro
en el Paso del Molino.
Milonga del primer tango
que se quebró, nos da igual,
en las casas de Junín
o en las casas de Yerbal.
Como los tientos de un lazo
se entrevera nuestra historia,
esa historia de a caballo
que huele a sangre y a gloria.
Milonga de aquel gauchaje
que arremetió con denuedo
en la pampa, que es pareja,
o en la Cuchilla de Haedo.
¿Quién dirá de quienes fueron
esas lanzas enemigas
que irá desgastando el tiempo,
si de Ramírez o Artigas?
Para pelear como hermanos
era buena cualquier cancha;
que lo digan los que vieron
su último sol en Cagancha.
Hombro a hombro o pecho a pecho,
cuántas veces combatimos.
¡Cuántas veces nos corrieron,
cuántas veces los corrimos!
Milonga del olvidado
que muere y que no se queja;
milonga de la garganta
tajeada de oreja a oreja.
Milonga del domador
de potros de casco duro
y de la plata que alegra
el apero del oscuro.
Milonga de la milonga
a la sombra del ombú,
milonga del otro Hernández
que se batió en Paysandú.
Milonga para que el tiempo
vaya borrando fronteras;
por algo tienen los mismos
colores las dos banderas.
"Para las seis cuerdas" (1965)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 283, 284 e 285 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
A un poeta Sajón
pesó como la nuestra sobre la tierra,
tú cuyos ojos vieron el sol, esa famosa estrella,
tú que viviste no en el rígido ayer
sino en el incesante presente,
en el último punto y ápice vertiginoso del tiempo,
tú que en tu monasterio fuiste llamado
por la antigua voz de la épica,
tú que tejiste las palabras,
tú que cantaste la victoria de Brunanburh
y no la atribuiste al Señor
sino a la espada de tu rey,
tú que con júbilo feroz cantaste,
la humillación del viking,
el festín del cuervo y del águila,
tú que en la oda militar congregaste
las rituales metáforas de la estirpe,
tú que un tiempo sin historia
viste en el ahora el ayer
y en el sudor y sangre de Brunanburh
un cristal de antiguas auroras,
tú que tanto querías a tu Inglaterra
y no la nombraste,
hoy no eres otra cosa que unas palabras
que los germanistas anotan.
Hoy no eres otra cosa que mi voz
cuando revive tus palabras de hierro.
Pido a mis dioses o a la suma del tiempo
que mis días merezcan el olvido,
que mi nombre sea Nadie como el de Ulises,
pero que algún verso perdure
en la noche propicia a la memoria
o en las mañanas de los hombres.
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 258 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Jorge Luis Borges
A cierta sombra, 1940
el jabalí alemán y la hiena italiana.
Isla de Shakespeare, que tus hijos te salven
y también tus sombras gloriosas.
En esta margen ulterior de los mares
las invoco y acuden
desde el innumerable pasado,
con altas mitras y coronas de hierro,
con Biblias, con espadas, con remos,
con anclas y con arcos.
Se ciernen sobre mí en la alta noche
propicia a la retórica y a la magia
y busco la más tenue, la deleznable,
y le advierto: oh, amigo,
el continente hostil se apresta con armas
a invadir tu Inglaterra,
como en los días que sufriste y cantaste.
Por el mar, por la tierra y por el aire convergen los ejércitos.
Vuelve a soñar, De Quincey.
Teje para baluarte de tu isla
redes de pesadillas.
Que por sus laberintos de tiempo
erren sin fin los que odian.
Que su noche se mida por centurias, por eras, por pirámides,
que las armas sean polvo, polvo las caras,
que nos salven ahora las indescifrables arquitecturas
que dieron horror a tu sueño.
Hermano de la noche, bebedor de opio,
padre de sinuosos períodos que ya son laberintos y torres,
padre de las palabras que no se olvidan,
¿me oyes, amigo no mirado, me oyes
a través de esas cosas insondables
que son los mares y la muerte?
(1969)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 308 e 309 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Pablo Neruda
Chegou Homero
que distância e que parco cavalheiro:
parecia que não, que não podia
sair do Chile, minha pátria espinhosa,
minha pátria rochosa e movediça.
Dali até aqui, formalmente trajado
de gravata e calça bem passada
atlântico chegou, depois de tudo,
sem comentar a heroica travessia,
em um avião repleto,
o passageiro de primeira vez.
Tem de se levar em conta
sua identidade estática e poética,
o quieto numeral de cada dia
que manteve em repouso
o nobre fogo de sua poesia.
Tem de se saber as coisas destes homens
que por grandes que são dissimulam-se
menosprezando as hegemonias
tão integrais quanto a madeira
das antigas vigas suavizadas
pelo tato do tempo e do decoro.
Agora está aqui outra vez meu
companheiro.
E como o conheço não lhe digo
nada além de “Bom dia”.
Jorge Luis Borges
Acevedo
Ainda o nome de Acevedo, o nosso,
Indefinidos campos que não posso
Imaginar por inteiro. Meus anos tardam
E não contemplei ainda essas cansadas
Léguas de pó e pátria que meus mortos
Viram cavalgando, esses abertos
Caminhos, seus ocasos e alvoradas.
A planície é ubíqua. Tenho-os visto
Em Iowa, no Sul, em terra hebréia,
Naquele salgueiral da Galiléia
Que palmilharam os humanos pés de Cristo.
Não os perdi. São meus. Eu os detenho
No esquecimento, num casual empenho.
"Elogio da Sombra", 1969
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 320 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Carlos Drummond de Andrade
Revelação do Subúrbio
vendo o subúrbio passar.
O subúrbio todo se condensa para ser visto depressa,
com medo de não repararmos suficientemente
em suas luzes que mal têm tempo de brilhar.
A noite come o subúrbio e logo o devolve,
êle reage, luta, se esforça,
até que vem o campo onde pela manhã repontam laranjais
e à noite só existe a tristeza do Brasil.
Frei Francisco de São Carlos
Canto VI [Voltando ao Austro, os bosques senhoreia
Voltando ao Austro, os bosques senhoreia
A ilustre povoação de Paulicéia,
Aprazível lugar, cuja campanha
O Tamandaaí cercando banha,
Cujos alunos, fortes e briosos
Rios transpondo, montes escabrosos,
Átropos insultando e os seus perigos,
Sem rotina segura, sem abrigos,
De Panteras e Serpes assaltados,
E do indígena bruto; além cansados,
Darão com as terras pingues e abundantes
Das veias d'oiro ricas, e diamantes.
Aqueles que forrando o peito duro
De triplicado bronze, o mar escuro
De Hele na aventureira faia arando,
Voltam de Colcos ledos, transportando
D'oiro a lã; não disputem as conquistas,
Que hão de tentar os ínclitos Paulistas.
(...)
Publicado no livro A Assunção (1819).
In: HOLANDA, Sérgio Buarque de. Frei Francisco de São Carlos. In: ---. Antologia dos poetas brasileiros da Fase Colonial. São Paulo: Perspectiva, 1979. p.413-414. (Textos, 2
João Marcio Furtado Costa
Poema em Linha Torta
(05/93)
Que bom que é a vida,
Quando ela é servida,
Com catupiry.
Que bom que é a vida,
Mesmo sofrida,
Se você sabe rir.
E eu gosto de rir.
E eu sei fazer rir.
Serei eu um palhaço?
E o palhaço o que é?
É ladrão de mulher.
Ôba, então que bom
Que eu sou um palhaço!!!
Que bom que eu caço,
Que bom que eu laço,
Que bom que eu traço,
Meu destino e tentação.
E apesar de todo crivo,
Que bom que eu vivo,
Que bom que eu sirvo,
Que bom que eu sou João.
Que bom praticar esporte,
Me cansa, descansa,
Me torna criança,
E ajuda a adiar a morte.
Que bom que é ter sorte,
Ser jovem, ser forte,
E ter muito dinheiro.
Que bom que é ter fogo,
Que bom se tem jogo,
E se vence, o cruzeiro.
Que bom que é o Brasil,
Quando ele é servido,
Ao óleo e ao alho.
Que bom que é o Brasil,
Mesmo sendo sofrido,
Ele é nosso galho.
Frei Francisco de São Carlos
Canto VI [Vedes na foz aquele, que aparece
Vedes na foz aquele, que aparece
Pontiagudo, e escarpado? Pois parece,
Que deu-lhe a providente natureza,
(Além das obras d'arte,) por defesa,
Na derrocada penha transformado
Nubígena membrudo, sempre armado
De face negra, e torva; e mais se o croa
Neve, e trovões, e raios, com que atroa.
Que co'a frente no Céu, no mar os rastros
Atrevido ameaça o pego, e os astros.
Se os delírios da vã mitologia
Na terra inda vagassem, dir-se-ia;
Que era um desses Aloidas, gigante,
Que intentou escalar o Céu brilhante.
Que das deusas do Olimpo namorado
Foi no mar por audaz precipitado.
E as deusas por acinte lá da altura
Lhe enxovalham de neve a catadura.
Do seio pois das nuvens, onde a fronte
Enconde, vendo o mar até o horizonte;
Mal que espreita surgir lenho inimigo,
Pronto avisa, e previne-se o perigo.
(...)
Publicado no livro A Assunção (1819).
In: SÃO CARLOS, Frei Francisco de. A Assunção: poema composto em honra da Santa Virgem, por Frei Francisco de São Carlos, franciscano reformado da província da Conceição do Brasil e natural do Rio de Janeiro. Pref. Fernandes Pinheiro. Rio de Janeiro: Livr. de B. L. Garnier, 1862. p.185-186
NOTA: Descrição do Pão-de-Açúcar inspirada no episódio do gigante Adamastor, d'OS LUSÍADAS (Canto V, estrofes 37 a 61
Jorge Luis Borges
Islandia
Islandia de los mares, que existas.
Islandia de la nieve silenciosa y del agua ferviente.
Islandia de la noche que se aboveda
sobre la vigilia y el sueño.
Isla del día blanco que regresa,
joven y mortal como Baldr.
Fría rosa, isla secreta
que fuiste la memoria de Germania
y salvaste para nosotros
su apagada, enterrada mitología,
el anillo que engendra nueve anillos,
los altos lobos de la selva de hierro
que devorarán la luna y el sol,
la nave que Alguien o Algo construye
con uñas de los muertos.
Islandia de los cráteres que esperan,
y de las tranquilas majadas.
Islandia de las tardes inmóviles
y de los hombres fuertes
que son ahora marineros y barqueros y párrocos
y que ayer descubrieron un continente.
Isla de los caballos de larga crin
que engendran sobre el pasto y la lava,
isla del agua llena de monedas
y de no saciada esperanza.
Islandia de la espada y de la runa,
Islandia de la gran memoria cóncava
que no es una nostalgia.
"Historia de la noche" (1977)
Jorge Luis Borges | "Poesía Completa", pág. 490 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
Pedro Nava
Toadas Pra Meu Irmão
(Mário de Andrade - DESCOBRIMENTO)
Nem eu posso conceder
que esta noite fina assim
seja a mesma noite assu
que assobra Taquarassu!
Que seja a mesma noite densa
soturno enorme abajada
escondendo o sofrimento
dos brasileiros calados!
Mas fosse a noite maior
mais densa, mais abajada
mesmo assim seria fraca
e se deixaria varar
pela ternura que eu mando
voando com a força do vento
— Meu pensamento rasgando
o assombro da noite assu
vai velar sono cansado
dos brasileiros calados...
O sono tão sossegado
de um brasileiro cansado
dormindo na noite assu
que esmaga Taquarassu!
Da cidade outro poeta
quer a distância varar
pra ver o sono do irmão
seu descanso proteger!
Dorme teu sono José...
(...)
Meu pensamento voando
nesta noite fina assim
vai fugindo da cidade
desgarra sertão afora
pra vigiar bem de perto
o doce sono sossegado
dum brasileiro calado!
Te beijo de leve nos olhos
te beijo de leve na face
te beijo o cabelo inteirinho
te beijo no coração...
Brasileiro sossegado
dorme teu sono calado...
Dorme teu sono José...
E me perdoa, meu Mano
se eu não posso cantar
cantos mansos pro teu sono!
Quem me dera, mas não posso!
Pois na noite da cidade
Só de pensar no teu sono,
as veias ficaram doendo
O corpo todo sem jeito
fiquei esquisito, palavra!
Coração no peito calado...
Que dor nos nervos senti
de não ter voz pra falar
(o coração no peito calado)
de não ter choro pra chorar
de palavra não achar,
dor(i)da boa sincera
como aquela comovida
achada por Mário de Andrade
(aquela tão comovida)
que acalantou de São Paulo
o brasileiro do Acre...
Te beijo o cabelo inteirinho
te beijo no coração...
Descansa na noite mansa
descansa, Mano, descansa...
1928
In: Pasta 72: Arquivo de Mário de Andrade. Instituto de Estudos Brasileiros - IEB/USP
NOTA: Mário de Andrade comenta esse poema em carta a Pedro Nava datada de 25 fev. 1928: "Gosto. Talvez um pouco possam ser sintetizadas, a idéia vai repetindo muito. Quanto a ser imitação, não é. É o mesmo ritmo de inspiração porém a citação inicial e o final justificam isso. (...) Quem acusasse você de plágio ou de aluno mostrava bobagem. O que tem de parecido nos dois poemas é consciente, sem pasticho nem plágio". Referência aos "Dois Poemas Acreanos" (I - Descobrimento; II - Acalanto do Seringueiro), do livro CLÃ DO JABUTI (1927), de Mário de Andrad
Sophia de Mello Breyner Andresen
I. a Memória Longínqua de Uma Pátria
Eterna mas perdida e não sabemos
Se é passado ou futuro onde a perdemos
Carlos Drummond de Andrade
Plataforma Política
congrega na estação
da Central do Brasil
a fina flor política.
Dez horas da manhã,
desembarcam sublimes
estadistas do Rio.
Quatro e vinte da tarde,
despedem-se conspícuos
estadistas locais.
A plataforma zumbe
de abraços e cochichos.
Lá vai o deputado
amigo do Palácio-
-em-flor da Liberdade
e chega o senador
comensal do Catete.
Coronel ajudante
de ordens, rutilante
na farda feita lírio
de imácula brancura,
mostra o grau de prestígio
de quem sai ou quem vem:
o Senhor Presidente
faz-se representar.
Sensação: desta vez
o próprio Presidente
do valoroso Estado
calca seus borzeguins
no ladrilho vulgar.
A música festeira
extravasa da banda
militar requintada
e leva a toda Minas
o som do alto poder
que domina montanhas
e elege candidatos
mesmo à falta de votos.
Que emérita figura
de altíssimo coturno
tira Sua Excelência
da torre oficial?
O Chefe da Nação?
O Papa? O Imperador
de algum remoto Império?
O banqueiro londrino
que veio ver de perto
as arras prometidas
ao desejado empréstimo?
Tento em vão acercar-me
do círculo dileto
que usufrui a presença
do egrégio titular
emanador de eflúvios
benignos. Em muralha,
casimiras escuras
e notórios secretas
em seu redor me barram
o horizonte visual.
Sei que perto de mim,
contudo inatingível,
astro do empíreo cívico,
o Presidente espera
outro deus, outro astro,
na estação convertida
em sacro belvedere.
Somem carregadores,
jornaleiros, cambistas
de palpites lotéricos.
Viajantes banais
esgueiram-se, dissolvem-se
na pompa do espetáculo.
A Central do Brasil
é ara, catedral
do mineiro mistério
do Poder com pê grande,
o Poder Triunfal.
D. Pedro II
III - A Idéia Consoladora
Corre mais do que elas a saudade,
Mas espero que a minha enfermidade
O mesmo me consinta brevemente.
Com saúde mais lustre dar à mente
É cousa que enobrece a humanidade;
Contudo agora o paga a amizade
Da pátria, e da família, cruelmente;
Mas consola-me a idéia, — que mais forte
Lhes voltarei para melhor amá-los,
Pois mais anos assim até a morte
Eu mostrarei que sempre quis ligá-los
Na feliz, e também na infeliz sorte
Para, amando-os, ainda consolá-los.
Bordo do Gironde, 4 de Julho de 1887.
In: D. PEDRO II. Poesias completas de D. Pedro II: originais e traduções, sonetos do exílio, autênticas e apócrifas. Prefácio de Medeiros e Albuquerque. Rio de Janeiro: Guanabara, 1932. Poema integrante da série Poesias Autênticas