Poemas neste tema
Literatura e Palavras
Jorge Luis Borges
Junio, 1968
En la tarde de oro
o en una serenidad cuyo símbolo
podría ser la tarde de oro,
el hombre dispone los libros
en los anaqueles que aguardan
y siente el pergamino, el cuero, la tela
y el agrado que dan
la previsión de un hábito
y el establecimiento de un orden.
Stevenson y el otro escocés, Andrew Lang,
reanudarán aquí, de manera mágica,
la lenta discusión que interrumpieron
los mares y la muerte
y a Reyes no le desagradará ciertamente
la cercanía de Virgilio.
(Ordenar bibliotecas es ejercer,
de un modo silencioso y modesto,
el arte de la crítica.)
El hombre, que está ciego.
sabe que ya no podrá descifrar
los hermosos volúmenes que maneja
y que no le ayudarán a escribir
el libro que lo justificará ante los otros,
pero en la tarde que es acaso de oro
sonríe ante el curioso destino
y siente esa felicidad peculiar
de las viejas cosas queridas.
"Elogio de la sombra" (1969)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 315| Debolsillo, 3ª. edição, 2016
o en una serenidad cuyo símbolo
podría ser la tarde de oro,
el hombre dispone los libros
en los anaqueles que aguardan
y siente el pergamino, el cuero, la tela
y el agrado que dan
la previsión de un hábito
y el establecimiento de un orden.
Stevenson y el otro escocés, Andrew Lang,
reanudarán aquí, de manera mágica,
la lenta discusión que interrumpieron
los mares y la muerte
y a Reyes no le desagradará ciertamente
la cercanía de Virgilio.
(Ordenar bibliotecas es ejercer,
de un modo silencioso y modesto,
el arte de la crítica.)
El hombre, que está ciego.
sabe que ya no podrá descifrar
los hermosos volúmenes que maneja
y que no le ayudarán a escribir
el libro que lo justificará ante los otros,
pero en la tarde que es acaso de oro
sonríe ante el curioso destino
y siente esa felicidad peculiar
de las viejas cosas queridas.
"Elogio de la sombra" (1969)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 315| Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 916
Sophia de Mello Breyner Andresen
Estrada
Passo muito depressa no país de Caeiro
Pelas rectas da estrada como se voasse
Mas cada coisa surge nomeada
Clara e nítida
Como se a mão do instante a recortasse
Pelas rectas da estrada como se voasse
Mas cada coisa surge nomeada
Clara e nítida
Como se a mão do instante a recortasse
698
Jorge Luis Borges
El guardián de los libros
Ahí están los jardines, los templos, y la justificación de los templos,
la recta música y las rectas palabras,
los sesenta y cuatro hexagramas,
los ritos que son la única sabiduría
que otorga el Firmamento a los hombres,
el decoro de aquel emperador
cuya serenidad fue reflejada por el mundo, su espejo,
de suerte que los campos daban sus frutos
y los torrentes respetaban sus márgenes,
el unicornio herido que regresa para marcar su fin,
las secretas leyes eternas,
el concierto de orbe;
esas cosas o su memoria están en los libros
que custodio en la torre.
Los tártaros vinieron del Norte
en crinados potros pequeños;
aniquilaron los ejércitos
que el Hijo del Cielo mandó para castigar su impiedad,
erigieron pirámides de fugo y cortaron gargantas,
mataron al perverso y al justo,
mataron al esclavo encadenado que vigila la puerta,
usaron y olvidaron a las mujeres
y siguieron al Sur,
inocentes como animales de presa,
crueles como cuchillos.
En el alba dudosa
el padre de mi padre salvó los libros.
Aquí están en la torre donde yazgo,
recordando los días que fueron de otros,
los ajenos y antiguos.
En mis ojos no hay días. Los anaqueles
están muy altos y no los alcanzan mis años.
Leguas de polvo y sueño cercan la torre.
¿A qué engañarme?
La verdad es que nunca he sabido leer,
pero me consuelo pensando
que lo imaginado y lo pasado ya son lo mismo
para un hombre que ha sido
y que contempla lo que fue la ciudad
y ahora vuelve a ser el desierto.
¿Qué me impide soñar que alguna vez
descifré la sabiduría
y dibujé con aplicada mano los símbolos?
Mi nombre es Hsiang. Soy el que custodia los libros,
que acaso son los últimos,
porque nada sabemos del Imperio
y del Hijo del Cielo.
Ahí están en los altos anaqueles,
cercanos y lejanos a un tiempo,
secretos y visibles como los astros.
Ahí están los jardines, los templos.
"Elogio de la sombra" (1969)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 316 e 317 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
la recta música y las rectas palabras,
los sesenta y cuatro hexagramas,
los ritos que son la única sabiduría
que otorga el Firmamento a los hombres,
el decoro de aquel emperador
cuya serenidad fue reflejada por el mundo, su espejo,
de suerte que los campos daban sus frutos
y los torrentes respetaban sus márgenes,
el unicornio herido que regresa para marcar su fin,
las secretas leyes eternas,
el concierto de orbe;
esas cosas o su memoria están en los libros
que custodio en la torre.
Los tártaros vinieron del Norte
en crinados potros pequeños;
aniquilaron los ejércitos
que el Hijo del Cielo mandó para castigar su impiedad,
erigieron pirámides de fugo y cortaron gargantas,
mataron al perverso y al justo,
mataron al esclavo encadenado que vigila la puerta,
usaron y olvidaron a las mujeres
y siguieron al Sur,
inocentes como animales de presa,
crueles como cuchillos.
En el alba dudosa
el padre de mi padre salvó los libros.
Aquí están en la torre donde yazgo,
recordando los días que fueron de otros,
los ajenos y antiguos.
En mis ojos no hay días. Los anaqueles
están muy altos y no los alcanzan mis años.
Leguas de polvo y sueño cercan la torre.
¿A qué engañarme?
La verdad es que nunca he sabido leer,
pero me consuelo pensando
que lo imaginado y lo pasado ya son lo mismo
para un hombre que ha sido
y que contempla lo que fue la ciudad
y ahora vuelve a ser el desierto.
¿Qué me impide soñar que alguna vez
descifré la sabiduría
y dibujé con aplicada mano los símbolos?
Mi nombre es Hsiang. Soy el que custodia los libros,
que acaso son los últimos,
porque nada sabemos del Imperio
y del Hijo del Cielo.
Ahí están en los altos anaqueles,
cercanos y lejanos a un tiempo,
secretos y visibles como los astros.
Ahí están los jardines, los templos.
"Elogio de la sombra" (1969)
Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 316 e 317 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 409
Herberto Helder
80
ou: o truque cardiovascular, ou:
a técnica da paixão, quero eu dizer: o estilo de
restituir ao seu conexo sobressalto, de sangue
autoral, os bruscos
poemas transracionais, ali, onde
o mundo reconhece o mundo,
sítio para sermos estudantes do sentido:
tão acima arrebatados pela
razão jubilatória:
porque
um poema é a melhor crítica a um poema,
John Cage,
se
se pensa na roupa: quando a talham, e a beleza atravessa o ar,
e alguém morre com ela, e o despem para o vestirem
com outra roupa, e entre
as duas cenas salta a luz naquele corpo que não morre nunca,
e é também um poema esta cena terceira,
digo:
porque se trata da luz a trabalhar e mais nada:
nasce de uma espécie de mecânica quântica, poema
nu ou vestido na escuridão, maravilha
irreal estroboscópica
da beleza como que
com
as janelas em volta: o videoclipe que transita,
o corpo que transita,
e o nome inominável, ele, o
écran plasma tv para o tremor dos fotões dentro e fora,
nem num sítio nem noutro,
cabeça, espáduas, membros, e o etc. geral conjunto, e as águas
destapadas que os abraçam,
poema contra poema, inóspita beleza! enquanto
o texto
se abrasa: outra
crítica, não a que não encarna, porque é milagre,
o âmago escrito, o minúsculo, o escondido,
mostra em grande plano a mão queimada se por exemplo
ao meio do clipe sombrio
é todo assim por baixo:
o fogo
a técnica da paixão, quero eu dizer: o estilo de
restituir ao seu conexo sobressalto, de sangue
autoral, os bruscos
poemas transracionais, ali, onde
o mundo reconhece o mundo,
sítio para sermos estudantes do sentido:
tão acima arrebatados pela
razão jubilatória:
porque
um poema é a melhor crítica a um poema,
John Cage,
se
se pensa na roupa: quando a talham, e a beleza atravessa o ar,
e alguém morre com ela, e o despem para o vestirem
com outra roupa, e entre
as duas cenas salta a luz naquele corpo que não morre nunca,
e é também um poema esta cena terceira,
digo:
porque se trata da luz a trabalhar e mais nada:
nasce de uma espécie de mecânica quântica, poema
nu ou vestido na escuridão, maravilha
irreal estroboscópica
da beleza como que
com
as janelas em volta: o videoclipe que transita,
o corpo que transita,
e o nome inominável, ele, o
écran plasma tv para o tremor dos fotões dentro e fora,
nem num sítio nem noutro,
cabeça, espáduas, membros, e o etc. geral conjunto, e as águas
destapadas que os abraçam,
poema contra poema, inóspita beleza! enquanto
o texto
se abrasa: outra
crítica, não a que não encarna, porque é milagre,
o âmago escrito, o minúsculo, o escondido,
mostra em grande plano a mão queimada se por exemplo
ao meio do clipe sombrio
é todo assim por baixo:
o fogo
568
Herberto Helder
82
que poder de ensino o destas coisas quando
em idioma: um copo de água agreste plenamente na mesa,
só em linguagem o copo me inebria
— placa de gelo em que lóbulos
do cérebro? — e exalta-me a transparência, porque
fora, sob
administração
geral: ciência, literatura, economia, gramática,
nada, nenhum copo, nenhuma água na mesa,
me fazem sangrar aferida essencial, ou mover-me
às cegas e às avessas
até ao último reduto; só antes,
por trás, depois,
à frente, eu sinto que a membrana de vidro, reservando uma pouca
de água miraculadamente do caos
dos dicionários, me despedaça
como primeira palavra,
não apenas os dedos, mas dedos e memória, devotação de vida;
a lição do nome
que não tem Deus, e de que o nosso nome
diminuto se aproxima; basta aquela água delgada enquanto algures
ceifam na terra,
edificam; água colhida no verbo
copo ou em Deus advérbio
de modo,
e há um nó interno requeimado, um nó semântico, e um calafrio
trespassa a bic preta, e em nativo escrevo
a música de ouvido,
e o ar que está por cima enche
todo o caderno,
e equilibram-se
o copo sobre a toalha, transparência, plano de água,
e dedos e papel e script e trémula superfície da memória,
tudo passado a multíplice e ardente
em idioma: um copo de água agreste plenamente na mesa,
só em linguagem o copo me inebria
— placa de gelo em que lóbulos
do cérebro? — e exalta-me a transparência, porque
fora, sob
administração
geral: ciência, literatura, economia, gramática,
nada, nenhum copo, nenhuma água na mesa,
me fazem sangrar aferida essencial, ou mover-me
às cegas e às avessas
até ao último reduto; só antes,
por trás, depois,
à frente, eu sinto que a membrana de vidro, reservando uma pouca
de água miraculadamente do caos
dos dicionários, me despedaça
como primeira palavra,
não apenas os dedos, mas dedos e memória, devotação de vida;
a lição do nome
que não tem Deus, e de que o nosso nome
diminuto se aproxima; basta aquela água delgada enquanto algures
ceifam na terra,
edificam; água colhida no verbo
copo ou em Deus advérbio
de modo,
e há um nó interno requeimado, um nó semântico, e um calafrio
trespassa a bic preta, e em nativo escrevo
a música de ouvido,
e o ar que está por cima enche
todo o caderno,
e equilibram-se
o copo sobre a toalha, transparência, plano de água,
e dedos e papel e script e trémula superfície da memória,
tudo passado a multíplice e ardente
980
Heiner Müller
Lamento do historiador
No quarto livro dos ANNALES Tácito queixa-se
Pela duração do tempo de paz, mal interrompido
Por disputas fronteiriças pueris, com a descrição
Das quais precisa contentar-se, cheio
De inveja de seus predecessores
Que tiveram à disposição guerras-mamute
Com imperadores à frente, exigindo uma Roma
Sempre maior, povos subjugados, reis cativos
Revoltas e crises de estado: material dos bons.
E Tácito desculpa-se junto a seus leitores.
Eu, por minha vez, dois mil anos depois dele,
Não preciso desculpar-me e não posso
Queixar-me da falta de bom material.
(tradução de Ricardo Domeneck)
Pela duração do tempo de paz, mal interrompido
Por disputas fronteiriças pueris, com a descrição
Das quais precisa contentar-se, cheio
De inveja de seus predecessores
Que tiveram à disposição guerras-mamute
Com imperadores à frente, exigindo uma Roma
Sempre maior, povos subjugados, reis cativos
Revoltas e crises de estado: material dos bons.
E Tácito desculpa-se junto a seus leitores.
Eu, por minha vez, dois mil anos depois dele,
Não preciso desculpar-me e não posso
Queixar-me da falta de bom material.
(tradução de Ricardo Domeneck)
943
Herberto Helder
89
a vida inteira para fundar um poema,
a pulso,
um só, arterial, com abrasadura,
que ao dizê-lo os dentes firam a língua,
que o idioma se fira na boca inábil que o diga,
só quase pressentimento fonético,
filológico,
mas que atenção, paixão, alumiação
e se me tocam na boca?
de noite, a mexer na seda para, desdobrando-se,
a noite extraterrestre bruxulear um pouco,
o último,
assim como que húmido, animal, intuitivo, de origem,
papel de seda que a rútila força lírica rompa,
um arrepio dentro dele,
batido, pode ser, no sombrio, como se avara enflorasse com as faúlhas
e assim a mão escrita se depura,
e se movem, estria atrás de estria, pontos voltaicos,
manchas ultravioletas a arder através do filme,
leve poema técnico e trémulo,
linhas e linhas,
línguas,
obra-prima do êxtase das línguas,
tudo movido virgem,
e eu que tenho a meu cargo delicadeza e inebriamento
tenho acaso no nome o inominável?
mão batida, curta, sem estudo, maravilhada apenas,
nada a ver com luminotecnia prática ou teórica,
mas com grandes mãos, e eu brilhei,
o meu nome brilhou entrando na frase inconsútil,
e depois o ar, e os objectos que ocorrem: onde?
fora? dentro?
no aparte,
no mais vidrado,
no avêsso,
no sistema demoroso do bicho interrompido na seda,
fibra lavrada sangrando,
uma qualquer arte intrépida por uma espécie de pilha eléctrica
como alma: plenitude,
através de um truque:
os dedos com uma, suponhamos, estrela que se entorna sobre a mesa,
poema trabalhado a energia alternativa,
a fervor e ofício,
enquanto a morte come onde me pode a vida toda
a pulso,
um só, arterial, com abrasadura,
que ao dizê-lo os dentes firam a língua,
que o idioma se fira na boca inábil que o diga,
só quase pressentimento fonético,
filológico,
mas que atenção, paixão, alumiação
e se me tocam na boca?
de noite, a mexer na seda para, desdobrando-se,
a noite extraterrestre bruxulear um pouco,
o último,
assim como que húmido, animal, intuitivo, de origem,
papel de seda que a rútila força lírica rompa,
um arrepio dentro dele,
batido, pode ser, no sombrio, como se avara enflorasse com as faúlhas
e assim a mão escrita se depura,
e se movem, estria atrás de estria, pontos voltaicos,
manchas ultravioletas a arder através do filme,
leve poema técnico e trémulo,
linhas e linhas,
línguas,
obra-prima do êxtase das línguas,
tudo movido virgem,
e eu que tenho a meu cargo delicadeza e inebriamento
tenho acaso no nome o inominável?
mão batida, curta, sem estudo, maravilhada apenas,
nada a ver com luminotecnia prática ou teórica,
mas com grandes mãos, e eu brilhei,
o meu nome brilhou entrando na frase inconsútil,
e depois o ar, e os objectos que ocorrem: onde?
fora? dentro?
no aparte,
no mais vidrado,
no avêsso,
no sistema demoroso do bicho interrompido na seda,
fibra lavrada sangrando,
uma qualquer arte intrépida por uma espécie de pilha eléctrica
como alma: plenitude,
através de um truque:
os dedos com uma, suponhamos, estrela que se entorna sobre a mesa,
poema trabalhado a energia alternativa,
a fervor e ofício,
enquanto a morte come onde me pode a vida toda
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Yu Xuanji
Deixando-se levar
Nenhum laço me prende; sempre livre,
vou sem destino, leve entre as paragens
Nuvens se abrem entre lua e rio,
amarras frouxas, barco em pleno mar
No Templo Liang,1tanger o alaúde,
no pavilhão recita-se o poema
Ter por abrigo as grutas de bambus
e nas veredas, pedras companheiras
Preciosos são o pardal, a andorinha
São ar a prata e o ouro, seus castelos
A primavera oferta verde o vinho,2
à noite a lua aquieta-se à janela
O passo estanca à fonte transparente
e em seu espelho, à imagem, deixo o grampo
Na cama, ébria, os livros me rodeiam
Cabelo aliso ao pente, enfim levanto-me
vou sem destino, leve entre as paragens
Nuvens se abrem entre lua e rio,
amarras frouxas, barco em pleno mar
No Templo Liang,1tanger o alaúde,
no pavilhão recita-se o poema
Ter por abrigo as grutas de bambus
e nas veredas, pedras companheiras
Preciosos são o pardal, a andorinha
São ar a prata e o ouro, seus castelos
A primavera oferta verde o vinho,2
à noite a lua aquieta-se à janela
O passo estanca à fonte transparente
e em seu espelho, à imagem, deixo o grampo
Na cama, ébria, os livros me rodeiam
Cabelo aliso ao pente, enfim levanto-me
1 141
Herberto Helder
85
bic cristal preta doendo nas falangetas,
papel sobre a mesa,
a luz que vibra por cima, por baixo
a cadeira eléctrica que vibra,
e é isto:
electrocutado, luz sacudida no cabelo,
a beleza do corpo no centro da beleza do mundo:
pontos de ouro nas frutas,
frutas na luz escarpada,
clarões florais atrás de paredões de água,
água guardada no meio das fornalhas
— isto que, sentado eu na minha cadeira eléctrica,
entra a corrente por mim adentro e abala-me,
e com perícia artífice deixa no papel
o nexo estilístico entre
o terso, vívido, caótico e doce:
e o escrito, o carbonífero, o extinto,
o corpo
papel sobre a mesa,
a luz que vibra por cima, por baixo
a cadeira eléctrica que vibra,
e é isto:
electrocutado, luz sacudida no cabelo,
a beleza do corpo no centro da beleza do mundo:
pontos de ouro nas frutas,
frutas na luz escarpada,
clarões florais atrás de paredões de água,
água guardada no meio das fornalhas
— isto que, sentado eu na minha cadeira eléctrica,
entra a corrente por mim adentro e abala-me,
e com perícia artífice deixa no papel
o nexo estilístico entre
o terso, vívido, caótico e doce:
e o escrito, o carbonífero, o extinto,
o corpo
1 046
Herberto Helder
95
abrupto termo dito último pesado poema do mundo
até novembro de 2008.
até novembro de 2008.
953
Herberto Helder
2
o teu nome novo, comecei eu a tirá-lo com uma navalha
da madeira grossa,
e nunca mais saía a única letra até dentro,
a primeira, e já toda a mão me sangrava
com o talho à volta dos dedos,
e a letra e o melhor do meu sangue e a seiva
metiam-se pela ferida como se ela mesma fosse
o meu trabalho apenas,
sangue que escorria pulso abaixo e me escoava:
a própria lavra da escrita —
^oh quando arranjarei mão que alcance em sangue e força
o fundo final desse começo de ti,
nome terreno,
isso: coisa amada tanto quanto o alvoroço mortal deste fim
de idade:
será que nenhum poder me devasta ainda?
da madeira grossa,
e nunca mais saía a única letra até dentro,
a primeira, e já toda a mão me sangrava
com o talho à volta dos dedos,
e a letra e o melhor do meu sangue e a seiva
metiam-se pela ferida como se ela mesma fosse
o meu trabalho apenas,
sangue que escorria pulso abaixo e me escoava:
a própria lavra da escrita —
^oh quando arranjarei mão que alcance em sangue e força
o fundo final desse começo de ti,
nome terreno,
isso: coisa amada tanto quanto o alvoroço mortal deste fim
de idade:
será que nenhum poder me devasta ainda?
1 089
Herberto Helder
E Chamou Deus À Luz Dia
E chamou Deus à luz Dia; e às trevas chamou Noite; e fez-se a tarde, e fez-se a manhã, dia primeiro.
... e fez a separação entre as águas que estavam debaixo do firmamento e as águas que estavam por cima do firmamento.
(Génesis).
... e eis que havia um grande terramoto: e o sol tomou-se negro como um saco de silício: e a lua tomou-se como sangue. E as estrelas do céu caíram na terra, como quando a figueira lança os seus figos verdes, abalada de um grande vento: E o céu retirou-se como um livro que se enrola: e todos os montes e ilhas se moveram dos seus lugares.
E vi os mortos, pequenos e grandes, ... e foram abertos os livros. (Apocalipse).
Irmãos Humanos que depois de nós vivereis, não nos guardeis ódio em vossos corações. (François Yillon).
Ah, como custa falar desta selvagem floresta tão áspera e inextricável, cuja simples lembrança basta para despertar o terror. Denso granizo, águas negras e neves caíam do espaço tenebroso. (Dante).
Maravilha fatal da nossa idade. (Camões).
Rasgou os limbos a antiga luz das fábulas, luz terrível que os homens e as mulheres beijavam cegamente e a que ficavam presos pela boca, arrastados, violentamente brancos — mortos. E essa colina subia e girava, puxando pelos lábios os seres deslumbrados e aniquilados. E dentro desta luz e desta morte, os sons amadureciam. Em baixo, vermelhas, estalavam as cúpulas. (Autor).
E as estrelas do céu caíram na terra, como quando a figueira lança os seus figos verdes, abalada de um grande vento. E eis que havia um grande terramoto, e o sol tornou-se negro como um saco de silício e a lua tornou-se como sangue. E fez-se a separação entre as águas que estavam debaixo do firmamento e as águas que estavam por cima do firmamento. E o céu retirou-se como um livro que se enrola e todos os montes e ilhas se moveram dos seus lugares. Denso granizo, águas negras e neves caíam do espaço tenebroso. Rasgou os limbos a antiga luz das fábulas, luz terrível que os homens e as mulheres beijavam cegamente e a que ficavam presos pela boca, arrastados, violentamente brancos — mortos. E essa colina subia e girava, puxando pelos lábios os seres deslumbrados e aniquilados. E dentro desta luz e desta morte, os sons amadureciam. Em baixo, vermelhas, estalavam as cúpulas. E vi os mortos, pequenos e grandes, e foram abertos os livros. Ah, como custa falar desta selvagem floresta tão áspera e inextricável — maravilha fatal da nossa idade —, cuja simples lembrança basta para despertar o terror. Irmãos Humanos que depois de nós vivereis, não nos guardeis ódio em vossos corações.
... E chamou Deus à luz Dia; e às trevas chamou Noite; e fez-se a tarde, e fez-se a manhã, dia primeiro...
Ah, como custa falar desta selvagem floresta tão áspera e inextricável, cuja simples lembrança basta para despertar o terror.
E vi os mortos, como quando a figueira lança os seus figos verdes, entre as águas que estavam debaixo do firmamento, águas negras, e a lua como sangue, denso granizo e neves do espaço tenebroso. E as estrelas do céu e as águas que estavam por cima do firmamento caíram na terra, e eis que havia um grande terramoto, e rasgou os limbos a antiga luz das fábulas, e foram abertos os livros. E dentro desta luz e desta morte, os sons amadureciam. Os homens e as mulheres caíam cegamente pela boca, e o sol tornou-se negro como um livro que se enrola, e todos os pequenos e grandes montes e ilhas se moveram dos seus lugares. Abalada de um grande vento, a luz terrível subia e girava, puxando violentamente os mortos brancos que ficavam presos pelos deslumbrados e arrastados lábios ao céu que se tornou como um saco de silício. E os seres aniquilados beijavam essa colina, e em baixo o céu retirou-se, e fez-se a separação, e estalavam as cúpulas
vermelhas.
Maravilha fatal da nossa idade.
... E chamou Deus à luz Dia; e às trevas chamou Noite; e fez-se a tarde, e fez-se a manhã, dia primeiro...
Irmãos Humanos que depois de nós vivereis, não nos guardeis ódio em vossos corações.
Na maravilha desta luz inextricável, vi os homens e as mulheres que estalavam como estrelas, como figos deslumbrados. E o sol negro e a lua de sangue caíram no
vento, nas águas, na terra, caíam da selvagem figueira por cima do firmamento que subia e girava como um livro terrível, uma colina que se enrola. E eis que se rasgou um grande terramoto de águas verdes no céu de silício violentamente baixo. E os seres moveram-se dos seus lugares pelo granizo tenebroso, puxando as cúpulas, os sons, os mortos abertos. E havia águas negras na luz abalada, na áspera floresta dos limbos, e as ilhas vermelhas e os montes arrastados amadureciam no terror da nossa idade. No espaço das fábulas os mortos, cegamente presos, estavam aniquilados pelos lábios e beijavam a grande luz, a grande morte. E fez-se a separação entre a boca e os livros. E quando as águas e as neves estavam dentro do céu, de cuja antiga lembrança custa falar, eu vi os mortos brancos despertar debaixo do céu fatal, e ficavam pequenos e grandes. E estavam todos mortos. Denso granizo, águas negras e neves caíam do espaço tenebroso.
... E chamou Deus à luz Dia; e às trevas chamou Noite; e fez-se a tarde, e fez-se a manhã, dia primeiro...
... presos pela boca violentamente brancos os mortos amadureciam
e
dentro desta luz ficavam as mulheres puxando as fábulas vermelhas
e
a terrível colina subia pelos sons deslumbrados
e
os limbos estalavam
e
a luz rasgou cegamente os seres aniquilados
e
cúpulas beijavam os lábios arrastados na luz
e
a morte antiga girava em baixo com homens...
... E chamou Deus à luz Dia; e às trevas chamou Noite; e fez-se atarde, e fez-se amanhã, dia primeiro...
... luz selvagem... e terramoto que se enrola de estrelas...
e água abalada... inextricável... o sol num saco de vento...
e a lua debaixo das ilhas que se moveram... e livros em silício dentro dos mortos verdes... e coração dos figos abertos... maravilha nos grandes lugares por cima... e montes como dentro das águas negras... espaço... separação... e mulheres vermelhas com cúpulas... a antiga colina do firmamento... e homens violentamente... sons cegamente... e seres arrastados do céu da boca para... luz selvagem...
... E chamou Deus à luz Dia; e às trevas chamou Noite;
e fez-se a tarde, e fez-se a manhã, dia primeiro...
1963.
... e fez a separação entre as águas que estavam debaixo do firmamento e as águas que estavam por cima do firmamento.
(Génesis).
... e eis que havia um grande terramoto: e o sol tomou-se negro como um saco de silício: e a lua tomou-se como sangue. E as estrelas do céu caíram na terra, como quando a figueira lança os seus figos verdes, abalada de um grande vento: E o céu retirou-se como um livro que se enrola: e todos os montes e ilhas se moveram dos seus lugares.
E vi os mortos, pequenos e grandes, ... e foram abertos os livros. (Apocalipse).
Irmãos Humanos que depois de nós vivereis, não nos guardeis ódio em vossos corações. (François Yillon).
Ah, como custa falar desta selvagem floresta tão áspera e inextricável, cuja simples lembrança basta para despertar o terror. Denso granizo, águas negras e neves caíam do espaço tenebroso. (Dante).
Maravilha fatal da nossa idade. (Camões).
Rasgou os limbos a antiga luz das fábulas, luz terrível que os homens e as mulheres beijavam cegamente e a que ficavam presos pela boca, arrastados, violentamente brancos — mortos. E essa colina subia e girava, puxando pelos lábios os seres deslumbrados e aniquilados. E dentro desta luz e desta morte, os sons amadureciam. Em baixo, vermelhas, estalavam as cúpulas. (Autor).
E as estrelas do céu caíram na terra, como quando a figueira lança os seus figos verdes, abalada de um grande vento. E eis que havia um grande terramoto, e o sol tornou-se negro como um saco de silício e a lua tornou-se como sangue. E fez-se a separação entre as águas que estavam debaixo do firmamento e as águas que estavam por cima do firmamento. E o céu retirou-se como um livro que se enrola e todos os montes e ilhas se moveram dos seus lugares. Denso granizo, águas negras e neves caíam do espaço tenebroso. Rasgou os limbos a antiga luz das fábulas, luz terrível que os homens e as mulheres beijavam cegamente e a que ficavam presos pela boca, arrastados, violentamente brancos — mortos. E essa colina subia e girava, puxando pelos lábios os seres deslumbrados e aniquilados. E dentro desta luz e desta morte, os sons amadureciam. Em baixo, vermelhas, estalavam as cúpulas. E vi os mortos, pequenos e grandes, e foram abertos os livros. Ah, como custa falar desta selvagem floresta tão áspera e inextricável — maravilha fatal da nossa idade —, cuja simples lembrança basta para despertar o terror. Irmãos Humanos que depois de nós vivereis, não nos guardeis ódio em vossos corações.
... E chamou Deus à luz Dia; e às trevas chamou Noite; e fez-se a tarde, e fez-se a manhã, dia primeiro...
Ah, como custa falar desta selvagem floresta tão áspera e inextricável, cuja simples lembrança basta para despertar o terror.
E vi os mortos, como quando a figueira lança os seus figos verdes, entre as águas que estavam debaixo do firmamento, águas negras, e a lua como sangue, denso granizo e neves do espaço tenebroso. E as estrelas do céu e as águas que estavam por cima do firmamento caíram na terra, e eis que havia um grande terramoto, e rasgou os limbos a antiga luz das fábulas, e foram abertos os livros. E dentro desta luz e desta morte, os sons amadureciam. Os homens e as mulheres caíam cegamente pela boca, e o sol tornou-se negro como um livro que se enrola, e todos os pequenos e grandes montes e ilhas se moveram dos seus lugares. Abalada de um grande vento, a luz terrível subia e girava, puxando violentamente os mortos brancos que ficavam presos pelos deslumbrados e arrastados lábios ao céu que se tornou como um saco de silício. E os seres aniquilados beijavam essa colina, e em baixo o céu retirou-se, e fez-se a separação, e estalavam as cúpulas
vermelhas.
Maravilha fatal da nossa idade.
... E chamou Deus à luz Dia; e às trevas chamou Noite; e fez-se a tarde, e fez-se a manhã, dia primeiro...
Irmãos Humanos que depois de nós vivereis, não nos guardeis ódio em vossos corações.
Na maravilha desta luz inextricável, vi os homens e as mulheres que estalavam como estrelas, como figos deslumbrados. E o sol negro e a lua de sangue caíram no
vento, nas águas, na terra, caíam da selvagem figueira por cima do firmamento que subia e girava como um livro terrível, uma colina que se enrola. E eis que se rasgou um grande terramoto de águas verdes no céu de silício violentamente baixo. E os seres moveram-se dos seus lugares pelo granizo tenebroso, puxando as cúpulas, os sons, os mortos abertos. E havia águas negras na luz abalada, na áspera floresta dos limbos, e as ilhas vermelhas e os montes arrastados amadureciam no terror da nossa idade. No espaço das fábulas os mortos, cegamente presos, estavam aniquilados pelos lábios e beijavam a grande luz, a grande morte. E fez-se a separação entre a boca e os livros. E quando as águas e as neves estavam dentro do céu, de cuja antiga lembrança custa falar, eu vi os mortos brancos despertar debaixo do céu fatal, e ficavam pequenos e grandes. E estavam todos mortos. Denso granizo, águas negras e neves caíam do espaço tenebroso.
... E chamou Deus à luz Dia; e às trevas chamou Noite; e fez-se a tarde, e fez-se a manhã, dia primeiro...
... presos pela boca violentamente brancos os mortos amadureciam
e
dentro desta luz ficavam as mulheres puxando as fábulas vermelhas
e
a terrível colina subia pelos sons deslumbrados
e
os limbos estalavam
e
a luz rasgou cegamente os seres aniquilados
e
cúpulas beijavam os lábios arrastados na luz
e
a morte antiga girava em baixo com homens...
... E chamou Deus à luz Dia; e às trevas chamou Noite; e fez-se atarde, e fez-se amanhã, dia primeiro...
... luz selvagem... e terramoto que se enrola de estrelas...
e água abalada... inextricável... o sol num saco de vento...
e a lua debaixo das ilhas que se moveram... e livros em silício dentro dos mortos verdes... e coração dos figos abertos... maravilha nos grandes lugares por cima... e montes como dentro das águas negras... espaço... separação... e mulheres vermelhas com cúpulas... a antiga colina do firmamento... e homens violentamente... sons cegamente... e seres arrastados do céu da boca para... luz selvagem...
... E chamou Deus à luz Dia; e às trevas chamou Noite;
e fez-se a tarde, e fez-se a manhã, dia primeiro...
1963.
1 060
Herberto Helder
93
há muito quem morra precipitadamente,
ainda o ar não faísca contra o prodígio das frutas,
ninguém ainda está maduro,
uns são varados por uma bala na bôca,
outros deitam os pulmões queimados pela bôca fora,
ou são cortados ao meio por uma serra eléctrica,
há quem avance pela água e vá pela água abaixo e morra coberto de água,
quem talhe a veia jugular frente ao espelho para ver o que faz a morte
com tanto sangue à volta dela,
são mortes académicas,
et parce que l’on ne peut pas ne pas écrire,
talvez se devesse morrer de ter escrito uma frase, ou respirada ou
irresistível ou arrancada, excedendo o mundo,
ou uma expressão de amor obscena e dôce,
então sim já se estaria pronto para as perguntas:
dói? doem? onde? como? quando?
sempre, o corpo todo, toda a memória, o que pára ou se move,
como junto a um monte de sete adjectivos de sêco e fero a informe,
onde tudo dor lhe era e causa que padeça,
eu, substantivo,
já pouco sôfrego,
já estrito, mínimo,
apanhado nos distúrbios de março a junho, e o ouro
sobe à pôlpa das nêsperas, e o sangue
sobe
para debaixo das pálpebras quando se dorme e o corpo é luminoso,
e a mão que então acorda é mais na luz ou mais na água leve,
oh dias esses saídos assim do sono com um golpe na mão sestra,
manhã, noite, o golpe sangrando sôbre
entre papel e fôgo linha a linha recosidos num caderno portátil até onde,
delicadeza e turvação nos dedos,
e então, algures, um nó tão físico mas que,
passado à mente,
doía em tudo,
que em língua era: a morte a trabalhar entre recto e uretra e,
mexendo por aí,
trabalhava na alma das palavras,
punha-as em teorema, demonstração inexplicável, lei
externa à dor, à espera de
como ela vem célula a célula, como devora
o idioma, a gaja scienza, o quotidiano, a escrita,
já sôbre linho e louça,
já frente à amada fêmea:
rins quebrados, quadris luxuosos, púbis alto,
o cego odor do mênstruo,
já triunfam nas mãos as frutas do tempo,
já lavra a escarlata no cabelo frio,
já como é mortífero,
já o espírito encontra a forma,
à mesa, em pé, suspenso, vendo de repente o ar inteiro metido pela
árvores dentre
pela água salgada dentro,
às portas acá da noite avonde,
e como abunda a noite!
o ar inteiro metido pela noite dentro, e que ébrio,
redivivo
ainda o ar não faísca contra o prodígio das frutas,
ninguém ainda está maduro,
uns são varados por uma bala na bôca,
outros deitam os pulmões queimados pela bôca fora,
ou são cortados ao meio por uma serra eléctrica,
há quem avance pela água e vá pela água abaixo e morra coberto de água,
quem talhe a veia jugular frente ao espelho para ver o que faz a morte
com tanto sangue à volta dela,
são mortes académicas,
et parce que l’on ne peut pas ne pas écrire,
talvez se devesse morrer de ter escrito uma frase, ou respirada ou
irresistível ou arrancada, excedendo o mundo,
ou uma expressão de amor obscena e dôce,
então sim já se estaria pronto para as perguntas:
dói? doem? onde? como? quando?
sempre, o corpo todo, toda a memória, o que pára ou se move,
como junto a um monte de sete adjectivos de sêco e fero a informe,
onde tudo dor lhe era e causa que padeça,
eu, substantivo,
já pouco sôfrego,
já estrito, mínimo,
apanhado nos distúrbios de março a junho, e o ouro
sobe à pôlpa das nêsperas, e o sangue
sobe
para debaixo das pálpebras quando se dorme e o corpo é luminoso,
e a mão que então acorda é mais na luz ou mais na água leve,
oh dias esses saídos assim do sono com um golpe na mão sestra,
manhã, noite, o golpe sangrando sôbre
entre papel e fôgo linha a linha recosidos num caderno portátil até onde,
delicadeza e turvação nos dedos,
e então, algures, um nó tão físico mas que,
passado à mente,
doía em tudo,
que em língua era: a morte a trabalhar entre recto e uretra e,
mexendo por aí,
trabalhava na alma das palavras,
punha-as em teorema, demonstração inexplicável, lei
externa à dor, à espera de
como ela vem célula a célula, como devora
o idioma, a gaja scienza, o quotidiano, a escrita,
já sôbre linho e louça,
já frente à amada fêmea:
rins quebrados, quadris luxuosos, púbis alto,
o cego odor do mênstruo,
já triunfam nas mãos as frutas do tempo,
já lavra a escarlata no cabelo frio,
já como é mortífero,
já o espírito encontra a forma,
à mesa, em pé, suspenso, vendo de repente o ar inteiro metido pela
árvores dentre
pela água salgada dentro,
às portas acá da noite avonde,
e como abunda a noite!
o ar inteiro metido pela noite dentro, e que ébrio,
redivivo
628
Luci Collin
Deveras
o poeta finge
e enquanto isso
cigarras estouram
pontes caem
azaleias claudicam
édipos ressonam
vacinas vencem
a bolsa quebra e
o poeta finge
e enquanto isso
vagalhões explodem
o pão adoece
astros desviam-se
manadas inteiras se perdem
a noite range
o vento derruba ninhos e
o poeta finge
e enquanto isso
vozes racham
veias entopem
galeões afundam
medeias abatem crias
turvam-se as corredeiras
o sapato aperta e
o poeta finge
que as mãos cheias de súbitos
não são as suas
e enquanto isso
cigarras estouram
pontes caem
azaleias claudicam
édipos ressonam
vacinas vencem
a bolsa quebra e
o poeta finge
e enquanto isso
vagalhões explodem
o pão adoece
astros desviam-se
manadas inteiras se perdem
a noite range
o vento derruba ninhos e
o poeta finge
e enquanto isso
vozes racham
veias entopem
galeões afundam
medeias abatem crias
turvam-se as corredeiras
o sapato aperta e
o poeta finge
que as mãos cheias de súbitos
não são as suas
1 041
Herberto Helder
4
filhos não te são nada, carne da tua carne são os poemas
que escreveste contra tudo, pais e filhos,
lugar e tempo,
filha é aquela que despes dos pés à cabeça,
perdendo os dedos nos nós que tem pelo cabelo abaixo,
e só pelo desejo que te traz de viver ou morrer dela,
desejo de ser o mesmo punho de cinza
deitado à espuma nos extremos da terra,
filha é a palavra carregada que arrancas aos dicionários quando
dormem,
essa palavra escolheu-te e tu escolheste as roucas linhas
onde hás-de ter o trabalho artesanal da morte:
o que de tudo reste pode ser testemunho distraído e mais nada,
tu sim vais tecendo e vendo tecer-se a tua dita atrás,
e essa atenção ilumina-te os nós dos dedos
e o cabelo todo aos nós por ela abaixo
— a morte faz do teu corpo um nó que bruxuleia e se apaga,
e tu olhas entre as coisas pequenas
e para onde olhas é essa parte alumiada toda
que escreveste contra tudo, pais e filhos,
lugar e tempo,
filha é aquela que despes dos pés à cabeça,
perdendo os dedos nos nós que tem pelo cabelo abaixo,
e só pelo desejo que te traz de viver ou morrer dela,
desejo de ser o mesmo punho de cinza
deitado à espuma nos extremos da terra,
filha é a palavra carregada que arrancas aos dicionários quando
dormem,
essa palavra escolheu-te e tu escolheste as roucas linhas
onde hás-de ter o trabalho artesanal da morte:
o que de tudo reste pode ser testemunho distraído e mais nada,
tu sim vais tecendo e vendo tecer-se a tua dita atrás,
e essa atenção ilumina-te os nós dos dedos
e o cabelo todo aos nós por ela abaixo
— a morte faz do teu corpo um nó que bruxuleia e se apaga,
e tu olhas entre as coisas pequenas
e para onde olhas é essa parte alumiada toda
1 084
Luci Collin
READILHO
isto que é uma coisa obsoleta
o conteúdo não salvo
a alvura do tempo presente
isto diacrônico e de origem obscura
envelhecido aos doze anos
aos treze sangrando
a voz mais oca nas conversações de inocência
uma fruta incluindo meus braços
incluindo as falhas que manifesto
isto que é alagadiço e eufórico
nesta nova temporada
as palavras repousam sobre os cílios
quem vem são camaleões e votos fuscos
estes homens grandes têm passos que valem
ouros
isto é a cidade da tela que é apenas luzes e umidades
é combinação de suspiros amarfanhados
numa grande angular o tabuleiro vira a pista molhada
acusações e controvérsias não cabem
num copo
os que querem por primeiro
são os favoritos da tia rose
mas suas músicas desapareceram das jukeboxes
e os dias líquidos e enfileirados não param de rir
os remendos lutam com suas vozes de banheiro
como é possível conspirar contra o concreto
as pontes têm esta precisão encomendada
as emancipadas linhas e o subir escadarias
este chacoalhar do metrô e esta guerra
são o último gole
já em si
o conteúdo não salvo
a alvura do tempo presente
isto diacrônico e de origem obscura
envelhecido aos doze anos
aos treze sangrando
a voz mais oca nas conversações de inocência
uma fruta incluindo meus braços
incluindo as falhas que manifesto
isto que é alagadiço e eufórico
nesta nova temporada
as palavras repousam sobre os cílios
quem vem são camaleões e votos fuscos
estes homens grandes têm passos que valem
ouros
isto é a cidade da tela que é apenas luzes e umidades
é combinação de suspiros amarfanhados
numa grande angular o tabuleiro vira a pista molhada
acusações e controvérsias não cabem
num copo
os que querem por primeiro
são os favoritos da tia rose
mas suas músicas desapareceram das jukeboxes
e os dias líquidos e enfileirados não param de rir
os remendos lutam com suas vozes de banheiro
como é possível conspirar contra o concreto
as pontes têm esta precisão encomendada
as emancipadas linhas e o subir escadarias
este chacoalhar do metrô e esta guerra
são o último gole
já em si
579
Luci Collin
TENTAME
e entre nós e as palavras, o nosso querer falar
M. Cesariny
não havia palavra que coubesse
na carícia que os dedos fazem nas cordas
palavra que frutificasse ao falar
do deserto
um instrumento desafinado
que arranha a plenitude do lago
que quase inexiste
traz uma dor desconcebível e úmida
de dia frio de voz rachada
de sobreavisos
não havia palavra que se aproximasse
da carícia feita nas cordas deste instrumento inabitado
e a voz desconjuntada se esforçava para trazer
a manhã de volta
eu permeável pudesse nesta giga saber
que uma aridez ternária jamais não dói
não esboça certeza nem parelha
é arrítmica esta inquietação de perfumes abandonados
voz subsistida no som das carícias
nas horas eriçadas na suspensão
e eu aqui querendo que a palavra que fala
não seja só
o próprio deserto
M. Cesariny
não havia palavra que coubesse
na carícia que os dedos fazem nas cordas
palavra que frutificasse ao falar
do deserto
um instrumento desafinado
que arranha a plenitude do lago
que quase inexiste
traz uma dor desconcebível e úmida
de dia frio de voz rachada
de sobreavisos
não havia palavra que se aproximasse
da carícia feita nas cordas deste instrumento inabitado
e a voz desconjuntada se esforçava para trazer
a manhã de volta
eu permeável pudesse nesta giga saber
que uma aridez ternária jamais não dói
não esboça certeza nem parelha
é arrítmica esta inquietação de perfumes abandonados
voz subsistida no som das carícias
nas horas eriçadas na suspensão
e eu aqui querendo que a palavra que fala
não seja só
o próprio deserto
669
Orides Fontela
Cisne
Humanizar o cisne
é violentá-lo. Mas
também quem nos dirá
o arisco esplendor
- a presença do cisne?
Como dizê-lo? Densa
a palavra fere
o branco
expulsa a presença e - humana -
é esplendor memória
e sangue.
E
resta
não o cisne: a
palavra
- a palavra mesmo
cisne.
do livro Alba (1983)
é violentá-lo. Mas
também quem nos dirá
o arisco esplendor
- a presença do cisne?
Como dizê-lo? Densa
a palavra fere
o branco
expulsa a presença e - humana -
é esplendor memória
e sangue.
E
resta
não o cisne: a
palavra
- a palavra mesmo
cisne.
do livro Alba (1983)
1 788
Sophia de Mello Breyner Andresen
Açores
Há um intenso orgulho
Na palavra Açor
E em redor das ilhas
O mar é maior
Como num convés
Respiro amplidão
No ar brilha a luz
Da navegação
Mas este convés
É de terra escura
É de lés a lés
Prado agricultura
É terra lavrada
Por navegadores
E os que no mar pescam
São agricultores
Por isso há nos homens
Aprumo de proa
E não sei que sonho
Em cada pessoa
As casas são brancas
Em luz de pintor
Quem pintou as barras
Afinou a cor
Aqui o antigo
Tem o limpo do novo —
É o mar que traz
Do largo o renovo
E como num convés
De intensa limpeza
Há no ar um brilho
De bruma e clareza
É convés lavrado
Em plena amplidão
É o mar que traz
As ilhas na mão
Buscámos no mundo
Mar e maravilhas
Deslumbradamente
Surgiram nove ilhas
E foi na Terceira
Com o mar à proa
Que nasceu a mãe
Do poeta Pessoa
Em cujo poema
Respiro amplidão
E me cerca a luz
Da navegação
Em cujo poema
Como num convés
A limpeza extrema
Luz de lés a lés
Poema onde está
A palavra pura
De um povo cindido
Por tanta aventura
Poema onde está
A palavra extrema
Que une e reconhece —
Pois só no poema
Um povo amanhece
1976
Na palavra Açor
E em redor das ilhas
O mar é maior
Como num convés
Respiro amplidão
No ar brilha a luz
Da navegação
Mas este convés
É de terra escura
É de lés a lés
Prado agricultura
É terra lavrada
Por navegadores
E os que no mar pescam
São agricultores
Por isso há nos homens
Aprumo de proa
E não sei que sonho
Em cada pessoa
As casas são brancas
Em luz de pintor
Quem pintou as barras
Afinou a cor
Aqui o antigo
Tem o limpo do novo —
É o mar que traz
Do largo o renovo
E como num convés
De intensa limpeza
Há no ar um brilho
De bruma e clareza
É convés lavrado
Em plena amplidão
É o mar que traz
As ilhas na mão
Buscámos no mundo
Mar e maravilhas
Deslumbradamente
Surgiram nove ilhas
E foi na Terceira
Com o mar à proa
Que nasceu a mãe
Do poeta Pessoa
Em cujo poema
Respiro amplidão
E me cerca a luz
Da navegação
Em cujo poema
Como num convés
A limpeza extrema
Luz de lés a lés
Poema onde está
A palavra pura
De um povo cindido
Por tanta aventura
Poema onde está
A palavra extrema
Que une e reconhece —
Pois só no poema
Um povo amanhece
1976
1 230
Thomas Brasch
Seis sentenças sobre Sofia
1.
Em Hamburgo vive a filha de um milionário em um quarto minúsculo e de seu ventre quente ainda me lembro.
2.
Ele era macio sob a blusa branca.
3.
Houvesse me casado com ela e com o dinheiro de seu pai, não escreveria poemas sobre ela, mas em vez disso estaria meditando sobre as formas poéticas do século XXI.
4.
Melhor: eu me lembro de seu ventre quente.
5.
Sofia, eu havia, Sofia, menina rica, Sofia, te imaginado mais fria.
6.
Em Hamburgo vive a filha de um milionário com um engenheiro de som em seu quarto minúsculo e de seu ventre e de sua conta bancária ainda me lembro.
Em Hamburgo vive a filha de um milionário em um quarto minúsculo e de seu ventre quente ainda me lembro.
2.
Ele era macio sob a blusa branca.
3.
Houvesse me casado com ela e com o dinheiro de seu pai, não escreveria poemas sobre ela, mas em vez disso estaria meditando sobre as formas poéticas do século XXI.
4.
Melhor: eu me lembro de seu ventre quente.
5.
Sofia, eu havia, Sofia, menina rica, Sofia, te imaginado mais fria.
6.
Em Hamburgo vive a filha de um milionário com um engenheiro de som em seu quarto minúsculo e de seu ventre e de sua conta bancária ainda me lembro.
1 078
Herberto Helder
9
tão fortes eram que sobreviveram à língua morta
esses poucos poemas acerca do que hoje me atormenta,
décadas, centenas, milhares de anos,
e eles vibram,
e entre as coisas técnicas do apartamento,
máquinas de medir o pequeno tempo, digo:
relógios de parede — um,
relógios de pulso — três, mas apenas um que funciona furiosamente,
e rádio e tv e telemóveis,
esmagam-me meu Deus por assim dizer com a sua verdade última
sobre a morte do corpo,
dizem apenas: igual ao pó da terra, que não respira,
o que é falso, pois eu é que deixarei de respirar
sobre o pó da terra que respira,
entre o poema sumério e este poema de curto fôlego
mas que talvez respire, um dia,
ou dois, ou três dias mais:
quanto às coisas sumérias: as mãos da rapariga,
o cabelo da estreita rapariga,
a luz que estremecia nela,
tudo isso perdura entre nós dois pelos milénios fora,
e delas eu estremeço ainda
esses poucos poemas acerca do que hoje me atormenta,
décadas, centenas, milhares de anos,
e eles vibram,
e entre as coisas técnicas do apartamento,
máquinas de medir o pequeno tempo, digo:
relógios de parede — um,
relógios de pulso — três, mas apenas um que funciona furiosamente,
e rádio e tv e telemóveis,
esmagam-me meu Deus por assim dizer com a sua verdade última
sobre a morte do corpo,
dizem apenas: igual ao pó da terra, que não respira,
o que é falso, pois eu é que deixarei de respirar
sobre o pó da terra que respira,
entre o poema sumério e este poema de curto fôlego
mas que talvez respire, um dia,
ou dois, ou três dias mais:
quanto às coisas sumérias: as mãos da rapariga,
o cabelo da estreita rapariga,
a luz que estremecia nela,
tudo isso perdura entre nós dois pelos milénios fora,
e delas eu estremeço ainda
1 080
Herberto Helder
15
se um dia destes parar não sei se não morro logo,
disse Emília David, padeira,
não sei se fazer um poema não é fazer um pão
um pão que se tire do forno e se coma quente ainda por entre
as linhas,
um dia destes vejo que não vou parar nunca,
as mãos súbito cheias:
o mundo é só fogo e pão cozido,
e o fogo é que dá ao mundo os fundamentos da forma,
pão comprido nas terras de França,
pão curto agora nestes reinos salgados,
se parar não sei se não caio logo ali redonda no chão frio
como se caísse fundo em mim mesma,
a mão dentro do pão para comê-lo
— disse ela
disse Emília David, padeira,
não sei se fazer um poema não é fazer um pão
um pão que se tire do forno e se coma quente ainda por entre
as linhas,
um dia destes vejo que não vou parar nunca,
as mãos súbito cheias:
o mundo é só fogo e pão cozido,
e o fogo é que dá ao mundo os fundamentos da forma,
pão comprido nas terras de França,
pão curto agora nestes reinos salgados,
se parar não sei se não caio logo ali redonda no chão frio
como se caísse fundo em mim mesma,
a mão dentro do pão para comê-lo
— disse ela
1 145
Artur Eduardo Benevides
Morreste
1.
Morreste, afinal, ó poeta geral,
ou prossegues, lívido, a cantar
à paz de teu silêncio
e ao verde-azul
do mar?
Se ponho — sim, estás vivendo em mim.
Se digo — não, contemplo-te em canção,
qual fantasma, insone, a vagar
em nossa solidão.
Se morreste, também morreu Ricardo
e Álvaro se foi, partiu Alberto.
Ou todos esses e quantos mais tu foste
— como as máscaras gregas da tragédia —
só viveram no poema, no teu verso,
pendurados na dor dos vilancetes?, no teu verso,
pendurados na dor dos vilancetes?
Pode um poeta perder o seu futuro
ou a morte não passa de interlúdio
no resfolgar fatal de seus ginetes?
E o fingimento? E todo o sal do mar
nascido das guitarras marinheiras
na hora de cantar?
Ai, cantar e chorar
são sempre a mesma cousa!
Ambos rimam conosco e inscrevem-se na lousa
que vai cobrir o que de essência somos.
E tu, irmão do Tejo, do Lima e do Montego,
por que tão perto estás e és cacto com medo
a perecer no meio de um deserto?
Oh, o teu verso tão certo a brilhar
sobre os homens e o mar
português!
Teu verso que se fez
de sono, mito, encantação e olhar.
Mesmo não crendo, creste. E assim criavas
novas formas de fé que alimentavam
a lenta sombra rubra da existência.
E foste na tarde a sobretarde
e no real/irreal a consciência
em fome de verdade.
E cantaste da vida a brevidade
entre o sempre e o jamais, a mágoa
e a História.
E nossa foi
tua vasta visão premonitória.
2.
É certo: em brumas sobrevéns
de Alcácer-Quibir.
Foi-te dado com isso pressentir
o mistério do tempo e da memória,
o lá-dentro das cousas e o lá-fora,
a estrada de Delfos e de Ofir.
Então, se tal se deu, nunca morreste.
Estás nos tombadilhos, a boreste,
com capa e pince-nez, a viajar.
E aqui ficamos a te reinventar
como as nuvens inventam sua sombra
de naves fantásticas no mar.
O mar de Camões. O reino das canções.
A concha dos mistérios e navegações.
E aqui te esperamos.
Virás — quem sabe — de qualquer ilhota
(ao lado de Almada e Sá-Carneiro)
no solitário voar das gaivotas.
Ou te erguerás, triunfal, a qualquer hora,
de algum poema teu, à luz de auroras.
Ou talvez desardomeças num soneto
inglês. E todos de uma vez
gritaremos teu nome que não some
e é camerata, e luz, e dor, e ritmo,
ou sagrado logaritmo
nas álgebras
do poema.
3.
No tempo te saúdo. Não te enxergo
na morte silenciosa. E só estás mudo.
A tua voz se oculta entre as ramagens
da árvore da vida. A tua voz
ferida. A tua voz
tão perto e tão distante.
Voz, como os perfumes, caminhante,
na curva e contracurva de algum fado.
E aqui estou, igual a ti, parado,
a louvar tua face essencial.
Teu sonho delirante e teu naval
olhar.
Ou o teu guitarreio e suspirar.
Ou o maldizer. Ou o teu saber.
Ou o teu grito crescendo em solidão
no reino de Netuno ou de Plutão.
Morreste, afinal, ó poeta geral,
ou prossegues, lívido, a cantar
à paz de teu silêncio
e ao verde-azul
do mar?
Se ponho — sim, estás vivendo em mim.
Se digo — não, contemplo-te em canção,
qual fantasma, insone, a vagar
em nossa solidão.
Se morreste, também morreu Ricardo
e Álvaro se foi, partiu Alberto.
Ou todos esses e quantos mais tu foste
— como as máscaras gregas da tragédia —
só viveram no poema, no teu verso,
pendurados na dor dos vilancetes?, no teu verso,
pendurados na dor dos vilancetes?
Pode um poeta perder o seu futuro
ou a morte não passa de interlúdio
no resfolgar fatal de seus ginetes?
E o fingimento? E todo o sal do mar
nascido das guitarras marinheiras
na hora de cantar?
Ai, cantar e chorar
são sempre a mesma cousa!
Ambos rimam conosco e inscrevem-se na lousa
que vai cobrir o que de essência somos.
E tu, irmão do Tejo, do Lima e do Montego,
por que tão perto estás e és cacto com medo
a perecer no meio de um deserto?
Oh, o teu verso tão certo a brilhar
sobre os homens e o mar
português!
Teu verso que se fez
de sono, mito, encantação e olhar.
Mesmo não crendo, creste. E assim criavas
novas formas de fé que alimentavam
a lenta sombra rubra da existência.
E foste na tarde a sobretarde
e no real/irreal a consciência
em fome de verdade.
E cantaste da vida a brevidade
entre o sempre e o jamais, a mágoa
e a História.
E nossa foi
tua vasta visão premonitória.
2.
É certo: em brumas sobrevéns
de Alcácer-Quibir.
Foi-te dado com isso pressentir
o mistério do tempo e da memória,
o lá-dentro das cousas e o lá-fora,
a estrada de Delfos e de Ofir.
Então, se tal se deu, nunca morreste.
Estás nos tombadilhos, a boreste,
com capa e pince-nez, a viajar.
E aqui ficamos a te reinventar
como as nuvens inventam sua sombra
de naves fantásticas no mar.
O mar de Camões. O reino das canções.
A concha dos mistérios e navegações.
E aqui te esperamos.
Virás — quem sabe — de qualquer ilhota
(ao lado de Almada e Sá-Carneiro)
no solitário voar das gaivotas.
Ou te erguerás, triunfal, a qualquer hora,
de algum poema teu, à luz de auroras.
Ou talvez desardomeças num soneto
inglês. E todos de uma vez
gritaremos teu nome que não some
e é camerata, e luz, e dor, e ritmo,
ou sagrado logaritmo
nas álgebras
do poema.
3.
No tempo te saúdo. Não te enxergo
na morte silenciosa. E só estás mudo.
A tua voz se oculta entre as ramagens
da árvore da vida. A tua voz
ferida. A tua voz
tão perto e tão distante.
Voz, como os perfumes, caminhante,
na curva e contracurva de algum fado.
E aqui estou, igual a ti, parado,
a louvar tua face essencial.
Teu sonho delirante e teu naval
olhar.
Ou o teu guitarreio e suspirar.
Ou o maldizer. Ou o teu saber.
Ou o teu grito crescendo em solidão
no reino de Netuno ou de Plutão.
1 419
Luci Collin
aos pés da letra
não sei você
mas eu por dentro estou quase num
nem existo______quase na lona no limbo
na face escura da lua
na rua a ver navios
quase imprevisto
não sei você mas eu
por dentro estou com um estrepe um engasgo
parece indeferimento
por dentro é rés movimento
é sem balanço___sem serventia
por dentro um estrago
não fosse o colibri aqui faz pouco
tinha me abstido dessa cena
tinha desistido desse filme
— espelho bissexto e algo turvo —
não fora o sol que entendi esplêndido
passava batido o entardecer vermelho
pela natureza desse ofício
pelo oficioso desse esforço
não sei você mas eu por dentro
sou só
_________texto
mas eu por dentro estou quase num
nem existo______quase na lona no limbo
na face escura da lua
na rua a ver navios
quase imprevisto
não sei você mas eu
por dentro estou com um estrepe um engasgo
parece indeferimento
por dentro é rés movimento
é sem balanço___sem serventia
por dentro um estrago
não fosse o colibri aqui faz pouco
tinha me abstido dessa cena
tinha desistido desse filme
— espelho bissexto e algo turvo —
não fora o sol que entendi esplêndido
passava batido o entardecer vermelho
pela natureza desse ofício
pelo oficioso desse esforço
não sei você mas eu por dentro
sou só
_________texto
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