Poemas neste tema

Coragem e Força

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

1929

Antes la luz entraba más temprano
en la pieza que da al último patio;
ahora la vecina casa de altos
le quita el sol, pero en la vaga sombra
su modesto inquilino está despierto
desde el amanecer. Sin hacer ruido,
para no incomodar a los de al lado,
el hombre está mateando y esperando.
Otro día vacío, como todos.
Y siempre los ardores de la úlcera.
Ya no hay mujeres en mi vida, piensa.
Los amigos lo aburren. Adivina
que él también los aburre. Hablan de cosas
que no alcanza, de arqueros y de cuadros.
No ha mirado la hora. Sin apuro
se levanta y se afeita con inútil
prolijidad. Hay que llenar el tiempo.
El rostro que el espejo le devuelve
guarda el aplomo que antes era suyo.
Envejecemos más que nuestra cara,
piensa, pero ahí están las comisuras,
el bigote ya gris, la hundida boca.
Busca el sombrero y sale. En el vestíbulo
ve un diario abierto. Lee las grandes letras,
crisis ministeriales en países
que son apenas nombres. Luego advierte
la fecha de la víspera. Un alivio;
ya no tiene por qué seguir leyendo.
Afuera, la mañana le depara
su ilusión habitual de que algo empieza
y los pregones de los vendedores.
En vano el hombre inútil dobla esquinas
y pasajes y trata de perderse.
Ve con aprobación las casas nuevas,
algo, tal vez el viento sur, lo anima.
Cruza Rivera, que hoy le dicen Córdoba,
y no recuerda que hace muchos años
que sus pasos la eluden. Dos, tres cuadras.
Reconoce una larga balaustrada,
los redondeles de un balcón de fierro,
una tapia erizada de pedazos
de vidrio. Nada más. Todo ha cambiado.
Tropieza en una acera. Oye la burla
de unos muchachos. No los toma en cuenta.
Ahora está caminado más despacio.
De golpe se detiene. Algo ha ocurrido.
ahí donde ahora hay una heladería,
estaba el Almacén de la Figura.
(La historia cuenta casi medio siglo.)
Ahí un desconocido de aire avieso
le ganó un largo truco, quince y quince,
y él malició que el juego no era limpio.
No quiso discutir, pero le dijo:
Ahí le entrego hasta el último centavo,
pero después salgamos a la calle.
el otro contestó que con el fierro
no le iría mejor que con el naipe.
No había ni una estrella. Benavides
le prestó su cuchillo. La pelea
fue dura. En la memoria es un instante,
un solo inmóvil resplandor, un vértigo.
Se tendió en una larga puñalada,
que bastó. Luego en otra, por si acaso.
Oyó el caer del cuerpo y del acero.
Fue entonces que sintió por vez primera
la herida en la muñeca y vio la sangre.
fue entonces que brotó de su garganta
una mala palabra, que juntaba
la exultación, la ira y el alivio.
tantos años y al fin ha rescatado
la dicha de ser hombre y ser valiente
o, por lo menos, la de haberlo sido
alguna vez, en un ayer del tiempo.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 371, 372 e 373 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 596
António Ramos Rosa

António Ramos Rosa

Aqui Seria E É a Força Intensa

Aqui seria e é a força intensa
do alto caule do cavalo aceso
sobre a cinza de outra terra escassa.
Este animal agora é todo branco.

Donde o arranco? A uma treva espessa,
onde amarrado em pó jazia.
Impaciente jogo, o escrevo a salvo
de todos os desastres e ruínas.

Ei-lo alcandorado ao cimo da montanha,
a minha mão condu-lo com a mansidão da terra.
Vou dar-lhe a beber o sol inteiro.
1 020
António Ramos Rosa

António Ramos Rosa

Aqui Seria a Mancha Mais Clara

Aqui seria a mancha mais clara
para um cavalo rosado ou cinza suave.
Aqui seria linear e ténue,
a vocação feliz de uma pequena nódoa.

As patas do cavalo vencem a inércia
de um princípio sem fim.
A fúria que eu invento é uma vontade
de dar à terra o seu cavalo fortíssimo.

E eu com ele soçobro ou me levanto.
Aqui seria… e é destino e força
o peso do animal que amo sobre mim.
1 082
António Ramos Rosa

António Ramos Rosa

A Seta Principia Pela Sede. Ou o Desejo

A seta principia pela sede. Ou o desejo
no seu centro negro (húmido, efervescente)
e vai pelo campo em corpo de cavalo
dizer a plenitude do sangue nesta página.

Cavalo de espaço, terra de vigor e paz
para ser a sede, a força
de outra força,
o puro alento da felicidade ignorante.

Ah não saber e ser a sede irradiante
da água de um cavalo e de uma estrela
do mar no desenho do combate
em que o negro se volve claridade brusca.

E eis a lâmina a ferir a lucidez
de uma verdade morta, a pressa de correr
ao mais ardente nome, o do cavalo sempre,
que galopa no branco o seu negro galope.
1 028
Rui Costa

Rui Costa

Acidente I (helderiana virulenta)

eu às vezes apetece-me que vocês sejam felizes hoje,
roubando aos bocados. Com gotas de sono a morder alto,
rebentando nas asas.
Às vezes procuro chamar a atenção, isto é, por vezes decido morrer
para sempre. Sem anzóis a cair dos braços movendo o ritmo do ar.
E sem pena, horizontal a tudo. Então costumo ver os amigos encostados
uns aos outros, lavando árvores. Ou entrando pelo sangue, com as mãos
todas a dar olhos.
Lembro-me de vocês quando decido morrer para sempre.
E quando sou eterno, comendo folhas sentado.
Sei que há paredes brancas onde as éguas não entram. Ficamos
às vezes à conversa nos rios infinitos, chorando lentamente
uma felicidade louca. E somos loucos perguntando, chovendo
no coração louco. E nada existe que não seja apavorado e
tremendo.

Mas tu sabes. Eu quero que tu oiças. As nuvens são inteligentes
e é por elas que as nossas mãos recebem. Por tudo quanto não existe,
pondo pedras demoradas junto ao lugar do amor. Tantos mortos,
dizes,
órgãos repartidos por tanta nenhuma coisa. Nada. Tanto.
Eu sou louco e compreendo. Eu tenho o meu orgulho e a minha força.
Canso-me. Uso as minhas mãos. Deixo o coração ser alternado
e comestível. E o vento passa lá fora e eu passo cá dentro e lá fora.
E sigo o rumo das papoilas e digo que amo as coisas raras.
Neste extremo lugar dos homens,
                                                                  coroado de tudo.

470
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Milonga de Jacinto Chiclana

Me acuerdo. Fue en Balvanera
En una noche lejana
Que alguien dejó caer el nombre
De un tal Jacinto Chiclana.

Algo se dijo también
De una esquina y de un cuchillo;
Los años nos dejan ver
El entrevero y el brillo.

Quién sabe por qué razón
Me anda buscando ese nombre;
Me gustaría saber
Cómo habrá sido aquel hombre.

Alto lo veo y cabal,
Con el alma comedida,
Capaz de no alzar la voz
Y de jugarse la vida.

Nadie con paso más firme
Habrá pisado la tierra;
Nadie habrá habido como él
En el amor y en la guerra.

Sobre la huerta y el patio
Las torres de Balvanera
Y aquella muerte casual
En una esquina cualquiera.

No veo los rasgos. Veo,
Bajo el farol amarillo,
El choque de hombres o sombras
Y esa víbora, el cuchillo.

Acaso en aquel momento
En que le entraba la herida,
Pensó que a un varón le cuadra
No demorar la partida.

Sólo Dios puede saber
La laya fiel de aquel hombre;
Señores, yo estoy cantando
Lo que cifre en el nombre.

Entre las cosas hay una
De la que no se arrepiente
Nadie en la tierra. Esa cosa
Es haber sido valiente.

Siempre el coraje es mejor,
La esperanza nunca es vana;
Vaya pues esta milonga
Para Jacinto Chiclana.


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 273 e 274 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
2 031
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Dónde se habrán ido?

Según su costumbre, el solbrilla y muere, muere y brilla
y en el patio, como ayer,
hay una luna amarilla,
pero el tiempo, que no ceja,
todas las cosas mancilla.
Se acabaron los valientes
y no han dejado semilla.
¿Dónde están los que salieron
a liberar las naciones
o afrontaron en el Sur
las lanzas de los malones?
¿Dónde están los que a la guerra
marchaban en batallones?
¿Dónde están los que morían
en otras revoluciones?
-No se aflija. En la memoria
de los tiempos venideros
también nosotros seremos
los tauras y los primeros.
El ruin será generoso
y el flojo será valiente:
No hay cosa como la muerte
para mejorar a la gente.
¿Dónde está la valerosa
chusma que pisó esta tierra,
la que doblar no pudieron
perra vida y muerte perra,
los que en duro arrabal
vivieron como en la guerra,
los Muraña por el Norte
y por el Sur los Iberra?
¿Qué fue de tanto animoso?
¿Qué fue de tanto bizarro?
A todos los gastó el tiempo,
a todos los tapa el barro.
Juan Muraña se olvidó
del cadenero y del carro
y ya no sé si Moreira
murió en Lobos o en Navarro.
-No se aflija. En la memoria...



"Para las seis cuerdas" (1965)


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 271 e 272 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
2 008
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Milonga de dos hermanos

Traiga cuentos la guitarra
de cuando el fierro brillaba,
cuentos de truco y de taba,
de cuadreras y de copas,
cuentos de la Costa Brava
y el Camino de las Tropas.

Venga una historia de ayer
que apreciarán los más lerdos;
el destino no hace acuerdos
y nadie se lo reproche
ya estoy viendo que esta noche
vienen del Sur los recuerdos.

Velay, señores, la historia
de los hermanos Iberra,
hombres de amor y de guerra
y en el peligro primeros,
la flor de los cuchilleros
y ahora los tapa la tierra.

Suelen al hombre perder
la soberbia o la codicia:
también el coraje envicia
a quien le da noche y día
el que era menor debía
más muertes a la justicia.

Cuando Juan Iberra vio
que el menor lo aventajaba,
la paciencia se le acaba
y le fue tendiendo un lazo
le dio muerte de un balazo,
allá por la Costa Brava.

Así de manera fiel
conté la historia hasta el fin;
es la historia de Caín
que sigue matando a Abel.

Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 269 e 270 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 040
Isabel Câmara

Isabel Câmara

Fim (13° volume)

Você me falou
que me mandasse porta afora
Eu vou
Vou com força total
esta porta não é metal
é o nosso mental
transparente
correndo da corrente
que pega gente exigente.
Vou enxugando a alma.
na palma que segura
a espada.
Vou pedindo calma.


795
Fernando Pessoa

Fernando Pessoa

Sê lanterna, sê luz com vidro em torno,

Sê lanterna, sê luz com vidro em torno,
        Porém o calor guarda.
Não poderão os ventos opressivos
        Apagar tua luz;
Nem teu calor, disperso, irá ser frio
        No inútil infinito.
4 660
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

1971

Dos hombres caminaron por la luna.Otros después. ¿Qué puede la palabra,
qué puede lo que el arte sueña y labra,
ante su real y casi irreal fortuna?
Ebrios de horror divino y de aventura,
esos hijos de Whitman han pisado
el páramo lunar, el inviolado
orbe que, antes de Adán, pasa y perdura.
El amor de Endimión en su montaña,
el hipogrifo, la curiosa esfera
de Wells, que en mi recuerdo es verdadera,
se confirman. De todos es la hazaña.
No hay en la tierra un hombre que no sea
hoy más valiente y más feliz. El día
inmemorial se exalta de energía
por la sola virtud de la Odisea
de esos amigos mágicos. La luna,
que el amor secular busca en el cielo
con triste rostro y no saciado anhelo,
será su monumento, eterna y una.


"El oro de los tigres", (1972)



Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 352 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016

1 134
Amália Bautista

Amália Bautista

Dragões

Chegou a hora de matar o dragão,
de acabar para sempre com este monstro
de fauces terríveis e olhos de fogo.
Há que matar este dragão e todos
que à sua volta se reproduzem.

O dragão da culpa e o do espanto,
o do remorso estéril, o do ódio,
o que sempre devora a esperança,
o do medo, do frio, da angústia.
Há que matar também o que nos esmaga
de bruços contra o chão,
imóveis, cobardes, quebrados, sem raízes.

Que o sangue de todos inunde
cada parte da casa
até nos chegar à cinta.
E quando essa pilha de monstros
for só um monte de vísceras
e olhos abertos para o vazio,
enfim poderemos trepar, montar-nos sobre eles,
chegar às janelas, abri-las ou quebrá-las,
deixar entrar a luz, a chuva, o vento
e tudo o que estava retido
atrás dos vidros.

475
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Dos versiones de Ritter, Tod und Teufel

I

Bajo el yelmo quimérico el severo
perfil es cruel como la cruel espada
que aguarda. Por la selva despojada
cabalga imperturbable el caballero.

Torpe y furtiva, la caterva obscena
lo ha cercado: el Demonio de serviles
ojos, los laberínticos reptiles
y el blanco anciano del reloj de arena.

Caballero de hierro, quien te mira
sabe que en ti no mora la mentira
ni el pálido temor. Tu dura suerte

es mandar y ultrajar. Eres valiente
y no serás indigno ciertamente,
alemán, del Demonio y de la Muerte.


II

Los caminos son dos. El de aquel hombre
de hierro y de soberbia, y que cabalga,
firme en su fe, por la dudosa selva
del mundo, entre las befas y la danza
inmóvil del Demonio y de la Muerte,
y el otro, el breve, el mío. ¿En qué borrada
noche o mañana antigua descubrieron
mis ojos la fantástica epopeya,
el perdurable sueño de Durero,
el héroe y la caterva de sus sombras
que me buscan, me acechan y me encuentran?
A mí, no al paladín, exhorta el blanco
anciano coronado de sinuosas
serpientes. La clepsidra sucesiva
mide mi tiempo, no su eterno ahora.
Yo seré la ceniza y la tiniebla;
yo, que partí después, habré alcanzado
mi término mortal; tú, que no eres,
tú, caballero de la recta espada
y de la selva rígida, tu paso
proseguirás mientras los hombres duren.
Imperturbable, imaginario, eterno.



"Elogio de la sombra" (1969)


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 324 e 325| Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 521
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Milonga de Calandria

Servando Cardoso el nombre
y Ño Calandria el apodo;
no lo sabrán olvidar
los años, que olvidan todo.

No era un científico de esos
que usan arma de gatillo;
era su gusto jugarse
en el baile del cuchillo.

Cuántas veces en Montiel
lo habrá visto la alborada
en brazos de una mujer
ya tenida y ya olvidada.

El arma de su afición
era el facón caronero.
Fueron una sola cosa
el cristiano y el acero.

Bajo el alero de sombra
o en el rincón de la parra,
las manos que dieron muerte
sabían templar la guitarra.

Fija la vista en los ojos,
era capaz de parar
el hachazo más taimado.
¡Feliz quien lo vio pelear!

No tan felices aquellos
cuyo recuerdo postrero
fue la brusca arremetida
y la entrada del acero.

Siempre la selva y el duelo,
pecho a pecho y cara a cara.
Vivió matando y huyendo.
Vivió como si soñara.

Se cuenta que una mujer
fue y lo entregó a la partida;
a todos, tarde o temprano,
nos va entregando la vida.


"Para las seis cuerdas" (1965)


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 289 e 290| Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 180
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

James Joyce

En un día del hombre están los días
del tiempo, desde aquel inconcebible
día inicial del tiempo, en que un terrible
Dios prefijó los días y agonías
hasta aquel otro en que el ubicuo río
del tiempo terrenal torne a su fuente,
que es lo Eterno, y se apague en el presente,
el futuro, el ayer, lo que ahora es mío.
Entre el alba y la noche está la historia
universal: Desde la noche veo
a mis pies los caminos del hebreo,
Cartago aniquilada, Infierno y Gloria.
Dame, Señor, coraje y alegría
para escalar la cumbre de este día.


(1968)



Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", pág. 301 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
3 871
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Los gauchos

Quién les hubiera dicho que sus mayores vinieron por un mar, quién les hubiera dicho lo que son un mar y sus aguas.

Mestizos de la sangre del hombre blanco, lo tuvieron en poco, mestizos de la sangre del hombre rojo, fueron sus enemigos.

Muchos no habrán oído jamás la palabra gaucho, o la habrán oído como una injuria.
Aprendieron los caminos de las estrellas, los hábitos del aire y del pájaro, las profecías de las nubes del Sur y de la luna con un cerco.

Fueron pastores de la hacienda brava, firmes en el caballo del desierto que habían domado esa mañana, enlazadores, marcadores, troperos, capataces, hombres de la partida policial, alguna vez matreros; alguno, el escuchado, fue el payador.

Cantaba sin premura, porque el alba tarda en clarear, y no alzaba la voz.

Había peones tigreros; amparado en el poncho el brazo izquierdo, el derecho sumía el cuchillo en el vientre del animal, abalanzado y alto.

El diálogo pausado, el mate y el naipe fueron las formas de su tiempo.

A diferencia de otros campesinos, eran capaces de ironía.

Eran sufridos, castos y pobres. La hospitalidad fue su fiesta.

Alguna noche los perdió el pendenciero alcohol de los sábados.

Morían y mataban con inocencia.

No eran devotos, fuera de alguna oscura superstición, pero la dura vida les enseño el culto del coraje.

Hombres de la ciudad les fabricaron un dialecto y una poesía de metáforas rústicas.
Ciertamente no fueron aventureros, pero un arreo los llevaba muy lejos y más lejos las guerras.

No dieron a la historia un sólo caudillo. Fueron hombres de López, de Ramírez, de Artigas, de Quiroga, de Bustos, de Pedro Campbell, de Rosas, de Urquiza, de aquel Ricardo López Jordán que hizo matar a Urquiza, de Peñaloza y de Saravia.

No murieron por esa cosa abstracta, la patria, sino por un patrón casual, una ira o por la invitación de un peligro.

Su ceniza está perdida en remotas regiones del continente, en repúblicas de cuya historia nada supieron, en campos de batalla, hoy famosos.

Hilario Ascasubi los vio cantando y combatiendo.

Vivieron su destino como en un sueño, sin saber quienes eran o qué eran.

Tal vez lo mismo nos ocurre a nosotros.


"Elogio de la sombra" (1969)


Jorge Luis Borges | "Poesia Completa", págs. 318 e 319 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
4 976
Frei Francisco de São Carlos

Frei Francisco de São Carlos

Canto VI [Voltando ao Austro, os bosques senhoreia

(...)

Voltando ao Austro, os bosques senhoreia
A ilustre povoação de Paulicéia,
Aprazível lugar, cuja campanha
O Tamandaaí cercando banha,
Cujos alunos, fortes e briosos
Rios transpondo, montes escabrosos,
Átropos insultando e os seus perigos,
Sem rotina segura, sem abrigos,
De Panteras e Serpes assaltados,
E do indígena bruto; além cansados,
Darão com as terras pingues e abundantes
Das veias d'oiro ricas, e diamantes.
Aqueles que forrando o peito duro
De triplicado bronze, o mar escuro
De Hele na aventureira faia arando,
Voltam de Colcos ledos, transportando
D'oiro a lã; não disputem as conquistas,
Que hão de tentar os ínclitos Paulistas.

(...)


Publicado no livro A Assunção (1819).

In: HOLANDA, Sérgio Buarque de. Frei Francisco de São Carlos. In: ---. Antologia dos poetas brasileiros da Fase Colonial. São Paulo: Perspectiva, 1979. p.413-414. (Textos, 2
1 116
Adélia Prado

Adélia Prado

Signos

Se esvai de mim o nojo dos mortos.
Já consigo comer
na tarde que sucede aos enterros.
Não sei o que representa em mim esta coragem nova,
este sensível amor aos enfermeiros,
este ouvido sem ira para as tosses
e o que contêm os vasos sob camas e nádegas.
A veste nupcial tem graça como as mortalhas,
as invenções humanas comoventes.
Um rito para o himeneu,
outro pra alçar o corpo e sepultá-lo.
Os casamentos são tristes porque externam
à vista de testemunhas
a mais funda ânsia de perenidade,
os noivos sempre nus.
Os enterros são meio alegres,
todos olham no morto o irredutível
que só ele contempla sem ameaças.
Tudo é uma coisa só. Sombra do que será.
O que difere é Deus.
743
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Milonga del forastero

La historia corre pareja,
La historia siempre es igual;
La cuentan en Buenos Aires
Y en la campaña oriental.

Siempre son dos los que tallan,
Un propio y un forastero;
Siempre es de tarde. En la tarde
Está luciendo el lucero.

Nunca se han visto la cara,
No se volverán a ver;
No se disputan haberes
Ni el favor de una mujer.

Al forastero le han dicho
Que en el pago hay un valiente.
Para probarlo ha venido
Y lo busca entre la gente.

Lo convida de buen modo,
No alza la voz ni amenaza;
Se entienden y van saliendo
Para no ofender la casa.

Ya se cruzan los puñales,
Ya se enredó la madeja,
Ya quedó tendido un hombre
Que muere y que no se queja.

Sólo esa tarde se vieron.
No se volverán a ver;
No los movió la codicia
Ni el amor de una mujer.

No vale ser el más diestro,
No vale ser el más fuerte;
Siempre el que muere es aquel
Que vino a buscar la muerte.

Para esa prueba vivieron
Toda su vida esos hombres;
Ya se han borrado las caras,
Ya se borrarán los nombres.


"Historia de la noche" (1977)


Jorge Luis Borges | "Poesía Completa", pág. 494 e 495 | Debolsillo, 3ª. edição, 2016
1 259
Carlos Drummond de Andrade

Carlos Drummond de Andrade

A Paraquedista

Brilha
Juliette Brille.
Salta de mil metros de altura
no Prado Mineiro em sol
laranja-vermelho e pasmo.
Despenca-se da asa
do aeroplano New Port.
Um segundo, e:
não abre o paraquedas?
Juliette, bólide
sem rastro fosforescente
irá esborrachar-se
no chão trivial?
Não, o Deus das aves,
dos ventos e das loucas
deposita Juliette
nas mãos do ar benigno.
Enfuna-se o aparelho.
Juliette, valsarina,
descreve no céu o giro
de rosa descendente
e vem pousar, completa,
em grama admirativa.
Homem nenhum fez isso
até agora aqui.
Todos aplaudem, constrangidos.
Não é que ela escapou?
1 124
Carlos Drummond de Andrade

Carlos Drummond de Andrade

Carta a Stalingrado

Stalingrado. . .
Depois de Madri e de Londres, ainda há grandes cidades!
O mundo não acabou, pois que entre as ruínas
outros homens surgem, a face negra de pó e de pólvora,
e o hálito selvagem da liberdade
dilata os seus peitos, Stalingrado,
seus peitos que estalam e caem
enquanto outros, vingadores, se elevam.

A poesia fugiu dos livros, agora está nos jornais.
Os telegramas de Moscou repetem Homero.
Mas Homero é velho. Os telegramas cantam um mundo novo
que nós, na escuridão, ignorávamos.
Fomos encontrá-lo em ti, cidade destruída,
na paz de tuas ruas mortas mas não conformadas,
no teu arquejo de vida mais forte que o estouro das bombas,
na tua fria vontade de resistir.

Saber que resistes.
Que enquanto dormimos, comemos e trabalhamos, resistes.
Que quando abrirmos o jornal pela manhã teu nome (em ouro oculto) estará firme no alto da página.
Terá custado milhares de homens, tanques e aviões, mas valeu a pena.
Saber que vigias, Stalingrado,
sobre nossas cabeças, nossas prevenções e nossos confusos pensamentos distantes
dá um enorme alento à alma desesperada
e ao coração que duvida.

Stalingrado, miserável monte de escombros, entre tanto resplandecente!
As belas cidades do mundo contemplam-te em pasmo e silêncio.
Débeis em face do teu pavoroso poder,
mesquinhas no seu esplendor de mármores salvos e rios não profanados,
as pobres e prudentes cidades, outrora gloriosas, entregues sem luta.
aprendem contigo o gesto de fogo.
Também elas podem esperar.

Stalingrado, quantas esperanças!
Que flores, que cristais e músicas o teu nome nos derrama!
Que felicidade brota de tuas casas!
De umas apenas resta a escada cheia de corpos;
de outras o cano de gás, a torneira, uma bacia de criança.
Não há mais livros para ler nem teatros funcionando
[nem trabalho nas fábricas,
todos morreram, estropiaram-se, os últimos defendem pedaços negros de parede,
mas a vida em ti é prodigiosa e pulula como insetos ao sol.
ó minha louca Stalingrado!

A tamanha distância procuro, indago, cheiro destroços sangrentos,
apalpo as formas desmanteladas de teu corpo,
caminho solitariamente em tuas ruas onde há mãos soltas e relógios partidos,
sinto-te como uma criatura humana, e que és tu, Stalingrado, senão isto?
Uma criatura que não quer morrer e combate,
contra o céu, a água, o metal a criatura combate,
contra milhões de braços e engenhos mecânicos a criatura combate,
contra o frio, a fome, a noite, contra a morte a criatura combate,
e vence.

As cidades podem vencer, Stalingrado!
Penso na vitória das cidades, que por enquanto é
[apenas uma fumaça subindo do Volga.
Penso no colar de cidades, que se amarão e se defenderão contra tudo.
Em teu chão calcinado onde apodrecem cadáveres,
a grande Cidade de amanhã erguerá a sua Ordem.
1 857
Adélia Prado

Adélia Prado

Pentecostes

Moro em casa de herança,
uma edificação com aposento que evito
paralisada por seu ar gelado.
Ocupo pequeno cômodo
onde até virtudes, algum riso
e sementes de alegria, ainda intactos,
guardam alguma vida.
Olho o grande portão sem me mover,
o medo me tem ao colo, o sorridente demônio:
‘Você está muito doente,
deixa que te cuido, filhinha,
com os unguentos do sono.’
Como um bicho respirando perigo,
às profundezas de que sou feita
rezo como quem vai morrer,
salva-me, salva-me.
O zelo de um espírito
até então duro e sem meiguice
vem em meu socorro e vem amoroso.
Convalescente de mim,
faço um carinho no meu próprio sexo
e o nome desse espírito é coragem.
1 231
Florbela Espanca

Florbela Espanca

Há de ser luz do sol em tardes quentes

Há de ser luz do sol em tardes quentes,
Nos olhos de água clara há de trazer
As fúlgidas pupilas das videntes!

<Há de ser seiva no botão repleto
Voz no murmúrio do pequeno insecto,
Vento que enfuna as velas sobre os mastros!...

<Há de ser Outro e Outro num momento!
Força viva, brutal, em movimento,
Astro arrastando catadupas de astros!
610
Mariana Ianelli

Mariana Ianelli

Reminiscência

Esquecemos
o tema.
Ele fende a madeira, bordando delicado as arestas,
eu trato a colheita debaixo do cordão da aragem.
Nada nos pertence - últimos mandamentos,
o dever e o tédio dos dias,
famílias lendárias, ironia.
Estamos de volta à beira dos mundos
e sob o pano se aquieta a razão
da nossa continuidade secreta.
A geada bate na terra, desatina as séries da fome
e nós não desanimamos.
Todo tempo pela coragem da maior renúncia,
todo tempo de hoje arrancado de falsas glórias.
Ele talha a madeira, aparando com bom jeito as margens,
eu escolho as raízes, separo a polpa da casca.
Alguma diferença estrita em nós
surpreende a imprudência da fuga,
um mistério não comentado,
uma ambição impedida de voltar ao passado
que tínhamos matado no tempo por um golpe de sorte.
Não perguntamos pela mãe deixada na ponta da história.
Assim foi resolvido.
Mortos, quebrados ao meio.
Revemos os exércitos calmos,
a conformação de milhares, o vírus temerário.
E nenhum reconhecimento é nosso,
a cela terrível dos anos, o verbo régio da tradição.
Na tarde isolada do terceiro dia,
nós renascemos do ácido.

776