En la Zona del Silencio (Poema para el Norte Mexicano)
juliosm
Cada viaje, cada desplazamiento sobre la superficie del globo,
puede dejar muchos significados.
Los viajes que hice por las sendas de México fueron así de impresionantes!
Cada cual con una infinidad de historias.
Una infinidad de formas de contarlas,
acordando de cada detalle.
Con la banda inolvidable de Beh Por México
Volando en carretera por el vasto Norte,
Llegamos a las Barrancas del Cobre
Tomamos el “Chepe” (Tren Chihuahua-Pacífico) hacia la costa.
Acampamos en el desierto del “Bolsón de Mapimí”,
Ahí la Zona del Silencio,
límite entre tres estados: Durango, Coahuila y Chihuahua.
Un territorio místico,
que no aparece en radares de GPS
donde no se transmiten olas de radio.
y donde algún día EUA lanzó un misil radioactivo
Un autobús lleno,
una excursión organizada por universitarios.
Viajando por varias horas,
una carretera solitaria.
Caía la madrugada
Yo iba en la cabine, conversava con el chofer Omar,
grande amigo y buena gente,
quien apagó las linternas del carro.
Ahí llegamos al infinito del cielo y las estrellas.
Estábamos en un puro desierto.
Nada se veía alrededor, ni plantas, ni luces.
Ni siquiera luces de algun edifício o ciudad lejana.
Ni un sonido más que el motor del bus.
Por algo es la Zona del Silencio.
Más tramos por carretera hasta llegar al rancho familiar,
donde llevan un proyecto sencillo de turismo,
y nos guiarían al día siguiente.
A unos 600 metros de ahí fuimos armar las tiendas de campaña.
Todo un reto esos montajes grupales de campamiento.
La retirada de las tiendas y colchonetas de las cajuelas,
la identificación de sus objetos por cada cual,
el estudio de la geografía de la zona para decidir
de manera más o menos organizada y más o menos desorganizada
la disposición de las tiendas en el espacio,
el ayudar a los amigos en el montaje y que te ayuden también.
Cuando todo termina, parece que el mundo se interrompe
La vida se suspende con el cansancio
Y solo queda dormir y esperar por el amanecer.
Pero es ahí que comienza un nuevo momento mágico.
Hacía mucho frío.
Yo estaba con mi jerga chiapaneca, la que todavía me acompaña.
Aunque muy linda y confortable,
deja entrar el frío desde los brazos para todo el cuerpo.
Yo no tenía tantas otras opciones de abrigo.
Qué podría esperar un extranjero, que el México norteño no fuera tan frío.
En una bandita hicimos rueda en el fuego de un latón
Largas pero pausadas las conversaciones
así como las risas y bromas de siempre
Ya por las tantas una señora compañera de viaje
sale de su tienda para nos regañar, que hacíamos la bulla
viene el sermón de respetar la voluntad y el sueño de los otros, etc.
Cumplimos con la protesta y seguimos platicando en voz más baja.
Una horita más y poco a poco la mayoría se va.
Unos quedamos hasta el fuego terminar.
Pues ahí fue surgiendo la magia, crecía la fuerza más impresionante del lugar. Pues en fin el Silencio empezaba a reinar.
Empecé a mirar más fijamente al horizonte.
Eran montañas minerales y un cielo color de rosa!
No ventaba.
Quedamos yo y Sofía, una viajera científica, amiga del silencio y de los paisajes
La intuición nos invita a caminar por la zona
A cruzar la frontera más allá del campamento
No vimos siquiera un coyote, ni un sonido de pájaro.
Algunos arbustos de plantas por el camino
Sus colores oscuros sobre un piso de arena brillante
Todo inmóvil en su inmovilidad escenográfica.
Miré otra vez hacia el horizonte.
No parecía un cielo,
pues no era como salir de casa y mirar hacia arriba.
Parecía un infinito cercano.
Una pintura.
Una sala de cine de 360º.
Como si un editor gráfico hubiera decidido pintar el paisaje
con colores poco usuales.
La compañía de Sofía me daba aliento a mi mente
por saber que alguien más compartía aquel momento.
De alguna manera ella representaba mi sophia.
El silencio del momento y la inmovilidad del horizonte
Hacían parecer una pared algunos metros adelante.
El saber que no se trataba de eso lo volvía todo perplejo e impresionante
Aún con mi poca apertura y sensibilidad para la contemplación.
Me despedí de Sofía y fui a dormir en mi tienda.
Una de las noches más frías que he pasado.
Mi tienda era un temazcal al contrario.
Mi pensamiento se volvía todo a la sensación de frío.
Pero amaneció y seguimos el viaje por la Zona del Silencio
con tantas lindas amistades
conociendo personas que uno nunca sabe si y cuando volverá a ver,
pero sabe que probablemente nunca volverá a ver
y también que estas personas seguirán ahí, seguirán sus caminos,
y la conciencia de uno cuando se enlaza con la de otros,
no hay distancia o tiempo que los pueda alejar.
El frío de la tienda me borró por un momento los imágenes del horizonte mineral y color de rosa del desierto.
Pero hoy, cuando siento el frío, es de ese horizonte que me acuerdo.
Y nunca más estos imágenes salieron de mi cabeza
Al punto que tuve de escribir esta historia.
puede dejar muchos significados.
Los viajes que hice por las sendas de México fueron así de impresionantes!
Cada cual con una infinidad de historias.
Una infinidad de formas de contarlas,
acordando de cada detalle.
Con la banda inolvidable de Beh Por México
Volando en carretera por el vasto Norte,
Llegamos a las Barrancas del Cobre
Tomamos el “Chepe” (Tren Chihuahua-Pacífico) hacia la costa.
Acampamos en el desierto del “Bolsón de Mapimí”,
Ahí la Zona del Silencio,
límite entre tres estados: Durango, Coahuila y Chihuahua.
Un territorio místico,
que no aparece en radares de GPS
donde no se transmiten olas de radio.
y donde algún día EUA lanzó un misil radioactivo
Un autobús lleno,
una excursión organizada por universitarios.
Viajando por varias horas,
una carretera solitaria.
Caía la madrugada
Yo iba en la cabine, conversava con el chofer Omar,
grande amigo y buena gente,
quien apagó las linternas del carro.
Ahí llegamos al infinito del cielo y las estrellas.
Estábamos en un puro desierto.
Nada se veía alrededor, ni plantas, ni luces.
Ni siquiera luces de algun edifício o ciudad lejana.
Ni un sonido más que el motor del bus.
Por algo es la Zona del Silencio.
Más tramos por carretera hasta llegar al rancho familiar,
donde llevan un proyecto sencillo de turismo,
y nos guiarían al día siguiente.
A unos 600 metros de ahí fuimos armar las tiendas de campaña.
Todo un reto esos montajes grupales de campamiento.
La retirada de las tiendas y colchonetas de las cajuelas,
la identificación de sus objetos por cada cual,
el estudio de la geografía de la zona para decidir
de manera más o menos organizada y más o menos desorganizada
la disposición de las tiendas en el espacio,
el ayudar a los amigos en el montaje y que te ayuden también.
Cuando todo termina, parece que el mundo se interrompe
La vida se suspende con el cansancio
Y solo queda dormir y esperar por el amanecer.
Pero es ahí que comienza un nuevo momento mágico.
Hacía mucho frío.
Yo estaba con mi jerga chiapaneca, la que todavía me acompaña.
Aunque muy linda y confortable,
deja entrar el frío desde los brazos para todo el cuerpo.
Yo no tenía tantas otras opciones de abrigo.
Qué podría esperar un extranjero, que el México norteño no fuera tan frío.
En una bandita hicimos rueda en el fuego de un latón
Largas pero pausadas las conversaciones
así como las risas y bromas de siempre
Ya por las tantas una señora compañera de viaje
sale de su tienda para nos regañar, que hacíamos la bulla
viene el sermón de respetar la voluntad y el sueño de los otros, etc.
Cumplimos con la protesta y seguimos platicando en voz más baja.
Una horita más y poco a poco la mayoría se va.
Unos quedamos hasta el fuego terminar.
Pues ahí fue surgiendo la magia, crecía la fuerza más impresionante del lugar. Pues en fin el Silencio empezaba a reinar.
Empecé a mirar más fijamente al horizonte.
Eran montañas minerales y un cielo color de rosa!
No ventaba.
Quedamos yo y Sofía, una viajera científica, amiga del silencio y de los paisajes
La intuición nos invita a caminar por la zona
A cruzar la frontera más allá del campamento
No vimos siquiera un coyote, ni un sonido de pájaro.
Algunos arbustos de plantas por el camino
Sus colores oscuros sobre un piso de arena brillante
Todo inmóvil en su inmovilidad escenográfica.
Miré otra vez hacia el horizonte.
No parecía un cielo,
pues no era como salir de casa y mirar hacia arriba.
Parecía un infinito cercano.
Una pintura.
Una sala de cine de 360º.
Como si un editor gráfico hubiera decidido pintar el paisaje
con colores poco usuales.
La compañía de Sofía me daba aliento a mi mente
por saber que alguien más compartía aquel momento.
De alguna manera ella representaba mi sophia.
El silencio del momento y la inmovilidad del horizonte
Hacían parecer una pared algunos metros adelante.
El saber que no se trataba de eso lo volvía todo perplejo e impresionante
Aún con mi poca apertura y sensibilidad para la contemplación.
Me despedí de Sofía y fui a dormir en mi tienda.
Una de las noches más frías que he pasado.
Mi tienda era un temazcal al contrario.
Mi pensamiento se volvía todo a la sensación de frío.
Pero amaneció y seguimos el viaje por la Zona del Silencio
con tantas lindas amistades
conociendo personas que uno nunca sabe si y cuando volverá a ver,
pero sabe que probablemente nunca volverá a ver
y también que estas personas seguirán ahí, seguirán sus caminos,
y la conciencia de uno cuando se enlaza con la de otros,
no hay distancia o tiempo que los pueda alejar.
El frío de la tienda me borró por un momento los imágenes del horizonte mineral y color de rosa del desierto.
Pero hoy, cuando siento el frío, es de ese horizonte que me acuerdo.
Y nunca más estos imágenes salieron de mi cabeza
Al punto que tuve de escribir esta historia.
Português
English
Español