Fábula Dística

FÁBULA DÍSTICA



A Tórtola Valencia


No merecías las loas vulgares

que te han escrito los peninsulares.

Acreedora de prosas cual doblones

y del patricio verso de Lugones.

En el morado foro episcopal

eres el Árbol del bien y del mal.

Piensan las señoritas al mirarte:

con virtud no se va a ninguna parte.

Monseñor, encargado de la Mitra,

apostató con la Danza de Anitra.

Foscos mílites revolucionarios

truecan espadas por escapularios,

aletargándose en la melodía

de tu imperecedera teogonía.

Tu filarmónico Danubio baña

el colgante jardín de la patraña.

La estolidez enreda sus hablillas

cabe tus pitagóricas rodillas.

En el horror voluble del incienso

se momifica tu rostro suspenso,

mas de la momia empieza a transcender

sanguinolento aviso de mujer.

Y vives la única vida segura:

la de Eva montada en la razón pura.

Tu rotación de ménade aniquila

la zurda ciencia, que cabe en tu axila.

En la honda noche del enigma ingrato

se enciende, como un iris, tu boato.

Te riegas cálida, como los vinos,

sobre los extraviados peregrinos.

La pobre carne, frente a ti, se alza

como brincó de los dedos divinos:

religiosa, frenética y descalza.


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