La Bizarra Capital De Mi Estado

LA BIZARRA CAPITAL DE MI ESTADO...


A Jesús B. González


He de encomiar en verso sincerista

la capital bizarra

de mi Estado, que es un

cielo cruel y una tierra colorada.

Una frialdad unánime

en el ambiente, y unas recatadas

señoritas con rostro de manzana,

ilustraciones prófugas

De las cajas de pasas.

Católicos de Pedro el Ermitaño

y jacobinos de época terciaria.

(Y se odian los unos a los otros

con buena fe.)


Una típica montaña

que, fingiendo un corcel que se encabrita,

al dorso lleva una capilla, alzada

al Patrocinio de la Virgen.


Altas

y bajas del terreno, que son siempre

una broma pesada.

Y una Catedral, y una campana

mayor que cuando suena, simultánea

con el primer clarín del primer gallo,

en las avemarías, me da lástima

que no la escuche el Papa.

Porque la cristiandad entonces clama

cual si fuese su queja mas urgida

la vibración metálica,

y al concurrir ese clamor concéntrico

del bronce, en el ánima del ánima,

se siente que las aguas

del bautismo nos corren por los huesos

y otra vez nos penetran y nos lavan.


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