Muerte En Venecia

A la muerte, en Venecia,
la llevan a pasear
como a una novia.

Por entre dos azules
la góndola luctuosa

se desliza,
revestida de lentos terciopelos,
y apenas se percibe

el leve golpe
de un remo y otro remo.

La sigue, despaciosa,
tal un jardín flotante,
la que porta el adiós

hecho de rosas
de los amigos.

Y cierran los dolientes

el cortejo,
que se pierde en el mar.
Los acompaña,
con un dedo en los labios,
el silencio.

No lejos la isla espera.

Tras el muro rosáceo

que la ciñe,
suben, altos y oscuros,

los cipreses.
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