Flores

Mi corazón fue un vaso de alabastro
Donde creció, fragante y solitaria,
Bajo el fulgor purísimo de un astro
Una azucena blanca: la plegaria.

Marchita ya esa flor de suave aroma,
Cual virgen consumida por la anemia,
Hoy en mi corazón su tallo asoma
Una adelfa purpúrea: la blasfemia.
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