El Donaire
EL DONAIRE
Los enanos forjaban tridentes para las divinidades
marinas. Enseñaban a los naturales de la isla de las canteras el
arte de pescar las esponjas. Inventaron los espejos de obsidiana.
Se ocupaban de educar el ruiseñor y el
alción, los pájaros de la felicidad, y maldecían
la escasa inteligencia de las aves de rapiña. Habitaban en
viviendas de yeso y no se atrevían sino con las liebres. Fueron
desterrados por una muchedumbre de hormigas cáusticas.
Aristófanes se complacía refiriendo,
entre carcajadas homéricas, la sumersión de los enanos en
una ciénaga después de su brava resistencia en un bosque
de lirios y azafranes.
Los enanos habrían salido vencedores sin la
animadversión de unas grullas de pico incisivo, autoras de
lesiones incurables.
Los enanos corrieron a salvarse en la nave de los
argonautas y confesaron el origen de su infortunio. Habían
imitado de modo risueño el paso de Empous, una larva coja, de
pies de asno.
Los enanos forjaban tridentes para las divinidades
marinas. Enseñaban a los naturales de la isla de las canteras el
arte de pescar las esponjas. Inventaron los espejos de obsidiana.
Se ocupaban de educar el ruiseñor y el
alción, los pájaros de la felicidad, y maldecían
la escasa inteligencia de las aves de rapiña. Habitaban en
viviendas de yeso y no se atrevían sino con las liebres. Fueron
desterrados por una muchedumbre de hormigas cáusticas.
Aristófanes se complacía refiriendo,
entre carcajadas homéricas, la sumersión de los enanos en
una ciénaga después de su brava resistencia en un bosque
de lirios y azafranes.
Los enanos habrían salido vencedores sin la
animadversión de unas grullas de pico incisivo, autoras de
lesiones incurables.
Los enanos corrieron a salvarse en la nave de los
argonautas y confesaron el origen de su infortunio. Habían
imitado de modo risueño el paso de Empous, una larva coja, de
pies de asno.