Hesperia

HESPERIA

El sacerdote refiere los acontecimientos
prehistóricos. Describe un continente regido por monarcas
iniciados, de ínfulas venerables y tiaras suntuosas, y
cómo provocaron el cataclismo en donde se perdieron, alzados
contra los númenes invulnerables.

El sacerdote se confesó heredero de la
sabiduría aciaga, recogida y atesorada por él mismo y los
de su casta.

Infería golpes al rostro de las panteras
frenéticas. Afrontaba la autoridad de los leones y
percudía su corona. Captaba, desde su observatorio, las
centellas del cielo por medio de un mecanismo de hierro.

Se ocupó de facilitar mi viaje de retorno. Su
galera de veinte remos por banda surcaba, al son de un pífano,
el golfo de las verdes olas.

Volví al seno de los míos, a celebrar
con ellos la ceremonia de una separación perdurable.

La belleza de la mañana aguzaba el
sentimiento de la partida.

Debía seguir el consejo del sacerdote
interesado en mi felicidad, fijándome, para siempre, en la
península de la primavera asidua.


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