El Canto Anhelante
EL CANTO ANHELANTE
El castillo surge a la orilla del mar. Domina un
ancho espacio, a la manera del león posado frente al desierto
ambiguo. Al pie de la muralla tiembla el barco del pirata con el ritmo
de la ola.
El vuelo brusco y momentáneo de la brisa
recuerda el de las aves soñolientas. Sube la luna, pálida
y solemne, como la víctima al suplicio.
Con la alta hora y el paisaje límpido
despierta la nostalgia del cautivo y se lastima el soldado. Mueve a
lágrimas alguna extraña y ondulante música. La
contraría con rudos acentos, con amargura de irritados trenos un
cántico ansioso que tiene el ímpetu recto de la flecha
disparada contra un águila.
El castillo surge a la orilla del mar. Domina un
ancho espacio, a la manera del león posado frente al desierto
ambiguo. Al pie de la muralla tiembla el barco del pirata con el ritmo
de la ola.
El vuelo brusco y momentáneo de la brisa
recuerda el de las aves soñolientas. Sube la luna, pálida
y solemne, como la víctima al suplicio.
Con la alta hora y el paisaje límpido
despierta la nostalgia del cautivo y se lastima el soldado. Mueve a
lágrimas alguna extraña y ondulante música. La
contraría con rudos acentos, con amargura de irritados trenos un
cántico ansioso que tiene el ímpetu recto de la flecha
disparada contra un águila.