Letrillas Satíricas

Que dé la viuda un gemido
por la muerte del marido,
ya
lo veo;

pero que ella no se ría
si otro se ofrece en el día,
no
lo creo.


Que Clori me diga a mí
«Sólo he de quererte a ti»,
ya
lo veo;

pero que siquiera a ciento
no haga el mismo cumplimiento,
no
lo creo.


Que los maridos celosos,
sean más guardias que esposos,
ya
lo veo;

pero que estén las malvadas,
por más guardias, más guardadas,
no
lo creo.


Que al ver de la boda el traje,
la doncella el rostro baje,
ya
lo veo;

pero que al mismo momento
no levante el pensamiento,
no
lo creo.


Que Celia tome el marido
por sus padres escogido,
ya
lo veo;

pero que en el mismo instante
ella no escoja el amante,
no
lo creo.


Que se ponga con primor
Flora en el pecho una flor,
ya
lo veo;

pero que astucia no sea
para que otra flor se vea,
no
lo creo.


Que en el templo de Cupido
el incienso es permitido,
ya
lo veo;

pero que el incienso baste,
sin que algún oro se gaste,
no
lo creo.


Que el marido a su mujer
permita todo placer,
ya
lo veo;

pero que tan ciego sea,
que lo que vemos no vea,
no
lo creo.


Que al marido de su madre
todo niño llame padre,
ya
lo veo;

pero que él, por más cariño,
pueda llamar hijo al niño,
no
lo creo.


Que Quevedo criticó
con más sátira que yo,
ya
lo veo;

pero que mi musa calle
porque más materia no halle,
no
lo creo.
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