Desde el punto de vista de la economía de las relaciones humanas, es preferible unirse a una persona poco de fiar pero tierna, que a una persona fría pero digna de confianza. Contra las personas poco fiables hay un remedio: conocer a los seres humanos. En cambio, la frialdad acaba congelando irremediablemente todo vínculo hasta condenarlo a la esterilidad