El hecho de que la vieja generación no consiga guiar a la generación más joven, es en parte también la expresión de la crisis de la institución familiar y de la nueva situación del elemento femenino en la sociedad. La educación de los hijos se confía cada vez más al Estado o a iniciativas escolares privadas. Ello determina un empobrecimiento sentimental con respecto al pasado y una mecanización de la vida
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