Con su esplendor y grandeza, templos e iglesias, pagodas y mezquitas, nos hacen ver (en toda nación y todo tiempo) la necesidad metafísica del hombre, tan vigorosa e indestructible como la física. En términos satíricos podemos decir que tal necesidad es como un muchacho contentadizo que prefiere una fiesta muy pobre 4 .

MVR , II, Cap. 17

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