Cada cual, incluso el hombre más insignificante, se encuentra en su conciencia simple como el más real de todos los seres y reconoce en sí mismo, necesariamente, el auténtico centro del mundo e incluso la fuente originaria de toda realidad. [...] Tal es, pues, el resultado de la consideración orientada hacia el interior, mientras que la dirigida al exterior nos hace ver una montaña de cenizas como el fin de nuestra existencia.