Cada vez que tomamos aire rechazamos la insistente y violenta muerte, y por eso luchamos cada segundo contra ella: en intervalos más amplios la combatimos a través de la comida, del sueño, del calor, etc. Pues ya caímos presa de ella inmediatamente en el nacimiento: nuestra vida no es más que un aplazamiento de la muerte 6 .

HN, I, p. 75, 1813

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