Es concebible que el esplendor de la vida se halle alrededor de cada uno en toda su plenitud, pero veladamente, en lo profundo, invisible, muy lejos. Está ahí, ni hostil, ni indispuesto, ni sordo. Llamándolo con la palabra adecuada, acude.
Es concebible que el esplendor de la vida se halle alrededor de cada uno en toda su plenitud, pero veladamente, en lo profundo, invisible, muy lejos. Está ahí, ni hostil, ni indispuesto, ni sordo. Llamándolo con la palabra adecuada, acude.