En el paraíso, como siempre: lo que causa el pecado y lo que conoce es lo mismo. La buena conciencia es el mal, que es tan victorioso que ni siquiera considera necesario aquel salto de izquierda a derecha.
En el paraíso, como siempre: lo que causa el pecado y lo que conoce es lo mismo. La buena conciencia es el mal, que es tan victorioso que ni siquiera considera necesario aquel salto de izquierda a derecha.