Hay sorpresas del Mal. Se da la vuelta repentinamente y dice: «Me has malinterpretado», y es posible que sea así. El Mal se transforma en tus labios, se deja morder por tus dientes y con los nuevos labios —los anteriores jamás se adaptaron con más obediencia a la dentadura— emite para tu asombro la buena palabra.

(En: Cuadernos en octavo )

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