Ya he sido castigado lo suficiente por todo. Incluso mi posición en la familia es castigo suficiente. He sufrido tanto que no podré recuperarme jamás (mi sueño, mi memoria, mi fuerza mental, mi resistencia contra las más mínimas preocupaciones se han debilitado de un modo irremediable. Es extraño que se trate de las mismas secuelas que dejan las largas condenas de cárcel).