Un hombre puso en duda la descendencia divina del Emperador. Afirmaba que el Emperador era con todo derecho nuestro señor superior; no dudaba de su misión divina, que era manifiesta. Sólo ponía en duda la descendencia divina. Eso no causó mucha sensación. Cuando el oleaje arroja una gota de agua a la tierra, no afecta al eterno ritmo de las olas del mar, este ritmo se halla más bien condicionado por esa gota de agua.