Querida Felice: no me conoces, no conoces la parte mala de mi ser, y también esta parte mala pertenece a ese núcleo al que puedes denominar literatura o como quieras (…). Apenas son hechos los que me paralizan, es un miedo, un miedo a ser feliz, el placer y la orden de atormentarme por una meta superior. Que tú, a la que más amo, tengas que ser arrollada por la misma rueda de coche destinada sólo para mí, eso es ciertamente horrible.