[los espectros] penetraban por todas las puertas, echando abajo las que estaban cerradas. Eran espectros enormes, huesudos, anónimos en la multitud; con uno se podía luchar, pero no con todos los que me rodeaban. Si escribía, eran buenos espíritus ruidosos; si no escribía, eran demonios.

(A Felice)

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