Yo no he sido conducido a la vida, como Kierkegaard, por la mano, por cierto ya bastante hundida, del cristianismo. Tampoco he podido coger, como los sionistas, el último extremo del huidizo manto de oración judío. Yo soy principio o fin.
Yo no he sido conducido a la vida, como Kierkegaard, por la mano, por cierto ya bastante hundida, del cristianismo. Tampoco he podido coger, como los sionistas, el último extremo del huidizo manto de oración judío. Yo soy principio o fin.