Ella buscaba algo y él buscaba algo, furiosos, esbozando muecas; buscaban introduciendo sus cabezas en el pecho del otro, y sus abrazos y sus cuerpos entrelazados con violencia no les hacían olvidar, sino que les recordaban el deber de buscar. Como los perros escarban desesperados en el suelo, así escarbaban en sus cuerpos; lamían el rostro del otro desamparados, decepcionados, para rebañar todavía algo de felicidad.