Podría morir, pero no padecer dolores. Con el esfuerzo por evitarlos, los aumenté claramente. Podría resignarme a morir, pero no al dolor, me faltaría el movimiento anímico, como cuando todo está empaquetado y los remos son retirados con esfuerzo una y otra vez sin que se produzca la partida. Lo peor, los dolores inmortales.

(En: Fragmentos póstumos )

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