Ay, Dios, pensó, ¡qué profesión más agotadora he escogido! Día sí y día no de viaje. Las preocupaciones laborales son mucho más grandes que en el negocio propiamente dicho, en la ciudad. Y, además, me han impuesto esta plaga de los viajes, la preocupación por las conexiones de los trenes, la comida mala e irregular, un trato humano que nunca es duradero ni afectuoso. ¡Que se lo lleve todo el diablo!