La expulsión del paraíso es eterna en su parte principal. La expulsión del paraíso es, por consiguiente, definitiva; la vida en el mundo, inevitable. La eternidad del proceso (o expresado en términos temporales: la eterna repetición del proceso), sin embargo, hace posible que no sólo pudiéramos permanecer en el paraíso de manera duradera, sino también que estemos efectivamente allí de manera duradera, siendo indiferente si aquí lo sabemos o no.
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