El éxito ha sido siempre el máximo mentiroso, y la «obra» misma es un éxito. El gran estadista, el conquistador, el descubridor están envueltos en el disfraz de sus creaciones hasta el punto de resultar irreconocibles; la «obra», la del artista, la del filósofo, es la inventora de quien la ha creado, de quien la habría creado. Los «grandes hombres», tal como se los venera, son poemas pequeños y malos compuestos con posterioridad. En el mundo de los valores históricos domina la moneda falsa.
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