Los inexpertos, tan pronto como una sentencia les resulta enseguida evidente por su sencilla verdad, opinan siempre que es antigua y conocida y entonces miran con ojos atravesados a su autor, como si éste hubiera querido robar lo que es bien común de todos, mientras que se alegran con las semiverdades picantes y así se lo dan a entender al autor. Éste sabe apreciar esa señal y fácilmente adivina por ello dónde le han salido bien las cosas y dónde le han salido mal.

Exito de las sentencias

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