Una buena sentencia es demasiado dura para el diente del tiempo y no es devorada por todos los milenios, aunque sirve de alimento a todo tiempo. Por ello una buena sentencia es la gran paradoja de la literatura, lo imperecedero en medio de lo cambiante, la comida que siempre se aprecia, como la sal, y que, como ésta, jamás se vuelve insípida.

Elogio de la sentencia

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