Si vivimos demasiado cerca de una persona nos pasa como si manoseásemos una y otra vez con los dedos desnudos un buen grabado: un día tenemos en las manos un mal papel sucio y nada más. También el alma de una persona acaba desgastándose si se la toca continuamente; al menos acaba pareciéndonos así; ya nunca volvemos a ver su dibujo y belleza prístinos. Siempre sufrimos pérdidas en el trato demasiado íntimo con mujeres y amigos; y a veces perdemos con ello la perla de nuestra propia vida.