Es preciso aprender a amar y a ser bondadosos, y eso, desde la juventud; si ni la educación ni el azar nos proporcionan ocasión de ejercitar tales sentimientos, nuestra alma se volverá seca e incluso inepta para comprender las delicadas invenciones de las personas amables. También es preciso que el odio sea aprendido y alimentado, si queremos llegar a ser buenos odiadores. De lo contrario, también su germen irá muriendo poco a poco.

Aprender a amar

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