Cuanto más alegre y libre va haciéndose el espíritu, tanto más pierde el ser humano la carcajada ruidosa; en cambio, le brota constantemente una sonrisa espiritual, señal de su asombro por las innumerables amenidades ocultas de la buena existencia.
Cuanto más alegre y libre va haciéndose el espíritu, tanto más pierde el ser humano la carcajada ruidosa; en cambio, le brota constantemente una sonrisa espiritual, señal de su asombro por las innumerables amenidades ocultas de la buena existencia.