Para llegar a ser bella no debería una mujer querer que se la tuviese por demasiado guapa; es decir, de cien casos en que podría agradar, la mujer tiene que desdeñarlo e impedirlo en noventa y nueve, para cosechar una sola vez el arrobo de aquél cuyas puertas anímicas son lo bastante grandes para acoger lo grande.

Renuncia en la voluntad de belleza

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