En todas partes donde nuestros lejanos antepasados colocaron una palabra creyeron haber hecho un descubrimiento. ¡Qué distintas eran en verdad las cosas! Habían tocado un problema y, mientras se figuraban haberlo resuelto, habían creado un obstáculo para su solución. Ahora, en cada conocimiento, tenemos que tropezar con palabras eternizadas, duras como peñascos, y antes que romper una palabra nos romperemos una pierna.

¡Las palabras se nos cruzan en el camino!

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