Sólo hasta cierto grado hace la posesión más independiente y libre al ser humano; un peldaño más allá, y la posesión se convierte en señor, y el poseedor, en esclavo, que, como tal, ha de sacrificarle a aquélla su tiempo, su reflexión, y en adelante se siente obligado a ciertas compañías, clavado a un determinado lugar, incorporado a un determinado Estado. Todo ello, tal vez, en contra de la necesidad más íntima y esencial que él siente.

La posesión posee

1 Visualizaciones

Comentarios (0)

ShareOn Facebook WhatsApp X
Iniciar sesión para publicar un comentario.